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Poema
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Estimados
lectores:
Varios son los modos de relatar
la historia. Uno consiste en enumerar fríamente los grandes sucesos
históricos, como las batallas, las conquistas o las grandes dinastías
de gobernantes. Quizá esta forma de acercarnos a la historia nos
pueda aportar cierta información “objetiva” pero, en nuestra opinión,
olvida lo más importante, la esencia de la historia, que reside
en conocer cómo y por qué se sucedieron los acontecimientos.
En el primer artículo de este mes nos aproximamos a un periodo
clave de la historia de España como es la presencia y posterior
expulsión de los musulmanes peninsulares, y lo hacemos tratando
de comprender el modo en el cual estos sucesos han moldeado una determinada
mentalidad y una actitud en el pueblo español y cuáles han
sido las consecuencias de este particular talante.
Pero la historia no sólo vive de los grandes acontecimientos,
sino también del día a día de las personas, de sus
esperanzas, sus deseos y sus anhelos. En muchas ocasiones, esa aparente
vulgaridad de los sucesos diarios puede aclararnos mucho más sobre
la cultura y la sociedad humanas que algunos sesudos ensayos sociológicos
o históricos. Nuestro segundo artículo hace hincapié
en este aspecto doméstico de la historia y nos narra la experiencia
personal de tres ciudadanos árabes que hablan sobre sus experiencias
de la infancia y reflexionan sobre algunas cuestiones conflictivas dentro
de sus respectivas sociedades.
Sin abandonar la historia, el siguiente artículo nos pone sobre
la pista de una de las figuras más sobresalientes de la ciencia
islámica medieval. Nos estamos refiriendo a al-Biruni, quien quizá
no sea particularmente reconocido en la historia del pensamiento islámico,
eclipsado por el resplandor de las figuras de algunos de sus paisanos –al-Biruni
era de origen persa– como Omar Jayam o Ibn Sina (Avicena). No obstante,
las contribuciones de al-Biruni a numerosas disciplinas científicas
fueron pioneras en su época y constituyen una aportación
vital para el posterior desarrollo de la ciencia moderna.
Para terminar, el último de los artículos de este mes vuelve
a acercarnos a algunos de los principios del sufismo, –en esta oportunidad,
al concepto de la muerte y el fin del mundo– con el fin de echar por tierra
nuestras ideas preconcebidas y ayudarnos así a profundizar desde
otra perspectiva en algunos asuntos que la sociedad moderna considera infantiles
o incluso ridículos.
La Dirección.
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Que la historia la
escriben los vencedores es algo sobradamente conocido. Si bien la historia
debería ser, en la medida de lo posible, estudiada objetiva y desapasionadamente,
sin embargo, en un número muy elevado de casos el relato de los hechos
históricos se nos presenta interpretado en función de la ideología
predominante en ese momento, al servicio de los poderes políticos
y económicos de turno.
La manipulación
histórica es especialmente significativa en lo que respecta a los
mitos fundacionales de los modernos Estados nacionales, y la visión
de los hechos puede ser radicalmente opuesta dependiendo de la nacionalidad
del historiador que estudie un determinado acontecimiento .
En el caso español, la
presencia de los musulmanes en la Península Ibérica entre
los siglos VIII y XVII d.C. ha servido como elemento aglutinador para, durante
los últimos quinientos años, crear una conciencia de la identidad
hispana en oposición radical, diríamos casi “metafísica”,
a todo lo que tenga que ver con el Islam y los musulmanes. Más allá
del interesante debate académico entre historiadores como Claudio
Sánchez Albornoz y Américo Castro , la presencia musulmana
en la Península Ibérica reviste una importancia capital para
comprender qué y quiénes son los españoles, pues ya
se sabe que aquel pueblo que no conoce su historia está condenado a
repetirla.
