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LA ECONOMIA ISLAMICA[1] Las bases generales de la institución bancaria en la sociedad islámica - Muhammad Baquer al-Sadr[2]- Fundamentos de la institución bancaria según los principios capitalistas En las sociedades capitalistas el banco ejerce su función económica mediante dos actividades. Una es la actividad capitalista que se compara y se puede igualar con el préstamo con interés mediante los haberes que recibe de los clientes, para luego prestarlo a su vez con un interés mayor mediante préstamos en dinero o capital a las entidades o las empresas productivas y comerciales. La otra es la actividad de servicios, la cual puede compararse con el buen estado que ofrece el banco a sus clientes, por lo que cobra ciertas comisiones, como por ejemplo, en el caso de que el banco preste una serie de servicios prácticos por los que cobra un estipendio por operaciones de cambio de moneda, cheques o letras, venta y adquisición de papel moneda como representante de su propietario, custodia de papel moneda o de documentos, transferencias, etc..., y todo aquello que represente servicios prácticos, es decir, un esfuerzo y una intervención práctica por parte del banco. No cabe duda de que el segundo tipo de actividad, a pesar de su importancia, se considera secundario comparado con el primero, que es la actividad capitalista que desarrolla el banco en las sociedades capitalistas, pues esa actividad es la que encarna en primera instancia su función económica y su influencia capital en la vida económica. Sobre la base de esta actividad se han erigido los bancos en la vida occidental, mientras que la segunda actividad no es más que una extensión y desarrollo en el largo camino recorrido por la banca capitalista. Si tomamos la primera y principal actividad y la analizamos, encontraremos que tiene una doble función. La primera es objetiva, unida al desarrollo económico, esto es, ligada al capital en su significado objetivo y científico. La otra es doctrinal, relacionada con el marco capitalista, siendo ésta la base de la economía en las sociedades capitalistas. En otras palabras, está ligada al servicio del capital en su significado doctrinal. Entre las dos funciones existe una relación orgánica, como se aclarará, si Dios quiere. Antes de explicar la naturaleza de estas dos funciones conviene señalar los dos significados diferentes que asignamos al término “capital”. En su sentido objetivo y científico, capital viene a ser el dinero que puede contribuir en el proceso de producción de una nueva riqueza. Según este criterio, los medios de producción y la materia prima se consideran capital y las cantidades relativamente grandes de dinero se consideran capital monetario, porque pueden jugar un papel en diferentes proyectos de producción, mientras que las pequeñas cantidades de dinero, si se toman de forma aislada, no forman capital en este sentido, aunque sean dinero. Capital, en su sentido doctrinal, es aquél que es adelantado cuando se toma básicamente para el desarrollo de la propiedad de manera independiente al trabajo, es decir, cuando el capital se convierte no sólo en un medio para producir nueva riqueza, sino más bien en la producción de la nueva propiedad para el beneficiario a cambio de su simple posesión. A la luz de lo anterior pasamos a explicar ambas funciones. Por lo que respecta a la función objetiva, que pertenece a la existencia y a la esencia de la primera actividad del banco capitalista, el ahorro es la contribución del banco al proceso del desarrollo económico y de un mayor grado de posibilidades productivas, mediante la recogida de pequeñas cantidades de dinero de sus propietarios que, estando dispersas, no tienen un papel positivo en el proceso de producción pero que, cuando se juntan, van a transformarse en capital monetario en el sentido objetivo. El banco es quien se encarga de realizar esta recolecta para su posterior empleo en grandes operaciones de productividad y así contribuir al desarrollo económico. Ye hemos expresado que el papel que lleva a cabo el banco en la vida económica es, en este sentido, una función objetiva que participa en el desarrollo de la economía, entendiendo por función objetiva aquélla que es desempeñada de manera independiente a los marcos doctrinales de la sociedad, pues cada sociedad necesita de una institución que lleve a cabo la función de transformar las cantidades pasivas de dinero en activas, sean cuales sean sus doctrinas económicas. Pero a