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EL ARTE MUDÉJAR:
ORIGEN, CARACTERÍSTICAS E INFLUENCIAS TRASATLÁNTICAS [1] Tomás Irving[2] El arte mudéjar es fruto del
trabajo e instinto artístico de los artesanos musulmanes que siguieron
viviendo en los pueblos y ciudades del centro y noreste de España,
donde practicaban sus oficios tradicionales aún después de
la Reconquista de sus territorios por los norteños castellanos y
aragoneses. Durante los siglos XVI y XVII muchos de estos artesanos fueron
contratados y emigraron a las colonias españolas en las Indias,
tales como México, el Alto Perú (ahora Bolivia)
[3]
, Nueva Granada (hoy Colombia), Guatemala o Cuba. En estos países
los edificios públicos llevan hoy día claros indicios del decorado
mudéjar en sus azulejos y baldosas, y en sus rejas de hierro forjado
o en su carpintería[4]
. Esta influencia sigue hasta hoy en el trabajo de sus descendientes,
los artesanos contemporáneos, cuyo talento se manifiesta en las plazas,
mercados y edificios públicos de América latina. En los Estados
Unidos se encuentra este estilo en las “misiones” de California y Nuevo México,
en los hoteles turísticos construidos por los ferrocarriles en la
Florida a principios del siglo XX, y en mucha de la rica yesería en
el interior de los primeros cines. Durante el periodo de gloria árabe, la Península Ibérica formaba parte de un mundo más amplio que se extendía desde el Atlántico hasta las fronteras de China, al otro lado de Asia. El idioma árabe representaba un símbolo vivo de esta unidad islámica y pan-arábiga que vinculaba el mundo intelectual de aquella época. En estos siglos, la cultura hispana se recordaba en árabe, mientras que Córdoba, la capital andalusí durante tres siglos (756-1030), fue la ciudad más brillante de Europa y la cuna de escritores, artistas, estadistas y eruditos célebres. El resultado práctico de este movimiento cultural en las artes y la arquitectura fue el florecimiento de motivos y temas artísticos que interpretaban los ideales islámicos hasta en los detalles más íntimos de la artesanía y los oficios arquitectónicos. Se fusionaron muchos estilos por todo el mundo islámico: en Persia, donde la arquitectura había gozado de una larga tradición[5] ; en el corazón de la Arabia misma; en Egipto, en Siria e Iraq; en los países del centro de Asia, donde el Islam floreció durante siglos; en la India y en Turquía; y también en el norte de África y España. El estilo andalusí que se inspiró
en estas amplias influencias fue muy atractivo porque incorporó
varios motivos de distintas nacionalidades en su conjunto, el cual se expresó
como parte de la cultura islámica, resultando una fusión
entre el Medio Oriente y el mundo mediterráneo. Como ejemplo del
arte medio-oriental tenemos la arquitectura yemenita, cuyos delicados diseños
geométricos en las fachadas de sus edificios y sus fantásticos
aparejos de ladrillo influyeron profundamente en el arte hispanomusulmán.
No obstante, el arte hispanomusulmán y posteriormente el mudéjar
desarrolló su propia personalidad. Así, a medida que las
tierras bajo control de los musulmanes se reducían en España
hasta quedar reducidas al diminuto reino de Granada al sur de la península,
se fue empleando cada vez más el empleo del yeso para adornar los
edificios. Por eso dicen en Marruecos con mucho orgullo y algo de nostalgia:
“Aquí construimos con piedra; en España, como Granada ya
era un reino pequeño, empleaban el yeso.” Sin embargo, como medio
artístico, la yesería requiere gran pericia para captar sus
calidades fibrosas o textiles antes de que se endurezca, y este desafío
material lo afrontaron soberbiamente los obreros hispanomusulmanes. En cuanto al mundo mediterráneo, también podemos descubrir claras influencias. Por ejemplo, el espacio central de las casas y edificios públicos en las construcciones romanas se llamaba atrio, un lugar que se universalizó en la región mediterránea, donde su uso resulto útil para la vida social durante los veranos calurosos. Este patio interior ofrecía un espacio para los acontecimientos sociales, donde sus fuentes refrescaban los corredores y cuartos interiores. Los arquitectos mediterráneos y del mundo árabe se servían de los movimientos del aire y del agua para mantener corrientes refrescantes, y a la vez traían el agua de los cerros lejanos, tal y como se realiza hasta hoy en Irán o como ocurría en la Granada nazarí[6] . Así se combina el efecto refrescante de los cuartos interiores llenos del aire que circula hacia fuera para perderse en la atmósfera de la ciudad. La Alhambra de Granada [7] nos ofrece un ejemplo espléndido de esta climatización en los siglos anteriores, ya que utilizaba tanto el agua como las brisas que bajan de Sierra Nevada, para refrescar sus patios y estancias. Muchos colegios persas e iraquíes empleaban el mismo principio, donde los dormitorios interiores permiten que el aire refresque a los estudiantes en una recámara apartada, de modo que el aire circule como un chiflón dirigido a las salas exteriores de estudio y recreo. Samarra, al norte de Bagdad, en el río Tigris, tiene algunas de estas residencias escolares que nos evocan la vida colegial de siglos atrás. Las celosías favorecen la circulación del aire del mismo modo, facilitando el libre paso del aire al interior así como suavizando la deslumbrante luz mediterránea o tropical. Se puede apreciar su uso en lugares tan distantes como los balcones de madera de Lima, en Perú, o en los viejos barrios de El Cairo (Egipto), Yedda (Arabia Saudita) o Basora (Iraq). Sentados en el interior de las viviendas, los mirones y las mironas pueden contemplar con absoluta discreción la actividad callejera, lo cual demuestra la importancia concedida a la intimidad dentro del hogar musulmán. Sea fabricada en madera, ladrillo, teja o metal, la celosía define el espacio privado en las residencias, pero a la vez permite entrar la corriente de aire fresco a los edificios mientras simultáneamente veda la entrada de los ladrones o intrusos indeseables. Destacan las elegantes rejas y celosías metálicas en ciudades americanas de clima caluroso como La Habana (Cuba), Nueva Orleáns (Estados Unidos) o Cartagena de Indias (Colombia), todas ellas basadas en los principios del arte mudéjar.
