|
SOCIEDAD Y CULTURA DE LA ARABIA PREISLAMICA: Un análisis a través de su poesía -Abdelatif Oufkir-
El interés básico de un análisis de la poesía yâhili[1] es la posibilidad de poder elaborar unas conclusiones en el terreno literario acerca del estilo y la estética de la poesía árabe preislámica que nos permitirán conocer un poco mejor las características de la sociedad que la vio nacer y, para escándalo de algunos, poder detectar las conexiones entre esa característica forma de percibir el mundo de la llamada “época de la ignorancia” preislámica y toda la civilización y cultura árabes posteriores al nacimiento del Islam. Frente al concepto occidental de la poesía, cuya etimología griega sugiere trabajo y elaboración, la palabra árabe correspondiente pertenece a una raíz que engloba los significados de conocer y/o sentir[2]. No obstante, a este espontáneo y natural concepto de la poesía pronto se el adhirieron una serie de exigencias formales y estilísticas que con el paso del tiempo fueron adquiriendo una importancia capital, de modo que poco o nada quedó de aquella elemental y espontánea expresión de sentimientos sin grandes exigencias formales que permitió a la primitiva poesía árabe ser la portavoz de la idiosincrasia de todo un pueblo. Entre esos primeros balbuceos conocidos de la poesía árabe hacia el siglo V. d. C y el edificio formal y estilístico que alcanza su apogeo durante el periodo abbasí, es posible seguir el rastro de la génesis y desarrollo de un género literario que dentro del mundo árabe, antes y después del Islam, ha ocupado un lugar central. Sin embargo, existe una ausencia casi total de vestigios de, por así decirlo, una “proto-poesía” árabe anterior a la ya citada fecha del siglo V d.C. Nos resulta imposible documentar históricamente formas poéticas más rudimentarias que las de los adivinos y echadores de cartas preislámicos o incluso de las tiradas rimadas sin metro, de las que el mismo Corán es un buen ejemplo. Para cuando tenemos constancia histórica de estos estilos poéticos, la poesía en la Arabia preislámica se había convertido ya en una forma artística de prestigio ampliamente empleada en todas las manifestaciones sociales e incluso como modo de preservar ciertas fórmulas mágicas y religiosas o algún tipo de legislación transmitida por vía oral. No sería sorprendente que composiciones de una métrica mejor pulida hubieran barrido de la memoria de los rapsodas la producción más antigua y menos elaborada, ni sería inverosímil pensar que una métrica extraída de las tiradas rimadas empleadas en ciertas manifestaciones religiosas hubieran adquirido tanta popularidad que hubiera habido un trasvase formal hacia temas menos trascendentes y más prosaicos, de modo que los hombres de religión las hubieran abandonado y hubieran preferido permanecer fieles a estilos más arcaicos que, con la llegada, del Islam, habrían desaparecido. Ambas hipótesis, o una combinación de ambas, pueden resultar sugerentes a la hora explicar la falta de continuidad estilística y funcional de la poesía yâhili. La realidad, sin embargo, es que la ausencia de pruebas científicas e históricas es total. Ante este enojoso vacío, los eruditos han tratado de llenarlo a través de supuestas relaciones de la métrica de la poesía árabe con la grecolatina, a través de la literatura siriaca, o incluso con la métrica sánscrita, mediante los probados contactos y relaciones de la India con ciertas partes de la Península Arábiga. Sin embargo, ni el análisis formal parece sostener tales afirmaciones, ni las circunstancias históricas ni culturales parecen haber sido favorables a un préstamo de estas características[3]. A falta de mejores argumentos, parece necesario admitir que nos encontramos ante una poesía con un estilo y una métrica netamente autóctonos, creada por y para los árabes. La tesis tradicional de los estudiosos árabes es la que se ha dado en llamar “totémica”. Según ésta, la combinación de sílabas cortas y largas reproduce el ritmo del paso del camello, al que el arriero ajusta sus llamadas para ir estimulando al animal en su marcha[4]. Al margen del terreno estrictamente poético, ciertos aspectos de una cultura totémica han sobrevivido entre las tribus beduinas, las cuales con frecuencia reciben nombres como asad (león) o kalb (perro), de modo que es posible suponer que en un pasado incierto estos pueblos beduinos estuvieron familiarizados con la cultura totémica o incluso pudieron haber sido representantes de la misma. Así las cosas, nos atrevemos a suponer que la teoría totémica, unida a algunas hipótesis esbozadas anteriormente, podrían servir para iluminar buena parte de las sombras existentes en torno al origen de la poesía árabe. Por ejemplo, la poesía preislámica hace mención del conflicto de intereses y de estilos de vida entre poetas y jerarquía religiosa. Los primeros, libres y críticos de la sociedad en la que viven; los segundos, de mentalidad tradicional