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Turquía, Irán, Afganistán
El Islam asiático comprende también, como ya se ha señalado, a tres países musulmanes no árabes que se extienden sobre una amplia zona de Oriente Medio y que son de oeste a este: Turquía, Irán y Afganistán. La historia de estos tres países durante el siglo XX tiene un conjunto de rasgos comunes a partir de los cuales actúan sus respectivos elementos diferenciadores. Además de su base religiosa-cultural común fundamentada en el Islam, de su proximidad y continuidad geográfica y de su, en ocasiones, paralelismo histórico, los tres países inician el siglo XX como Estados que han mantenido su independencia frente a las pretensiones del colonialismo occidental; y los tres guardan conciencia histórica de un pasado brillante y hasta glorioso, que anima la pervivencia y solidez de sus respectivas personalidades nacionales, viviendo de la herencia de regímenes anteriores, en cada caso, del anquilosado Imperio otomano[3] , del viejo Imperio persa y de la monarquía aristocrática y feudal afgana. Los tres Estados se encuentran, en los años de la Primera Guerra Mundial, en una situación de debilitamiento y decadencia, con problemas internos; y los tres inician sendos procesos revolucionarios durante el periodo de entreguerras, en un intento de renovación y modernización nacionales que los libre de todo tipo de dependencia, en especial de la presión occidental, y los afirme y consolide como Estados independientes y soberanos en el mundo moderno. Pero tales procesos renovadores a lo largo
de la posguerra tras la Segunda Guerra Mundial, y los resultados a que llegan
en la época actual, los van a diferenciar entre sí: Turquía
se transforma en una República que intenta seguir el modelo occidental,
alternando con repetidos golpes de Estado militares que imponen gobiernos
dictatoriales; Irán se organiza como una monarquía autoritaria
asentada en el crecimiento económico facilitado por el petróleo,
para protagonizar una singular revolución islámica y proclamarse
República; y Afganistán intenta una monarquía y una
República reformistas, para transformarse en un Estado socialista[4] . La historia de Turquía a lo largo del siglo XX en su evolución de Imperio tradicional a República occidentalizada dentro del Islam recorre varias fases que en síntesis son: la primera, de 1.914 a 1.923, está constituida por los años del final del Imperio otomano con la derrota de Turquía en la Gran Guerra, y conoce el estallido de la revolución nacionalista con el conflicto civil entre los dos gobiernos turcos, el del sultán en Estambul y el de Kemal Ataturk en Ankara, hasta que con la victoria de la revolución es abolido el Sultanato, siendo proclamada la República. La segunda fase, entre 1.923 y 1.960, es la de la primera República turca, con la organización del régimen kemalista durante la presidencia de Kemal Ataturk –entre 1.923 y 1.938– y la promulgación de la Constitución de 1.924, iniciándose la modernización y occidentalización del país; tras la difícil neutralidad en la Segunda Guerra Mundial, desde 1.947 y en el contexto de la guerra fría y de la Doctrina Truman de ayuda norteamericana, Turquía se aproxima a una alianza con Estados Unidos establecida en 1.952, al mismo tiempo que intenta un sistema de gobierno de multipartidismo democrático entre 1.950 y 1.960. La tercera fase se inicia en 1.960, con un golpe de Estado militar que inaugura la segunda República turca y una nueva Constitución en 1.961, alternándose periodos de dictadura militar y de gobiernos civiles, aunque bajo control militar, y manteniendo siempre los ideales de modernización y occidentalización; en 1.980 se produce el último golpe militar que promulga nueva Constitución en 1.982. Afganistán evoluciona durante el siglo XX desde una monarquía tradicional y feudal a una República de carácter socialista y popular: al término de la Primera Guerra Mundial la independencia del país queda consolidada con la firma del tratado de Kabul en 1.921 con Gran Bretaña; desde 1.929 y hasta 1.973 se institucionaliza una monarquía que se orienta a favor de una lenta modernización y unas limitadas reformas del país, así como de la neutralidad exterior; desde 1.973 se inicia un agitado proceso revolucionario que transforma al país, con un golpe de Estado que, tras acabar con la monarquía, establece una República conservadora. Esta, entre 1.978 y 1.979, evoluciona por nuevos golpes en cadena, hacia la configuración de una República próxima al mundo comunista, que se mantiene con la ayuda