pesar de la objetividad de esa función y de no ser doctrinal por su naturaleza, el banco de la sociedad capitalista la utiliza para conseguir los métodos doctrinales, es decir, que los caminos seguidos parten de la visión y del sistema económico capitalista, pues para poder reunir las cantidades de dinero dispersas, el banco tiene que valerse de un instrumento que las atraiga y dado que, según el sistema capitalista y en concordancia con las directrices capitalistas de la vida, los propietarios disfrutan de toda su libertad y la gente no se siente motivada si no es por medio de un beneficio y de un desarrollo del capital, por lo que la única forma de atraerles consiste en tentarles con los beneficios e intereses. De aquí que el banco capitalista lleve a cabo su función objetiva valiéndose del interés y ofreciendo a los inversionistas un porcentaje, facilitando así el estímulo materialista. No obstante, se intenta siempre que el porcentaje sea reducido para asegurar un gran margen entre lo que ofrece el banco como interés y lo que recibe como ganancias invirtiendo dichos ingresos o prestándolos con interés. La función doctrinal del banco se representa transformando las cantidades de dinero, no solamente en un capital en sentido objetivo, sino también en capital en sentido doctrinal, de modo que se llegue continuamente a profundizar en las relaciones capitalistas de la sociedad. Para saber cómo lleva a cabo el banco esta función debemos conocer algo de la naturaleza de esas relaciones en la sociedad capitalista. La esencia de las relaciones capitalistas es tomar el capital como base del desarrollo de la riqueza de forma independiente del trabajo, pero este desarrollo no tiene sentido si no es considerado dentro de un determinado marco doctrinal, es decir, en el marco de un determinado sistema de distribución de las riquezas, pues si le quitamos el marco doctrinal a la operación de producción de las riquezas y tomamos el desarrollo de riquezas en sentido absoluto, entonces no sería lógico aceptar el desarrollo sobre la base del capital de forma independiente del trabajo. Sin embargo, cuando tomamos el desarrollo de la riqueza en sentido relativo, –esto es, cuando ésta es propiedad particular–, entonces si es posible considerar el desarrollo de la riqueza sobre la base del capital independiente del trabajo, pues el simple hecho de poseer el capital permite su incremento de acuerdo con las relaciones capitalistas. A la luz de lo anterior podemos comprender la función doctrinal del banco capitalista, que se resume en los siguientes puntos. Primero, crear un capital que permita poder desarrollar la propiedad independientemente de cualquier trabajo o esfuerzo por parte del dueño, lo cual se consigue reuniendo pequeñas cantidades para hacer de ellas un capital capaz de producir, proporcionando así una renta fija para los dueños de esas cantidades, bajo el nombre de “intereses”. Segundo, crear grandes propiedades particulares a través de las cuales sus dueños sean capaces de dirigir la vida económica. Al mismo tiempo que la gran concentración de capital en los bancos proporciona nuevas posibilidades de producción en su sentido objetivo, también consigue grandes poderes para aquellos que llevaron a cabo la tarea de reunir ese capital, es decir, los propietarios de los bancos, de modo que éstos contribuyen eficazmente para que el capitalismo dé grandes saltos hacia delante mediante la aparición de grandes fortunas particulares. Tercero, fortificar el capitalismo, al recibir las ganancias obtenidas en forma de intereses sobre los préstamos, de modo que el banco capitalista obtiene una renta constante independiente del trabajo y exenta de cualquier tipo de riesgo. Cuarto, suministrar a los proyectos productivos capitalistas el dinero necesario para extender el campo de su inversión, llevando las relaciones capitalistas a su culminación, pues los responsables de los grandes proyectos capitalistas ven en el banco su gran apoyo que, mediante los préstamos recibidos, les permite extender continuamente su producción y aumentar las relaciones capitalistas en la vida económica. Así se determina la función doctrinal del banco capitalista unida a la función objetiva, de forma que ambas están entrelazadas y son interdependientes, pues cuanto más se desarrolla la riqueza total de la sociedad mediante esta actividad bancaria, más se irá desarrollando el sistema capitalista y se incrementarán sus relaciones, con los consiguientes errores y contradicciones.
