EL PAPEL DE LA MUJER MUSULMANA:
UN DEBATE ENTRE ISLAM TRADICIONALISTA E ISLAM MODERNO
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- Hamid R. Kusha
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Introducción

En el Islam tradicionalista, las mujeres desempeñan un papel secundario porque se las considera y trata como sexo débil (zaifah). Según esta perspectiva, la mujer es emocional, irracional, impredecible, irresponsable, incapaz de tomar decisiones y afrontar riesgos e indigna de confianza y, por lo tanto, es necesaria la supervisión, la protección y el dominio constantes del hombre sobre ella.

Mujer2 Esta percepción de la mujer como sexo débil en el Islam tradicionalista comenzó a cambiar en los tiempos modernos cuando un mundo islámico en declive empezó a ser dominado en el siglo XIX por una Europa vigorosa, dinámica e industrializada y, en segundo término, por los Estados Unidos de América en el siglo XX. El Islam tradicionalista soportó ataques en todos los frentes, ataques que hicieron posible que los valores occidentales relativos a la educación, el matrimonio, la justicia y la familia penetrasen en el mundo islámico afectando a la idea que los musulmanes con educación occidental tenían de la mujer, de su papel y de sus derechos. Además, los modernos movimientos reformistas, las guerras de independencia contra el dominio colonial europeo (por ejemplo, la de Argelia) y los movimientos revolucionarios (Argelia, Irán, Iraq, etc.), que igualmente comprometieron a la mujer, han aumentado la magnitud social de este proceso de redefinición. Así pues, una multitud de actores sociales –políticos, académicos, feministas, así como fundamentalistas, reformistas y revolucionarios islámicos– se han replanteado el Islam como religión, como forma completa de vida y como estandarte revolucionario o reaccionario, en términos de estatus y derechos de las mujeres.

A continuación trataré acerca de tres escuelas de pensamiento que se han visto envueltas en la cuestión de la redefinición del Islam y, por consiguiente, en la problemática de la definición de la situación y los derechos de la mujer. Estas escuelas pueden ser agrupadas en las siguientes categorías: la fundamentalista, la reformista y la revolucionaria. Todas ellas reflexionan sobre la definición del Islam, lo que éste representa en términos del estatus femenino, los derechos que deben reconocerse a la mujer y, por último, bajo qué condiciones se puede alcanzar un estatus ideal. El análisis feminista del Islam no se incluye ya que el feminismo, de un modo general, sostiene que el Islam, al igual que otras religiones, es el instrumento de dominación masculina, tanto en su forma prístina como en su formato tradicional, reformista o revolucionario. Bajo cada una de estas tres escuelas de pensamiento presentamos su particular concepción del Islam, si bien precedida de una breve sección en la que se explica la razón por la cual el papel de la mujer musulmana es analizado en términos de problemática.

El papel de la mujer musulmana como problema en la redefinición del Islam en la actualidad

El tratamiento de cualquier tema en términos de problemática es un método de análisis estructuralista que aspira a situar los distintos elementos de cualquier construcción socio-histórica –en este caso, el Islam– en sus contextos –sociales, económicos, ideológicos, etc.– adecuados, para llegar a una relación modelada entre el todo y sus partes. En consecuencia, para establecer el papel de la mujer en el Islam de los tiempos modernos no puede ignorarse el impacto de la civilización occidental en el mundo islámico ni el hecho de que este impacto occidental haya sido absorbido de diversas maneras por los distintos grupos sociales de los países islámicos.

