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Poema
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Estimados
lectores:
Resulta sorprendente comprobar como uno de los pocos
asuntos que se han mantenido prácticamente inalterables con el transcurrir
de los siglos entre muchos occidentales es su percepción distorsionada
y repleta de prejuicios respecto a los musulmanes. La guerra santa, la
poligamia y el fanatismo islámicos han poblado la imaginería
popular, tanto del occidente cristiano como del moderno occidente desacralizado.
Tal y como afirma el escritor Juan Goytisolo: “el Islam ha representado
de cara al mundo cristiano occidental un papel autoconcienciador en términos
de oposición y contraste: el de la alteridad, el del Otro, ese
"adversario íntimo" demasiado cercano para resultar totalmente
exótico y demasiado tenaz, coherente y compacto para que pueda ser
domesticado, asimilado o reducido. A consecuencia de ello existen una historia,
una tradición de pensamiento, una leyenda, una retórica,
una agrupación de imágenes o clichés islámicos
creados por y para Occidente, que imponen una distancia infranqueable entre
lo "nuestro", visto, claro está, con conciencia de superioridad y
autosatisfacción, y lo de "ellos", contemplado con hostilidad y desprecio.”...Por
desgracia, idénticas palabras podrían ser empleadas para juzgar
la visión que muchos musulmanes tienen del “depravado y desviado”
Occidente.
El primer artículo del número de Alif
Nûn de este mes hace un recorrido histórico a través
de las diversas posturas que el mundo occidental ha adoptado frente al
islámico, desde una mezcla de temor y respeto producto de la rápida
expansión de los musulmanes durante los primeros siglos del Islam,
hasta la confianza y la autosuficiencia provocadas por el largo periodo
de colonialismo europeo en tierras musulmanas. Un colonialismo del que
se hace eco el segundo de los artículos, dedicado a la ocupación
francesa y española del norte de África, y más concretamente
de los Protectorados de Marruecos y Túnez.
No obstante, el mundo islámico y el occidental
nunca han sido compartimentos estancos, impermeables a la influencia mutua.
La historia ha demostrado que ideas y valores han viajado entre los dos
mundos y, aunque modificando sus ropajes, han mantenido intacta su esencia.
Este es el caso ilustrado en el tercer artículo, el de las llamadas
“Epístolas de los Hermanos de la Pureza”. Esta obra de autoría
musulmana, compuesta entre los siglos IX y X d. C., enuncia los principios
islámicos pasados por el filtro del neoplatonismo, una filosofía
que se hizo igualmente popular entre musulmanes y cristianos durante la
Edad Media.
Para terminar, el último artículo
del mes nos adentra de nuevo en las tierras del sufismo, invitando al
lector a cuestionarse sus propias certezas y seguridades.
La Dirección.
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Desde hace más de 1300 años
los europeos vienen considerando al Islam como una amenaza. Los cristianos
piadosos se han sentido retados por una fe que reconocía un Dios
como creador del Universo, pero que negaba la doctrina de la Trinidad;
una fe que aceptaba a Cristo como un profeta nacido de una virgen, pero
que negaba su condición divina y que hubiese sido crucificado; que
creía en el Día del Juicio, en el Cielo y en el Infierno,
pero que parecía hacer del sexo la clave de las recompensas celestiales;
que miraba la Biblia cristiana como la palabra de Dios, pero que otorgaba
la autoridad suprema a un libro que al parecer negaba en gran parte las
enseñanzas de aquélla. Los Estados cristianos se sintieron
amenazados por el éxito del poderío musulmán que penetró
hasta el corazón de Europa en el siglo VIII, sondeó las profundidades
de la Europa central en los siglos XVI y XVII y durante casi mil años
patrulló los flancos meridional y oriental de la cristiandad. Incluso
en los siglos XVIII y XIX, cuando habían cambiado las tornas y el
poderío europeo se extendía por el mundo, los musulmanes
continuaron siendo vistos como un peligro, hasta hoy día, para la
seguridad del imperio europeo. Hechos como éstos han condicionado
la actitud de Europa frente el mundo islámico, fomentando un permanente
antagonismo y una desgana a simpatizar con la visión islámica
de la vida y de la forma en que debía vivirse; al mismo tiempo que
la civilización característica no se valoraba tanto por sí
misma como por su condición de contraste que permitía comprobar
la identidad europea y medir los logros del propio continente.
