|
AL-NAHDA EN EL MUNDO ÁRABE:
Fenómeno sociológico y regeneración cultural [1] Redacción Alif Nûn Origen y definición del concepto
El término nahda procede de la raíz árabe n-h-d, cuyo campo semántico hace referencia a la idea de levantarse o incorporarse con una actitud activa y con disposición para hacer algo; connotación ésta que puede encontrarse de un modo explícito en la definición que el diccionario Lisan al-arab [2] aporta sobre esta palabra: al-nahda implica “poder y fuerza” (al-taqa wa-l-quwwa ). El sustantivo nahda ha sido traducido muy a menudo a las diversas lenguas europeas como “renacimiento”, lo cual, aunque con ciertas reservas, puede aceptarse siempre que no se confunda, ni en sus contenidos ni en sus objetivos, con el movimiento europeo del mismo nombre que durante el siglo XVI buscó la recuperación de la herencia del mundo clásico grecorromano. El otro vocablo castellano que quizás mejor se ajusta al termino árabe nahda es “despertar”. La mayoría de los investigadores y expertos en el mundo árabe coinciden en aceptar que el inicio de este movimiento de regeneración cultural llamado al-nahda tuvo lugar con la campaña militar de Napoleón Bonaparte en Egipto durante 1798. En efecto, este acontecimiento político de primer orden jugó un importante papel, pues supuso el primer contacto a un nivel generalizado entre el mundo árabe y la moderna civilización occidental y sus avances tecnológicos. Napoleón llevó con él, entre otras cosas, la imprenta y otros modernos artefactos que sorprendieron mucho a la población egipcia, según indican los comentarios de los historiadores de la época. Como consecuencia de este encuentro, la población árabe tuvo conocimiento por primera vez de la prensa escrita que a diario se publicaba en Europa y descubrió algunos géneros literarios como el teatro, prácticamente desconocidos hasta entonces en el mundo árabe [3] . Este contacto con los europeos, aunque se tratara de una dura ocupación militar, favoreció también los primeros intentos de modernización de la sociedad árabe. Así, bajo el gobierno de Muhammad ‘Ali (m. 1849), comenzaron a llegar a Francia los primeros grupos de estudiantes egipcios que acudían a la universidad en busca de nuevos conocimientos, y que más tarde constituirían las élites culturales y políticas de la sociedad árabe. En un principio, el fenómeno de
al-nahda estableció un proceso de diálogo y
de acercamiento hacia la civilización occidental bajo la premisa
del reconocimiento por parte de los propios árabes del estado
de postración y decadencia cultural de su civilización
respecto a la occidental. En esta situación, se produjo el acercamiento
con la certidumbre de que el progreso técnico, científico
y cultural de occidente permitiría al mundo árabe salir del
“túnel del atraso”. Sin embargo, la ocupación colonial de
la mayoría de los países árabes por parte de las potencias
occidentales destruyó las esperanzas de libertad y generó
unas décadas más tarde unos fuertes sentimientos de frustración
y de rechazo. Contrariamente al Renacimiento europeo
del siglo XVI, cabe subrayar que al-nahda no es el retorno hacia
una herencia “clásica” ni En cuanto a los arabistas, los investigadores afirman que fue el famoso Gibb quien hizo popular el concepto de nahda entre la comunidad académica en un artículo publicado en 1928 en el Bulletin of the School of Oriental Studies de Londres. A diferencia de otros autores, Gibb considera que el movimiento no comenzó con la campaña napoleónica en Egipto, sino a partir de la segunda mitad del siglo XIX, coincidiendo con el afianzamiento del colonialismo occidental en tierras árabes y con la llegada de los primeros estudiantes árabes a las universidades europeas. Afirma también que los primeros entre los árabes en emplear el término al-nahda fueron los hombre de letras, y más concretamente algunos historiadores de la literatura. Otro gran erudito como Blachere, en su
obra Classicisme et declin culturel matiza lo siguiente respecto
al origen de al-nahda: “este movimiento no puede haber sido la
continuación de las doctrinas literarias ligadas a una civilización
del pasado [...] las influencias occidentales, la introducción
de géneros literarios desconocidos o apenas cultivados, como el
teatro o la novela, la adopción de fórmulas poéticas
nuevas, como el simbolismo [...] y otros numerosos factores abrieron a
los poetas, escritores, novelistas y críticos nuevas vías
