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LENGUA Y LITERATURA ALJAMIADAS
[1]
M. Ali Kettani[2] Introducción
La palabra “aljamiado” procede del vocablo árabe ‘aŷamî, que hace referencia a “todo lo que no es árabe”. En un contexto lingüístico, se denomina ‘aŷamî a toda aquella lengua que no es el árabe, y en el caso de al-Andalus, las lenguas ‘aŷamî o aljamiadas son el conjunto de todas las lenguas romances habladas en la Península Ibérica por las comunidades musulmanas.
La evolución de la lengua romance dentro de la comunidad musulmana de al-Andalus dependió en gran medida del modo en el cual fue introducida la lengua árabe en la Península, a la sazón su más importante competidora. Si, como algunos afirman, se hubiera producido una invasión árabe a gran escala y un desplazamiento de la población autóctona a manos de los presuntos invasores, la lengua romance hubiese permanecido viva solamente dentro de una minoría indígena sin influencia sobre la masa de los ocupantes[3] . Este es el caso, por ejemplo, de Estados Unidos, Canadá, Australia o Argentina, donde las lenguas presentes antes de las invasiones europeas han desaparecido casi por completo, sin que exista apenas influencia mutua entre el castellano o el inglés hablado en aquellos países y las distintas lenguas indígenas, más allá de unos pocos topónimos. Por el contrario, dado que la penetración del Islam en la Península Ibérica fue el resultado de un movimiento de ideas antes que de un movimiento de personas, la mayoría de los musulmanes peninsulares fueron conversos nativos que hablaban romance, vasco u otras lenguas. Al aceptar el Islam continuaron hablando sus propios idiomas, pero en lugar de mantener el latín como lengua culta, adoptaron el árabe con ese fin[4] . Con el afianzamiento de la civilización islámica en la Península, la población bajo dominio e influencia musulmanas –ya fuesen conversos al Islam o seguidores de otras religiones, como judíos o cristianos– se transformó en una población bilingüe, hablando sus lenguas maternas en la vida diaria, y el árabe a nivel oficial, como lengua de educación y de estudios. [5] Entre el siglo X y la gran derrota musulmana del siglo XIII que limitó las posesiones del Islam peninsular al Reino de Granada (las actuales provincias de Málaga, Granada y Almería), los cristianos ocuparon territorios con una gran concentración de musulmanes, quienes permanecieron a partir de entonces bajo la autoridad cristiana. Estos musulmanes recibieron el nombre de “mudéjares”, palabra procedente del vocablo árabe mudaŷŷan, que significa “domesticado”. A pesar de la limitación en algunos de sus derechos, en términos generales, los mudéjares podían vivir como musulmanes en barrios específicos de los centros urbanos, llamados “morerías”, o en sus propias aldeas, donde tenían sus escuelas y sus mezquitas. Su porcentaje respecto al total de la población era muy elevado, llegando a representar más de un tercio en Aragón y más de la mitad en el País Valenciano, con altos porcentajes en el sur y oeste de Cataluña y en Castilla [6] . Estos musulmanes que vivieron como tales durante siglos bajo autoridad cristiana, perdieron sin embargo el uso de la lengua árabe, sustituyéndola completamente por sus lenguas vernáculas, ya fueran el castellano, el aragonés, el catalán o el portugués. Decidieron escribir estas lenguas con caracteres árabes y comenzaron a denominarlas en conjunto como ‘aŷamîya o lengua aljamiada. Ampliándose su uso a medida que avanzaba la conquista cristiana antes de la caída de Granada en 1492, la lengua aljamiada fue el vehículo de una cultura romance minoritaria en territorio bajo control cristiano. Desarrolló una literatura de defensa y promoción de la religión islámica, en unas condiciones que, aunque difíciles, aún no eran extremas, como sucedería más tarde tras la caída del Reino nazarí de Granada en manos de los cristianos. A raíz de este acontecimiento se produjo la imposición por la fuerza de la religión católica a toda la población musulmana, ya fuesen mudéjares o granadinos recién conquistados. Desde ese momento desaparece el término “mudéjar” para dar paso al de “morisco”. Los moriscos, aunque bautizados, fueron
en realidad cripto-musulmanes que lucharon con todos los medios a su alcance
por defender su religión y su modo de vida frente al constante