soviética[5]. Irán experimenta igualmente, entre 1.914 y 1.979, un acelerado proceso de modernización y autoritarismo, para protagonizar en esta última fecha la más singular y auténtica revolución del mundo islámico[6]. En este proceso se pueden señalar varias fases: la primera, entre 1.914 y 1.925, es el final de la vieja Persia de los Qadjars, en la que durante la Primera Guerra Mundial, y aunque el país se mantiene neutral, se encuentra sometido a las presiones de rusos e ingleses, firmando en 1.919 un tratado con Gran Bretaña, que extiende su influencia; y tras una serie de conflictos civiles y un golpe de Estado, desde 1.919, Reza Pahlevi impone su dominio en la situación política hasta que en 1.925 es depuesta la anquilosada dinastía de los Qadjars y Reza Pahlevi es nombrado nuevo sha. La segunda, entre 1.925 y 1.978, es la del Irán de los Pahlevi, que tiene dos momentos: de 1.925 a 1.941, con el régimen del sha Reza se inicia la modernización del país, que es ocupado durante la Segunda Guerra Mundial por soviéticos y británicos; y desde 1.941 con Mohamed Reza, hijo del anterior, como nuevo sha que, tras la evacuación de posguerra, firma un acuerdo con Estados Unidos en 1.947, sucediéndose una historia agitada con acontecimientos como la crisis del petróleo en 1.951-53 con el gobierno de Mossadegh, la imposición de un absolutismo monárquico con breves intervalos de moderado liberalismo, la estrecha alianza con Estados Unidos, la modernización y el desarrollo económico; pero las contradicciones entre la política autoritaria y los tímidos intentos reformistas, las imposiciones occidentalizantes y la oposición religiosa llevan al estallido de la revolución islámica a lo largo de 1.978, ante unos gobiernos ineficaces y desbordados por la presión religioso-popular. A comienzos de 1.979 triunfa la revolución islámica, sucediéndose la caída del sha y de su monarquía imperial, la proclamación del imán Jomeini como máximo dirigente religioso-político del país, la formación de un gobierno revolucionario y el establecimiento de la República Islámica, que inicia una experiencia única de organización política republicana sobre la ortodoxia y la renovación del Islam, que llega hasta nuestros días y que ha conmocionado a todo el mundo islámico. En opinión de J. P. Derriennic, la revolución islámica de Irán es el más grande movimiento popular que conoce Oriente Medio en el siglo XX y fundamentalmente es el resultado de la conjunción de cinco factores: la ilegitimidad del régimen político a los ojos de la población, una occidentalización técnica excepcionalmente rápida, una occidentalización cultural relativamente débil, la específica organización y fuerza doctrinal del chiísmo y las dudas entre autoritarismo y liberalismo. En Turquía en 1.922, en Egipto
en 1.952 y en Iraq en 1.958, las monarquías han caído a causa
de sus vínculos con una dominación occidental, pero los regímenes
que las han sustituido se han mostrado dispuestos a utilizar contra Occidente
sus mismos métodos y valores: en Irán el régimen salido
de la revolución es antioccidental no sólo política,
sino culturalmente, y en este sentido la revolución iraní
es la más radical que ha conocido el Tercer Mundo. Entre todas las
llamadas revoluciones que han tenido lugar en esta región durante
nuestro siglo, la revolución islámica de Irán es la
que más merece este nombre. África del norte
En la vasta región del norte de África, del Nilo al Magreb, entre el Atlántico, el Mediterráneo, el mar Rojo y de civilización islámico-árabe, hay que distinguir, al plantear su proceso de descolonización e independencia, entre las dos áreas de distinta influencia colonial: por un lado, en África nororiental, los países dependientes de Inglaterra, con una independencia teórica como Egipto, o bajo un régimen especial como Sudán y Libia; y por otro, en África noroccidental, los países del Magreb dependientes de Francia, bien como protectorados: Marruecos y Túnez, o bien como departamentos: Argelia. En todos estos países van a actuar, como factores en la dinámica de la lucha por la independencia y al igual que en los pertenecientes al Islam en Asia, por un lado, la presión y herencia coloniales que obligadas a ceder se transforman en una fuerza neocolonial, y por otro el movimiento creciente del nacionalismo árabe, bien bajo la forma de grupos políticos conservadores expresión de las oligarquías tradicionales, bien a través de organizaciones revolucionarias, de carácter popular y de talante socialista, partidarios de la ruptura y la renovación total.