Mujer3 Si el Islam es una realidad dinámica de carácter socio-histórico, tal y como se sostiene en este artículo, ¿cuál es la fuente de este dinamismo del Islam y cómo se relaciona este dinamismo con la materia que analizamos? El dinamismo del Islam tiene su base en su versión primigenia y, más tarde, en el legado del Islam tradicional, ante los cuales ni fundamentalistas ni revolucionarios han permanecido indiferentes en su redefinición del Islam en los tiempos modernos. El Islam primigenio posee un legado histórico definido, tratando a la mujer como igual al hombre en muchos aspectos; por el contrario, el Islam tradicionalista especifica en términos inequívocos que, a causa de su debilidad innata, la mujer necesita el constante control y vigilancia por parte del hombre. La primera postura se fundamenta en la declaración coránica de que el hombre y la mujer se complementan y son espiritualmente iguales [3] . La segunda se basa en la afirmación coránica de que la mujer está a cargo del hombre [4] . En la redefinición del Islam, este tratamiento tradicionalista de la condición de la mujer es cuestionado por los fundamentalistas, en virtud de que el Islam tradicionalista no es el Islam “verdadero” porque no se adhiere a los “fundamentos” del Islam; es cuestionado por los reformistas basándose en el hecho de que el tiempo actual requiere un tratamiento más igualitario de la mujer; y es cuestionado por los revolucionarios porque el propio Corán aconseja una lectura histórica de sus contenidos, como lo prueban las aleyas ambiguas ( mutashâbihât) y aquellas con un significado evidente ( muhkamât) [5] . Por lo tanto, a menos que se argumente que el Islam no tiene importancia alguna en las sociedades islámicas modernas –una premisa difícilmente sostenible– no puede ignorarse este legado a la hora de discutir es estatus y los derechos de la mujer en la evolución histórica del Islam.

El legado del Islam primigenio como praxis social ideal: un modelo para el progreso social, o la reacción contra occidente

Como se ha mencionado antes, la redefinición del Islam de estas tres escuelas ha considerado el tratamiento igualitario de la mujer y la posibilidad de disfrutar de derechos iguales al hombre. Sin embargo, cada escuela posee diferentes motivos para asumir este legado. Los fundamentalistas lo han utilizado como caballo de batalla para denunciar el concepto occidental de la igualdad entre los sexos; los reformistas argumentan que tal legado prueba que el Islam no es insensible a los derechos de la mujer y, finalmente, los revolucionarios sostienen que este legado sólo tiene significado situándolo en su contexto socio-histórico propio, y sólo si es considerado como un modelo para el progreso social.

¿Qué significa  “Islam primigenio”?

El Islam primigenio se puede definir como el Islam que se practicaba con el profeta Muhammad (610-632)  y parcialmente durante el gobierno de los cuatro primeros califas (632-661) [6] . A este respecto se puede señalar con precaución que el Islam, en su forma primigenia, mejoró en general la condición de la mujer al darle un amplio rango de derechos sociales, económicos, políticos y legales. Esta mejora, que disponía una puesta en práctica gradual de estos derechos, se produjo en primer lugar en el Hiyaz, la región natal del Islam. La situación de la mujer mejoró y alcanzó su cumbre con el profeta Muhammad y, de alguna manera, se desgastó bajo el gobierno de los cuatro primeros califas antes de ser estabilizada en los periodos siguientes, al convertirse el Islam en una religión oficial extendida a nivel mundial.

La mejoría inicial tuvo lugar incluso en un entorno donde, según las observaciones de eruditos contemporáneos, algunas tribus beduinas del Hiyaz practicaban en grado limitado ciertos tipos de relaciones matriarcales durante el periodo preislámico ( yahiliya). Barbara Stowasser sugiere que se ha de tener cuidado al hablar de “matriarcado árabe”, ya que a pesar de algunos aspectos positivos de los restos del matriarcado “[...] la mayoría de las mujeres urbanas preislámicas parecen haber vivido en sociedades dominadas por el hombre, en las que su estatus era muy bajo y sus derechos casi nulos.” [7]  

En contraste, el Islam hizo propios de la mujer derechos específicos concernientes a la propiedad, la educación, la herencia, el divorcio, el testimonio, la gratificación sexual, la custodia de los hijos, la adjudicación y la participación en los asuntos sociales, políticos y económicos de la comunidad, e incluso en el yihad. [8] Como consecuencia de estos derechos, la mujer musulmana asumió obligaciones y responsabilidades morales hacia la Ummah (comunidad) recientemente formada, hacia el profeta Muhammad y hacia el Islam. Estos deberes y derechos están expresados en diversos capítulos (azoras) y versículos (aleyas) del Corán, de modo que “al compararlos con los de la yahiliya, tanto la situación social como los derechos legales de la mujer musulmana experimentaron, gracias a la legislación coránica, una considerable mejoría.”  [9]