que, después de cierta resistencia, el público acabó
por seguir
[7]
”. Los investigadores y estudiosos del pensamiento islámico moderno nos vienen a confirmar que el término al-nahda apenas ha sido empleado por los autores musulmanes de los últimos dos siglos. Obras tan significativas como Arabic Thought in the Liberal Ages (1878-1939), de Albert Hourani; Islam Surveys I-Islamic Philosophy and Theology, de Montgomery Watt; L´islam au proche Orient, de Jean-Paul Roux; Modern Islam, de G. Von Grunebaum, y otras muchas, apenas hacen referencia al citado término salvo, en el mejor de los casos, empleando expresiones similares como “nuevo amanecer”, en la obra de Watt, o en una nota marginal refiriéndose al término al-nahda, en la obra de Grunebaum. ¿A qué se debe esta aparentemente extraña ausencia en el pensamiento islámico, en contraste con otros ámbitos de la cultura y la sociedad árabes? Los estudiosos explican este fenómeno por el hecho de que, al contrario de los historiadores de la literatura y de la mayoría de los modernos literatos árabes, los modernos pensadores y teóricos del Islam no rechazan los valores del pasado, sino que los refuerzan. Apelan a una supuesta pureza primigenia del los primeros tiempos del Islam, cuando el Profeta Muhammad fundó la primera sociedad musulmana en la ciudad de Medina [8] . No obstante, muchos de estos movimientos son considerados como “reformistas”, en la medida en que pretenden reformar las sociedades de sus respectivos países, pero siempre para acomodarlas a los principios de lo que ellos denominan “Islam primigenio” [9] . Este fenómeno no entra en contradicción con las palabras de Muhammad ‘Abdu citadas anteriormente, donde se critica el “apego exclusivo a las cosas que nos vienen de nuestros padres”, pues los reformistas musulmanes no apelan en general a las glorias pasadas, sino que tienen como único referente las primeras generaciones de musulmanes, y piensan que desde entonces la historia del mundo árabe e islámico ha experimentado una degeneración progresiva hasta llegar a la situación actual. Esta postura podría explicarse parcialmente debido a que el Imperio Otomano, de origen turco, dominó entre los siglos XIII y XX buena parte de los territorios árabes, desde Asia occidental hasta Argelia, sustituyendo a las dinastías omeya y abbasí, de origen árabe. Durante estos setecientos años, los otomanos fueron los guardianes de la ortodoxia islámica, y fue inevitable que sus súbditos árabes acumularan un cierto grado de resentimiento, recordando con nostalgia un pasado más o menos idílico en el que las dinastías árabes eran las representantes del Islam. Esta idea se habría ido consolidando a lo largo del tiempo e incluso habría perdurado después de la caída del Imperio Otomano, en los años veinte del pasado siglo, reforzándose con el nacimiento del moderno nacionalismo árabe, una ideología en muchos casos adoptada parcialmente por los propios movimientos reformistas musulmanes. Algunos autores han sugerido que el poder otomano podría haber obstaculizado el uso de la lengua árabe y de las actividades culturales dentro de sus provincias árabes y que, tras la conquista de Egipto por parte de Napoleón, este país, ahora bajo el gobierno de Muhammad ‘Ali, habría conseguido una cierta independencia que le permitiría una mayor libertad para acometer una reforma religiosa y cultural. Difícilmente podemos compartir esta opinión, dado que el árabe, como lengua de la revelación coránica, ha sido siempre objeto de veneración y de respeto por parte de todos los musulmanes, y en especial por aquellos que pretendían ejercer el poder político legitimándose en una autoridad religiosa, como era el caso del Imperio Otomano. Además, el sistema administrativo del Imperio Otomano permitía una amplia autonomía bajo la autoridad del sultán [10] . En resumen, podemos decir que el movimiento
de al-nahda, marcado por la fe en el futuro y por una confianza
profunda en el necesario progreso de la sociedad, se manifiesta con dos
tendencias simultáneas y complementarias dentro del mundo árabe
de la segunda mitad del siglo XIX: - Por una parte, una tendencia endógena que trata de hacer una revisión y una crítica internas de las sociedades árabes a través del llamado reformismo musulmán que, si bien no emplea el vocablo nahda, participa en buena parte de los objetivos de este movimiento [11] .