acoso al que los sometía la Inquisición y los gobernantes
castellanos. Se debe decir que los moriscos granadinos, dado que permanecieron
bajo gobierno islámico durante mucho más tiempo, no perdieron
el uso del idioma árabe como les ocurrió a sus homónimos
del resto de la Península. Escribieron en árabe literario o
en su variedad dialectal andalusí, además de emplear el castellano
con caracteres latinos, especialmente cuando trataban de comunicarse con
los católicos hispanohablantes[7]
. No obstante, todos los moriscos, granadinos o no, continuaron utilizando
la lengua aljamiada, ahora en circunstancias trágicas. Escribían
en secreto, pues corrían el peligro de acabar en las salas de tortura,
o incluso en la hoguera, dado que tanto el árabe como la lengua aljamiada
fueron estrictamente prohibidos. Como resultado de esta actividad literaria,
todavía continúan apareciendo libros aljamiados en antiguas
viviendas de casi todo el territorio español, y en las bibliotecas
de España y del exterior se encuentran miles de manuscritos que merecen
una atención especial[8]
, en un intento de recuperar esta bella literatura aljamiada, realmente
huérfana, ya que ha sido ignorada tanto por el mundo árabe como
por el hispanohablante. Los musulmanes árabes que a partir del siglo VII salieron de la Península Arábiga con el fin de propagar la fe islámica pertenecían a distintas tribus y hablaban diversos dialectos. No obstante, empleaban una lengua que ya existía antes del Islam, y que después se convertiría en “lengua franca”. Ésta era el dialecto de la tribu Quraysh en el cual se escribió el Corán, y que es la base del árabe clásico y de todos los dialectos árabes actuales. Con la llegada del Islam y de los árabes a territorios como Siria, donde se hablaban otras lenguas semíticas, la lengua árabe comenzó a recibir la influencia de idiomas como el arameo o el siríaco. De hecho, los territorios a los que llegaron los árabes donde ya se hablaban lenguas semitas se convirtieron en zonas áraboparlantes sin gran cambio en los dialectos, pasando de una lengua semita a otra en una transición muy suave. De este modo, el árabe que llegó a la Península Ibérica a partir de principios del siglo VIII era una lengua muy diversa, aunque ya desde del siglo X se fue generando poco a poco una koiné (lengua común y compartida) árabe específicamente andalusí. Este dialecto árabe entró en competencia con el romance, ocupando el primero las zonas urbanas, mientras que el segundo sería predominante en las rurales, de un modo muy similar a cómo se repartieron los hablantes de árabe y de bereber en el norte de África. No obstante, la mayor parte de la población era bilingüe, aunque con tendencia al monolingüismo árabe en las ciudades todavía bajo soberanía musulmana durante la última época de al-Andalus, especialmente en la zona levantina y en el Reino de Granada. La lengua romance influyó fuertemente
en la evolución del dialecto árabe andalusí. La interferencia
fue gramatical a nivel fonológico, con la inhibición o ultracorrección
de la velarización. También hay una influencia del romance
a nivel morfológico, como es el caso de la indistinción del
género de la segunda persona de los verbos y la adopción de
prefijos y sufijos romances para crear nuevas palabras a partir de raíces
árabes[9]
. A nivel sintáctico, la influencia se aprecia en la adopción
del género de las palabras romances en sus equivalentes árabes;
y a nivel léxico, a través de abundantes préstamos
[10]
. De un modo más sutil, la lengua romance también influyó
en el estilo y la retórica del árabe andalusí. Como ya se ha dicho, la idea de escribir el romance hablado en caracteres árabes nació en las comunidades mudéjares de Aragón y de Castilla, que perdieron el uso del árabe después de la conquista cristiana. La situación fue diferente en el caso del los reinos de Valencia y de Granada, donde la lengua árabe fue la empleada por las comunidades mudéjares (Valencia) y moriscas (Valencia y Granada), hasta la expulsión de 1609-1614. De este modo, lo mudéjares (después moriscos) pudieron “arabizar” su romance vernáculo, de la misma manera que ocurrió con otros idiomas como el turco, el persa, el urdu, el hausa, el suahili y, en general, con la mayoría de las lenguas de los pueblos musulmanes no áraboparlantes[11] .