Excluyendo a Egipto –que ya ha sido tratado en el área del Próximo Oriente, con la que tiene, como ya se ha visto, una mayor vinculación histórica–, los dos países árabe-islámicos de África nororiental que pronto acceden a la independencia son Libia y Sudán. En el proceso de descolonización de Libia hay que señalar varias fases: hasta al Segunda Guerra Mundial fue una colonia de Italia, a la que dejó de pertenecer en 1.943, para ser ocupada y repartida entre ingleses, norteamericanos y franceses, desde 1.943 a 1.951 se mantuvo la ocupación aliada, que finalizó tras el acuerdo de la ONU en 1.949 para la concesión de la independencia, que fue proclamada en diciembre de 1.951; entre 1.951 y 1.969 Libia organizó su vida independiente con la monarquía representada por el rey Idris I y bajo la protección e influencia de las potencias occidentales, que desde 1.953 explotan su riqueza petrolífera, especialmente por parte de Estados Unidos; y en diciembre de 1.969 se produce la revolución de los militares jóvenes, que acaba con la monarquía y con la influencia occidental y establecen la República de carácter socialista, nacionalista y popular, junto con la renovación del islamismo, que llega hasta nuestros días: El-Gadhafi se transforma en su máximo dirigente y reforma profundamente el país, elaborando una doctrina propia contenida en el Libro Verde. La descolonización del Sudán se encuentra relacionada con la evolución de la situación en Egipto y con la actitud de Gran Bretaña: entre 1.952 y 1.955 el país vive la fase final del colonialismo, con diferencias entre egipcios y británicos y sus respectivos partidarios sobre la coyuntura sudanesa, hasta que en diciembre de 1.955 el Parlamento sudanés acuerda la declaración de independencia del país como República, que es proclamada en enero de 1.956. Desde esta fecha, el Sudán independiente conoce varias alternativas: entre 1.956 y 1.958 se organiza el nuevo Estado bajo un régimen civil; de 1.958 a 1.969 se suceden varios golpes de Estado y gobiernos militares; y desde 1.969, otro golpe impone el régimen autoritario presidido por El-Numeiri, que en 1.983 inicia una política de islamización que llega hasta nuestros días. En África noroccidental o países árabe-islámicos del Magreb –con tradición bereber– se encontraba antes de la descolonización bajo la dependencia colonial francesa y comprendía dos sistemas distintos de régimen administrativo: protectorados en Marruecos y Túnez, y departamentos en Argelia. En este marco colonial, la lucha de las poblaciones nacionales respectivas a favor de la independencia fue común y paralela, encontrando una mayor resistencia entre la población francesa de Argelia, país que conoce al mismo tiempo que esa lucha por la independencia, un más radical proceso revolucionario interno, y que se enfrenta a una auténtica guerra civil-colonial entre ambas colectividades. Si bien en 1.945, al término de la Segunda Guerra Mundial, las posiciones entre los movimientos nacionalistas de cada país magrebí y los franceses están totalmente enfrentadas, el proceso de liberación norteafricano obliga a llegar en el trascurso de unos años a sendos acuerdos de independencia para cada país: en 1.956 la alcanzan Marruecos y Túnez, y en 1.962, Argelia, completándose así el proceso el proceso de descolonización de los países árabes. En este resultado final influyen además de los propios de los nacionalismos magrebíes, otros factores internacionales: el ejemplo y contagio de los países árabes del Próximo Oriente, las repercusiones de la acción francesa en Indochina, el despertar de los pueblos asiáticos y africanos. Como escribe S. de Beauvoir en La fuerza de las cosas sobre la situación colonial hacia 1.955: El colonialismo se desmoronaba por todas partes: regreso triunfal de Burguiba a Túnez, asesinato de Lemaigre-Dubreuiih en Marruecos, desórdenes en Camerún. Pero esta evidencia no alcanzaba a quienes no tenían interés en verla. En Marruecos se produce, en principio, una mayor actividad nacionalista a favor de la independencia; es donde en primer lugar se entablan negociaciones que llevan a