Ahora debemos plantearnos las siguientes preguntas: ¿Cuál es la posición del Islam ante el banco capitalista?, y ¿Cómo se crea un banco basado en los principios islámicos?. Es evidente que el Islam no acepta el banco capitalista en la forma explicada anteriormente, por varias razones. La primera es que contradice los artículos de la shariah[3] y el código civil del fiqh[4] islámico, que prohíben el préstamo con interés; y la segunda es que va en contra de los principios de la economía islámica y su espíritu general de distribuir las riquezas e invertirlas. Sobre esta base se ha suscitado la idea del banco sin interés como personificación de la tesis del banco islámico. Esta idea fue extraña para aquellas mentalidades apegadas a la visión del hombre occidental sobre la vida y las instituciones sociales. Un hombre musulmán a quien la marcha desviada de nuestro mundo musulmán hizo de él un ministro en su país, manifestando su gran extrañeza, me dijo personalmente con toda ingenuidad: “me extrañé tanto al oír la expresión ‘banco sin interés’ como cuando oí a alguien hablar sobre la circunferencia cuadrada.” En relación con la tesis del banco islámico, cabe diferenciar esencialmente entre dos posiciones diferentes: a.- La posición de quien quiere planificar un banco sin interés incluido en una planificación total de la sociedad, es decir, después de tener las riendas del gobierno totalmente y desarrollar las tesis islámicas como parte de una islamización completa de la sociedad[5]. b.- La posición de quien quiere planificar la creación de un banco islámico de forma independiente de las demás partes vitales de la sociedad, lo cual supone la continuación del marco social no islámico, quedando intactas las demás instituciones usureras, sean bancos o no, y propagándose el sistema capitalista en el contenido y en el espíritu de la vida económica y en el pensamiento y la moral de la gente. Estas dos posturas son diametralmente opuestas, en cuanto que la segunda de ellas se restringe normalmente a la operación de establecer la tesis islámica del banco sin interés, pero sin poder solucionar la contradicción existente entre los postulados bancarios capitalistas y los artículos de la shariah y el código civil en el fiqh islámico, vertiendo los esfuerzos para llegar al contexto de un sistema bancario que no practique el préstamo con interés, pero de modo que este contexto sea válido al mismo tiempo para la actividad dentro del marco ideológico de la sociedad no islámica, y además sea capaz de estar al nivel de los otros bancos que prosiguen con su actividad usurera. La segunda postura cae en la contradicción de no poder hacer que concuerde el papel y la actividad del banco con las bases del sistema económico islámico, es decir, la imposibilidad de encarnar el espíritu general de este sistema en la realidad del banco no usurario. La prohibición de la usura en una tierra y una sociedad no islámicas no dará frutos verdaderos ni podrá alcanzar los objetivos deseados, pues no solamente se deberían prohibir unas fórmulas legislativas, sino que habría que abarcar toda la economía islámica, llegando a todos los rincones para que haya una ligadura orgánica entre todas sus partes, ya que el sistema islámico es un todo indivisible y la aplicación de una parte del mismo requiere la aplicación de las demás partes, siendo complementarias unas de otras. En cuanto a la primera postura, en la cual hay que planificar un banco sin interés en una sociedad islámica, es preciso acabar con todas las contradicciones entre el banco capitalista y el Islam para poder conseguir un banco verdaderamente islámico que no sea un remiendo del banco capitalista. Sobre esta base diferenciamos desde un principio entre las dos actividades que lleva a cabo el banco capitalista, y que son la actividad propiamente capitalista y la actividad de servicios. Desde el punto de vista islámico, esta última actividad está generalmente permitida, tras asegurarse de: - El carácter de la actividad; esto es, que sea en verdad una actividad de servicios y que los beneficios obtenidos por el banco sean a cambio de un trabajo que no sea un camuflaje para obtener una ganancia de tipo inversionista. - Que los servicios prestados por el banco sean favorables al interés general y estén de acuerdo con el interés de la sociedad. - Que las fórmulas de los tratamientos