En realidad, la escritura del romance
con alifato árabe en la Península Ibérica se inició
ya en la época de esplendor de al-Andalus. Aunque el aljamiado
como tal comenzó mucho más tarde, ya antes del siglo XV,
escritores andalusíes como Ibn Hayyân en el siglo
X, Ibn Hishâm al-Lakhmî a finales del siglo XII o Ibn Quzmân
e Ibn Sa’îd al-Maghribî en la segunda mitad del siglo XIII
escribieron nombres e incluso frases romances con el alifato árabe,
aunque caracterizados por su falta de homogeneidad en la transliteración,
incluso en la misma obra de un mismo autor, y dentro de un corpus literario
predominantemente árabe. A raíz de las circunstancias
políticas y sociales ya descritas, la producción literaria
aljamiada aumentó a partir del siglo XV, y con ello la transliteración
se homogeneizó. El ejemplo más representativo de la lengua
aljamiada castellana en este periodo lo tenemos en el manuscrito MSS5252
de la Biblioteca Nacional de Madrid[13]
, escrito por el alfaquí de Segovia hacia 1450, y titulado “Tratado
y declaración y guía para seguir y mantener el dîn del
Islam”. En él puede apreciarse un castellano arcaico, incluso si
lo comparamos con el hablado por los cristianos durante esa misma época.
También se observa el empleo de muchas palabras de origen árabe:
subhanalahu (alabado sea él), el-dîn (la religión),
s’w (abreviatura de salla Allahu ‘alaihi wa sallam, es decir, la
bendición y la paz de Dios sean con él), nabíes
(plural de nabí: profeta), etc. Como ejemplo, a continuación
transcribimos en caracteres latinos un pequeño extracto de la citada
obra: “Prencipiaremos aqueste ‘Tratado y declaración
y guía para seguir y mantener el dîn del Islam’ con el nombre
de Allah, subhanahu, aquel que con su nombre se prencipian todas las cosas,
aquel Señor que’s piadoso de los buenos y de los malos en’equeste
mundo i el piadoso de los buenos en el otro mundo. I pues nos fizo gracia
de enviernos a su mensajero y bien aventurado Muhammad, s’w, ruegaremos
a Allah ta’ala, cresca honor sobre nuestro caudillo y bien aventurado Muhammad,
el honrado y sillo de los nabíes [...]” En ocasiones, la lengua romance aljamiada apareció en algunos textos en forma de discusiones y cantos que han llegado hasta la actualidad, los más conocidos de los cuales son las jarchas de las muashahats y los zejeles. La muashahat es un género literario árabe andalusí creado por un poeta natural del pueblo de Cabra (en la actual provincia de Córdoba), llamado Mu h ammad ibn Hammûd al-Qabrî, apodado “el ciego de Cabra”, quien habría vivido durante la primera mitad del siglo X. Más que las muaxahats en sí mismas, lo que nos interesa aquí son las jarchas romances que aparecen en algunas de estas muaxahats . Las jarchas son los últimos versos de las muaxahats . Las muaxahats estaban destinadas para ser cantadas y estaban escritas en árabe clásico, excepto la jarchas, que lo estaban en árabe andalusí o en romance. Pero lo interesante es que el romance de las jarchas parece ser la forma más antigua de castellano escrito, y es una prueba clara del bilingüismo de la sociedad andalusí, pues, de no ser así, no podría entenderse que un poeta pudiera mezclar con naturalidad dos lenguas sin temor a que el pueblo pudiera no entenderlo. Una situación similar se da en la actualidad en el Magreb con la mezcla entre el francés y el árabe, y en especial puede apreciarse en las letras de la llamada música ray, muy popular entre la población argelina[14] . Las jarchas más antiguas que
