LA DOCTRINA POLÍTICA DE JOMEINI

Redacción Alif Nûn

Introducción


Para comprender correctamente los sucesos acaecidos en Irán durante los últimos treinta años es indispensable estudiar en profundidad la totalidad de las fuerzas puestas en juego. Demasiado a menudo nos encontramos con análisis que, si bien valoran los aspectos sociales y económicos de la revolución islámica iraní, suelen infravalorar, o incluso ignorar, los principios ideológicos y doctrinales que animaron este fenómeno. Esta es la razón por la cual los ensayos sobre la praxis política de Jomeini son relativamente accesibles, mientras que los estudios sobre sus planteamientos teóricos son mucho más escasos y difíciles de encontrar.Jomeini Juventud

El principal material del que disponemos para estudiar la doctrina política de Jomeini es la obra titulada El gobierno islámico. Este libro existe en dos versiones originales persas, basadas en diferentes alocuciones de Jomeini a sus alumnos entre los años 1963 y 1979 en Nayaf (Irak), principal centro de enseñanza teológica (kalam) y de jurisprudencia (fiqh) del shi’ismo duodecimano. Existe también una traducción inglesa en cuatro capítulos, basada en una versión persa no indicada, en la cual nos hemos apoyado para abordar este trabajo.

El estilo empleado en esta obra es más bien discursivo y tiende a ser repetitivo, debido en parte al tipo de audiencia hacia la que se dirigen sus enseñanzas. Se trata de una exhortación para llevar a la práctica una serie de principios compartidos, y su enfoque va dirigido básicamente a la realidad de Irán, aunque sin perder nunca de vista una perspectiva más universalista basada en los principios islámicos de hermandad, con un tono conciliador que se refleja también en otros escritos de Jomeini al valorar la relación con otras religiones. Es probable que exista cierta conexión entre este tono conciliador y las propuestas de hermandad, y el programa tradicional de estudios islámicos en Irán, el cual incluye tanto a autores sunníes como shi’ies [1] .

Principios generales del gobierno islámico

La tesis central de Jomeini, a partir de la cual desarrollará todo su discurso político, es que el Islam constituye un sistema completo y teocrático, de modo que para su aplicación efectiva es necesaria la existencia de un poder ejecutivo (en lo que coinciden el mandato divino, la tradición y la razón). Frente a este “gobierno divino” se presenta el gobierno de los tâgût , poderes seductores rebeldes encarnados actualmente en la occidentalización, como medio deliberado para erradicar el Islam, la cual debe ser rechazada, excepto en lo referente a los beneficios derivados de los avances tecnológicos [2] . La necesidad de disponer de un poder ejecutivo frente a este estado de cosas impone un activismo político para lograr un gobierno islámico, tomando como ejemplo la actuación del mismo profeta Muhammad y los tres primeros Imames [3] . El tutor de ese gobierno sólo puede ser el alfaquí (especialista en fiqh o legislación islámica), ya que es el único que conoce en profundidad la ley islámica. El Profeta legisló, pero también actuó con poder ejecutivo. Por lo tanto, el imam debe seguir una práctica política acorde con esa ley, y mientras tanto no gobierne el imam , hay que esforzarse por establecer su gobierno, es decir, un gobierno islámico [4] .

Según Jomeini, la necesidad de esta autoridad del alfaquí (wilâyatu-l-faqîh) [5] debería ser evidente para todo musulmán consciente de las creencias y preceptos islámicos. No obstante, argumenta que en las circunstancias sociales actuales se requiere presentar razones convincentes para demostrar esta necesidad. Las raíces históricas de estas circunstancias serían la propaganda y actividad antiislámicas llevadas a cabo por los colectivos imperialistas, desde los tiempos del Profeta hasta la actualidad. Dado que, según esta perspectiva, el Islam habría sido la única ideología en oponer una seria resistencia frente a las ambiciones materialistas y de poder del imperialismo, éste no habría dejado de intentar eliminar el Islam y, debido a este trabajo de intoxicación, en la actualidad deben presentarse una serie de aclaraciones respecto a la doctrina islámica que no serían necesarias en unas circunstancias más favorables a los intereses musulmanes. Como consecuencia de esta propaganda antiislamica, muchos musulmanes tienen nociones desviadas e incorrectas sobre el Islam, y han olvidado que ser musulmán significa mantener una militancia por la verdad, la justicia, la libertad y la independencia frente a todo poder opresor, tal y como atestigua la proporción de cincuenta aleyas coránicas sobre asuntos sociales por cada una que trata de la adoración ritual. Esta clase de musulmanes conciben un Islam defectuoso, sin vitalidad, conformista e incapaz de regular todas las actividades de la vida humana. Según Jomeini, esta propaganda ha llegado incluso a los centros de enseñanza islámica, hasta el punto de que se debe demostrar que el Islam tiene reglas de gobierno.

