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ISSN 1695-1751                                                                          Número 47 - Marzo.2007 / Rabi .1428

Revista patrocinada por KALAMO LIBROS, S.L.
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Poema
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Estimados lectores:

       Antes del nacimiento de los grandes imperios y de las modernas naciones-estado, los seres humanos se desplazaban libremente de un lado a otro y viajaban sin pedir cuentas a nadie, de modo que  las grandes migraciones de la antigüedad hicieron posible que el hombre poblara los cinco continentes. Podemos decir que el instinto de viajar se conservó a lo largo de los siglos en el alma de aquel homo sapiens cazador y recolector que terminó por adoptar un modo de vida sedentario. Además de la simple supervivencia, el viaje y la exploración humanas se han visto motivados por un espíritu de aventura y un deseo de aprender que han diferenciado al hombre del resto de las criaturas de este planeta.
             En lo que respecta a la civilización musulmana, la emigración y los viajes han marcado profundamente la historia del Islam, hasta el punto de que el calendario musulmán se inicia con la hégira o emigración del Profeta Muhammad, en el año 622 d.C., desde su ciudad natal, La Meca, hasta Medina, lugar donde fue acogido junto a sus seguidores y desde donde organizó la primera sociedad islámica en libertad. Además, la peregrinación a La Meca, establecida como uno de los pilares del Islam, ha convertido el hecho de viajar en un asunto de lo más natural para los musulmanes, de manera que, antes de la colonización europea, cualquier musulmán podía atravesar el mundo islámico de un extremo al otro, sin más limitaciones que las impuestas por la dureza de los medios de transporte de la época y por el peligro de los salteadores de caminos o los piratas. No obstante, su condición de musulmán estaba por encima de cualquier consideración racial o lingüística, y el viajero nunca era considerado extranjero en tierras del Islam.

              En el presente número de Alif Nûn analizamos el fenómeno de los viajes y las exploraciones en el mundo islámico a través de tres artículos. El primero de ellos hace un repaso de los grandes cartógrafos, viajeros y exploradores musulmanes del medioevo, en el marco del desarrollo científico del Islam medieval. El segundo artículo nos acerca a la figura de David Roberts, pintor escocés del siglo XIX que viajó por Andalucía, Egipto y buena parte de Asia occidental y, animado por la “fiebre orientalista” del Romanticismo europeo, reflejó como nadie en sus pinturas los últimos retazos de un mundo árabe tradicional que, tras la colonización europea, ya nunca volvería a ser el mismo. El tercer artículo nos narra la llegada a Fez del viajero e intelectual suizo Titus Burckhardt, quien nos ofrece un delicioso retrato costumbrista de esta ciudad, corazón e historia viva de Marruecos. Para terminar, y sin abandonar el magreb árabe, les ofrecemos la primera parte del artículo dedicado al proceso de independencia nacional de Marruecos Y Túnez.

La Dirección.

bOTONcARTOGRAFOS

            Ideado por los griegos y tras caer en desuso en la Europa medieval, el astrolabio volvió a ser usado por los astrónomos árabes, reunidos por el califa al-Ma’amûn en la “Casa de la Sabiduría” (Bait al-Hikmah) de Bagdad, desde la primera mitad del siglo IX . El astrolabio es un instrumento empleado para observar la posición de los astros, y los árabes lo usaron para resolver algunos problemas de triángulos esféricos relacionados con las practicas religiosas, tales como predecir con exactitud el momento en el que comienza el Ramadán, aunque también lo utilizaron para orientarse en sus viajes marítimos.
                   Otro tanto sucedió con la brújula, cuya invención se atribuye a los chinos, y la cual aparece mencionada por primera vez en las crónicas árabes en el año 1220, aunque probablemente ya fuera utilizada por los árabes desde hacía años, siendo ellos quienes, con toda seguridad, la introdujeron en Europa, donde pronto fue empleada por los vikingos.
                  Durante el estancamiento de la cartografía y de los estudios geográficos en la Europa medieval, los árabes y musulmanes, gracias al uso extendido de la brújula y el astrolabio, fueron capaces de realizar excelentes mapas y cartas geográficas de gran exactitud que más tarde supondrían una valiosa información para los grandes cartógrafos catalanes e italianos del Renacimiento europeo o para la elaboración, a partir del siglo XIII, de las primeras cartas náuticas en Europa, a las que se denominó “cartas portulanas” o, simplemente, “portulanos”.
           