Desde la época del gran florecimiento
cultural entre los siglos X y XIII d.C., el mundo árabe no había
demostrado un gran interés por otras culturas y la labor de traducción
de obras extranjeras había decaído considerablemente. Sin
embargo, la situación cambió de manera radical con el nacimiento
del fenómeno de al-nahda. Éste se alimentó
en sus comienzos de la traducción al árabe de obras extranjeras,
tanto de carácter técnico y científico como de drama
y ficción. Como ejemplo de las primeras tenemos las editadas a través
de la escuela de traducción de Rifa´a Rafi´ al-Tahtawi
(1801-1873), quien tradujo con gran aplicación y fidelidad más
de dos mil obras científicas. Por el contrario, las traducciones
de obras dramáticas y de ficción eran a menudo adaptaciones
libres hechas en función de los hábitos y gustos árabes,
en las que el traductor se tomaba la libertad de modificar los nombres y
las circunstancias de los personajes principales e incluso de insertar nuevos
diálogos. Así, el mismo Tahtawi hizo una traducción
“arabizada” de la obra Telemaque, de Fenelon. Por su parte, Muhammad
´Utman al-Yalal empleaba el árabe dialectal en sus adaptaciones
de numerosas obras de la literatura francesa, como las obras teatrales de
Moliere, o Les Fables, de La Fontaine; y Al-Manfaluti adaptaba textos
literarios al árabe sin conocer las lenguas de origen, basándose
en traducciones superficiales realizadas por lectores árabes que
sí conocían dichas lenguas. En lo que respecta a la historia
de la cultura árabe moderna, al-nahda es una época marcada
por la aparición de lo que se dio en llamar la “generación
de los pioneros” (yil al-ruwwad), expresión que carecía
en este caso de la connotación peyorativa que en el pasado árabe
se daba a cualquier tipo de innovación en el terreno de la creación
literaria y artística. Particularmente revolucionaria fue la introducción en la literatura árabe de géneros hasta entonces desconocidos, como la novela o el teatro. Al mismo tiempo, el estilo literario tradicional, basado en la retórica árabe medieval, se vio profundamente afectado por el estilo conciso y sencillo de una prensa recién nacida que comenzaba a emplear el lenguaje periodístico. Este lenguaje ha terminado por convertirse, en la práctica cotidiana, en el lenguaje estándar que ha unido a millones de árabes a través de un idioma común, dado que el árabe clásico ha quedado reducido al conocimiento de los estudiosos y para las labores del culto musulmán [12] . Durante esta época se discutió
mucho acerca de dos conceptos literarios que se presentaban como contrapuestos:
al-asala (autenticidad) y al-hadata (modernidad).