Jomeini Nayaf Concretando y atendiendo a la situación iraní, los objetivos del imperialismo británico durante la primera mitad del siglo XX habrían sido eliminar la influencia rusa en el país y sustituir la legislación islámica por la occidental. Entre las excusas para efectuar esta maniobra estaría la acusación hipócrita de que la Sharî‘a (la ley islámica revelada) es dura cuando trata de evitar la corrupción, cuando el verdadero objetivo sería mantener atrasados a los musulmanes para explotar sus riquezas y recursos.

Entre los factores internos que explicarían la situación actual en el mundo islámico destaca el efecto deslumbrante del progreso material imperialista sobre algunos miembros de la sociedad islámica, los cuales llegan a pensar que el único modo para conseguir ese progreso es abandonar sus propias leyes y creencias, sin reparar en el hecho de que países con distintas leyes y sistemas sociales compiten por alcanzar ese tipo de progreso científico y técnico.

La idea según la cual religión y política deben permanecer estrictamente separadas vendría formulada y difundida por los imperialistas para evitar que la religión ponga orden en los asuntos de este mundo y se erija como un sistema de control frente a los excesos de todo tipo, dando forma a la sociedad islámica. Otra de las razones para impedir la intervención de la religión en la política sería la intención de crear un abismo entre los ulemas (sabios religiosos), por un lado, y el pueblo, por el otro. De este modo el imperialismo consigue sus objetivos de dominio sobre personas y recursos. Además, el imperialismo promueve un tipo de conocimiento especializado, en el que cada individuo es poseedor de un saber atomizado e inofensivo para los intereses imperialistas. De este modo, según este modelo, el ulema sólo debería ocuparse de la religión y no habría de intervenir en política.

Necesidad de un gobierno islámico

Dios ha revelado una legislación y una forma de gobierno para llevar dicha legislación a efecto. El Profeta estableció un gobierno y designó un sucesor, así que el gobierno islámico sigue siendo necesario. También la razón exige un gobierno para mantener el orden en la sociedad. De hecho, tras la muerte del Profeta, la comunidad islámica estuvo de acuerdo en la necesidad de un sucesor, aunque no en su identidad [6] .

La Sharî‘a atiende a todas las necesidades humanas, como sistema completo que es, creando las condiciones para producir seres humanos integrados y virtuosos. Pero toda ley exige un poder ejecutivo que, en el caso del Islam, incluye, entre otros asuntos, la administración de los impuestos o la defensa del orden e integridad territorial. No obstante, Jomeini declara que muchos de los gobiernos que se han dado a lo largo de la historia del Islam no son en absoluto islámicos, y presenta como ejemplo paradigmático de este tipo de gobiernos usurpadores a las monarquías omeya y ‘abbasí.

Otro modo de mostrar la necesidad de un gobierno islámico es presentar la alternativa con la que se enfrenta el musulmán: o bien colabora con los poderes imperialistas antiislámicos, o bien se rebela contra el opresor, en ayuda del oprimido.

Forma del un gobierno islámico

El gobierno islámico es un gobierno constitucional. Ahora bien, el poder legislativo y la soberanía residen en Dios exclusivamente; y el poder ejecutivo se confiere por mandato divino, tal y como lo adquirieron y ejercieron el Profeta y ‘Ali.

Jomeini Clases Qom La razón nos dice que, si el gobierno islámico está basado en el imperio de la ley, entonces el gobernante islámico tiene la obligación de conocer las leyes del Islam y de aplicarlas con justicia. Desde la perspectiva de Jomeini, ambas cualidades, el conocimiento y la justicia, están presentes única y exclusivamente en los alfaquíes. Si éstos alcanzan el gobierno (y tal gobierno es obligación de quien esté capacitado, o de los alfaquíes en su conjunto) entonces poseerán una autoridad igual a la del Profeta en cuanto a administración, gobierno y poder ejecutivo, y todos los musulmanes tendrán que obedecerlos. De este modo, la función del gobierno se convierte en un medio para ejecutar la ley divina. Es, además, un deber del alfaquí cualificado, y no un mérito de por sí ni una virtud espiritual.