y conservadora. A pesar de esto, se da la aparente paradoja de que el certamen de `Ukaz, la más importante celebración poética de Arabia, se celebrara en las cercanías de la Meca con ocasión de los ritos religiosos de la peregrinación a la Kaaba[5]. Podría ser que se tratara tan sólo de aprovechar la masiva presencia de peregrinos para organizar el evento, pero también podría significar una prueba del trasvase de estilos poéticos desde un uso litúrgico y religioso hacia temáticas laicas, que habría terminado por manifestarse en celebraciones y manifestaciones sociales independientes pero unidas en el tiempo. Las poesía preislámica[6] suele tener una estructura dividida en tres partes, al margen de la temática tratada. Una primera parte en la que se evoca al ser amado; una segunda donde se relata las dificultades que atraviesa el amante y, por último, el característico panegírico de exaltación de la persona a la que el poema está dedicado. Técnicamente, a la vista de esta estructura, se trata de lo que más tarde, durante la época clásica, se definiría como casida. Si bien esta poesía preislámica constituye la más notable influencia en la creación y posterior sistematización de la casida del periodo clásico, hemos de decir que esta poesía está muy lejos de responder a la rígida estructura formal que más tarde caracterizaría a la casida clásica, y hace gala de una naturalidad, libertad e independencia muy propias de los periodos preclásicos, previos a las definiciones de dogmas y escuelas. La descripción (awsaf) es quizá la característica más visible y constante de la poesía árabe preislámica. A diferencia de un cierto modo de sentir del espíritu occidental, e incluso de una cierta clase de poesía árabe durante el periodo islámico, que tiende a percibir la poesía sólo en los sentimientos; la sensibilidad del árabe preislámico se identificaba plenamente con la naturaleza y también al describirla sentía y creaba poesía[7]. Así, el poeta árabe preislámico describe todo cuanto queda al alcance de su mirada –la amada, su montura[8], la tormenta o incluso objetos de manufactura humana– con una extraordinaria profusión de metáforas, hipérboles y adjetivos, y por un uso extendido de la sustantivación de éstos últimos[9], que dificultaría en grado sumo la traducción de estos poemas a otras lenguas, si no fuera por los comentarios que los acompañan. Esta sustantivación de los adjetivos parece haber sido característica de las formas más arcaicas de las lenguas semíticas, que en algunos casos habrían derivado hasta la total eliminación del lexema adjetivo. En el caso de las poesía preislámica quizá se trate de un residuo de estos usos lingüísticos, pero con un objetivo puramente estético[10]. No es de extrañar que, dado el espíritu libre y provocador de muchos poetas yâhilíes, algunos de ellos tuvieran a gala beber hasta embriagarse, a pesar de las censuras de algunos de sus conciudadanos. De este modo, el tema del vino se convirtió enseguida en tema central para algunos poetas como ‘Amr ibn Kulthûm at-Taglibî. La ronda, la invocación al escanciador, las esclavas cantoras presentes en la taberna o las inhibiciones y los cambios de conducta de los consumidores de alcohol fascinan inmediatamente el espíritu de aquellos hombres que encontraron en el vino un modo de pasatiempo para desconectar de la dura vida del desierto. Nace así un tema literario que influiría de muy diversos modos en la literatura árabe, en particular, y en la islámica, en general. En el caso árabe tenemos el género de la hamtiya, durante el periodo neoclásico abbasi. En el caso islámico, más concretamente en la literatura sufí, nos encontramos con un extenso empleo del tema del vino como símbolo del éxtasis místico. Una vez más, podríamos estar en presencia de un trasvase formal, pero en este caso, al contrario que la evolución observada durante el periodo preislámico, desde un tratamiento más cotidiano e intrascendente hacia planteamientos espirituales más elevados, aunque sin perder ese espíritu de libertad y provocación que comparten la poesía sufí y la árabe preislámica. Otro tema frecuente de estas casidas son los consejos morales o máximas sapienciales, conocidas en árabe como hikma (sabiduría). Si bien esta temática se prolongó en la literatura árabe posterior a través textos como las fábulas de Luqman, de posible influencia griega a través de la literatura siriaca, la hikma de estos poemas probablemente procede de fuentes propias, dado que la sociedad donde florecen estos poemas estaba basada en una gerontocracia y en el respeto a la prudencia y la sabiduría de sus ancianos. De nuevo, las cualidades y los defectos
del beduino, personaje arquetípico del árabe preislámico,
salen a la luz en la poesía yâhilí. Así,
el elogio de uno mismo y de la propia familia o clan, tan conectado con la
idea de la ‘asabîya[11] preislámica, tienen una
presencia central en la temática de este tipo de poesía.