La mejoría de la condición social con el legado del Islam primigenio

Se ha observado que las tribus árabes beduinas no tenían una actitud positiva hacia su descendencia femenina. Este talante se refleja en la práctica con el infanticidio femenino, una actividad que tiene su razón económica en la vulnerabilidad nómada a la escasez de alimentos, y que afectó a la situación social de la mujer: “En las comunidades nómadas del desierto, una mujer no era igual a un hombre. Durante un periodo de hambruna, una niña podía ser asesinada al nacer para aumentar la ración de alimentos de su hermano.” [10] Tales actos de infanticidio son condenados en las aleyas 58 y 59 de la azora 16 [11] , y en las aleyas 8 y 9 de la azora 81 [12] , juzgándose éstos como expresiones de juicios malvados. Por el contrario, el Corán aconseja a los creyentes que estén contentos y alegres con su descendencia, sea ésta niña o niño. Como observa Fazlur Rahman: “Las enseñanzas del Corán en relación con la mujer son parte de sus esfuerzos por mejorar la condición femenina y fortalecer las partes más débiles de la sociedad de la Arabia preislámica –huérfanos, esclavos, mujeres, indigentes, etc.–, partes que eran maltratadas por las clases sociales más fuertes.” [13]  

Por otro lado, se puede estar de acuerdo con Naila Minai en que “como productora, la mujer tribal disfrutaba de un considerable papel político.” [14] Sin embargo, el Islam apareció en un periodo crucial, una época durante la cual los quraishíes [15] estaban abandonando el modo de vida nómada y sustituyéndolo por el urbano. Este abandono de la vida tribal hizo disminuir el papel político de la mujer durante el proceso de sedentarización de los quraishíes. No obstante, la suma total de estos dos acontecimientos –es decir, la aparición del Islam y el proceso de asentamiento urbano– mejoró la situación social de la mujer, por dos razones básicas. En primer lugar, el Islam trajo un nuevo concepto de las relaciones sociales y, en segundo lugar, la personalidad única del profeta Muhammad y su actitud hacia la mujer cambiaron la actitud misógina de los beduinos y más tarde la de los hombres musulmanes.Mujer

El Islam trajo un nuevo concepto del lazo social de hermandad (ujuwwa) que mejoró la disposición del hombre beduino hacia la mujer, en un asentamiento urbano como la comunidad de Medina, y seguramente de acuerdo con la legislación expresada en la Constitución de esta ciudad. Este lazo social estableció entre  hombres y mujeres musulmanes una igualdad por encima de clases sociales, basada en la fe (imân), en el mensaje del Islam y en el sometimiento a éste, pues hombres y mujeres podían abrazar el Islam con independencia de su sexo, credo, raza o posesiones materiales. Esta igualdad social y entre sexos aumentó gracias al rechazo que el Islam hace del “pecado original”, considerado una adulteración de las escrituras judías y cristianas. Los seguidores de esta doctrina argumentan que Eva fue la causante de la caída de Adán. El Corán sostiene que tanto el hombre como la mujer sucumbieron a la tentación de comer del Árbol Prohibido y, en consecuencia, se les ordenó abandonar el Paraíso. Esta premisa está expresada en la azora 7, aleyas 19 a 22. Además, en el Corán, la creación de la mujer no es un acto posterior. Hombre y mujer son descritos como complementarios el uno del otro, como se ve en la aleya 187 de la azora 2: “[...] ellas son vestiduras para vosotros y vosotros sois vestiduras para ellas.” Con esta disposición del Islam hacia la mujer, la dignidad de ésta es medida ahora por su fe (imân ) y piedad (taqwà), no estando ya a merced del hombre como en los tiempos preislámicos: “La mujer era el centro del “honor” del hombre; la hombría (muruwwa) requería que el honor permaneciera inviolado. Esto significaba también que la mujer constituía uno de los puntos débiles en la vida de un hombre y que tenía que ser protegida.”  [16]

Por otro lado, el profeta Muhammad poseía una personalidad única, una combinación de carisma, piedad, determinación y confianza en sí mismo. Consideraba que se le había entregado un mensaje el cual constituía la esencia de la “originalidad del profeta árabe”. Este mensaje de salvación, a través del sometimiento al Islam, se relaciona con “la concepción del Juicio Final –una doctrina que está en el centro del credo islámico– que se conecta de la manera más íntima con la fe en Dios” [17] , en posesión de hombres y mujeres por igual, en su tentativa de salvación, el cual es otro tema central del Islam.

