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POESÍA Y CULTURA APOLÍTICA
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Ali Ahmad Said (Adonis) [2] En el origen de la palabra “difícil” y en los fenómenos a los cuales hace referencia en la poesía árabe preislámica, hay ciertas imágenes que arrojan luz sobre la relación entre la poesía y sus oyentes. Subimos una escarpada montaña; un camello rebelde rechaza que lo domen y lo monten; la fruta que ansiamos es inaccesible; una nube está cargada de truenos y relámpagos...estas imágenes son todo lo contrario a la tranquilidad y la facilidad. Cuando los oyentes árabes escuchaban una poesía “difícil”, éstas eran las imágenes que acudían a sus mentes. Su inclinación natural los condujo hacia una poesía que evocaba todo lo contrario a estas imágenes, una poesía que pudiera ser asimilada sin esfuerzos ni dificultades, como una nubecilla, un camino recto y sin desniveles, una fruta al alcance de la mano o un dócil camello. El árabe demandaba una poesía fácil que le permitiera dominarla intelectualmente, tomar posesión de ella con los instrumentos cognitivos a su disposición. Cualquier poema que no respondiera a esta exigencia era rechazado y calificado como “difícil”, una palabra generalmente peyorativa. Se decía que un poeta “difícil” tallaba una piedra, mientras que uno “fácil” se sumergía en el mar. Esta fue la relación que prevaleció entre el poema y sus oyentes durante el periodo preislámico de poesía oral [3] . La misma relación continuó dándose durante el periodo islámico, cuando, con la llegada de la escritura, adquirió una nueva dimensión que podríamos describir como ideológica. Cualquier debate sobre poesía árabe debe tener en cuenta muy especialmente la actitud del musulmán hacia su lengua. El árabe, lengua pagana antes del Islam, se convirtió en lengua sagrada por medio de la revelación coránica, pero no cambió en ningún otro aspecto. De este modo, el árabe es la matriz o la madre de la Palabra de Dios y también de la poesía preislámica, aunque ésta fuera pagana. Cuando esta Revelación divina vino a ocupar el lugar de la inspiración poética, reclamó ser la única fuente de conocimiento, y la poesía y los poetas fueron desterrados de su reino. La poesía dejó de ser la palabra de la verdad, tal y como proclamaban los poetas preislámicos. Sin embargo –y esto merecería un estudio aparte– el Islam no suprimió la poesía como una forma y un modo de expresión. Mas bien, anuló el papel de la poesía y su misión cognitiva, dotándola de una nueva función: celebrar y predicar la verdad introducida por la revelación coránica. El Islam privó así a la poesía de sus características del pasado –la intuición y el poder de la revelación– y la convirtió en un instrumento de comunicación. Como religión revelada, el Islam une la palabra y la acción. De ahí su tendencia política, manifestada en su literatura por los estrechos lazos entre la poesía y las otras formas de escritura que sirven al mensaje islámico, y también por el ostracismo (marginación, exclusión o prohibición) de todo lo que no esté al servicio de ese mensaje. Quizás podamos descubrir aquí las primeras semillas del uso ideológico del arte. Debe hacerse notar que es la religión, y no la ciencia o la filosofía, la que rivalizó y aún rivaliza con la poesía en la sociedad árabe. En su sentido preislámico original, poesía es inspiración –es decir, profecía– pero sin mandamientos, instituciones o normas. Sin embargo, con el comienzo del Islam –y esto también merecería un estudio aparte–, la poesía languideció y se marchitó en la sociedad árabe, en la medida en que se puso precisamente al servicio de la religión, del proselitismo y de los compromisos políticos e ideológicos. El crítico del siglo octavo al-Asma'i hace referencia a esto con una lúcida afirmación: “La poesía es una desgracia que comienza con el Mal; en cuanto interfiere con el Bien, fracasa.”Así que podemos imaginar el tipo de aventura que ha vivido –y todavía vive– la poesía dentro de una lengua “divina”, en una sociedad cuyas estructuras sociales, culturales y políticas han sido fundadas todas ellas sobre una Revelación expresada en esa misma lengua. Dado que la Revelación se plasmó en instituciones que veían la poesía únicamente como una herramienta a su servicio, se establecieron en la vida diaria nuevas relaciones entre la poesía y sus oyentes. También surgieron nuevos modos de apreciar la poesía, con nuevos valores y criterios. El estamento político-religioso ejerció su poder como un guardián fiel de la Revelación coránica. Tenía la certeza absoluta de que la Revelación habló y escribió de forma clara al hombre y al universo, de un modo concluyente y sin error o imperfección. En consecuencia, esta certeza exigía que el individuo musulmán se formara en torno a la