Raramente se alaban las virtudes individuales, y cuando se hace, el elogio
queda enmarcado en un contexto colectivo pues, desde la perspectiva de esta
sociedad, la cualidades del individuo eran un reflejo de la sociedad de la
que formaba parte, e igualmente en lo que respecta a los vicios de otros individuos
o tribus, que tan a menudo se criticaban en estos poemas. Esto se explica
por la estrecha solidaridad y el profundo apego del beduino a su grupo, de
modo que buena parte de la individualidad se integra en la “personalidad colectiva”
del clan[12]. A través de los temas esbozados –el vino, la hikma o el autoelogio– podemos descubrir la polifacética identidad del poeta yâhilí: transgresor de la moral, usos y costumbres de su época, pero a la vez mantenedor de la sabiduría de sus mayores y orgulloso de su pertenencia al grupo. Otro de los usos sociales de esta civilización que fue habitualmente tratado en su poesía es la costumbre del rapto de mujeres de otros clanes, apuntado por autores como Imru’ al-Qais ibn Huyur al-Kindî o ‘Antara ibn Shaddâd al-‘Absî. Esta práctica se podía emplear como castigo a los enemigos vencidos en la batalla o, en ocasiones, se desencadenaban hostilidades contra otros clanes con la única intención de raptar a sus mujeres. La escasa densidad demográfica de la región provocaba que muchos grupos humanos permanecieran aislados del contacto con otros clanes durante largos periodos de tiempo o al menos no les permitía establecer unas relaciones sociales estables con otros colectivos. Esta circunstancia podía generar una fuerte endogamia dentro de las tribus, que en ocasiones era necesario contrarrestar con la introducción de sangre nueva a través del secuestro de doncellas. Además, está costumbre estaba íntimamente conectada con la práctica del wa´d, según la cual muchos padres enterraban vivas a sus hijas recién nacidas, defraudados por no tener un hijo varón. Esta costumbre, quizá exagerada en su importancia por las crónicas islámicas posteriores, ayudó no obstante a que el número de mujeres en muchos clanes fuera sensiblemente inferior al de los hombres. Pero la costumbre del rapto de mujeres no solo respondía a una necesidad social, pues es conocido que ciertas tribus glorificaban esta práctica, basándose en un muy particular concepto de la virilidad. Si comparamos la poesía árabe preislámica con la producida durante el periodo musulmán, descubrimos que el panegírico ocupa un lugar mucho menos importante en el primer caso que en el segundo. Quizá debamos buscar la explicación en el hecho de que el beduino preislámico casi siempre dependiera de sí mismo y de su clan para obtener su sustento, a diferencia del poeta urbano de la época islámica clásica que en muchas ocasiones escribía poesía de manera profesional y vivía integrado en un sistema de clientelismo que lo obligaba a componer panegíricos en honor de los mecenas de los que dependían económicamente. Sin embargo, no podemos considerar esta afirmación como una regla fija, pues se pueden encontrar numerosos poetas independientes durante la época clásica del Islam, así como poetas preislámicos usados como portavoces y propagandistas de ciertas tribus que los mantenían económicamente. Para concluir, podríamos decir que la poesía árabe preislámica nos muestra una sociedad y una cultura mucho más cercanas y familiares de lo que a priori pudiéramos imaginar a los ideales islámicos que más tarde se impusieron. Más que una ruptura radical, estos nuevos ideales no lo fueron tanto sino que más bien representaron una “depuración” de ciertas actitudes y costumbres que resultaban incompatibles con los principios del Islam, pero a la vez respetaron e incluso promovieron otras ya existentes en aquella sociedad, juzgada quizá demasiado a la ligera como “época de la ignorancia”. [1] “La época anterior a la revelación
coránica suele recibir el nombre de yâhilîya, palabra
habitualmente puesta en relación con el significado de “ignorar” que
tiene clásicamente el verbo correspondiente. Sin embargo, en su origen
el yahl no se opone al ‘ilm (conocimiento, ciencia) sino al
hilm (autocontrol, desapasionamiento, sensatez). Con lo cual,
esta época no habría sido caracterizada por la ignorancia sino
por el impulso de una pasión desbocada e irreflexiva.”