Boton_DavidRoberts

            David Roberts nació en Stockbridge, una aldea cercana a Edimburgo, la capital de Escocia, el 24 de octubre de 1796. su padre era zapatero remendón y su madre una dedicada ama de casa. A pesar de las dificultades económicas y la vida misérrima, sus padres se esmeraron en brindar al joven David ciertos conocimientos, despertando su curiosidad hacia países lejanos y alimentando su espíritu para la aventura. Así, un día David decoró la pequeña cocina de aquel humilde hogar escocés, dibujando escenas silvestres para mostrar a su madre los arrebatos de su inspiración y el ingenio de sus trazos.
                A los dieciséis años ya se ganaba la vida como pintor escenográfico de un circo. Allí quedó fascinado por las escenas de la obra Alí Babá y los cuarenta ladrones. “Bagdad con sus innumerables minaretes me resultaba un lugar muy familiar, como si la hubiera conocido en sueños”, confesaría en sus escritos años más tarde.
            En esos días nunca podría haber imaginado que viajaría al Oriente y se convertiría en uno de los más famosos pintores británicos de paisajes musulmanes.
           
  
Boton_CiudadIslam

            Una geoda de amatista llena de miles de cristales y rodeada de una cinta de color verde plateado: así  era Fez, la ciudad antigua de Fez, a la luz del crepúsculo. A medida que descendíamos hacia ella, el pequeño valle en el que se encuentra la ciudad se iba ensanchando; los innumerables cristales, uniformes pero irregularmente acoplados, se dibujaban con mayor claridad; una de sus caras era clara, mientras que la otra, la que recibía el viento dominante, estaba oscurecida y deslucida por la intemperie. Entre ellos y el cinturón verde plateado de los olivos apareció la muralla de la ciudad antigua con sus torres. Las pequeñas caravanas de asnos avanzaban, como en el pasado, hacia Bâb al-Gissa, la puerta que teníamos más cerca, y de ésta salían al viento de la tarde, en dirección a la inmensidad verde, hombres y niños en vestido marroquí; pues era primavera, y las colinas de los alrededores estaban cubiertas de flores amarillas y azules.
            En el corazón de la ciudad, en el punto más bajo del valle, se podía distinguir el tejado en forma de tienda de tejas verdes que cubre la cúpula de la tumba de Idrîs, santo fundador de Fez; al lado había un minarete. No lejos de allí aparecían los tejados también verdes de la antigua universidad coránica de al-Qarawiyyîn. Cuanto más nos acercábamos a la ciudad, más minaretes veíamos elevarse hacia el cielo, torres cuadradas, de tejado plano, parecidas a las torres románicas de las ciudades de Italia. Debía de haber centenares de ellos. Estos minaretes revelan la situación de las mezquitas más grandes; otras mezquitas más pequeñas, más numerosas todavía, se ocultan a la vista en medio de la confusión de los altos bloques de las casas, de un color blanco grisáceo y, en este momento, rojizo. Una ciudad llena de santuarios: entre los primeros viajeros europeos que la visitaron a principios de siglo, unos hablaban de un “feudo del fanatismo” y otros la evocaban, maravillados, como un lugar de oración perpetua.
      

Boton_MarruecosTunez

            El renacimiento cultural y político del mundo árabe-islámico, operado en Egipto y otros países musulmanes en torno a 1850-1900, y denominado nahdah, no dejó de tener repercusiones en los países del Magreb árabe, es decir, en los Protectorados de Marruecos y Túnez, y en el territorio de ultramar, luego Departamento francés de Argelia.
        El mariscal Lyautey había escrito que el Islam es una “amplia caja de resonancia” y que lo que suceda en un punto geográfico de su ámbito tiene, a la larga, efectos de demostración en otros puntos de la comunidad cultural que nutre aquella religión. Con el despertar nacionalista del mundo árabe se confirmó la aguda frase, fruto de la observación, del legendario mariscal y primer residente general francés en Rabat; el renacimiento árabe-islámico del Oriente Próximo no dejó de tener repercusiones –todo lo lentas y moduladas a “a la magrebí” que se quiera –, pero notorias y de peso, en el extremo occidente del ecumene árabe-islámico, el Magreb.
            Muy pronto hubo repercusiones prenacionalistas en el Magreb árabe. ¿De qué otro modo se pueden llamar sino los síntomas “regeneracionistas” de los ulemas o doctores de la ley y buen saber coránicos que desde las Universidades (Zitune de Túnez, Karawiyyîn de Fez), los círculos de la autoridad y el poder (Majzén  marroquí durante el reinado de Muley Hassan, 1873-1894) y la palabra escrita o transmitida verbalmente, reclaman para sí y para la sociedad a la que pertenecen, una purificación religiosa y un adecentamiento del Estado?

           
   
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EL AGUADOR

Avanza el aguador por la calleja
bajo la sombra azul del emparrado.
Con el odre de cabra en un costado
va agitando el naqusa mientras deja

su pregón por el aire. Se refleja
un destello de sol en el dorado
de sus cuencos de cobre. Un perfumado
aliento de azahar cierne la vieja

pared blanca de cal donde la tarde
estalla de calor. Hay un alarde
de cegadora luz. Y calle arriba

se pierde el aguador con paso lento
y queda por el aire un soñoliento
frescor de generosa fuente viva.


- Ricardo J. Barceló

  


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