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MUSULMANES EN SOCIEDADES NO ISLÁMICAS:
RETOS Y OPORTUNIDADES [1] -M. Ali Kettani- [2] Introducción
Los nuevos acontecimientos mundiales fuerzan hoy al observador musulmán a reconsiderar su visión global del mundo y su papel en él como creyente. Verdaderamente, la línea divisoria entre un país musulmán y un país no musulmán se está haciendo tan difusa que con frecuencia los musulmanes que viven en sociedades no islámicas, como hoy ocurre, descubren que pueden vivir su Islam mejor que en muchos “países musulmanes”. Es ésta una nueva situación que presenta un serio dilema para los musulmanes y requiere atención y estudio. En el pasado, de vez en cuando ocurría que grupos de musulmanes huían de los “países musulmanes”. Los tártaros que huyeron de los estados islámicos para trabajar a las órdenes de los reyes polacos son un ejemplo [3] . Algunos fueron capaces de mantener vivo su Islam hasta el día de hoy, mientras que otros perdieron su fe en el proceso. Escogieron la seguridad material en lugar del suicidio espiritual. Otro ejemplo es el del geógrafo Al-Sharif al-Idrissi, quien abandonó su Marruecos natal para trabajar a las órdenes del rey cristiano normando de Sicilia. Pero estos casos fueron raros [4] , y desde el punto de vista de los musulmanes nunca fueron perdonados. Este fenómeno está hoy más ampliamente extendido. ¿Existen nuevas oportunidades
que puedan justificar este fenómeno? Si es así, ¿cuáles
son los retos que lo acompañan? Estas dos cuestiones deben ser
respondidas desde el punto de vista del musulmán que promueve el
Islam en una comunidad islámica y en la sociedad no musulmana en
la cual vive. Nuevas situaciones que mejoren la condición material
y social de la comunidad musulmana pero que le hagan perder su identidad
no serán realmente oportunidades, sino retos. - Consigo mismo, el musulmán habría de dirigir su acción en tres direcciones: Los conflictos entre sociedades y los que se producen en el interior de éstas se deben a la existencia de diferentes ideas que no se intercambian de forma pacífica. Las personas son actores de estos conflictos en la misma medida en que son receptores y transmisores de ideas. Como el ser humano es una criatura racional, la sociedad humana está formada por individuos que promueven y reciben diferentes ideas. El Islam reconoce este hecho, ha de promover el intercambio pacífico de ideas y debe respetar la pluralidad del pensamiento con un límite global, dentro del Corán y de la Sunna, que asegure un mínimo de cohesión para los musulmanes, y para los no musulmanes garantice la supervivencia y la paz de la unidad humana. El Islam no acepta la negación de los demás y rehúsa estar sujeto a tal negación. De esta manera, la presencia de una comunidad musulmana en una sociedad no musulmana ha de observarse dentro del contexto de la pluralidad de ideas aportadas por los diferentes miembros de la sociedad. Tal sociedad sería monolítica, portadora de una única idea y poseedora de una sola conducta hacia la comunidad musulmana sólo en el caso de estar sujeta a una dictadura que impusiera una única visión al resto de la sociedad. Éste fue el caso, por ejemplo, de la Inquisición española en la época medieval, impuesta por la dictadura de la Iglesia Católica o, en tiempos modernos, la dictadura del Partido Comunista y sus aberraciones contra los musulmanes en muchos países, con el caso extremo de Bulgaria [5] . En una sociedad democrática, donde tanto musulmanes como no musulmanes pueden expresarse, promover e intercambiar ideas de manera pacífica, surgen nuevas oportunidades y retos para la comunidad musulmana. Las oportunidades nacen a partir de la posibilidad de compartir con la mayoría no musulmana ideas que son básicamente islámicas, como el libre y pacífico intercambio de puntos de vista y la aceptación del otro. Esto abre nuevos campos para la difusión del Islam (da‘wah) e incrementa la aceptación de los musulmanes y las comunidades islámicas por parte de la mayoría no musulmana. Los retos surgen por las mismas razones, ya que la comunidad musulmana que no sea coherente con el mensaje del Islam y no esté organizada terminará por ser asimilada por la sociedad no musulmana, al perder a sus individuos y dividirse, y con el tiempo desaparecerá de escena. Una comunidad musulmana obtiene ventaja