Literatura árabe preislámica, Revista Alif Nún nº29, julio 2.005 (N. de la Redacción). [2]Muchos de los llamados “pueblos primitivos” han desarrollado esa especial intuición, inmediata y visceral, a la hora de plasmar la poesía. Así, por ejemplo, el niponólogo español Vicente Haya define la poesía tradicional japonesa llamada haiku como: “una intuición natural que se hace poesía”. Para más información, véase Vicente Haya Segovia, El corazón del Haiku:la expresión de lo sagrado, Mandala Ediciones, Madrid, 2.002. (N. de la Redacción). [3]A falta de pruebas históricas y científicas sólidas, este tipo de hipótesis basadas en supuestos préstamos también han sido empleadas para dar explicación al fenómeno religioso islámico. [4]En apoyo de esta teoría “totémica” se presenta el hecho de que el ragaz, el más antiguo metro de entre todos los de la poesía árabe, coincida en su ritmo con las dos cadencias más usuales, lenta y rápida, del caminar del camello. [5]La peregrinación a la Kaaba, uno de los cinco pilares del Islam, se realizaba desde tiempo inmemorial en la Arabia preislámica. En esta peregrinación se honraba a los centenares de divinidades que formaban parte del panteón de la Kaaba. Con la llegada del Islam, se conservó el espacio sagrado de la Kaaba, pero el culto de las numerosas divinidades se sustituyó por el del Dios Único. [6]Nos referimos aquí básicamente a las mu‘allaqat, la más importante recopilación de poesía árabe preislámica. [7]Algunos autores como Imru’ al-Qais llegan al extremo de evocar poéticamente los excrementos de los antílopes o las boñigas de los camellos que quedan esparcidos por el suelo tras levantar el campamento. Una vez más descubrimos la conexión entre diversas “poesías primitivas” escritas en latitudes y tiempos muy diferentes. Es el caso del “haiku feísta”, llamado así por tratar poéticamente temas aparentemente desagradables, y que en el caso de la poesía japonesa tradicional se convirtió en un género en sí mismo. Para más información, véase Vicente Haya Segovia, El corazón del Haiku:la expresión de lo sagrado, Mandala Ediciones, Madrid, 2.002. (N. de la Redacción). [8]A la que se le atribuye en ocasiones cualidades humanas. Así, el poeta ‘Antara dice de su camello que “aborrece los estanques enemigos” [9]Así, la camella es la “veloz”, el chacal es el “gris”, la perdiz es la “saltadora” o el hierro es el “agudo” (o, en lengua etíope, el “sólido”.), etc. [10]Todavía hoy, algunos pueblos como los beréberes hacen dar distintos nombres a ciertos objetos durante diferentes momentos del día. [11][...] “principio de solidaridad interna por el que la tribu actúa como un solo hombre en defensa de sus miembros, de sus aliados, sus protegidos y sus huéspedes; y ello con independencia de la justicia o injusticia de los actos que susciten esta reacción unánime.” Dr. Abdul Karim Zaidan, Introducción al estudio de la Sharî‘a islámica (I), revista Alif Nûn nº 30. [12]Esta integración tan intensa del individuo en la sociedad que lo acoge es característica de la mayoría de las culturas y civilizaciones tradicionales. Así, Sudhir Kakar, en su obra The Inner World (Oxford University Press, Delhi, 1.978, p. 86) dice: “el anhelo de la presencia confirmatoria del ser amado es la modalidad dominante de las relaciones sociales en la India, especialmente en la familia extensa. Dicha «modalidad» se expresa de varias maneras, pero coherentemente, es la sensación de desamparo que siente una persona cuando los miembros de su familia están ausentes, o en su dificultad para tomar decisiones por sí sola. En resumen, a lo largo de su vida, los hindúes normalmente dependen del apoyo ajeno para solventar las exigencias que impone el mundo exterior.” Citado por José Antonio Marina, El misterio de la voluntad perdida, Editorial Anagrama, Barcelona, 1.997. |
|
©
KÁLAMO LIBROS, S.L. Copyright, Madrid
2005 - Ap. Correos 41018
- 28080 MADRID (España)
|