Los estudiosos del tema señalan que durante todo el siglo XIX
muchos escritores, sobre todo sirios, se resistieron a lo que, según
su parecer, era una excesiva modernización de la lengua y de los
géneros literarios. Así, con el fin de frenar esta ola “modernizadora”
y para restaurar la “pureza” lingüística, hubo filólogos,
enciclopedistas y ensayistas que se ofrecieron a conservar lo que ellos
consideraban la esencia de la lengua árabe. Dentro de este grupo
cabe destacar a los siguientes autores: - Butrus Bustani (1819-1883), perteneciente a una familia de origen cristiano, quien redactó la primera enciclopedia árabe de los tiempos modernos, la cual llevó por título Da´irat al-ma´arif. Fue ésta una época de vacilación y de indecisión, una época de transición entre las formas literarias clásicas que comenzaban a declinar y las innovadoras formas que se iban haciendo un hueco de manera irresistible. Empleando una bella y elocuente expresión de Marun ´Abbud, fue una época de “casi novela”, en referencia a este género literario que todavía no había madurado totalmente en la literatura árabe. En muchos casos, las obras literarias de este periodo todavía constituyen una extensión de algunos géneros clásicos como la maqamat o la rihla [14] . Entre éstas, podemos destacar: - Tajlis al-ibriz fi tajlis bariz, de Rifa´a Rafi´ al-Tahtawi, publicada en 1834.
A pesar de responder a géneros clásicos dentro de la literatura árabe, el tratamiento de los temas entre estos autores comienza a ser novedoso. Todas estas obras presentan unas características comunes como el uso de un lenguaje sencillo, y el la mayoría de ellas se pone al lector en contacto con los hábitos y costumbres de otras culturas. En algunos casos se percibe una crítica implícita del sistema educativo establecido, de las instituciones políticas o de las relaciones sociales, y comienza a tomar fuerza la descripción de algunos personales femeninos. También comienzan a tomar fuerza las novelas de carácter moral, filosófico, histórico y dramático, muchas de las cuales surgen inspiradas en las obras literarias occidentales traducidas al árabe. Esta influencia occidental puede percibirse en la propia estructura de la novelas, ajustada al clásico modelo en el cual la obra se divide en presentación, nudo y desenlace; y en el tratamiento de algunos de los personajes, sobre todo los femeninos, que a menudo aparecen como víctimas de la sociedad machista y dotadas de virtudes como la intuición, la inteligencia o la bondad. A pesar de estas influencias occidentales, los escritores no olvidan exaltar la grandeza del pasado árabe siempre que tienen oportunidad, además de advertir contra el peligro de imitar de un modo exagerado el estilo de vida occidental. Entre los autores
más destacados de este grupo de obras podemos citar los siguientes: - Salim al-Bustani (m. 1884), quien compuso algunas novelas históricas como Zanubiya, publicada en 1871, o al-Hiyam fi futuh al-sam, publicada en 1874; junto con melodramas como Asma, publicada en 1873. Es necesario hacer notar que algunas de las obras más representativas fueron escritas por autores cristianos, que en un principio parecieron más proclives a recibir las influencias literarias de occidente, aunque sin olvidar sus raíces árabes.
Desde comienzos del siglo XIX, la rebelión contra la ocupación otomana se extendió por buena parte del mundo árabe, desde Túnez hasta Irak. Este incipiente nacionalismo árabe se alimentó de una mezcla entre las modernas ideas nacionalistas occidentales y un sentimiento de orgullo basado en el apego a la gloria del pasado árabe, que fue incrementándose tras la caída del Imperio Otomano y la sustitución de éste por el colonialismo europeo en tierras árabes, hasta culminar en la completa independencia de las naciones árabes que componen el actual mapa geopolítico. Las nuevas nociones filosóficas, ideológicas, políticas, sociales y económicas que aparecieron asociadas con esta nueva situación apenas poseían en la lengua árabe un vocabulario