fe en un texto definitivo, que no permitía ninguna pregunta que pudiera dar lugar a ninguna duda en absoluto. En tales condiciones, la alienación es inevitable. La persona escéptica ya no tiene el derecho a ser miembro de la sociedad. Dado que el Islam –el último mensaje enviado por Dios a la humanidad– puso el sello definitivo a la Palabra de Dios, las palabras posteriores no pueden aportar nada nuevo al género humano. Un nuevo mensaje supondría que el mensaje del Islam no es completo, que es imperfecto. Por lo tanto, a un nivel emocional, la palabra humana debe elogiar y celebrar continuamente ese mensaje. A un nivel intelectual, forzosamente la palabra humana sólo puede servir para explicarlo. La forma más elevada de expresión, la poesía, será valorada en adelante únicamente por su obviedad. Como herramienta educativa, la poesía ha de buscar la simplicidad que mejor le permita difundir su mensaje. Y esa simplicidad, en última instancia, transforma a la poesía en un objeto de consumo. Apelando a la memoria poética, la poesía da la falsa impresión de unir el presente con el pasado y de responder a las necesidades reales de la gente. Pero a lo largo de este proceso, la poesía no libera, sino que anestesia; como si enseñara a sus fieles a fabricar sus prisiones y sus cadenas con sus propios deseos y necesidades. Esta simplicidad dirige al hombre hacia el pasado, no es una energía que lo impulse hacia el futuro. Esto explica en parte la tendencia de la mentalidad árabe a vivir en el pasado, lo que en el contexto de esta reflexión significa el rechazo y el temor hacia lo inusual. Cuando esta mentalidad se enfrenta con una poesía que no procede de lo que ya conoce, en primer lugar trata de comprenderla comparándola con la herencia religiosa y lingüística que ya conocía. Contra más diferente sea la producción poética, más extraña y peligrosa será considerada; una amenaza para el patrimonio sagrado. Lo importante es identificar una línea clara y directa que una el presente con el pasado. Así, el objetivo final de la poesía es transmitir su mensaje, más que descubrir la esencia del poeta y su visión individual de la existencia humana y del mundo. El valor del poema reside en su eficacia y en el grado de satisfacción que pueda proporcionar. Siendo así, la poesía viene a parecerse a todas las demás tradiciones: es el matrimonio frente al amor, la seguridad frente a la aventura, el objeto frente al sujeto. La poesía se convierte en promotora de los valores heredados y en salvaguarda de su continuidad. La producción lingüística es vista como una especie de producción manual, y el lenguaje poético como un tipo de trabajo. Y dado que el producto de la actividad laboral es susceptible de intercambio, el poema realizado por la labor del trabajador lingüístico también será parte de una mercancía que puede ser intercambiada...por lo tanto, el valor del poema reside en su capacidad de agradar y de atraer. De paso, debemos hacer notar que los modernos medios de comunicación contribuyen a una superficialidad y una banalidad del mundo cada vez mayores. Reducen todas las formas de escritura, poesía incluida, a simple información en medio de otras informaciones. Así, ellos niegan igualmente la escritura y la lectura, e instauran una cultura visual y auditiva, que no es más que una forma de analfabetismo. La producción ocupa el lugar de la creatividad y el productor sustituye al creador. Dentro de la sociedad árabe, esta situación se traduce en un movimiento hacia el tradicionalismo. Particularmente en lo que respecta a los escritos poéticos, este tradicionalismo se cristaliza en la voluntad social de acabar con el creador. La labor poética sirve para reflexionar sobre el Texto Revelado que ha sido transmitido por Dios, respecto al cual el Profeta sólo sirve como intermediario. Ya que la poesía proviene de la religión y de la comunidad de creyentes, también el poeta es sólo un intermediario. Este fenómeno está arraigado en la memoria poética e histórica. Los árabes preislámicos recitaban una poesía que comenzaba con una situación concreta, o más bien con una palabra que describía un acontecimiento. La palabra estaba unida esencialmente con la vida, el movimiento y el trabajo. En su origen era algo carnal, y el poema era una especie de alimento, juzgado por su sabor. La gente esperaba que la poesía le permitiera afrontar su situación personal, dirigiera su vida diaria y la devolviera a su realidad. La razón principal de la poesía era su fidelidad a lo cotidiano. La relación de la poesía con lo que agradaba o desagradaba a la gente era mayor que su relación con los conceptos de belleza y de fealdad. La relación entre la palabra y el objeto era la expresión primaria de una situación, y por lo tanto era una relación ética, y no estética. Esto podría