legales estén de acuerdo con el fiqh islámico. Como hemos adelantado, el banco capitalista posee dos funciones, la objetiva y la doctrinal, mientras que el banco en la sociedad islámica mantiene la función objetiva pero está exento de la doctrinal, la cual está inspirada en la naturaleza del sistema económico y en el clima de pensamiento y espíritu de la sociedad capitalista. En lugar de utilizar medios capitalistas para llevar a cabo esa función objetiva, el banco islámico emplea medios de carácter islámico, por lo que la sociedad consigue los beneficios económicos resultantes de la actividad bancaria de acuerdo con el carácter de vida islámico. Esto en realidad representa una gran transformación en la naturaleza de la actividad bancaria, que puede resumirse en los siguientes puntos: 1º.- La operación para reunir dinero de los clientes y su posterior inversión corre a cargo del Estado islámico, que lo lleva a cabo a través del banco estatal, sin permitir la intervención del sector privado, de modo que así se pierde el matiz capitalista de esta operación. La recogida del dinero debe ser una práctica social representada por el Estado para evitar, como sucede en las sociedades capitalistas, que ciertas personas acaparen la vida económica. 2º.- El Estado no depende de la oferta de intereses para reunir el dinero de sus propietarios, sino que parte de una política que tiene su origen en el sistema económico islámico. Para reunir el dinero se emplea una metodología propia de inspiración islámica, que consiste en lo siguiente: a.- El interés es ilícito ya que es la retribución que recibe el capitalista por la simple posesión de su dinero. b.- El Islam ha prohibido la acumulación de oro y plata. Dice el Altísimo: “En cuanto a quienes atesoran el oro y la plata y no lo invierten en la causa de Dios, anúnciales un severo castigo.” (Corán 9,34). El oro y la plata no son sino una representación de la moneda y, dado que el dinero está destinado a la inversión, su acumulación es ilícita. El “atesoramiento” es un concepto flexible que se determina de acuerdo con el grado de movimiento del dinero en la vida económica y las posibilidades de poder emplearlo o invertirlo de forma específica. Cuántas más posibilidades de movimiento e inversión existan, la congelación del dinero por un tiempo relativamente pequeño será considerada como atesoramiento, mientras que cuando las posibilidades de movimiento e inversión sean escasas y las facilidades para emplearlo sean pocas, entonces no se considera atesoramiento, sino sólo cuando el dinero haya sido acumulado durante mucho tiempo. Quizá sea este el motivo por el cual cuando el dinero queda congelado durante un año en posesión de su dueño se establece la obligación de pagar el azaque. Antes de la aparición del dinero, el trueque era el único modo de garantizar a cada productor la posibilidad de intercambiar sus productos a cambio de sus necesidades, pero la aparición de la moneda no fue para acabar con la esencia del intercambio sino para facilitarlo. Por ejemplo, en vez de cambiar el trigo por el algodón, el cultivador vende ahora su trigo a cambio de dinero y con éste compra algodón, de modo que el intercambio entre el trigo y el algodón es constante, pero ahora es necesario hacer dos operaciones. Sin embargo, si se transforma el dinero en un objeto de acumulación y el cultivador de trigo lo vende a cambio de dinero y luego no compra el algodón, entonces tendremos que parte del producto total de la sociedad –en este caso, el algodón– se verá impedido de entrar en el mercado y completar el ciclo, transformándose en dinero para reemprender de nuevo la producción. El atesoramiento proporciona al dueño del dinero nuevas posibilidades para la inversión que le permitirán la conquista del mercado, la cual no sería posible si se continuara la aplicación del espíritu de intercambio de forma honrada. c.- El principio del azaque en el Islam consiste en un impuesto sobre la acumulación del dinero[6], imponiendo el pago de un porcentaje determinado sobre el dinero –en forma de oro y plata– retenido durante un año. Como hemos dicho antes, el establecimiento del plazo de un año puede estar ligado a las condiciones de vida actuales en cuanto a la economía y, además, el principio del azaque es posible aplicarlo sobre todo tipo de riquezas, de acuerdo con la decisión del gobernante legítimo. d.- La educación islámica
del individuo que vive en la sociedad musulmana tiene como base la bondad
y la abnegación, creando en él una lógica de recompensa
que va más allá de lo material. Esta educación le incita
a ayudar a los desheredados y a hacer préstamos a los necesitados,
partiendo de un espíritu de fraternidad y amor en busca de la recompensa
y el perdón. Todo esto crea un espacio espiritual y psíquico
único donde se desarrollan los sentimientos de bondad, siendo común
a mucha gente el deseo de prestar por hacer el bien. Y esto no es una suposición
utópica en la sociedad islámica sino que es una verdad de
la cual existen muchos indicios, como por ejemplo las cajas de préstamo
sin interés que han existido antes de la creación del Estado
islámico[7]
y que se han desarrollado a través de los sentimientos de bondad
y abnegación de mucha gente que ha contribuido con parte de su dinero