Los deberes, poderes y funciones de los profetas y de sus sucesores son exponer los decretos de la religión y llevarlos a efecto, estableciendo un sistema social justo para poder vivir en igualdad. La obediencia al Profeta y a sus sucesores es, por tanto, un decreto divino.

Esta autoridad del alfaquí no supone necesariamente que éste posea todo el poder. Más bien, su función es la de tutelar y supervisar el funcionamiento del gobierno, de forma que éste respete la ley, la cual debe garantizar la seguridad de todos. Esto nos lleva a la concepción de la ley, no como un fin en sí misma sino como una herramienta para establecer la justicia social y un medio para la reforma intelectual y moral del ser humano. De hecho, será el rango espiritual el que califique a alguien para asumir el gobierno y, en general, cualquier responsabilidad social.

Siguiendo una larga tradición presente dentro de pensamiento shi’ita, una de las características más acusadas de la teoría política de Jomeini es la obligación y la necesidad de rebelión contra los gobernantes injustos [7] . El modelo de gobernante islámico es el heredero de los profetas en su función ejecutiva de “ordenar el bien y prohibir el mal”.

Programa para establecer un gobierno islámico

Jomeini plantea el establecimiento de un gobierno islámico como un objetivo a largo plazo, y para ello, el primer paso es presentar el Islam de una forma adecuada, cambiando la idea de que religión y política son campos separados, ya que esta concepción de las cosas bloquea el movimiento de reforma que conlleva la aplicación del Islam. Una vez depuesto el régimen tiránico de los tâgût, el alfaquí debe ser capaz de administrar el Estado y de guiar a las masas. El gobierno de los poderes políticos ilegítimos (tâgût) ha de ser derrocado actuando en varios frentes:

1)    Cortando todas las relaciones con las instituciones gubernamentales.
2)    Rechazando toda colaboración con ellas.
3)    Absteniéndose de cualquier acción o gesto que pudiera interpretarse como colaboracionista.
4)    Creando nuevas instituciones judiciales, financieras, económicas, culturales y políticas que sirvan para el bien público y se administren según a ley islámica.


Resumen y conclusión

El tema de la autoridad del alfaquí (wilâyatu-l-faqîh) no es nuevo. Jomeini sólo lo trata más detalladamente con referencia a las diferentes ramas del gobierno, para darle una mayor claridad.

Jomeini explica que el Islam, como sistema completo de vida, ha de contar con un poder ejecutivo ejercido por un conocedor de la legislación islámica que sea justo. Para llevar a cabo este programa hay que dar a conocer un Islam que no se limite a la simple práctica de unos actos devocionales y, por lo tanto, un Islam políticamente activo y comprometido con la realidad social y económica de su tiempo. Para conseguirlo, es necesario combatir y boicotear con todos los medios de los que se dispongan y sin ningún tipo de concesión contra los poderes que se opongan a este proyecto, encarnados en la actualidad por la ola de occidentalización que barre los países musulmanes.

Es ésta una presentación de lo que se ha dado en llamar, de un modo general, integrismo islámico. La coincidencia entre pensadores como Jomeini, Sayyid Qutb [8] o Mawdûdi [9] al margen de influencias directas (salvo el caso de Mawdûdi sobre Sayyid Qutb) podría hacernos pensar que se trate de un desarrollo interno del pensamiento islámico actual, más que una reacción frente a una influencia cada vez más profunda en las sociedades islámicas de ideas ajenas al Islam. No obstante, también debemos tener en cuenta una regla general según la cual todas las civilizaciones y sistemas de pensamiento en periodo de crisis, cuando se sienten amenazados o en inferioridad respecto a otras civilizaciones en auge, suelen ver nacer en su seno a personajes que replantean en profundidad y de manera crítica los mismos fundamentos y principios de su propia ideología. Y la historia nos demuestra  que el Islam no es ninguna excepción a esta regla.


