EL ISLAM
Una aproximación a sus aspectos básicos
[1]


Mohsen Labban [2]


La universalidad del Islam

A primera vista puede parecernos que existe una aparente contradicción entre la idea de universalidad y una religión como el Islam. ¿Cómo puede el Islam ser válido para todos los tiempos y en todos los lugares cuando fue revelado en lengua árabe, difícil de dominar para la mayor parte de la gente? ¿Cómo puede ser una religión universal cuando contiene referencias locales y temporales al momento y lugar de la Revelación y, por tanto, complicadas de entender para la mayoría? ¿Cómo puede ser válido el Islam en la actualidad cuando con frecuencia se hace referencia a las decisiones tomadas por el Profeta Muhammad, que sólo estuvo presente físicamente durante unos pocos años al comienzo de la historia del Islam?

Para responder a estas preguntas es necesario tener en cuenta una serie de aspectos. El primero es que Islam significa sumisión a Dios. Cualquier persona que sabe y acepta que Dios es Uno y Todopoderoso, que es la Causa Primera y Ultima que gobierna el universo, e intenta con todas sus fuerzas entender Su Voluntad y actuar en consecuencia, es musulmán de hecho aunque ni siquiera sepa nada sobre los profetas. La sumisión a Dios, en cualquiera de sus formas, es Islam.

Un hecho relatado por el Profeta Muhammad acerca del Profeta Moisés aclara lo que acabamos de exponer. Según una tradición profética (hadiz), Moisés vio a cierto hombre orando de una manera distinta a como él había enseñado, y le corrigió explicándole cómo debía hacerse. El hombre le agradeció el consejo a Moisés, y luego se fue andando sobre las aguas del mar. Al verlo, Moisés lo llamó y le dijo que podía seguir rezando como lo hacía antes.

Este hadiz viene a decir que la formalidad de la Ley no es lo más importante, pues de otra forma Moisés hubiera insistido al hombre en que rezara según los cánones por él enseñados, y sin embargo no lo hizo. Y el hecho de que el Profeta Muhammad lo comentara indica que debemos meditar sobre ello.

Cuando en el Corán se dice que “la religión para Dios es el Islam” (3:19), a mi modo de entender no hace referencia al Islam como la religión en la forma en que ahora la conocemos, sino como sumisión a la Voluntad Divina, según la información y conocimiento que cada uno posea. Esta sumisión (taslim) [3] implica conocer a Dios y Su Voluntad, conocer Sus indicaciones y, por último, actuar en consecuencia. Un mínimo de conocimiento, con la voluntad de dirigirse hacia Él, es suficiente para el comienzo, aunque el verdadero Conocimiento supone un estado superior de conciencia.

Respecto al conocimiento de la Voluntad de Dios, cada ser humano tiene el deber de buscarlo por los medios de los que disponga: la observación y reflexión sobre la naturaleza, su propia intuición interna, o un resumen de ambos medios, a través de alguno de los Profetas que Dios ha enviado para dar a conocer Su Voluntad. Si conocemos a alguno de estos Enviados, cualquiera que sea, el Islam es entonces seguir a este Enviado.

Un segundo aspecto a tener en cuenta es que la Voluntad Divina tiene necesariamente que estar en armonía con el Universo y con la naturaleza humana (fitra) que Él ha creado; es decir, con las reglas básicas de funcionamiento de la creación, incluyendo todos sus aspectos: físicos, psíquicos, espirituales, individuales y sociales. Cuando Dios quiere mostrar esto de un modo más evidente y universalmente válido, envía Su Revelación a un pueblo sin apenas una cultura previa, en un estado lo más cercano a la naturaleza simple. Por esta razón eligió Arabia y la lengua árabe para revelar el Corán. En este pueblo, los elementos naturales del ser humano estaban casi intactos, incluyendo unas cualidades –fuerza, generosidad, nobleza, pasión sexual, etc...–  que se mostraban sin el recubrimiento de la filosofía o de sofisticadas costumbres.  [4]  

Por tanto, los sucesos que fueron ocurriendo durante el tiempo de la Revelación y los que son narrados en el Corán representan símbolos y modelos de lo que puede ocurrirles a los seres humanos en todo momento y en todo lugar, con una u otra variante según la cultura y la época. Las referencias históricas que aparecen en el Corán son parte de la enseñanza divina sobre la naturaleza humana y sus aspectos sociales. Si se nos narran estas historias es para extraer lecciones que nos sean útiles en nuestros días. Por ejemplo, podrían parecer anacrónicas las referencias coránicas a los esclavos pero, si se piensa, veremos que no están ni mucho menos fuera de la actualidad, puesto que la esclavitud sigue existiendo bajo otras formas, y hay que conocer los criterios para hacerle frente.

Otro aspecto a considerar es una ley fundamental establecida por Dios para los seres humanos, y expresada de este modo en el Corán:

“Y si no fuera porque Dios empuja a una gentes por medio de otras, la tierra se corrompería” (2:251).

