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Poema
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Estimados lectores:
Ríos de tinta se han vertido, desde hace más
de cincuenta años, hablando sobre la explosiva situación
en Oriente Medio. Lamentablemente, la mayor parte de la información
que circula sobre el tema está sometida a la tiranía mediática
y a los fáciles titulares que al día siguiente de su publicación
se han olvidado por completo. Muy pocos son los trabajos que profundizan
en las raíces históricas de esta tierra, civilización
varias veces milenaria, que ha sobrevivido, y sin duda sobrevivirá,
más allá de los muchos imperios que la codiciaron y continúan
codiciándola. Uno de estos trabajos es el realizado por el filósofo
Roger Garaudy, parte del cual presentamos en las páginas de esta
revista.
El resto del número de este mes se completa
con la segunda parte del artículo dedicado a la figura del sociólogo
e historiador tunecino Ibn Jaldún; un primer acercamiento a la llamada
literatura árabe clásica, en esta ocasión dedicado
al periodo transcurrido entre el Profeta Muhammad y el final de la dinastía
Omeya y, para concluir, una aproximación a la idea del tauhîd,
concepto básico y central dentro de la espiritualidad islámica.
La Dirección.
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Según la
definición de la Encyclopoedia Británica, en la cual
abunda también la Encyclopoedia Universalis, Palestina es
el territorio puesto bajo Mandato británico desde 1923 a 1948. Medida
histórica de un cuarto de siglo para una de las civilizaciones más
antiguas de la historia, y fronteras que indican tan solo la relación
de fuerza entre las potencias coloniales establecida por la Sociedad de Naciones
después de la primera guerra mundial.
Por extraño que pudiera parecer no cabía
otra definición geográfica para Palestina que la que el colonialismo
le había dado, tal como se indica más arriba.
No podía ser de otra manera, puesto que los
colonialistas habían repartido una “umma” árabe-islámica
en función de sus relaciones de fuerza (igual que lo hicieron con
respecto al Africa Negra, en 1875, en la Conferencia de Berlín),
y en consecuencia el destino de Palestina estaba vinculado a la solución
que se daría al “problema de Oriente”, es decir, a los problemas
planteados por la decadencia del Imperio otomano.
Las potencias colonialistas, en el curso de la guerra
de 1914-1918, ya se habían repartido los despojos del Imperio turco,
incluso antes de haber logrado la victoria sobre su aliado alemán.
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Una característica
capta nuestra atención desde las primeras páginas de los
Muqaddimah: la insistencia de su autor de apegarse firmemente al dato
histórico verdadero tamizado finamente por su agudo sentido crítico.
Su método es ante todo empírico, o sea, que nuestro autor
prefiere las observaciones razonadas a las abstracciones puras. En su análisis
de los hechos acumulados sigue a menudo la secuencia de una demostración
matemática: planteamiento de los datos, desarrollo y demostración,
conclusión y recapitulación. El dato escueto adquiere entonces
una enorme importancia en la obra de Ibn Jaldún, ya que sobre él
edificará su teoría general de las leyes históricas.
Difícilmente se deja llevar de la especulación propia, según
él, de los filósofos; el historiador debe atenerse a los testimonios
y a los documentos. En aquél cuenta la reflexión abstracta,
en éste la observación reflexiva
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Si bien el Corán ejerce una influencia decisiva sobre la totalidad
de la cultura islámica en general, y la árabe en particular;
en el terreno literario este influjo no parecía muy evidente a primera
vista. Los poetas árabes continuaron prodigándose en estilos
preislámicos y la naciente prosa era incapaz de imitar el “milagro”
de la palabra de Allah. No obstante, el ideal islámico proporcionó
una nueva visión del mundo y un ímpetu que necesariamente se
hizo notar en todas las formas literarias, tal vez no en los estilos y la
estética, pero sí en la prioridad de los temas tratados y
en el enfoque de los mismos.