Tras la caída de Granada en 1492
a manos de las tropas castellanas, el esmerado trabajo de los artesanos
mudéjares fue solicitado en toda la península, tanto por musulmanes
como por cristianos. Posteriormente, durante los siglos XVI y XVII, su trabajo
fue requerido en los proyectos arquitectónicos de las nuevas colonias
en la Indias, donde fueron contratados como obreros. En aquel traslado a
través del Atlántico no se les permitía llevar a sus
mujeres, por lo que allí donde se establecieron, se casaron con muchachas
indígenas y de este modo sus hijos y descendientes ya fueron mestizos.
En la ciudad de Antigua (Guatemala) todavía hoy residen muchos artesanos
llamados ladinos, quines son presuntos descendientes de mudéjares.
Estos nietos y biznietos de mudéjares son aquellos artesanos mestizos
cuya pericia se perpetuó en las artesanías y oficios heredadas
también de las familias de sus abuelos indígenas, cuando introdujeron
los instrumentos de hierro y latón para el trabajo de la piedra y
la madera. Así permanecieron las cosas hasta
que a principios del siglo XVII en algunos lugares como la ciudad de México
comenzaron a dictarse decretos en contra de estos inmigrantes, emulando
el decreto de expulsión que promulgó Felipe III en 1609 contra
los moriscos españoles. NOTAS.- [1] Extracto y adaptación del artículo publicado en la revista El mensaje del Islam nº 11, abril de 1995, y basado en una conferencia ofrecida durante el Cuarto Simposio de Estudios Moriscos de Zaghuán (Túnez), en marzo de 1989. Para saber más sobre arte mudéjar, véase Gonzalo M. Borrás Gualis, El Islam. De Córdoba al mudéjar , Editorial Sílex, Madrid, 2000; VV.AA., Mudéjar en México , Legado Andalusí, Granada, 2002 (Nota de la Redacción). [2] El Dr. Tomás Irving nació en Canadá y ha sido fundador del Departamento de Estudios sobre Arabe e Islam en las universidades de Minnesota, Texas y Tennessee. Tradujo al inglés el Sagrado Corán en 1985 y es autor de varios libros relacionados con la cultura y civilización islámicas. [3] En el puerto de Copacabana, en la península homónima, a orillas del lago Titicaca, a 3812 metros sobre el nivel del mar, se encuentra la iglesia santuario de la Virgen de la Candelaria, que es lugar de peregrinación de los fieles cristianos. El edificio fue construido entre 1610 y 1620 por artesanos mudéjares. Al visitarlo, por sus formas y colores blancos y verdes, se puede tener la sensación de encontrarse en cualquier mezquita del magreb árabe. [4] Gran parte de este arte ha sido documentado por el erudito mexicano ya difunto Manuel Toussaint, en su libro El arte mudéjar en América, Editorial Porrúa, México, 1946. [5] Véase Nader Ardalan y Laleh Bakhtiar, El sentido de la Unidad. La tradición sufí en la arquitectura persa , Editorial Siruela, Madrid, 2007. (Nota de la Redacción). [6] Véase Abderrahman Jah y Margarita López, “Al-Andalus, una cultura de agua ”, en revista Alif Nûn nº 39, junio de 2006. (Nota de la Redacción). [7] Véase “ La Alhambra de Granada ”, en revista Alif Nûn nº 50, junio de 2007. (Nota de la Redacción). [8] Estalactitas de carácter ornamental que decoran las cúpulas o saledizos de un edificio. Estos alvéolos, que han perdido su carácter estructural para adquirir un aspecto decorativo, constituyen un lenguaje característico de la arquitectura islámica. (Nota de la Redacción). A Portada |
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