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Poema
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Estimados
lectores:
Frente a los catastrofistas que enarbolan la bandera del llamado “choque
de las civilizaciones”, nosotros opinamos que el encuentro entre las diferentes
culturas y civilizaciones que pueblan este planeta no sólo es absolutamente
necesario para la supervivencia de los seres humanos en su conjunto, sino
que es perfectamente posible. Todas las grandes civilizaciones dignas de
recibir tal nombre se han construido sobre la aportación de múltiples
pueblos y culturas que las han ido alimentando y enriqueciendo: Los musulmanes
integraron en su visión del mundo la filosofía griega y el
legado cultural persa preislámico; el Cristianismo, nacido en el mundo
semita, se ha convertido en la religión más importante de un
Occidente predominantemente indoeuropeo; el Budismo, surgido del mundo hindú,
terminó por transformarse en la piedra angular de las civilizaciones
del Extremo Oriente. Estos son únicamente unos pocos ejemplos, que
trataremos de ilustrar con algunos de los artículos que publicamos
este mes.
El primero de ellos
analiza la situación de las comunidades judías que durante
siglos han habitado en buena parte de las sociedades musulmanas, destacando
la situación de los judíos de al-Andalus y su perfecta integración
en la sociedad andalusí. El segundo articulo repasa las profundas
relaciones que han unido a España con la religión islámica,
desde la llegada de los musulmanes a la Península Ibérica en
el siglo VIII hasta nuestros días, una vez que el Islam ha sido reconocido
por las autoridades españolas como una de las religiones de notorio
arraigo en el territorio español.
El tercer
texto que publicamos este mes es un interesante ensayo sociológico
que trata de examinar el estatus de las minorías islámicas
que habitan en sociedades no musulmanas, poniendo el acento en los retos y
en las oportunidades que esta presencia supone, tanto para las comunidades
islámicas como para las sociedades de las que forman parte. Para terminar,
nos acercamos a las reflexiones personales hechas por un musulmán español
a la hora de establecer un diálogo sincero con los seguidores de otras
religiones, tanto de Oriente como de Occidente. Desde la posición
de un musulmán practicante y convencido, el texto no ahorra en críticas,
aunque también demuestra un profundo deseo de acercamiento.
Para terminar, no quisiéramos despedirnos sin manifestarles nuestros
mejores deseos para este nuevo año que comienza.
La Dirección.
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La presencia judía en la Península Ibérica es muy
antigua. Se remonta a la época en que los fenicios establecieron
sus emporios en las costas mediterráneas y más allá
de las columnas de Melkart, a orillas del Atlántico. Al igual que
sus compañeros de Judá e Israel, llevaron allí sus
mercancías y su religión, movimiento y actividad que siguieron
desarrollando y manteniendo, probablemente, durante la ocupación
romana, incluso después de que el país cayese bajo la dominación
de los visigodos. Éstos permitieron que las comunidades judías
siguieran prosperando, al menos hasta que pasaron del Arrianismo a una nueva
forma de Cristianismo, el Catolicismo. A partir de entonces, la situación
de los judíos cambia por completo: conversiones forzosas y exilios,
coacciones de todo tipo y persecuciones se suceden dolorosamente, alternando
con breves periodos de tregua, hasta la conquista árabe.
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Al-fath o la apertura de un territorio no musulmán al mensaje
coránico, aportó a España a partir del 711 una
energía espiritual regeneradora y liberadora. La integración,
en menos de tres años, de Al-Andalus en la Umma (comunidad
musulmana universal) se debe a razones de carácter cultural y biológico,
como la consanguinidad entre los bereberes y la población de la
Península, la afinidad entre el Islam y el Arrianismo, muy enraizado
en Turdetania (Andalucía, Murcia y Extremadura), el descontento de
la población frente a la dominación visigoda, la propagación
sigilosa del Islam en las zonas costeras mediterráneas mucho antes
de la llegada de Tariq, que fue más de una vez convocado por los
propios peninsulares, etc.
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Los nuevos acontecimientos mundiales fuerzan hoy al observador musulmán
a reconsiderar su visión global del mundo y su papel en él
como creyente. Verdaderamente, la línea divisoria entre un país
musulmán y un país no musulmán se está haciendo
tan difusa que con frecuencia los musulmanes que viven en sociedades
no islámicas, como hoy ocurre, descubren que pueden vivir su Islam
mejor que en muchos “países musulmanes”. Es ésta una nueva
situación que presenta un serio dilema para los musulmanes y requiere
atención y estudio.
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Somos testigos de numerosos prodigios. En estos últimos años
hemos experimentado algún tipo de muerte y resurrección.
Sin ir más lejos, yo era maestro de José Manuel Martín
y ahora soy su discípulo. Los discípulos no escriben prólogos
a los libros de sus maestros, excepto cuando se trata de diluir el mensaje
para su más fácil exposición pedagógica. He
acabado comprendiendo las intuiciones de José Manuel porque he aceptado
que entender un texto pueda suponer mi muerte, la muerte de todo lo que
hasta ese momento soy. No se puede leer este libro si no somos vulnerables.
Aprendí de mi primer maestro que cuando las ideas son una trinchera
estamos en el kufr (ausencia de dimensión
trascendente). El diálogo debe ser una exposición, una entrega;
si no somos vulnerables a la palabra del otro, lo nuestro es un juego.
Y si somos vulnerables tendremos que arriesgarnos a saltar en pedazos. Así
decía Ajax a Zeus: “Oh, Zeus, ilumínanos aunque nos aniquiles
con tu luz.”
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¡Oh Musulmán!
¿Qué es este aire de superioridad?
abre tu corazón al cristiano
libera tu mente de esta vanidad.
Siguiendo a Mahoma, te consideras un creyente
y a él le consideras infiel, por seguir al Mesías.
Ambos eran profetas y ambos eran amigos,
¿por qué esta enemistad entre vosotros?
_ Naser Josro
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