Cronológicamente, los árabes clasifican
a los poetas del periodo arcaico en preislámicos (yahiliyyun
) e “híbridos” (mujadramun). Estos últimos pertenecen
a la generación que vio nacer el Islam, fueran musulmanes o no, y por
tanto se sitúan a caballo entre la yahiliyya y el periodo de
la revelación coránica, estableciéndose como límite
el año 661 d.C, es decir, el final del gobierno de los cuatro primeros
califas, marcado por la muerte ‘Ali ibn Abu Talib.
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Si hay algo que caracteriza de una forma
radical al Islam es su obsesión absoluta con el tema de la unidad
de Allâh. “Allâh es Uno” es una afirmación radical dentro
del Islam y constituye su fundamento y su base, de modo que el Islam se configura
a sí mismo como una senda para la comprensión del significado
de esta afirmación. Esa senda para la comprensión de lo que
significa la Unidad de lo esencial, de al-Haqq, de la Verdad, es el
llamado tauhîd. El tauhîd, por lo
tanto, es la acción que realiza el ser humano para conocer lo que
significa que Allâh es Uno, porque esta afirmación no se ofrece
como un dato, sino como el resultado de un proceso a través del cual
el hombre, al reunificarse a sí mismo, va comprendiendo lo que significa
la unidad de Allâh. Los sufíes siempre han dicho que el uno
no es simplemente un número y que, con la afirmación de que
Allâh es Uno no nos estamos refiriendo exclusivamente a un aspecto
cuantitativo, sino a algo que está mucho más allá de
eso, y que hace referencia al aspecto cualitativo de lo esencial, de al-Haqq
, de la Verdad. No se trata, por lo tanto, de aceptar esa afirmación
sin más, sino de realizar todo aquello que sea necesario para comprender
realmente qué es lo que significa. A través de las enseñanzas
de los sufíes descubrimos que esa afirmación de que Allâh
es Uno es mucho más radical de lo que pueda intuirse. Para un musulmán
normal, afirmar que Allâh es Uno tiene un sentido y un efecto inmediatos
que consiste en la negación de cualquier forma idolátrica,
el rechazo a los dioses y el rechazo a cualquier cosa que el hombre adopte
como objeto de su adoración. Simplemente, no hay nada que adorar en
esta existencia y, por lo tanto, el hombre es libre ante su Señor
Uno, al cual debe descubrir. En la práctica, eso hace que el mundo
musulmán sea bastante anárquico porque es una comunidad acéfala,
sin cabeza. No hay Papa y no hay una “institucionalización de la trascendencia”,
sino que cada musulmán es protagonista de su propia búsqueda
de aquello a lo que llamamos Allâh, y que resulta ser lo que encontrará
al final de un proceso que llamamos tauhîd, el camino
de la Unificación. Unificándose, reuniéndose consigo
mismo, reduciéndose a su propia unidad, descubre frente a él
a Allâh. Del mismo modo que el ser humano ha sido creado para manifestar
a Allâh, en su búsqueda de Allâh el ser humano se descubre
a sí mismo.
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PECADO
He pecado y era un pecado lleno de placer
junto a un cuerpo tembloroso y desmayado
Dios, no sé qué he hecho
en aquel lugar privado, oscuro y silencioso
En aquel lugar privado, oscuro y silencioso
me fijé en sus ojos llenos de secretos
En mi pecho ansiante temblaba el corazón
por la pasión de sus ansiantes ojos
En aquel lugar privado, oscuro y silencioso
me senté junto a él desconcertada
sus labios vertieron en los míos el deseo
me libré de la tristeza del corazón desbocado
Murmuré en su oído la historia del amor
Te deseo, oh alma mía
Te deseo abrazo que das vida
a ti, mi loco amante
El deseo estalló en llamas en sus ojos
El vino tinto bailó en la copa
Mi cuerpo en el suave lecho
sobre su pecho tembló ebrio
He pecado y era un pecado lleno de placer
en un abrazo caricioso y ardiente
He pecado entre unos brazos
cálidos, rencorosos y de hierro.
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Las opiniones expresadas en los artículos
representan el punto de vista de su autor y no
necesariamente el del Editor.
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