al préstamo sin interés. 3º.- Tras determinar el complejo teórico en el que se apoya el banco en la sociedad islámica como base para cursar su función objetiva y su papel en la vida económica, podremos conocer ahora el camino que posibilita al banco islámico reunir las cantidades de dinero dispersas sin necesidad de recurrir al estímulo del interés usurero ni a la utilización de los métodos capitalistas. El banco declara estar dispuesto a recibir cualquier cantidad de dinero que su dueño le confíe, y determina dos formas para esta recepción: - En la primera forma, en forma de préstamo asegurado, el banco recibe el dinero por parte del cliente, y éste obtendrá a cambio las siguientes prestaciones: a.- Su dinero estará guardado y seguro, pudiendo disponer del mismo cuando lo precise o según el plazo acordado. b.- El verdadero valor de su dinero se mantiene. Esto quiere decir que si alguien quiere quedarse con el dinero en su poder mucho tiempo, el valor de éste descenderá continuamente a causa de la inflación monetaria, mientras que si decide depositar el dinero en el banco en forma de préstamo, el banco le asegura al cliente el verdadero valor de su dinero. Ese valor se toma en base al oro y su cotización, de forma que a la hora de devolver el dinero, el banco entregará el valor equivalente en oro. c.- Obtener zauab –recompensa divina por las acciones bondadosas–, dedicando un dinero en préstamos a pobres y necesitados. Ese dinero se guarda en una caja fuerte especial para ese cometido. Fuera de lo expuesto, el cliente no tiene ningún derecho de cobrar ganancias del banco. - En la segunda forma, el cliente autoriza al banco a disponer de su dinero en forma de inversión a todo riesgo o para invertirlo en algún proyecto económico. En este caso el propietario del dinero disfruta de un porcentaje determinado de ganancias, según acuerdo entre el cliente y el banco, teniendo en cuenta que el responsable del proyecto económico recibiría el resto de las ganancias. Cuando el banco es el responsable del proyecto económico, el resto de ganancias le corresponden a él mismo. Si el banco autoriza al cliente la operación de invertir a todo riesgo, entonces la ganancia sería entre el cliente y el responsable del proyecto económico, y el banco recibiría una comisión por su trabajo de intermediario entre ambas partes, la cual se fija según el volumen de la operación. Aquí no hay seguridades sobre el dinero, sino que también puede esperarse la perdida del mismo, ya que el dueño del dinero participa en las ganancias, y no hay ganancias sin llevar a cabo un trabajo o sin asumir los riesgos. En las dos formas mencionadas no se pagan impuestos sobre la cantidad acumulada. A la luz de lo expuesto, sabemos que
el banco islámico se basa en la operación de crear unos estímulos
para que los dueños del dinero lo depositen en el banco, y estos
estímulos se reducen a lo referido anteriormente: - Guardar el dinero y asegurarlo, manteniendo su verdadero valor, cosa que no sería posible si ese dinero quedara en posesión de su dueño. - Obtener un porcentaje de las ganancias, teniendo en cuenta la posibilidad de la pérdida. - No pagar el impuesto de atesoramiento, que conduce a la disminución del dinero si se queda en poder de su dueño. Hay que añadir a estos estímulos materiales otros de tipo espiritual, como es el sentimiento del individuo musulmán de cumplir con sus responsabilidades en la sociedad islámica y el deber de contribuir en la operación de desarrollo económico de su sociedad. El sentido de la responsabilidad se considera uno de los estímulos más importantes en una sociedad que esté amparada en valores revolucionarios islámicos y donde la gente posea elevadas aspiraciones como la bondad, la abnegación y la ayuda a los desheredados de la tierra, quienes reciben préstamos sin interés del banco. 4º.- El dinero que el banco reúne de los clientes lo empleará de dos modos diferentes: - En primer lugar, el dinero ingresado como préstamo asegurado, el banco lo invertirá del siguiente modo: a.- Como préstamo sin interés a los necesitados, destinado a gastarse en la vida particular de éstos, poniendo para ello ciertas reservas y garantizando ciertas seguridades para su devolución. b.- Como inversión en algún proyecto productivo que sea armónico con el marco islámico de la sociedad. Si es el propio banco el que realiza la inversión, las ganancias serán suyas en su totalidad, y en caso de que el banco llegue a algún acuerdo con alguna empresa o individuo, las ganancias se repartirán entre ambas partes, según los acuerdos establecidos previamente. c.- Como préstamo sin interés a individuos competentes y de confianza que necesiten un mínimo de recursos para crear pequeños proyectos productivos, asesorándoles y realizando un seguimiento de la buena marcha del proyecto. - En segundo lugar, los haberes entregados al banco para ser invertidos por el cliente son dedicados a algún proyecto productivo. Si el banco lleva el asunto de manera directa, las ganancias serán para el banco y para el cliente que invirtió el dinero, y si el banco actúa de intermediario entre el cliente y terceras personas o empresas que reciban la inversión, entonces el banco sólo cobrará una comisión y la ganancia se repartirá entre las otras dos partes.