Dado que el Islam, en su forma primigenia, tenía una disposición positiva hacia las mujeres, podemos decir que éstas jugaron un papel importante en la vida del profeta, en especial sus dos primeras esposas, Jadiya y Aisha, de las que hablaremos inmediatamente.

Jadiya (m. 622 d.C.), la primera esposa del profeta Muhammad, era una viuda de unos cuarenta años cuando le propuso matrimonio a Muhammad, por entonces un empleado suyo de unos veinticinco años. La propuesta matrimonial manifiesta el carácter independiente de Jadiya y su confianza en sí misma. Algún erudito considera la proposición de Jadiya a Muhammad como una indicación de los restos del matriarcado en la Arabia preislámica.

Jadiya puso toda su fuerza económica y social al servicio de su marido y de la causa del Islam. También dio apoyo moral al profeta, le aconsejó y lo calmó tras el retorno del monte Hira, lugar donde recibió su primera revelación a través del arcángel Gabriel. Jadiya comentó la visión de Muhammad con su primo cristiano Waraqah ibn Nawfal, quien le aseguró que Muhammad había sido elegido mensajero de Dios. Jadiya fue la primera mujer que abrazó el Islam y, hasta la muerte de ésta, el profeta no se casó con ninguna otra mujer. El dolor del profeta tras la muerte de Jadiya fue tan intenso que, según cuenta Ibn Sa´d, el propio Dios hubo de enviar a Gabriel para mostrar a Muhammad la imagen de Aisha, la que más tarde sería su esposa, y así calmar su agonía.

La segunda esposa de Muhammad, Aisha, también fue de una gran importancia en la vida del profeta, y tuvo algún impacto en las medidas que el Islam adoptó para mejorar la situación de la mujer. Aisha se casó con Muhammad a la edad de nueve años, cuando el Mensajero contaba con algo más de cuarenta. Esta diferencia de edad nada común entre los novios tuvo consecuencias para los derechos legales de la mujer en el Corán como, por ejemplo, en caso de acusación de adulterio. Aisha, como Jadiya, tenía una fuerte personalidad. Algunas tradiciones proféticas (hadices) sostienen que el profeta recibía revelaciones mientras el Aisha lo acompañaba y, de acuerdo con algunos autores, Aisha incluso podía ver al ángel y se saludaban, mientras que, de acuerdo con otros, se saludaban por medio del profeta, aunque ella no veía a Gabriel. Fue acusada de adulterio en el llamado “asunto de la calumnia”. De nuevo, Dios intercedió por ella. Una revelación concerniente al adulterio llegó al profeta: cuatro testigos fiables debían haber presenciado realmente el coito para calificar un acto como adulterio, y un falso testigo había de ser castigado en público. [18] Aisha ha sido elogiada por los comentadores del Corán como el perfecto modelo de la mujer musulmana.



NOTAS.-

[1] Para más información sobre el papel de la mujer en el Islam puede consultarse en castellano: Aisha Bewley, Islam: El poder de las mujeres , Palma de Mallorca, ed. Kutubia Mayurqa, 2.001; Fátima Mernissi, El harén político: El Profeta y la mujeres , Madrid, ediciones de oriente y del mediterráneo, 2.002. (Nota de la Redacción).

[2] Hamid R. Kusha está graduado por el Instituto Abdan de Tecnología de Irán y por la Universidad de Kentucky, en Lexington (USA). En la actualidad es profesor asociado de Justicia Criminal en el Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Internacional de Tejas A&M, en Laredo (USA). (Nota de la Redacción).

[3] Véase, entre otros, los siguientes versículos coránicos: “Y todo aquel, sea hombre o mujer, que haga buenas obras, y además sea creyente, le haremos vivir una buena vida y, ciertamente, concederemos a ésos su recompensa con arreglo a lo mejor de sus acciones.” (Corán: 16, 97). Para un comentario más detallado de estos versículos, véase El Mensaje del Qur’an , Junta Islámica, Córdoba, 2001, pág. 406. (Nota de la Redacción).

