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Poema
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Estimados lectores:
Quizá sea el estatus de la
mujer dentro de las sociedades musulmanas uno de los asuntos más
controvertidos a la hora de establecer un diálogo serio y profundo
entre Islam y Occidente, y uno de los aspectos que más recelos provoca
entre los no musulmanes.
En el número de este mes tratamos de aproximarnos
al universo femenino musulmán a través de dos artículos
que, desde diferentes puntos de vista, se adentran en un terreno desconocido
para la mayoría de los occidentales. El primero de ellos, escrito
por un musulmán, reflexiona de una manera crítica sobre los
diferentes posicionamientos ideológicos que se han dado en el Islam
respecto a la mujer y analiza el impacto que el encuentro con Occidente
ha producido en la redefinición de la relación entre sexos
dentro del Islam. El segundo texto, escrito por un no musulmán y
con el telón de fondo de la Argelia colonial, estudia el importante
papel de la mujer en aquel país, tanto en el aspecto social como
en el de la resistencia a la ocupación francesa. No sólo
se trata de un testimonio histórico de primer orden –el artículo
está escrito a finales de los años cincuenta– sino que las
situaciones narradas y las conclusiones expuestas en el mismo son perfectamente
extrapolables a la realidad social y política de algunos países
musulmanes en la actualidad.
Sin abandonar la Argelia del periodo
colonial, el tercer artículo es un retrato costumbrista de la sociedad
argelina de la primera mitad del siglo XX, a través de la vida del
pintor Muhammad Racim y de su experiencia artística dentro y fuera
de su país. Para terminar, completamos el número de este mes
con una breve introducción a las diversas escuelas jurídicas
existentes dentro del Islam actual, haciendo hincapié en la unidad
de fondo que anima a todas ellas, aunque puntualizando también sus
diferencias, en especial las existentes entre el chiísmo y el sunnismo.
La Dirección.
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En
el Islam tradicionalista, las mujeres desempeñan un papel secundario
porque se las considera y trata como sexo débil (zaifah). Según
esta perspectiva, la mujer es emocional, irracional, impredecible, irresponsable,
incapaz de tomar decisiones y afrontar riesgos e indigna de confianza y,
por lo tanto, es necesaria la supervisión, la protección y el
dominio constantes del hombre sobre ella.
Esta percepción
de la mujer como sexo débil en el Islam tradicionalista comenzó
a cambiar en los tiempos modernos cuando un mundo islámico en declive
empezó a ser dominado en el siglo XIX por una Europa vigorosa, dinámica
e industrializada y, en segundo término, por los Estados Unidos de
América en el siglo XX. El Islam tradicionalista soportó ataques
en todos los frentes, ataques que hicieron posible que los valores occidentales
relativos a la educación, el matrimonio, la justicia y la familia
penetrasen en el mundo islámico afectando a la idea que los musulmanes
con educación occidental tenían de la mujer, de su papel y de
sus derechos. Además, los modernos movimientos reformistas, las guerras
de independencia contra el dominio colonial europeo (por ejemplo, la de Argelia)
y los movimientos revolucionarios (Argelia, Irán, Iraq, etc.), que
igualmente comprometieron a la mujer, han aumentado la magnitud social de
este proceso de redefinición. Así pues, una multitud de actores
sociales –políticos, académicos, feministas, así como
fundamentalistas, reformistas y revolucionarios islámicos– se han
replanteado el Islam como religión, como forma completa de vida y
como estandarte revolucionario o reaccionario, en términos de estatus
y derechos de las mujeres.
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Las características
de la ropa, las tradiciones de la indumentaria y del arreglo constituyen
las formas de originalidad más evidentes, es decir, las más
inmediatamente perceptibles de una sociedad.
Los diversos
tipos de sociedad se conocen, en primer lugar, a través del vestido
y la pertenencia a un área cultural determinada se manifiesta, frecuentemente,
por las indumentarias tradicionales de sus miembros. Por ejemplo, los turistas
se fijan de inmediato en el velo con que se cubren las mujeres del mundo
islámico. Durante mucho tiempo se puede ignorar que un musulmán
no consume carne de cerdo ni bebidas alcohólicas, pero el velo de la
mujer se muestra con tal insistencia que, en general, es suficiente para caracterizar
a la sociedad musulmana.
En el Magreb árabe, el velo forma parte de las tradiciones del vestuario
en las sociedades nacionales tunecina, argelina, marroquí y libia.