se conservan son del siglo XI. Este es el caso de la escrita por Muhammad
ibn ‘Ubâdah al-Mâlaqî. Todo el texto está escrito
en árabe clásico, excepto la jarcha final en romance, la
cual transcribimos a caracteres latinos: Meu Sîdî Ibrahîm Su traducción al castellano moderno es la siguiente: Mi señor Abraham Esta es sólo una muestra de la inmensa producción de jarchas escritas por autores como Abu-l-‘Abbâs al-‘Amâ al-Tutîlî, más conocido como “el ciego de Tudela”[15] , muerto en 1126; Muhammad Ibn ‘Ubâdah al-Qazzâz, de la segunda mitad del siglo XI; Abû al-Walîd Muhammad Ibn ‘Abdel-‘Azîz ibn al-Mu‘allim, que fue ministro con Mutadid, el padre de al-Mutamid de Sevilla, en la primera mitad del siglo XI; o Abû Bakr Yahyâ ibn Baqî, muerto en 1145, junto a muchos otros. El zejel es un género poético andalusí escrito en árabe dialectal, en el cual se intercalan a menudo palabras y expresiones en romance. El más típico cancionero escrito en forma de zejeles es el de Abû Bakr ibn Abdul-Malik ibn Quzmân, más conocido simplemente por Ben Quzman, poeta cordobés del siglo XII [16] . Veamos un ejemplo, traducido ya al castellano moderno: ¿Por qué tú me has de velar? ¿Te gusta que pierda el sueño? El texto original está
en árabe, excepto las expresiones en cursiva, que aparecen en romance
aljamiado. Éstas son: Ay (hay), kedarmê
requêre (tengo que quedarme) y belârî (mi
velar). A lo largo de la historia,
todos los colectivos humanos perseguidos y marginados han desarrollado
diversos modos de resistencia, entre los cuales se cuenta la resistencia
cultural, mediante un esfuerzo consciente por mantener su modo de vida,
sus costumbres y su idioma. Este es el caso de los mudéjares y los
moriscos de la Península Ibérica, quienes trataron por todos
los medios a su alcance –incluido el militar, cuando se vieron con fuerzas
[17]
– de conservar su idiosincrasia cultural y su peculiaridad como pueblo,
una vez que su estatus político como minoría religiosa se
vio cada vez más limitado en sus derechos, sobre todo a partir de
las conversiones forzosas al Cristianismo desde comienzos del siglo XVI.
La creación de la escritura aljamiada se enmarca en este esfuerzo
por conservar unas costumbres y un patrimonio cultural que los musulmanes
peninsulares veían cada vez más amenazados. No obstante, en
lo que se refiere al idioma, las fronteras lingüísticas entre
musulmanes y cristianos eran mucho más difusas de lo que pudiera
parecer, pues ambas comunidades emplearon las lenguas romances con absoluta
normalidad, siendo la principal diferencia que, mientras la lengua de cultura
entre los musulmanes era el árabe, para los cristianos fue el latín.