explicar la importancia de las convenciones en la poesía árabe, la cual esta formada principalmente por reglas y por principios. La idea de la belleza surgió únicamente cuando los árabes se alejaron de lo cotidiano y concedieron un papel creativo a la imaginación. Y, bajo los efectos de la modernidad y la tecnología, el lenguaje también se alejó de lo corporal y de la vida. La lengua se ha convertido en una materia prima que puede ser transformada. El poeta se ha convertido en un fabricante que transforma las palabras en un producto: el poema. En la unión entre este original pasado y este tecnicismo moderno todo tiende a reafirmar la utilidad y las prisas, y a consolidar el aspecto proselitista e ideológico de la poesía árabe, es decir, su simplicidad. La cultura árabe renunció a hacerse cualquier tipo de pregunta. Basada como está en las respuestas, instituyó una poesía que solo podría hablar de lo conocido, una poesía de lo explícito. De este modo, la primera dificultad contra la cual se enfrenta la poesía árabe reside, paradójicamente, en la cultura de la simplicidad. El discurso de la “poesía fácil” será el primer obstáculo a la creación. Esta poesía que se dedica a los panegíricos refuerza las represiones y las prohibiciones de la institución político-religiosa sobre la cual se basa la sociedad. Esto hace más profunda la brecha entre el hombre y su ser, entre el hombre y sus aspiraciones. En comparación, cualquier otra poesía siempre parecerá ardua y laboriosa. Para semejante poesía habrá que comenzar por llevar el mismo lenguaje hasta el límite, como si hubiera que librar una batalla contra lo desconocido; como si se tratase de una experiencia ilimitada e infinita. Este tipo de poesía ha existido en varias épocas del Islam, y continúa existiendo, pero es marginada y despreciada. Su lectura no supone una actitud consumista, sino una actitud creadora. Por lo tanto, tras el problema de la simplicidad viene la dificultad provocada por la investigación poética. La luz que tal investigación puede ofrecer no hace sino ampliar las dimensiones de lo desconocido, anunciando su profundidad y su infinitud, como si la luz se transformara en noche. Y si esta luz abre el horizonte a la noche del mundo, los límites que hace traspasar a la poesía abren a ésta a lo ilimitado. Como si la oscuridad se ampliara por el propio movimiento de la luz, como si la poesía sólo conociera sus propios límites. El oscuro mundo que es iluminado, es precisamente el que conduce a la poesía hacia un mundo aún más oscuro. Lo desconocido no es algo que pueda ser comprendido definitivamente. No es algo fijo, sino dotado de movimiento. Cambiando el sentido de las palabras de uno a otro horizonte, la escritura crea un nuevo espacio para el significado, un tipo diferente de placer cognitivo. Alterando la oposición entre lo explícito y lo implícito, entre lo real y lo desconocido, se destruye la relación inmutable entre el significante y el significado, poniendo el acento en otras relaciones que tienen que ver con los misterios de la existencia. De este modo, el interés de esta escritura se centra en lo oculto-implícito y en lo probable-imaginario, frente a la certeza racional. El lector, moviéndose en la esfera de lo imaginario y de lo probable, evoluciona en el interior de una escritura atípica y despojada de referencias. Ya no se adentra en el poema como lo haría en un jardín cuyas frutas estuvieran al alcance de su mano, sino más bien como en un abismo o en una epopeya. Cualquier cosa que pueda deducir del poema requerirá un gran esfuerzo; lo cual no conseguirá únicamente con su mente o su corazón, sino con todo su ser. Esta escritura toma senderos no transitados para dirigirse hacia ese otro lugar que no puede alcanzarse, pues siempre está en movimiento y nos conduce hacia un lugar todavía más alejado. La lengua, que aquí abandona los modos y las categorías de la escritura, se adhiere por completo a la dinámica de esta experiencia e incluso a sus errores. Esta escritura poética ha abierto importantes brechas en el entramado religioso y cultural dominante. Reflejando lo insólito y sugiriendo sin decir, ha enturbiado las imagen de la certidumbre. Abriendo las puertas de lo inefable, insiste en la ausencia de cualquier equivalencia entre las palabras y las cosas, lo cual supone cuestionarse la verdad de cualquier discurso, sea éste humano o divino. Presenta un texto abierto e inacabado, todo lo contrario al texto eterno y cerrado de la religión. Esto provoca lo que yo denomino “dificultad de interpretación” o “dificultad límite”. El lenguaje empleado en estos escritos es el de las fronteras que unen lo visible y lo invisible, un lenguaje al límite que delinea los contornos de esas fronteras. Es un lenguaje lejano y peligroso: un lenguaje de extremos que desgarra las