BIBLIOGRAFÍA


-    Abbas Kelidar, “Ayatollah Khomeini´s Concept of Islamic Government”, en A.S. Cudsi y Ali E. Hillal Dessouki, Islam and Power, Londres, 1982.
-    Rûhullâh al-Musâwî al-Khomeini, “Islamic Government”, en Islam and Revolution, traducido y anotado por Hamid Algar, Londres, 1985.
-    Seyyed Hossein Nasr, Traditional Islam in the Modern World, Londres, 1987.
-    Daniel Pipes, El Islam (de ayer a hoy), Madrid, 1987.
-    Gustavo Morales, El Irán del Imam Jomeini , Biblioteca Universitaria, Madrid 1988.
-    Javier Onrubia Rebuelta, Irán: defensa de una revolución, Madrid, 1989.
-    Yann Richard, El Islam shií , Edicions Bellaterra, Barcelona, 1996.
-    Nazih Ayubi, El Islam político. Teorías, tradición y rupturas , Edicions Bellaterra, Barcelona, 1996.

   


NOTAS.-

[1] En el moderno programa de estudios religiosos islámicos en Irán, se incluye incluso el estudio de otras religiones. Véase Franco Amato, “La Hauzah ‘Ilmîiah de Qom a los ojos de un erudito cristiano”, en revista Kauzar nos 41,42, 43, Asamblea Mundial Ahlul Bait, Qom, Iran., págs, 90-93, donde el profesor italiano Franco Amato relata sus experiencias docentes impartiendo clases de Teología Cristiana, Historia de la Iglesia, latín y griego en la Escuela de Estudios Islámicos de Qom, Irán.


[2] En este aspecto, la ideología de Jomeini es idéntica al reformismo musulmán de corte sunni, encarnado en los Hermanos Musulmanes de Egipto. Véase Redacción Alif Nûn, “ El reformismo musulmán. Los Hermanos Musulmanes a través del pensamiento político de Sayyid Qutb ”, en revista Alif Nûn nº 39, junio de 2006.

[3] Los tres primeros imames son el primo y yerno del Profeta, ‘Ali ibn abu Talib, y los dos hijos de éste,  Hasan y Husein.

[4] Según la teoría clásica de gobierno entre los shi’ies duodecimanos, el poder político sólo puede ser ejercido por alguno de los doce imames que serían los herederos temporales y espirituales del Profeta Muhammad. En ausencia de los imames, como es el caso desde la ocultación del último de ellos el año 941 d.C., el poder deberá ser ejercido por el alfaquí más sabio y cualificado, hasta el regreso del último imam, que en el shi’ismo duodecimano es identificado con el Mahdi. Para más información, véase Yusuf Fernández, “ El Islam y las escuelas jurídicas ”, en revista Alif Nûn nº 43, noviembre de 2006.

[5] Para Jomeini, la autoridad del alfaquí sobre la comunidad musulmana no sólo alcanza al ámbito sociopolítico, sino también al moral y al religioso. Es decir, abarca tanto la esfera pública como la privada del súbdito musulmán.

[6] Desde la perspectiva shi’i , el primer imam, Ali ibn abu Talib, fue designado por el profeta como sucesor político y espiritual, en lugar de los califas Abu Bakr, Umar ibn Jattab y Uzman, que fueron los que efectivamente ocuparon ese puesto antes que Ali.

[7] En el pasado, esta oposición al gobernante juzgado como injusto se concretó en movimientos como el de los hashashin (asesinos), quienes pertenecían a la rama ismaelí del shi’ismo. Dirigidos por el llamado “viejo de la montaña”, se instalaron en 1090 en la fortaleza de Alamut, situada al norte de Irán y desde allí organizaron asesinatos selectivos de altos personajes de la administración del Estado, sembrando el terror y el desconcierto entre la clase gobernante. Para más información, véase Vladimir Bartol, Alamut , Editorial Muchnik, Barcelona, 2001; W.C. Bartlett, Los Asesinos, Crítica, S.L., Barcelona, 2.006. Aunque con unos métodos y unos objetivos muy discutidos desde diversas instancias, quizá, dentro del shi’ismo actual, la organización libanesa Hizbullah (Partido de Dios) pueda ser considerada como la heredera del viejo espíritu shi’ita de rebelión frente al poder establecido.

[8] Véase Redacción Alif Nûn, ob. cit.

[9] Sayyid Abu ´Ala al-Mawdûdi (1903-1979) fue un escritor y político nacido en el sur de la India. Su pensamiento político ha influido muy profundamente sobre la mayor parte de los movimientos islamistas del mundo sunní durante la segunda mitad del siglo XX. En 1940 fundó la “Asociación Islámica” ( Yama‘a Islami)de Pakistán y, al igual que Sayyid Qutb, tuvo duros enfrentamientos con las autoridades indias y pakistaníes, llegando a ser condenado a muerte en 1953, aunque la presión popular evitó que se ejecutara la sentencia.

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