específico para expresarse. Es en este contexto donde la prensa árabe contribuyó a forjar un lenguaje capaz de expresar estas nuevas ideas. En este sentido, el nacimiento de la prensa árabe marcó el desarrollo de un vocabulario para expresar los nuevos sentimientos nacionalistas. Esta labor se puso en marcha mediante la recuperación de antiguos vocablos adaptados a la nueva situación, junto a la creación de neologismos y la formación de nuevas expresiones mediante del préstamo directo (por ejemplo, el término naft para decir petróleo, o watan para patria). Por otro lado, se modificó la sintaxis con el empleo de la proposición relativa y mediante el uso de expresiones procedentes del árabe dialectal o de lenguas extranjeras –en especial, del francés y del inglés– que se incorporaron al lenguaje periodístico. La evolución del lenguaje se produjo de un modo progresivo, lo cual permitió ir superando la resistencia opuesta por los puristas de la lengua. La prensa todavía usaba en algunas ocasiones las antiguas figuras retóricas e incluso la prosa rimada para tratar sobre los problemas políticos y sociales del momento, y denunciaba sus propias “faltas” en el terreno lingüístico a través de artículos periodísticos como Qul...wa la taqul (“Di...y no digas”). No obstante, al mismo tiempo se convertía en el espacio ideal para acoger todo tipo de innovaciones. Abierta a los ensayos políticos y sociales, las novelas, los relatos cortos, el teatro, e incluso a la divulgación científica, la prensa fue el principal transmisor de las nuevas ideas, a menudo difundidas por los mismos novelistas y dramaturgos árabes. No obstante, la
ausencia de una alfabetización completa entre la población
árabe impidió que los periódicos se publicaran de
un modo generalizado hasta la década de los setenta del siglo XIX,
y se convirtieran así en elementos determinantes para el impulso
del fenómeno llamado al-nahda. Entre los primeros
y más importantes periódicos árabes de la época
podemos citar los siguientes: - Al-Yinan, dirigido por el ya citado Butrus al-Bustani y publicado entre 1870 y 1886, fecha en la que dejó de editarse por problemas con la censura. Publicó un número considerable de novelas y de bellos relatos cortos escritos por autores como Salim y Sa´id al-Bustani, familiares del director.
El movimiento cultural
llamado al-nahda surge en el mundo árabe
como resultado de una combinación de factores internos y externos.
Por un lado, el proceso de decadencia cultural y política que aquejaba
al mundo árabe desde prácticamente el final de la Edad Media
llevó a los intelectuales y pensadores árabes a replantearse
la situación y buscar nuevas vías de expresión que
sirvieran para reflejar una nueva situación a la que los viejos modelos
artísticos y literarios no eran capaces de dar una respuesta satisfactoria.
Por otra parte, la irrupción de la civilización occidental
en el mundo árabe a través del proceso colonial hizo que
la intelectualidad árabe entrara en contacto con nuevas ideas, costumbres
y tecnologías que no les pudieron resultar indiferentes y que produjeron
un profundo impacto en las sociedades árabes del momento, lo cual
se tradujo en una ebullición de nuevas ideas que terminó
por marcar de un modo definitivo a la civilización árabe,
haciéndola entrar de lleno en la modernidad, con todas las consecuencias
positivas y negativas que este fenómeno trajo consigo. NOTAS.