palabras para así explicar el mundo. Existe otro tipo de dificultad, vinculada al concepto de identidad, la cual está esencialmente conectada en la sociedad árabe con la lengua y la religión. Tal y como es vivida, la identidad engendra una visión del mundo basada en la nostalgia de una unidad original: la unidad de la nación, la lengua, la patria y el poder. Esta visión ideológica percibe el texto poético como un campo de batalla entre ideas y tendencias al uso, lo que convierte a la poesía en un texto político. Cuando es incapaz de adaptarlo a sus objetivos, esta visión califica al texto poético como “difícil”, y a veces llega a negar su condición de poesía. Dado que une el lenguaje con la identidad y la verdad con la fuerza, esta visión del mundo termina por confundir el conocimiento con el poder. Su idea subyacente de identidad es unívoca desde un punto de vista teológico, e idealista desde un punto de vista filosófico. El componente esencial de esta visión del mundo es una separación con respecto a los demás, una autosuficiencia que da la ilusión de continuidad y, en consecuencia, la ilusión de cohesión y de singularidad respecto a otras identidades. En la sociedad árabe, la poesía es el primer criterio para medir el grado de integración de un poeta y su pertenencia a la sociedad. De este modo, podemos entender el desafío afrontado por una poesía que establece otro concepto de identidad, el cual es pluralista, abierto, agnóstico y secular. En esta poesía, la identidad no sólo es lo consciente, sino también lo inconsciente. No sólo es lo permitido, sino también lo reprimido y lo inefable; no sólo es lo que ya se ha hecho, sino, sobre todo, lo que es posible hacer. Es continuidad y discontinuidad, es lo implícito y lo explícito. Existe una fisura en el corazón mismo de esta identidad unívoca y fantasmal. La unidad de “nuestro yo” es sólo aparente, ya que este “yo” es básicamente contradictorio. Y “el otro” vive en los más profundo de nosotros mismos. No hay ningún yo sin “el otro”. La identidad está viva cuando existe dentro de la fértil y sutil tensión entre nuestro yo y los demás. Sin esta tensión, la identidad sería con los objetos, y no con las personas. La identidad no sólo procede del interior: es una interacción vivida continuamente entre el interior y el exterior. De este modo, se puede decir que la identidad se halla no tanto en lo inmutable y en lo implícito como en lo que es variable y todavía no se hecho explícito. En otras palabras, la identidad es un significado que habita una imagen siempre en movimiento, lo cual se muestra más como un proceso de orientación que como un resultado final. Es apertura y no ensimismamiento; interactuando y no retrayéndose. El asunto de la identidad ocupa un lugar destacado dentro de la poesía. Es la eterna cuestión dentro del lenguaje poético. En la experiencia creativa, el hombre es únicamente en la medida en que va más allá de sí mismo. Su identidad es un proceso dialéctico entre lo que él es y lo que puede llegar a ser; no es algo superado sino algo que está más allá, pues el hombre es esencialmente una voluntad creadora y de cambio. Por decirlo de otro modo, la identidad no es tanto una herencia como una creación. A diferencia de otras criaturas, el hombre construye su identidad creando su vida y su pensamiento. De modo que, dentro de la cultura árabe dominante, lo que llaman “dificultad de la poesía” no surge del texto en sí mismo ni podemos encontrarla en él. En cambio, esta “dificultad” se deriva del nivel y calidad de la cultura, y tiene que ver con la actitud del lector para entender el poema, es decir, con su forma de leer. ¿No será que la poesía
no es tal a menos que se libere de la simplicidad y de la obviedad que
le exigimos? Por tanto, ¿no será que no existe la poesía
difícil? NOTAS.- [1] Extraído de la página web www.arabworld.nitle.org y traducido del inglés del libro Adonis, Pages of Day and Night, Northwestern University Press, 2000. (Nota de la Redacción). [2] Alí Ahmad Said Esber, Adonis (Qasabin, Siria, 1930) es poeta, crítico y antólogo de la poesía árabe tradicional. Entre sus obras se encuentran algunas de las más significativas de la poesía árabe contemporánea, como Canciones de Mihyar el de Damasco , El Libro de las huidas y mudanzas por los climas del día y la noche , Poesía y poética árabes o Epitafio para Nueva York. (Nota de la Redacción). [3] Véase F. Corriente / J.P. Montferrer, Las diez mu'allaqât. Poesía y panorama de Arabia en vísperas del Islam , Hiperión, Madrid, 2005; Redacción Alif Nûn, “ Literatura árabe preislámica ”, en revista Alif Nûn nº 29, julio de 2005; Abdelatif Oufkir, “Sociedad y cultura de la Arabia preislámica”, en Alif Nûn nº 36 (Marzo 2006). (Nota de la Redacción). A Portada |
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