Dios nos dice que las diferencias y el empuje y choque mutuos forman parte de Su sistema para mantener el mundo bajo control. No puede darse ni una unidad ni una uniformidad totales entre los hombres. No puede haber unidad de ideas ni de religiones, ni siquiera dentro de una misma religión, [5] pues estas diferencias son queridas por Dios, tal y como afirma el Corán:

“Si Dios hubiera querido, hubiera hecho de ellos una sola comunidad. No obstante, Él acoge en Su Misericordia a quien quiere.” (42:8)

Según la propia naturaleza de las cosas, debe haber grupos que se empujen unos a otros. Así, dice de nuevo el Corán:

“Si no fuera porque Dios empuja a unas gentes por medio de otras, habrían sido demolidos monasterios, iglesias, sinagogas y mezquitas, donde se menciona mucho el nombre de Dios. Y Dios, sin duda, auxiliará a quien ayuda a Su causa, pues Dios es, en verdad, Fuerte y Todopoderoso.” (22:40)

Hay que hacer notar que la expresión empleada por el Corán para referirse a este empuje (tadâfu‘) [6] no implica necesariamente lucha o conflicto. Y así se entiende mejor el sentido de esta expresión cuando la vemos aparecer en otros pasajes coránicos, donde se anima a “empujar con lo que sea mejor”:

“El bien y el mal no son iguales. Responde (empuja) con lo que sea mejor y he aquí que aquél de quien te separe la enemistad se convertirá en un amigo ferviente. Pero esto sólo lo consiguen los pacientes.” (41:34-35)

No obstante, el sistema de empuje mutuo puede adoptar un aspecto cultural en unos casos, y una dimensión violenta en otros, según el nivel de control del ego (nafs ) de cada individuo. Cuando el ego domina totalmente a personas y pueblos, puede ocurrir que el empuje sólo adopte formas violentas. El yihad siempre está presente, pero varía en sus formas.

Otra norma general a tener en cuenta es la infinita y constante Presencia de Dios en la creación, de la cual cada criatura es consciente y la recibe según sus posibilidades. Este es el caso, por ejemplo, de la Compasión Divina (rahmatullah ), la cual está siempre al alcance de las criaturas, en la medida de su capacidad para recibirla y reconocerla, según lo que le es propio a su naturaleza.

Esta diferente capacidad de las criaturas puede ser una de las razones por la cual Dios ha elegido el árabe para enviar Su Revelación. Él podría haber revelado el Corán en una lengua comprensible para todos, pero éste no es Su sistema. Ha depositado la responsabilidad de transmitir el Corán sobre los hombros de aquellos con la suficiente capacidad. Una vez más, el empuje de unas gentes por medio de otras es el sistema elegido.


Sobre la alternancia de los nombres divinos en su manifestación

Una ley fundamental de la manifestación divina es la alternancia entre Sus Atributos de Majestad y Poder (yalâl) y los de Bondad y Belleza (yamâl ). Todos los nombres divinos pueden dividirse en estos dos grupos. El universo entero no es más que las infinitas manifestaciones y combinaciones de todos estos nombres y, a su vez, cada criatura es un conjunto de manifestaciones de estos nombres [7] . En cada persona se da una cierta proporción en la composición de estos nombres y de ahí la infinita variedad de temperamentos y caracteres humanos, pues no hay dos personas exactamente iguales. Así, un individuo que tenga más componentes de majestad y poder se mostrará con atributos de fuerza, dureza o justicia y, por el contrario, la persona en la que predomine los atributos de bondad y belleza se dará a conocer como compasiva, dulce y comprensiva; existiendo toda un abanico de posibilidades entre estos dos extremos.

Por otro lado, en la relación del Señor con Sus criaturas, Él se manifiesta con todos Sus nombres  a cada persona a lo largo su la vida, de modo que el conocimiento que cada individuo tenga de Su Señor será más o menos completo según haya sabido reconocer en cada momento estas manifestaciones divinas.

La alternancia yalâl-yamâl se realiza en la experiencia vital de cada uno de nosotros a modo de pruebas. Así, una persona que recibe pruebas duras de enfermedad, calamidades o desgracias de distinto tipo está bajo las manifestaciones de la Majestad y el Poder divinos, y a continuación recibirá necesariamente manifestaciones de Su Bondad y Belleza en forma de felicidad, salud [8] y perdón. Los dos tipos de manifestación vienen en forma de pruebas, y la duración y naturaleza de cada periodo quedará determinada por la reacción de la persona ante ellas. Así, si a las pruebas de dureza responde con rebeldía y frustración, la alternancia con el periodo de bondad y belleza tardará más en llegar y lo hará tan sólo en su dimensión mundana y material, privando a la persona del verdadero beneficio. Por el contrario, si responde con paciencia, reconociendo y aceptando que todo proviene de Dios, podrá disfrutar más profundamente del periodo de belleza que le llegará más tarde. Si además de demostrar paciencia es capaz de acudir con más fuerza a Dios, pidiendo el perdón y el alivio, apelando a los atributos divinos de Belleza y aprovechando la experiencia para corregir su conducta y reconocer sus defectos, entonces podrá hacerse más consciente de la dulzura que, sin duda, más tarde le llegará. Por último, si además la persona responde a la prueba de buen grado y con absoluta aceptación (taslim ), Dios le situará por encima de los vaivenes temporales de la existencia y le otorgará un estado de satisfacción (rida) permanente.