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El barco zarpó a su hora desde Barcelona hacia Beirut con escalas
en Marsella, Génova, Nápoles y Alejandría. En el
salón sonaba el piano y flotaba el humo del fortísimo tabaco
turco que fumaban los marineros. Munir, que es libanés, Rifat, egipcio,
y yo, sudanés, salimos a cubierta a tomar un té con hierbabuena.
Entonces, Munir le preguntó a Rifat:
- ¿Es verdad que los cristianos coptos de Egipto son más
bien ensimismados, recluidos en sí mismos?.
- Sí, eso parece. Pero no por ser coptos, sino por sus tradiciones
fuertemente arraigadas. Hablo de los coptos de El Saiid, la región
central de Egipto, que es donde abundan. En El Cairo no existe esa sensación.
- ¿Y cuántos son? ¿Siete millones?
- Posiblemente más. Ten en cuenta que Egipto tiene ahora más
de cincuenta millones de habitantes y los coptos son cerca del veinte por
ciento.
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Abû Raihan Muhammad ibn Ahmad
al-Biruni nació el 4 de septiembre de 973, en las inmediaciones de
la ciudad de Kath, entonces capital de Juarizm, al noroeste de la ciudad
de Jiva. Kath ha desaparecido del mapa, pero Jiva, en la actual República
de Uzbekistán, aún puede enorgullecerse de sus palacios, madrasas
(universidades islámicas), mezquitas y mausoleos que dan testimonio
del talento de sus arquitectos y artesanos musulmanes medievales.
El primer instructor del futuro sabio fue un griego al
que conoció por azar cuando era todavía niño: le habían
encargado que llevara a aquel hombre culto plantas semillas y frutas. De
ahí nació su vocación por el estudio de la naturaleza.
El heleno fue también quien le despertó el interés por
la historia y la literatura de los clásicos. Las alusiones de al-Biruni
a muchos filósofos y científicos de la Grecia antigua dan fe
de las enseñanzas de su anónimo preceptor. Conocía muy
bien La Ilíada y La Odisea de Homero y había estudiado también
las Leyes y el Fedón de Platón, así como la obras de
Aristóteles y las de Arquímedes y Demócrito. Para el
joven estudioso musulmán, todo lo que le parecía juicioso en
la filosofía helénica revestía gran importancia.
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El Fin del Mundo
(yawm al qiyâma) , que aparece en el Cristianismo con un sentido muy
concreto, tiende a producir cierto rechazo en mucha gente por lo aparentemente
inverosímil del asunto, pero ¿qué se dice al respecto
de este tema dentro del Islam? En primer lugar, debemos saber que éste
es un tema central entre los musulmanes. Realmente, toda la Profecía
(al-naba), la noticia que trae el Profeta Muhammad, está profundamente
relacionada con lo escatológico, es decir, con el Fin del Mundo y
la posterior resurrección de todas las criaturas. Para analizarlo
y enmarcarlo en la perspectiva islámica es necesario tener en cuenta
una serie de elementos que son fundamentales.
Cuando los maestros sufíes analizan los textos
escatológicos dentro del Corán, todos ellos hablan de una experiencia
vivida a un nivel individual, es decir, como un acontecimiento que está
describiendo el faná, la aniquilación del yo, del ego ; toda
la descripción coránica que hace referencia al Fin del Mundo
es interpretada por los sufíes como el fin de tu mundo como consecuencia
de tu evolución espiritual. Cuando el Corán dice que la tierra
se quebrará o que los montes se partirán, para los sufíes
se está haciendo referencia a la persona; por consiguiente, todas
estas descripciones están dando cuenta de la experiencia individual
y directa del sufí, de modo que el nafs (ego) del sufí se quiebra
y se desmorona.
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CAUTELA...
Como en cualquier amanecer,
me enajena una rosa temblorosa.
Como en cualquier mediodía,
una brisa triste me abandona.
Como en cualquier tarde,
voy y vuelvo temerosa.
Amal Alajdar
"Voces del Sur"
Poesía
marroquí (Edición bilingüe).
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