acuerdos para su proclamación. He aquí, en síntesis, las grandes fases de su evolución: la primera, de 1.945 a 1.955, son los años finales del Protectorado –cuyo ambiente ha reflejado literariamente Paul Bowles en su novela La casa de la araña–, con el desarrollo del movimiento nacionalista marroquí y su lucha contra las fuerzas coloniales hasta desembocar en las conversaciones de Aix-les-Bains en 1.955 y la declaración de independencia en marzo de 1.956; la segunda, de 1.956 a 1.961, es ya el Marruecos independiente con el reinado de Mohamed V, y la organización, institucionalización y unidad del país; y desde 1.961 hasta nuestros días, Hasan II como soberano del nuevo Estado[7]. En el caso de Túnez, se
distinguen igualmente tres fases, en parte paralelas a las marroquíes:
la primera, de 1.945 a 1.955, es la del final del Protectorado con la declaración
de independencia en marzo de 1.956; la segunda, de 1.955 a 1.957, constituye
la de Túnez independiente con el régimen de monarquía;
y en julio de 1.957 se proclama la República con H. Burguiba como
presidente, una nueva fase que se extiende hasta nuestros días[8]. Argelia, por último, debido
a su régimen administrativo de departamentos franceses y a la presencia
y acción de la población de colonos de origen francés
–soporte y fundamento de tal régimen, nacido de su condición
de antigua colonia de poblamiento–, vive el más largo y duro
proceso de descolonización, que, por parte de la población
islámica argelina, presenta doble carácter: por un lado, de
lucha por la independencia del país, y, por otro, de empeño
revolucionario para establecer sobre bases socialistas e islámicas
la estructura sociopolítica del nuevo Estado independiente. Este proceso se desarrolla a través de un radical enfrentamiento entre las fuerzas nacionalistas argelinas, por una parte, y las fuerzas de la metrópoli y de los colonos franceses, por otra –que, a su vez, a partir de un determinado momento, se escinden y enfrentan entre sí–, que desemboca en una situación de guerra abierta, y que evoluciona durante la parte central del siglo XX a lo largo de varias fases. La primera, entre 1.930 y 1.954, es la del final de la Argelia francesa, las bases de esta Argelia francesa se encontraban tanto en la administración y el sistema impuesto por la Francia metropolitana como en los colonos franceses establecidos en territorio argelino durante el largo siglo de acción colonial, mientras que los fundamentos de la Argelia musulmana se basaban en la superioridad numérica y el crecimiento demográfico de la población islámica, en su evolución social y económica, en la propia historia del país que cimentaba su reconstrucción y continuidad históricas sobre su pasado islámico-árabe, y en la tradición nacionalista frente al colonialismo francés. En torno a los años treinta resurge y se organiza un intenso movimiento nacionalista que se manifiesta a través de diversas asociaciones y grupos de acción, y que se reagrupa en los años 1.936-37 con ocasión de la celebración del Congreso Musulmán Argelino; los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial afectan directamente a Argelia, y en marzo de 1.943 se registra la más importante expresión de nacionalismo argelino al formularse el Manifiesto del Pueblo Argelino, firmado, entre otros muchos, por Ferhat Abbas[9]. En la posguerra, el nacionalismo progresa, se reagrupa en torno al Manifiesto y tiende a su unidad; debe enfrentarse a la más fuerte resistencia de Francia a hacer concesiones, así como a los colonos y a la administración metropolitana que como departamento regía el territorio, y sólo accede a conceder en 1.947 el Estatuto de Argelia, favorable a los intereses franceses. Desde 1.948 se produce un creciente enfrentamiento entre el nacionalismo argelino y la política integradora francesa, que desemboca en la creación en 1.954 en Argel del FLN, que inicia la guerra contra Francia. La segunda fase, entre 1.954 y 1.962, es la de la guerra de Argelia contra Francia, que dirigida por el FLN, que lanza una declaración-programa con petición de la independencia, tiene el carácter de lucha