Como ya se ha visto, los musulmanes mezclaban ambos idiomas –árabe
clásico o dialectal y romance– en un casi perfecto bilingüísmo
[18]
, e incluso entre los mozárabes –es decir, los cristianos que vivían
bajo la autoridad de gobiernos musulmanes peninsulares– también se
dio un empleo generalizado del árabe, en su variedad dialectal andalusí. BIBLIOGRAFÍA
- Ignacio Ologüe, La revolución islámica en Occidente , Fundación Juan March, Madrid, 1974. NOTAS.- [1] El texto es una adaptación elaborada a partir del material didáctico empleado en las clases impartidas en la Universidad Islámica Averroes de Córdoba. Para más información sobre la lengua y la literatura aljamiadas, véase Revista Aljamía , Universidad de Oviedo; Rosa María Ruiz Moreno, Literatura tradicional árabe y española , Universidad de Jaén, Jaén, Jaén, 1999; Vincent Barletta, Gestos clandestinos: La literatura aljamiado-morisca como práctica cultural , Instituto de Estudios Islámicos, Zaragoza, 2005; Nuria Martínez de Castilla / Rodolfo Gil Benumeya Grimau, Actas del Encuentro Cervantes, El Quijote, Lo Moro, Lo Morisco y Lo Aljamiado , Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, Madrid, 2006. (Nota de la Redacción). [2] El Dr. M. Ali Kettani, (Fez, Marruecos, 1941-Córdoba, España, 2001) fue Director del Instituto de Ciencias de Rabat y de la Universidad Islámica Averroes de Córdoba. (Nota de la Redacción). [3] No queremos negar la existencia de enfrentamientos bélicos entre ambas comunidades, pero en cualquier caso no se trató de una invasión militar extranjera con ocupación de territorios, sino más bien de lo que podría denominarse periodos de “guerra civil”. La inmigración árabe y bereber hacia la Península Ibérica procedente del norte de África y de Asia occidental nunca fue tan grande como para no poder ser asimilada. Además, la mayoría de los inmigrantes eran varones que se casaban en la Península, de modo que su descendencia era integrada en la sociedad andalusí de acogida. [4] Véase Ángles Vicente, El proceso de arabización de al-Andalus , IEIOP, Zaragoza, 2007; Redacción Alif Nûn, “ Lengua y literatura árabe en al-Andalus (I) ”, en revista Alif Nûn nº 32, noviembre de 2005. (Nota de la Redacción). [5] Al-Jusani, en su Historia de los jueces de Córdoba, da pruebas de que las lenguas romances eran generalmente usadas en Córdoba, incluso en los tribunales. [6] Véase F. Fernández y González, Estado social y político de los mudéjares de Castilla , libros Hiperión, Madrid, 1985. (Nota de la Redacción). [7] En la mayoría de los casos, estas comunicaciones en castellano entre moriscos y cristianos viejos estaban orientadas a defender a la comunidad morisca de los atropellos cometidos por los gobernantes castellanos. Este es el caso del alegato del morisco Muley Francisco Núñez en defensa de las costumbres e identidad cultural de los moriscos granadinos. Véase Rodrigo de Zayas, Los moriscos y el racismo de Estado: creación, persecución y deportación (1499-1612) , Editorial Almuzara, Córdoba, 2006, págs. 116-124. (Nota de la Redacción). [8] Como ejemplo de esta literatura, véase Mohamed Rabadán, Poemas de Mohamed Rabadán , Diputación General de Aragón, Zaragoza, 1991; Álvaro Galmés de Fuentes, Los manuscritos aljamiado-moriscos de la Biblioteca de la Real Academia de la Historia , Real Academia de la Historia, Madrid, 1998; María Teresa Narváez Córdova (ed.), Tafsira. Tratado del mancebo de Arévalo , Editorial Trotta, Madrid, 2003; Luce López-Baralt (ed.), El viaje maravilloso de Buluqiya a los confines del universo , Editorial Trotta, Madrid, 2004; Xavier Casassas Canales, Los siete alhaicales y otras plegarias aljamiadas de mudéjares y moriscos , [9] Por