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A la altura de
este momento procede que pasemos revista, por separado, al proceso de independencia
magrebí, en países de Protectorado y durante el decenio de
1946-1956. Recorreremos, primero, el caso de Marruecos, más complejo
por razones que el lector conoce, o intuye; a continuación procederemos
con el caso de Túnez. El desencadenamiento de la guerra de Argelia
se solapa, se quiera o no, con la marcha del nacionalismo tunecino y marroquí
hacia la meta fijada, subrepticiamente, desde los años treinta:
la independencia, la constitución y el progreso. Por este motivo
habrá que concederle, en su momento, la importancia intrínseca
que tuvo tanto en la región como en el emergente bloque mundial denominado
Tercer Mundo.
Veamos por separado el
acceso a la independencia de los países magrebíes dotados
de régimen de Protectorado: hispano-francés en Marruecos,
exclusivamente galo en Túnez.
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Tradicionalmente se han separado
los ámbitos de la Cristiandad latina, la Cristiandad Griega y el
mundo del Islam como si de tres campos de estudio independientes se tratara
. Como herederos en los que se ha refractado parte del legado de la Antigüedad,
entendida en su doble vertiente del mundo greco-latino y del Oriente Próximo,
cabe, sin embargo, buscar rasgos compartidos a pesar de los desarrollos
particulares de cada ámbito.
Centrándonos en la herencia común
del helenismo podemos hacer un seguimiento de la pervivencia que ha tenido
y de las épocas en las que renace y florece con mayor vigor. Pues
bien, uno de los focos de atención de la cultura helénica
es el hombre como portador de valores absolutos. Y la tesis que defiende
esta forma de enfoque y valoración de la existencia humana recibe
el nombre de humanismo (aunque este término haya sido y siga siendo
aplicado también a otras maneras de fijar la atención en el
ser humano).
Épocas
de renacimiento humanista las tenemos en los tres ámbitos culturales
mencionados. Por lo que se refiere al mundo del Islam, la época
de mayor atención ha recibido y que pueda caracterizarse como culturalmente
humanista es, sin duda, la que extiende entre los siglos III H / IX d.
C. y IV H / X d. C, periodo durante el cual habrían sido probablemente
compuestas Las Rasā’il Ijwān al-Safā’.
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Vamos a ir viendo poco a poco las
implicaciones de esta sentencia de Ibn ‘Atâ’-Allâh que,
sobre todo, consigue desbaratarnos todo lo que habíamos conseguido
entender hasta ahora. Quien haya empezado a intuir más o menos aquello
a lo que nos referimos cuando hablamos de Allâh , podrá empezar
a comprender lo qué significa, aunque esta comprensión, evidentemente,
no le hará superar el permanente estado de perplejidad, pues se
nos está diciendo que buscar a Allâh y esperar algo
de Él no tiene ningún sentido.
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LA MARGARITA
Entre las cubiertas de un viejo libro
duerme la margarita.
Le sirve de almohada la fecha en que fue cortada.
¿Cuántos años tienes, flor?
Soy de tu edad, mujer, ¿no te acuerdas?
Claro que sí, y recuerdo que te pregunté
acerca del amor de un hombre.
Con aire infantil me mentiste.
Me ama/
no me ama/
me ama/
no me ama....
Amablemente acaricié la flor marchita;
sus pétalos cayeron, mentiras blancas,
y se deshicieron como polvo en la mano.
Me ama/
no me ama/
me ama/
no me ama....
Aïcha Bassry
"La soledad de la arena"
Poesía marroquí (Edición
bilingüe).
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