Con la implantación de las funciones del banco en la sociedad islámica de una forma completa y sana, se consigue en un amplio grado el desarrollo del capital en su sentido objetivo, una buena inversión del capital capaz de cubrir los distintos proyectos productivos y, por consiguiente, un gran aumento de puestos de trabajo para aquellos que se benefician de las actividades del banco, los cuales no serán elegidos por su capacidad para pagar los intereses, sino sobre la base de su capacidad de producción, su prudencia y sus necesidades reales, lo que permite que el capital se distribuya entre las manos trabajadoras con mayores capacidades humanas para la producción. En todo caso, el banco interviene como orientador y director, transfiriendo a los trabajadores y obreros la mayor parte del valor y riqueza circulante que los clientes recibían en forma de intereses. El banco ya no entrega préstamos a las empresas parásitas que tienen cabida en la sociedad capitalista como enlaces entre el productor y el consumidor, de modo que las distancias entre el productor y consumidor se van acortando y así los productos van acercándose a su valor real, es decir, a los gastos derivados estrictamente de la preparación y elaboración del género para ser vendido en el mercado. En el seno del banco islámico también se acaba con la contradicción que crea el banco capitalista entre los intereses capitalistas usureros y los intereses capitalistas comerciales y productivos, ya que cuanto más aumenta la producción y el comercio y se intensifican las transacciones de capital, el capitalismo usurero sube más el tipo de interés, aspirando a mayores beneficios. Sin embargo, cuando disminuye la producción y el comercio, entonces bajan los tipos de interés, según la ley de “la oferta y la demanda”. En la sociedad islámica no existe nada de esto, ya que el banco debe captar los elementos cualificados de la sociedad, hace préstamos sin interés a los pobres y para determinados proyectos, y se relaciona con especialistas en contratos de inversión a todo riesgo, donde se unen los intereses del proyecto con los intereses del banco, pues cuanto mayor sea el éxito en los proyectos productivos, más aumentará la disposición del banco para entregar capital en forma de préstamo sin interés o en forma de inversión a todo riesgo. A esto hay que añadir la contribución del banco a la seguridad social mediante préstamos a fondo perdido entregados a los pobres en casos de necesidad y desempleo laboral. Estas son las bases generales para la creación de un banco islámico, de forma que éste desempeñe un papel fundamental en la configuración económica de la sociedad islámica., semejante al papel que juegan los bancos en las economías de las sociedades capitalistas. NOTAS.- [1]Resumen y adaptación del texto editado en 1984 por la Asociación Islámica de los Estudiantes Iraníes en España. Para más información sobre economía islámica, véase Lorca, A. / Orozco de la Torre, O., La banca islámica sin intereses: aspectos básicos, AECI, Madrid, 1999 o “La doctrina de la economía islámica”, en Olivier Carré, El Islam laico: ¿Un retorno de la gran tradición?, Edicions Bellaterra, Barcelona, 1996, págs. 101-115. (Nota de la redacción). [2]Muhammad Baquer al-Sadr (1935-1980) fue un destacado clérigo chií nacido en Irak, autor de numerosas obras sobre filosofía y economía islámicas. El régimen de Saddam Husein lo torturó y ejecutó, junto a su hermana Amina al-Sadr, debido a su cercanía ideológica al Ayatollah Jomeini. Su hijo, Muqtada al-Sadr, lidera en la actualidad el llamado ejército de al-Mahdi y es uno de los más fervientes opositores a la ocupación anglo-americana de Irak. (Nota de la Redacción). [3]Shariah: Es el código detallado de conducta, o los cánones que describen los modos de culto, los criterios de la moral, las cosas y acciones permitidas y prohibidas, las leyes separadoras entre el bien y el mal. [4]Fiqh: Es la ley detallada que proviene del Corán y del Hadiz (dichos y actos del Profeta Muhammad) y que concierne a los innumerables problemas que pueden surgir en la vida de un hombre. Ha sido recopilada por algunos de los más eminentes sabios musulmanes del pasado. [5]Esta postura, que como veremos inmediatamente es la defendida por el autor del texto, coincide exactamente con la mantenida por los modernos movimientos reformistas musulmanes que se han desarrollado en el contexto del Islam sunní. Para más información, véase Redacción Alif Nûn, El reformismo musulmán: Los Hermanos Musulmanes a través del pensamiento político de Sayyid Qutb, Revista “Alif Nûn” nº 39, junio de 2006. (Nota de la Redacción). [6]Para una información detallada sobre los principios del azaque, véase Ibn abi Zaid al-Qairawani, La risala: tratado de creencia y derecho musulmán, Ed. Kutubia Mayurqa, Palma de Mallorca, 1.999., Libro G: Zakat, págs 225-245. (Nota de la Redacción). [7]El autor se refiere sin duda a la creación de la República Islámica de Irán en 1979. (Nota de la Redacción). |
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