- [1] El texto es una adaptación elaborada a partir del material didáctico empleado en las clases de “Literatura árabe moderna” impartidas en la Universidad Islámica Averroes de Córdoba por el profesor Said Mohamed Achekar. [2] Véase Ibn Manssur, Lisân al-´arab , Dar Sader, Líbano, 1994 y Ibn Manssur, Lisân al-´arab (CD-Rom) , Dar Sader, Líbano, 1995. [3] Sobre el origen y evolución de este género literario en el mundo árabe, véase Saleh Waleed, Siglo y medio de teatro árabe , Universidad Autónoma, Madrid, 2000. [4] Véase Risalat al-Tawhid , 1879, citado por R. Brunschvig en Classicisme et declin culturel de l´histoire de l´Islam , pág. 37. [5] Yuryi Zaydan, Tarij adad al-luga al-arabiyya, 4 vols., El Cairo, 1914. [6] Ibid., Introducción al volumen 4. [7] Blachere, Classicisme et declin culturel, pág. 284. [8] Para más información sobre el moderno pensamiento islámico, véase Dr. Vincent Cornell, “Islam tradicional frente a Islam moderno”, en revista Alif Nûn nos 50 (junio de 2007) y 51 (julio-agosto de 2007). [9] Véase Tariq Ramadan, El reformismo musulmán. Desde los orígenes hasta los Hermanos Musulmanes , Edicions Bellaterra, Barcelona, 2000; Redacción Alif Nûn, “ El reformismo musulmán. Los Hermanos Musulmanes a través del pensamiento político de Sayyid Qutb” , en revista Alif Nûn nº 39, junio de 2006 . Muchos de estos reformistas musulmanes, como Qasim Amin (1865-1905) lucharon por causas muy “modernas”, como la “liberación de la mujer”, pero siempre desde la perspectiva del Islam primigenio, tal y como queda reflejado en su obra Tahrir al-mar’a , escrita en 1899. [10] “[...] la masa de súbditos se dividía en diversas comunidades llamadas millets , creadas en función de su afiliación religiosa. Estas comunidades eran relativamente autónomas, pues poseían sus propias leyes e instituciones para administrar los asuntos domésticos que afectasen a los miembros de su propia comunidad, así como su propio régimen fiscal”. Redacción Alif Nûn, “ Política y sociedad en el Imperio Otomano ”, en revista Alif Nûn nº 34, enero de 2006. [11] “El reformismo , propio de áreas con una presencia extranjera significativa como es el caso de Egipto, en un primer momento adoptaría abiertamente ideas europeas para modernizar las ciencias y la tecnología, mientras que una siguiente generación mantendría su apertura al exterior pero a la vez pondría el acento en la resistencia al imperialismo occidental, propugnando un panislamismo frente a la occidentalización de la sociedad.” Redacción Alif Nûn , “El reformismo musulmán ”, en revista Alif Nûn nº 39, junio de 2006. [12] Cuando hablamos de la lengua árabe clásica nos estamos refiriendo a la lengua del Corán, pero no consta que ésta haya sido nunca la lengua de conversación en ninguna sociedad árabe. Tendríamos, pues, una situación diglósica desde los primeros momentos documentados hasta nuestros días, con una lengua destinada a fines de alta cultura junto a toda una serie de dialectos locales utilizados en la vida diaria. Para mas información, véase Redacción Alif Nûn, “ Dialectología árabe ”, en revista Alif Nûn nº 27, mayo de 2005. [13] Para saber más sobre la figura de al-Mutanabbi, véase Redacción Alif Nûn, “ Literatura árabe clásica (III) ”, en revista Alif Nûn nº 42, octubre de 2006; Josefina Veglison Elías de Molins, La poesía árabe clásica , Ediciones Hiperión, Madrid, 1997. [14] La maqamat es un género literario tradicional en el mundo árabe a caballo entre la prosa y el verso, conformando una especia de prosa rimada, mezclando la ficción y la no ficción. La rihla es un género literario de viajes que se desarrolló en el mundo árabe a partir del siglo XII. Para más información, véase Redacción Alif Nûn, “ Cartógrafos, exploradores y viajeros musulmanes ”, en revista Alif Nûn nº 47, marzo de 2007. [15] Véase Pedro Martínez Montávez, Introducción a la literatura árabe moderna , Editorial Cantarabia, Granada, 1994. [16] En castellano puede encontrarse una abundante bibliografía de este autor, entre la que destaca: El hereje , Editorial Sirio, Málaga, 1987; Palabras , El amado , Editorial Sirio, Málaga, 1999; El jardín del Profeta. Arena y espuma , Editorial Edaf, Madrid, 2001; El loco. Lágrimas y sonrisas , Editorial Edaf, Madrid, 2001; Jesús, el hijo del hombre , Editorial Edaf, Madrid, 2003; La voz del maestro , Editorial Edaf, Madrid, 2005 [17] Existen al menos dos versiones en castellano de esta obra: la publicada por ediciones Obelisco (Barcelona) en 2005, y la de Edaf (Madrid), de mismo año. A Portada |
|
©
KÁLAMO LIBROS,
S.L. Copyright, Madrid 2007
- Ap. Correos 41018 - 28080
MADRID (España)
|