revolucionaria, y provoca una auténtica guerra civil entre argelinos y franceses en todos los órdenes. El conflicto alcanza su máxima violencia entre 1.956 y 1.958, y se radicaliza la reacción francesa. La crisis de 1.958 afecta a la propia metrópoli, donde De Gaulle constituye la V República y ofrece en 1.959 la autodeterminación a Argelia, lo que genera la separación entre el gobierno de la Francia metropolitana y los franceses de Argelia, que, defensores de una Argelia francesa, continúan la lucha por su cuenta, con la formación de la OAS; no obstante, en 1.961 se inician las conversaciones de Evian entre el gobierno francés y el GRPA –gobierno provisional argelino constituido en 1.958–, que llevan al acuerdo de proclamación de la independencia de Argelia en 1.962. La tercera fase, desde 1.962 a nuestros días, es la de Argelia independiente, constituida como República democrática y popular, en una síntesis entre arabismo y revolución socialista. Tras la breve presidencia de Ben Bella, en 1.965 un golpe de Estado impone a Bumedian como presidente hasta su muerte en 1.978; le sucede Chadly Benjadid, que continúa la política del régimen nacionalista en favor de las reformas y la revolución islámico-socialista, de lo que es expresión la promulgación en 1.976 de la nueva Constitución del Estado y destacando internacionalmente en la política de no alineación. Escribe D. Sourdel que a pesar de la parcelación
actual del mundo musulmán y de la diversidad de soluciones prácticas
adoptadas en cada país, el Islam continúa afirmándose,
si no como una comunidad, al menos como un conjunto de naciones que tienen
que hacer frente al mismo problema: la adaptación a las condiciones
de la vida nueva de estas sociedades peculiares en las circunstancias del
mundo moderno. Naciones islámico-árabes
En este conjunto heterogéneo de naciones islámico-árabes se puede trazar, como síntesis final, a partir de sus caracteres básicos comunes y homogéneos, una tipificación clarificadora en cuanto a su realidad y acción en la historia actual. En relación con el Próximo Oriente, J. P. Alem analiza su situación en función de cuatro causas concretas: la primera aparece en el momento mismo en que nacen los Estados de esta región, y en la contradicción de los compromisos contraídos por Occidente con los árabes, por un lado, y con los judíos, por otro; la segunda es la rivalidad internacional entre los Estados Unidos y la URSS; la tercera, puramente árabe, es la propia actitud de los gobiernos nacionales árabes y de sus dirigentes; y la cuarta está constituida por el nacionalismo israelí y su acción estatal. En esta región se mantiene además sin resolver el conflicto entre palestinos y el Estado de Israel, de talante totalmente occidental, incrustado en la zona. Las naciones árabes de esta región se pueden clasificar en tres grupos: a) Las monarquías autoritarias y conservadoras, aliadas con Occidente, que se concentran territorialmente en la península Arábiga, y en la que predomina la ley religiosa y la legitimidad tradicional, como son Arabia Saudita, Kuwait, Omán, Bahrein, Qatar, Emiratos Árabes Unidos –federación de siete monarquías–, más Jordania; b) Las repúblicas moderadas, también prooccidentales, como Líbano y Egipto, después de su giro político tras la muerte de Nasser, y c) Las revolucionarias y populares de carácter prosocialista, como Iraq [10] y Siria. Las tres naciones islámicas no árabes de Oriente Medio están constituidas como sendas repúblicas y tiene un talante autoritario, aunque en otros aspectos se encuentran totalmente diferenciadas entre sí, ofreciendo muy distintos modelos de configuración y orientación política, tanto nacional como internacional: Turquía conserva su condición de firme aliado de Occidente –es incluso miembro de la OTAN–, y evoluciona de una dictadura militar de carácter conservador y reaccionario a un inestable régimen constitucional de pluralismo político de tipo europeo-occidental; Afganistán tiene un régimen autoritario y revolucionario popular próximo al modelo comunista[11]; e Irán ofrece un modelo singular de República islámica nacida de una revolución religiosa popular de raíces propias. Las naciones árabes del norte de África también pueden clasificarse en tres grupos, análogos a los de los países árabes del Próximo Oriente: a) Monarquía autoritaria y conservadora, aliada con Occidente y de base tradicional, en Marruecos; b) Repúblicas moderadas también prooccidentales, son Túnez y Egipto, y c) Repúblicas consideradas revolucionarias y populares, de tendencia prosocialista, son Argelia[12] y Libia, a las que se puede unir, con variadas matizaciones, Sudán, Somalia y Mauritania. En el África noroccidental islámica