ejemplo, el empleo del sufijo romance “ón” para indicar grandeza, da lugar a palabras como jaldón o jaldûn , que significa “el gran Jalid”, o el sufijo romance “ero”, que añadido al verbo árabe zalla (cometer una falta), dará lugar a la palabra zullero , que en árabe andalusí significa “el que comete muchas faltas”. [10] Por ejemplo, qurishta (cresta), lûpp (lobo), tratal (tratar), qayjâ t (cuajar), shunûga (sinagoga), kunfatrîn (cofrades), farâyrîn (frailes), mârsi (marzo), bala (pala), etc. [11] A raíz de la colonización europea, algunos de los idiomas citados, como el suahili en África oriental, han sufrido un proceso de “latinización”, con la sustitución de los alfabetos basados en el árabe por otros basados en el latino. Un caso especial es el turco, que sufrió una completa reestructuración en los años veinte con la llegada al poder de Kemal Atatürk y la creación de la moderna República de Turquía. En cuanto a los países musulmanes del sudeste asiático (Malasia, Indonesia, etc), si bien el árabe se ha mantenido como el idioma de culto, sus lenguas vernáculas han escapado a la influencia del alifato árabe y, en general, han mantenido sus respectivos abecedarios, anteriores a la llegada del Islam. (Nota de la Redacción) [12] Los primeros textos escritos en holandés, en su variedad afrikaner de África del Sur, fueron redactados con el alifato árabe por los trabajadores musulmanes importados en régimen de semiesclavitud desde Indochina por los colonos holandeses en la segunda mitad del siglo XIX. En cuanto al servo-croata, en su variedad de los bosnios musulmanes, mantuvo el alifato durante la época de dominación otomana, pero tras la caída del Califato en los años veinte del siglo pasado su uso decayó considerablemente, sobre todo a partir de la imposición del régimen comunista tras la Segunda Guerra Mundial. (Nota de la Redacción). [13] Véase también Ridha Mami (ed.), El manuscrito morisco 9653 de la Biblioteca Nacional de Madrid , Fundación Ramón Menéndez Pidal, Madrid, 2002. (Nota de la Redacción). [14] Como muestra de este tipo de música, puede consultarse nuestro catálogo en la sección de CD´s, apartado de “música popular ”. (Nota de la Redacción). [15] Junto al ya citado Mu hammad ibn Hammûd al-Qabrî, apodado “el ciego de Cabra”, el llamado “ciego de Tudela” forma parte de la gran tradición de literatos árabes invidentes, entre los que se encuentran autores como Al-Ma‘arri, Bassar ibn Burd, Ibn Sida de Murcia o, en el siglo XX, Taha Husein. Para más información, véase Darío Cabanelas Rodríguez, Ibn Sida de Murcia, el mayor lexicógrafo de al-Andalus , Ed. Regional de Murcia, Murcia, 1986; Josefina Veglison Elías de Molins, La poesía árabe clásica , Ediciones Hiperión, Madrid, 1997 (Nota de la Redacción). [16] Véase Ben Quzmán, Antología , Editorial Simancas, Palencia, 2003. Nótese que ben Quzman significa “hijo de Guzmán”, lo que viene a dar a entender su origen romance. (Nota de la Redacción). [17] Así sucedió durante la rebelión morisca de las Alpujarras. Para más información sobre este acontecimiento, véase José Jiménez Lozano, Sobre judíos, moriscos y conversos: convivencia y ruptura de las tres castas , Editorial Ámbito, Madrid, 2002; Julio Caro Baroja, Los moriscos del reino de Granada , Alianza, Madrid, 2003; Luis de Mármol Carvajal, Historia de la rebelión y castigo de los moriscos del Reino de Granada , Editorial Arguval, Málaga, 2004; Rodrigo de Zayas, ob. cit. (Nota de la Redacción). [18] Al margen de la producción literaria, la cultura popular andalusí estuvo repleta de refranes en árabe donde también se incluían numerosas palabras romances. A Portada |
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