de una oportunidad o se enfrenta con éxito a un reto en función
de su cohesión interna y su nivel de organización. Así
pues, al fin y al cabo se trata de una interacción entre grupos
humanos portadores de ideas que se intercambian, entre los cuales figura
la comunidad musulmana. El resultado de estos intercambios depende de la
naturaleza de las ideas, de la convicción de sus portadores y de
la distancia ideológica entre las ideas presentadas. La difusión del Islam (da‘wah
) debe basarse en el principio según el cual, tanto los fines
como los medios puestos en juego han de ser morales. Invitar a los demás,
sean o no musulmanes, a seguir los principios del Islam, implica una interacción
libre entre el que invita y el que es invitado, es decir, un intercambio
de ideas entre dos individuos libres e inteligentes. Para que tal intercambio
ocurra son necesarias algunas condiciones básicas: 1.- La existencia de un mutuo respeto susceptible de convertirse en simpatía mutua. En definitiva, la difusión
del Islam (da‘wah) es un acto de adoración (‘ibadah
) desinteresado, y quien invita al Islam debe tomar conciencia de sus
propios defectos antes que de los de su interlocutor. No existe da‘wah
si el no musulmán, cualquiera que sean sus defectos, va a ser
disgustado, humillado o forzado a aceptar puntos de vista de los que no
está convencido. Tampoco habrá da‘wah cuando no se
acuda al Corán y a la Sunna y las ideas de los otros sean ridiculizadas
o condenadas de una manera subjetiva. No existe da‘wah si el interés
particular de un determinado grupo musulmán se identifica con los
intereses generales del Islam, y éste es usado por un grupo para
sojuzgar a otro. Mientras la teoría es simple, la práctica es más complicada. En realidad, tanto en los países de mayoría islámica como en los que no lo son, la comunidad musulmana está formada por individuos que son más o menos solidarios entre ellos y susceptibles en mayor o menor grado de ser influenciados por diversas ideas ajenas, e incluso contrarias, al Islam. Por tanto, una comunidad musulmana que no posea cohesión, solidaridad y no comprenda los ideales islámicos no sobrevivirá mucho tiempo a un libre intercambio de ideas, y no será capaz de aprovechar las oportunidades ni de afrontar los retos con éxito. Además, la cohesión de la Ummah en su conjunto y la solidaridad entre sus miembros tiene sus limitaciones. Una comunidad musulmana, sin dejar de serlo, también puede verse influenciada por ideas ajenas al Islam y capaces de dividir a la Ummah o de segregar a partes de la misma. Un “país musulmán” puede inducir con facilidad a una comunidad musulmana para actuar en contra de sus propios intereses o puede manipularla para obtener una ventaja política a corto plazo que no sea necesaria para el beneficio general de la Ummah. Por tanto, un individuo en
una comunidad musulmana y una comunidad musulmana dentro de la Ummah
deberían actuar siempre en “solidaridad activa” entre ellos
y valorar cada acción a emprender en función de su utilidad
para el Islam y la Ummah. En otras palabras, una minoría musulmana
sólo es viable si su organización se basa en el principio
islámico de la shura (consulta mutua) y si el individuo y
su pensamiento son respetados. Las comunidades musulmanas mayoritarias han
de comprender la situación crítica de algunas minorías
musulmanas y deben abstenerse de utilizarlas para sus propios intereses inmediatos. Podríamos presentar varios ejemplos en los que la mejora de las ideas acerca del Islam ha abierto nuevas oportunidades para los musulmanes en sociedades no islámicas como China, Australia y el Pacífico, África, América o Europa; es decir, prácticamente en el mundo entero. Pero aunque estas oportunidades existan, no podrán ser aprovechadas si la comunidad musulmana no es coherente y sobria ni está organizada. Al mismo tiempo, los retos pueden ser enormes. Incluso si no es rechazada, las fuerzas de asimilación y desintegración actúan continuamente sobre una comunidad musulmana en una sociedad no musulmana, y las mismas situaciones que pueden ofrecer oportunidades también pueden plantear retos. Por tanto, si las minorías musulmanes quieren sobrevivir en sociedades no islámicas han de vivir de acuerdo con los