persiste el conflicto del Sahara Occidental, donde el Frente Polisario proclama
en 1.976 la República Árabe del Sahara como Estado indpendiente,
y que mantiene desde entonces una continua guerra con Marruecos. NOTAS.- [2]Historiador. Profesor de Historia Contemporánea en la Universidad Complutense de Madrid. [3]Para más información sobre el Imperio Otomano, véase Redacción Alif Nûn, Política y sociedad en el Imperio Otomano, revista Alif Nûn nº 34, enero de 2.006 (Nota de la Redacción). [4]El artículo está escrito antes de ascenso y posterior caída del gobierno fundamentalista talibán (Nota de la Redacción). [5]Esta fue la razón fundamental por la cual el gobierno de los Estados Unidos y de otras potencias occidentales, a través de países como Arabia Saudita o Pakistán, decidieron financiar la oposición al régimen prosoviético mediante la creación del movimiento fundamentalista de los talibanes. (Nota de la Redacción). [6]Para más información sobre la revolución islámica de Irán, véase Amrei Rahman, Irán, luces y sombras de una revolución, revista Alif Nûn nº 32, noviembre de 2005 (Nota de la Redacción). [7]El artículo está escrito con anterioridad a la llegada al trono de Mohamed VI, hijo de Hasan II, en 1999. (Nota de la Redacción). [8]Bourguiba se mantuvo en el poder hasta 1987, es decir, durante treinta años consecutivos, primero durante la etapa de partido único, y después de 1975 mediante elecciones presidenciales. El actual presidente, Zine el-Abiddine ben Ali, accedió al poder en 1987, tras deponer a Bourguiba mediante un golpe de Estado. Desde entonces ha gobernado el país, legitimándose a través de elecciones presidenciales, siendo reelegido por última ves en 2004. (Nota de la redacción). [9]Político argelino impulsor de la independencia, se incorporó a la lucha armada en 1954 y presidió el gobierno de la República de Argelia en el exilio (1958-1961). En 1963 fue expulsado del FLN y confinado en el Sahara hasta 1965, retirándose de la vida política. Falleció en 1985 en la ciudad de Argel. (N. de la Redacción). [10]Iraq, durante el gobierno de carácter socialista y nacionalista de Saddam Husein, atravesó por dos fases en su relación con Occidente: durante la primera, hasta la invasión de Kuwait en 1.990, fue un firme aliado de los gobiernos occidentales; desde la invasión de Kuwait, y hasta la ocupación norteamericana del país en 2.003, se convirtió en uno de los mayores enemigos de las potencias occidentales, y en especial de los Estados Unidos. En la actualidad, podría ser clasificado dentro de las repúblicas árabes prooccidentales. (N. de la Redacción.) [11]El gobierno comunista fue depuesto en 1992, tres años después de la expulsión del ejercito soviético. Desde entonces, los distintos “señores dela guerra” se enfrentaron en una interminable guerra civil hasta la llegada al poder en 1996 del gobierno fundamentalista talibán. Con la invasión de los Estados Unidos, el país se constituye en una República constitucional afín a los intereses norteamericanos en la zona. (N. de la Redacción). [12]Argelia, después del golpe de Estado de 1.992 tras las elecciones ganadas por el Frente Islámico de Liberación (FIS), pasó a ser un socio preferente de los gobiernos occidentales, que buscaban así evitar la expansión del islamismo y un gobierno argelino amigo que garantizase, entre otras cosas, los suministros del gas natural existente en abundancia dentro del las fronteras argelinas. (N. de la Redacción) |
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