Para el turista y el extranjero, el velo caracteriza a la vez a las sociedad
argelina y a su componente femenino. Por el contrario, en el hombre argelino
podemos encontrar modificaciones regionales menores: fez en los centros urbanos,
turbantes y chilabas en el campo. El vestido masculino admite cierto margen
de variación, un mínimo de heterogeneidad. La mujer, vista
a través de su velo blanco, unifica la percepción que se tiene
de la sociedad femenina en Argelia.
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En su atelier suburbano de El-Bihar, lejos de las calles ruidosas de Argel,
el artista busca tranquilidad y placidez para recrear la epopeya de los
grandes corsarios, el pasado glorioso de Argel, la vida doméstica
que se esconde en las calles de la ciudad vieja. En su lírico laboratorio,
sobrio y modesto, rodeado de crayons, pinceles, potes de colores, tintas
y lupas que necesita para dar forma a sus preciosas miniaturas, Muhammad
Racim se muestra un poeta que sabe alimentar de imágenes los caprichos
de su espíritu. Cuando el crítico de L´Afrique de Nord
ilustrée, Robert Randau, lo visitó en su atelier, conoció
también un gato enorme y curioso que observaba con atención
las gestos de su dueño. Otros gatos también se movieron a su
alrededor –cuenta– testimoniando la curiosidad que despierta el recién
llegado a una morada tranquila. Randau habla de galeras de velas hinchadas
por el viento, cargadas de berberiscos y de bombardas, navegando en azules
brillantes, con sus banderas rojas y verdes tachonadas de medias lunas ondeando
a los vientos del Mediterráneo, mar agitado de costas siempre próximas,
donde abigarradas ciudades encaramadas en colinas distantes defienden sus
puertas con murallas y fortalezas.
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El Islam es una religión unitaria
basada en cinco pilares (arkân) básicos: el testimonio (shahada)
de fe en la Unidad Divina, las cinco oraciones (salawât, sg. salât)
diarias, el ayuno (sawn) durante el mes de ramadán, la contribución
económica a la sociedad (zakât) y la peregrinación (hayy)
a la ciudad santa de La Meca. Las fuentes de la religión y la jurisprudencia
islámicas son, en primer lugar, el Sagrado Corán y después
la Sunna, es decir, los dichos y actos del Profeta Muhammad recopilados
a través de relatos llamados hadiz.
El Islam cuenta
en la actualidad con más de mil doscientos millones de fieles en todo
el mundo y en su seno conviven diferentes escuelas jurídicas (madhahib,
sg. madhab) que, a falta de una autoridad eclesiástica, dan un número
apreciable de respuestas a las cuestiones prácticas de la vida religiosa,
social, política, económica y cultural. Cabe recordar que
el Islam, más que una religión es un modo de vida que abarca
al ser humano en su totalidad; lo que implica un enorme caudal normativo
que se organiza entorno a una serie de escuelas jurídicas que, desde
los primeros siglos de la historia islámica, vienen regulando los
aspectos citados.
Todas estas escuelas
tienen como base o fuente principal el Corán y la Sunna y basan su
metodología de trabajo en el llamado iytihad o esfuerzo personal de
reflexión.
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MILONGA DEL MORO JUDÍO
Por cada muro un lamento
,
en Jerusalén, la dorada
,
y mil vidas malgastadas
por cada mandamiento.
Yo soy polvo de tu viento
y aunque sangro de tu herida
,
cada piedra querida
guarda mi amor mas profundo
.
No hay una piedra en el mundo
que valga lo que una vida.
Yo soy un
moro judío
que vive con los cristianos.
No sé que Dios es
el mio,
ni cuales son mis hermanos.
No sé que Dios es
el mio,
ni cuales son mis hermanos.
No hay muerto que no me duela.
No hay un bando ganador,
No hay nada mas que dolor
y otra vida que se vuela.
La guerra es muy mala escuela
,
no importa el disfraz que
viste.
Perdonen que no me aliste
bajo ninguna bandera.
Vale mas cualquier quimera
que un trozo de tela triste.
Yo soy un
moro judio
que vive con los cristianos.
No sé que Dios es
el mio,
ni cuales son mis hermanos.
No sé que Dios es
el mio,
ni cuales son mis hermanos.
Y a nadie le di permiso
para matar en mi nombre.
Un hombre no es mas que un
hombre
y si hay Dios, así
lo quiso.
El mismo suelo que piso
seguira, yo me habré
ido;
rumbo también del
olvido.
No hay doctrina que no vaya,
y no hay pueblo que no se
haya
creído el pueblo elegido.
Yo soy un
moro judio
que vive con los cristianos.
No sé que Dios es
el mio
ni cuales son mis hermanos.
No sé que Dios es
el mio
ni cuales son mis hermanos.
Yo soy un moro judio
que vive con los cristianos.
_ Jorge Drexler
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