[4] “Los hombres son responsables del cuidado de las mujeres en virtud de lo que Dios les ha concedido en mayor abundancia a ellos que a ellas, y de lo que ellos gastan de sus bienes.” (Corán: 4, 34). Para más información, véase El Mensaje del Qur’an , ob. cit., pág. 108. (Nota de la Redacción).

[5] “El es quien ha hecho descender sobre ti esta escritura divina, en la que hay mensajes que son claros por y en sí mismos –que son la esencia de la escritura divina– junto con otros que son ambiguos.” (Corán: 3, 7).  La traducción de El Mensaje del Qur’an en la que nos hemos basado utiliza la expresión “alegóricos” en lugar de “ambiguos”, pero creemos que la segunda responde mejor al sentido del vocablo árabe mutashâbihât que aparece en el Corán. Otras traducciones coránicas, como la de Julio Cortés, emplea los términos “unívoco” y “equívoco”, respectivamente. Véase El Corán , Editorial Herder, Barcelona, 2002. (Nota de la Redacción).

[6] Las cifras entre paréntesis indican el periodo transcurrido desde el inicio de la Revelación hasta la fecha de fallecimiento del profeta Muhammad, quien nació en el año 570 d.C. (Nota de la Redacción) .

[7] Barbara Freyer Stowasser, “The Status of Women in Early Islam”, en Muslim Women, pág 15.

[8] “El término árabe yihad significa ‘aspirar a algo, esforzarse’. El musulmán piadoso se esfuerza en alcanzar el ‘camino hacia Dios’ mediante la defensa de su fe y, si es necesario, mediante el proselitismo. Yihad también puede significar la lucha contra las debilidades interiores.” Annemarie Schimmel, El Islam como alternativa (prólogo), revista Alif Nûn nº 30, septiembre de 2005 (Nota de la Redacción).

[9] Barbara Freyer Stowasser, ob. cit., pág. 15.

[10] Nadia Minai, Women un Islam Tradition and Transition in the Middle East, Seaview Books, New York, 1981, pág. 4.

[11] “[...] pues, cuando se le da la buena nueva de [el nacimiento de] una niña, su rostro se ensombrece, y se consume de ira contenida, evitando a la gente por el [supuesto] mal que le ha sido anunciado, [y debatiendo en su interior:] ¿Conservará a esta [niña] a pesar del desprecio [que siente por ella] o la enterrará en el polvo? ¡Oh, qué perverso es en verdad lo que sea que decidan.” (Corán: 16, 58-59). El Mensaje del Qur’an , ob. cit., pág. 397. (Nota de la Redacción).

[12] “Cuando se haga que la niña enterrada viva pregunte por qué crimen se la mató” (Corán: 81, 8-9). El Mensaje del Qur’an , ob. cit., pág. 919. (Nota de la Redacción).

[13] Fazlur Rahman, “Status of Women in the Quran”, en Women and Revolution in Iran, pág. 37.

[14] Minai, Women in Islam, pág. 4.

[15] Los quraishíes eran los miembros de la tribu árabe hegemónica en La Meca, llamada Quráish . Con el tiempo, habían conseguido transformar esa precaria aldea de nómadas trashumantes que era La Meca en una pequeña pero pujante república mercantil. Entre los diferentes clanes que componían la tribu estaba el de los Banû Hâshim, a la que perteneció el profeta Muhammad. (Nota de la Redacción).

[16] Fazlur Rahman, ob. cit. pág. 38.

[17] J. Fueck, “The Originality of the Arabian Prophet”, pág. 92, en Studies of Islam, Oxford University Press, New York.

[18] “Y aquellos que acusan [de adulterio] a mujeres castas, sin poder presentar luego cuatro testigos [en apoyo de su acusación], dadles ochenta azotes; y en adelante no aceptéis jamás su testimonio –¡pues esos, precisamente, son los verdaderamente depravados!– quedando exceptuados [de ese interdicto] sólo aquellos  que luego se arrepientan y se enmienden pues, ciertamente, Dios es indulgente, dispensador de gracia. (Corán: 24, 4-5). Véase El Mensaje del Qur’an , ob. cit., pág. 526-527. (Nota de la Redacción).



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