Sería una insensatez y demostraría una total falta de conocimiento tratar de soportar sin más el tiempo de dureza y no pedir alivio. Sería como si el niño que recibe un tirón de orejas de su maestro dijera que no le importa. Sería una insolencia. Por el contrario, la actitud correcta es pedir con esperanza el alivio, la salud y la compasión (rahma ) de Dios.

Por otro lado, el periodo de indulgencia y de compasión, cuando Dios se manifiesta con sus atributos de Generosidad, Dulzura, Belleza, etc, es también un tiempo de prueba, durante el cual Dios espera de nosotros que seamos agradecidos, es decir, que utilicemos Sus favores de manera correcta, devolviendo a los demás la generosidad y la belleza que hemos recibido. Si actuamos de este modo, el periodo de Bondad se extenderá y sus beneficios se multiplicarán. De otro modo, si nos ocupamos tan sólo de estos beneficios y olvidamos de quien provienen, pronto regresará el periodo de dureza. Si el olvido de Dios es completo, entonces puede que Él nos mantenga en ese olvido mediante los placeres y bienes materiales en esta vida, para privarnos de Su Misericordia en la otra.
    


NOTAS.-

[1] Traducción y adaptación de una serie de charlas impartidas en la ciudad de Alejandría (Egipto). Para una información más detallada sobre el tema, puede consultarse la bibliografía que aparece en nuestra sección de obras sobre sufismo e Islam. Para la traducción de las citas coránicas nos hemos basado en Muhammad Asad (Traducción del árabe y comentarios), El mensaje del Qur’an , Junta Islámica, Córdoba, 2001; y Julio Cortés (Traductor), El Corán , Editorial Herder, Barcelona, 2002. (Nota de la Redacción).

[2] Mohsen Labban nació en Egipto y en la actualidad reside en Australia. En su país fue profesor de economía en la Universidad de Alejandría y durante dieciséis años ha venido colaborando con las Naciones Unidas. Actualmente forma parte del Consejo Islámico Supremo de New South Wales, Australia y además es un reputado maestro de la orden sufí Shadili. Para una información más detallada sobre esta orden sufí, véase Miguel Asín Palacios, Shadilíes y alumbrados , Ediciones Hiperión, Madrid, 1990; Alexandre Popovich y Gilles Veinstein, Las sendas de Allah. Las cofradías musulmanes desde su origen hasta la actualidad , Edicions Bellaterra, Barcelona, 1997. (Nota de la Redacción).

[3] El vocablo árabe taslim comparte la misma raíz con la palabra Islam. (Nota de la redacción).

[4] Este simplicidad del pueblo árabe que recibió la Revelación tiene una doble equivalencia simbólica, tanto en el propio entorno físico donde habitaban los árabes, un desierto “vacío” y virgen capaz de servir de recipiente para la Revelación, como en la persona del mismo Profeta Muhammad, quien es definido como al-nabî al-ummi , es decir, “el profeta iletrado”; alguien sencillo y vacío de un conocimiento previo, dispuesto a servir de receptáculo para la Revelación. (Nota de la Redacción).

[5] A este respecto, existe un dicho de Muhammad que afirma: “La diferencia de opinión dentro de mi comunidad es un signo de la Misericordia de Dios.” (Nota de la Redacción).

[6] Literalmente, el sustantivo tadâfu‘ no aparece en ningún pasaje del Corán. El vocablo empleado en las anteriores citas coránicas es el verbo daf‘-iadfa‘, de la misma raíz que tadâfu‘ , el cual posee un amplio campo semántico que va desde el ya referido significado de “empujar”, hasta “responder” o “devolver”. (Nota de la Redacción).

[7] Según este principio clásico del sufismo, el ser humano y el universo son equivalentes en esencia: “Entre el ser humano –microcosmos– y la Naturaleza –macrocosmos– existe una perfecta equivalencia. Tal y como afirman los sufíes, ‘el Universo es un gran ser humano y el ser humano es un pequeño universo’, de modo que todo suceso y toda particularidad de la Naturaleza tiene su correspondencia con una determinada dimensión del alma humana.” Redacción Alif Nûn, “ La Naturaleza sagrada ”, en revista Alif Nûn nº 35, febrero de 2006. (Nota de la Redacción).

[8] El autor no hace referencia únicamente a la salud física, sino que en árabe emplea ese término en un sentido más amplio, para significar el equilibrio entre los distintos aspectos de la persona, tanto físicos como psíquicos y espirituales. (Nota de la Redacción).


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