elevados valores requeridos por el Islam. En verdad la fuerza del Islam se encuentra en sus principios e ideales y no necesariamente en el valor de sus actuales seguidores. Por esta razón, un gran número de individuos continúan siendo atraídos por el Islam hasta el punto de unirse a él, sin recibir mucha ayuda de los musulmanes de nacimiento. El número de conversos se incrementa con el aumento de la libertad y el conocimiento. En la actualidad están comenzando a formar nuevas comunidades en muchos países del mundo. Sin embargo, el mayor reto que afrontan estas nuevas comunidades es la necesidad de una mayor comprensión y respeto entre éstas y las comunidades formadas por musulmanes de nacimiento. Las relaciones entre ambas comunidades son tensas en la actualidad. Una solidaridad islámica a nivel global es el objetivo a alcanzar por los musulmanes. Sin embargo, esta solidaridad es un camino de ida y vuelta. No puede funcionar sin el respeto hacia el otro. No puede funcionar si la identidad musulmana de una comunidad es sólo un componente débil con respecto a otras identidades. No puede funcionar en sociedades gobernadas por regímenes dictatoriales y corruptos. Así pues, como vemos, la solidaridad islámica tiene sus propias limitaciones. Por lo tanto, el esfuerzo de todas las comunidades musulmanas, ya estén en mayoría o en minoría, ha de concentrarse en revivir el espíritu de solidaridad islámica mediante el cambio necesario que permita hacer del Islam un elemento cada vez más relevante en las vidas y en los actos de los musulmanes y de sus comunidades. Pero esta solidaridad no puede actuar contra nadie, sea o no musulmán, sino contra las ideas que repugnan al Islam y a todos los seres humanos con dignidad, honor y buena voluntad. Una comunidad musulmana en una sociedad no musulmana no debe encerrarse en un gueto de muerte física y mental y ha de alinearse con las fuerzas que promocionan el bien en esa sociedad. Si así actúa, toda comunidad musulmana se convertirá en un faro brillante para el Islam en su país. NOTAS.- [1] Traducción de un extracto del artículo aparecido en Journal of The Institute for Muslim Minority Affairs, junio de 1991. Para más información sobre los musulmanes en sociedades no islámicas, véase Gilles Kepel, Al oeste de Alá: la penetración del Islam en Occidente , Ediciones Paidós, Barcelona, 1995; Montserrat Abumalham, Comunidades Islámicas en Europa , Editorial Trotta, Madrid, 1995; VV.AA, El Islam jurídico y Europa , Editorial Icaria, Barcelona, 1997; Tariq Ramadan, El Islam minoritario: Cómo ser musulmán en la Europa laica , Edicions Bellaterra, Barcelona, 2002; Crawford Young, “ Musulmanes en minoría: la perspectiva de un forastero ”, en revista Alif Nûn nº 30, septiembre de 2005. (Nota del Tr.) [2] El Dr. Ali Kettani, (Fez, Marruecos, 1941-Córdoba, España, 2001) fue Director del Instituto de Ciencias de Rabat y de la Universidad Islámica Averroes de Córdoba. (Nota del Tr.) [3] Otro tanto ocurrió a mediados del siglo VIII, cuando miembros de la comunidad musulmana zaidí huyeron de las persecuciones de los Omeyas y buscaron refugio en China. Veáse Redacción Alif Nûn, “ El Islam en Asia oriental ”, en revista Alif Nûn nº 32, noviembre de 2005. (Nota de la Redacción). [4] Otro caso destacado fue el de Hasan Ibn Muhammad al-Amin, más conocido en Occidente con el sobrenombre de León el Africano, famoso viajero andalusí que, tras recorrer buena parte del mundo conocido en el siglo XVI, terminó sus días al servicio de Julio de Médicis y del Papa León X. Véase Amin Maalouf, León el Africano , Alianza Editorial, Madrid, 2005. (Nota del Tr.) [5] En el caso de Bulgaria se produjo un proceso de eslavización de la sociedad mediante la eliminación forzosa de nombres de ascendencia turca y musulmana. También fueron particularmente extremos los casos de Albania y Camboya. En Albania, país con una amplia mayoría musulmana, el ateísmo fue adoptado como la ideología oficial del Estado y todas las confesiones religiosas fueron reprimidas por igual. En el caso de Camboya, el régimen de Pol Pot (1975-1979) asesinó al menos a una cuarta parte de la población del país y la minoría musulmana fue exterminada prácticamente en su totalidad. (Nota del Tr.) A Portada |
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