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Poema
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Estimados lectores:
El número de este mes trata como
asunto central el tema de la Naturaleza. Dos de los artículos, desde
perspectivas muy distintas, abordan este tema. El primero de ellos analiza
la visión sagrada que tenían de la Naturaleza las distintas
civilizaciones tradicionales, y en especial la islámica; y propone
esta visión como una alternativa real para enfrentarnos al grave
problema ecológico que acucia a la civilización moderna. El
segundo de los artículos dedicados al tema nos aproxima a la relación
entre la Naturaleza y el mundo andalusí, visto a través de
los ojos de la literatura medieval de la España musulmana. Para completar
el presente número, una nueva charla del profesor Abderrahman Mohamed
Maanan nos acerca a la idea que los musulmanes tienen de Allah, tratando
de derribar los tópicos que existen en la cultura occidental al respecto.
El último de los artículos se acerca a la excepcional aunque,
por desgracia, desconocida figura de Ahmad Qazâli, uno de los grandes
sufíes persas, hermano del mucho más famoso Muhammad Qazâli,
conocido en occidente como Algazel.
La Dirección.
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El hombre moderno necesita desesperadamente una nueva
visión de la Naturaleza y de su propia relación con ella para
asegurar su supervivencia, no sólo desde el punto de vista moral,
sino desde el estrictamente físico. Hoy en día, cada vez un
mayor número de personas ha comprendido que la meta de la conquista
de la Naturaleza, que parecía el objetivo más obvio de la
civilización moderna, no puede prolongarse por más tiempo.
De algún modo, algo ha ido mal en la aplicación de una ciencia
que pretende proporcionar un “conocimiento objetivo” de la Naturaleza pero
que, sin embargo, prescinde en su ecuación de cualquier consideración
espiritual y metafísica, de manera que la aplicación de tal
ciencia ha contribuido a la destrucción de su propio objeto de estudio.
Quizá un conocimiento del enfoque que otras tradiciones espirituales
tienen de la relación entre el hombre y la Naturaleza puede ser útil
para que la civilización moderna se enfrente a la crisis ecológica
actual, en lugar de relegar al campo de la seudo-ciencia a cualquier otro
modelo de conocimiento que no encaje dentro de sus parámetros.
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Los poetas andalusíes, obligados a desplazarse
frecuentemente por las necesidades de su condición, debieron de tener
ocasión de contemplar todo tipo de entornos y paisajes, de modo
que dejaron transparentar en sus versos algo del concepto que se habían
formado sobre el medio en el que vivían. Así, a partir del
siglo XI, se manifiestan en al-Andalus modos de sentir y comprender que son
propios de los habitantes de esta tierra y que los alejan de los musulmanes
árabes orientales a los que, hasta entonces, los andalusíes
habían rendido una especie de “vasallaje artístico”. Algunos
temas iniciados en el oriente musulmán van a tomar en al-Andalus un
desarrollo que parecerá invadir toda la producción poética.
La poesía que incorpora elementos de la naturaleza –inerte o viva–,
como ciudades, palacios y lugares placenteros, valles y montañas,
jardines y vergeles, aguas mansas y torrentes, o el mar y los barcos, podría
ser considerada, dada su gran producción e importancia, como esencialmente
andalusí. Por el contrario, otros temas que pertenecen al fondo común
de la literatura árabe no tienen en al-Andalus más que un lugar
accesorio. Son los dedicados a describir los fenómenos atmosféricos,
los cuerpos celestes o los animales, tanto salvajes como domésticos.
Sin embargo, cabe destacar que a estos últimos temas –ya muy repetidos
en oriente y convencionales por su antigüedad, su frecuencia y su expresión
estereotipada– el poeta andalusí sabrá insuflarles vida nueva
con una interpretación más antropomórfica de la naturaleza.
Este color local es el que confiere a la literatura hispano-musulmana, y
a la poesía en particular, un toque de imaginación que tiñe
incluso aquellos temas que pasan por ser convencionales y que, a partir
del siglo XI, la distinguen definitivamente de la oriental.
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Una persona es considerada como musulmana por el
resto de los musulmanes en cuanto dice una frase que consiste en una negación
y en una afirmación. Esa frase es lâ ilâha illâ
Allâh, comúnmente traducida por “no hay más dios
que Dios”, pero que, de momento, nosotros expresaremos como “no hay ilâh
más que Allâh”, de modo que vamos a ver qué
significa la palabra ilâh –que aquí aparece como
ilâha por cuestiones de declinación– para descubrir
qué es lo esencial del Islam. Cuando buscamos en cualquier diccionario
de árabe, la palabra ilâh aparece
con el significado de “dios” pero, no obstante, sabemos que el tema es mucho
más complejo.
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Ahmad Qazâli Tusi nació en Tâyerân
de Tus, en Jorâsân, en el noreste de Irán. Era el hermano
pequeño del imán Mohammad Qazâli [más conocido
como al-Gazal en Occidente y en los países árabes]. Algunos
investigadores consideran que su apellido, Qazâli, está relacionado
con un pueblo llamado Qazla, cerca de Tus; esta hipótesis, sin embargo,
no es muy correcta y seguramente se trata de una alusión al oficio
de tejedor de su padre, por el que le conocían como Qazâl y
a sus hijos como Qazâli.
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CUANDO VUELVA AL LÍBANO
Cuando vuelva al Líbano,
mañana por la mañana,
repicarán las campanas
en el pueblito donde
nacimos, tú y yo.
Cuando vuelva al Líbano,
el almuecín
orará
desde lo alto de la mezquita,
por ti y por mí.
Cuando vuelva al Líbano,
sonarán las sirenas de los barcos
de Tiro, Sidón y Beirut,
cuando nos vean llegar,
sonrientes de volver a casa.
Cuando estéen
mi amado Líbano,
¡Ya no seré más emigrante!
¡ nunca más exiliado!
Porque la patria ya demasiado ha llorado
por ti y por mí.
En mi querida tierra libanesa,
brotarán más rojas anémonas,
en todas las campiñas
y en la tierra
donde nacimos, tú y yo.
Cuando vuelva
en mi entrañable Líbano,
podremos caminar por todas partes,
hablar y decir lo que pensamos
y nunca más, nos callen la boca al gritar: "Libertad".
Cuando esté en el Líbano,
el cielo será más azul,
el mar se engalanará de brillantes diamantes,
el blanco de las montañas del Líbano y AntiLíbano,
serán las sábanas para regar nuestras lágrimas
por tan larga ausencia.
Los cedros
sagrados y milenarios,
alzarán sus fuertes brazos al espacio,
para mostrar las cadenas del exilio,
gritando a los cuatro vientos:
¡Libertad!... ¡Libertad!-
Esta es la última canción que te canto, a ti,
son mis efímeros versos que esta madrugada te escribo,
es el sueño de los que luchan por la justicia y el amor para
ser hermanos,
¡Por que, ni tú y yo!
Nunca más volvimos, a nuestro amado Líbano.
Amir
Ibn Taufik
Historiador, escritor y
poeta libanés
Enero 2006
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