LENGUA Y LITERATURA ÁRABE DE AL-ANDALUS (II)

- Redacción Alif Nûn -



Métodos de difusión de la lengua y cultura árabes en al-Andalus

Si los andalusíes tendían cada vez más a diferenciarse, por sus características étnicas, del resto de los musulmanes, incluso de sus más cercanos vecinos magrebíes, continuaron siendo orientales por el uso general que hacían de la lengua árabe. En sus relaciones cotidianas, tanto a nivel público como doméstico, podían servirse del árabe dialectal, del bereber o de las lenguas romances, pero en sus relaciones oficiales y en la correspondencia administrativa tan solo empleaban el árabe clásico. Si bien el uso del árabe clásico correspondía a una necesidad de las cancillerías, también era consecuencia de un gusto real por la cultura literaria.

El florecimiento de letrados que tuvo lugar en el siglo XI no sólo fue debido a la protección y a la libertad que los gobernantes otorgaron a todas las manifestaciones intelectuales y filosóficas, sino a la manera en que se implantó la enseñanza del árabe clásico en al-Andalus.

Poseemos información muy precisa respecto a la metodología pedagógica al uso en el al-Andalus de aquel periodo. Textos como el capítulo especial de los Prolegómenos de Ibn Jaldún nos aportan una información muy valiosa sobre la enseñanza musulmana en sus variantes andalusí y magrebí. Otra fuente de información son los currículos de biógrafos y cronistas árabes de la época que todavía se conservan, donde se hace una detallada referencia a su formación académica.

El cadi Abu Bakr Ibn al-‘Arabi –citado en los Prolegómenos de Ibn Jaldún– propone a los musulmanes orientales el método de enseñanza adoptado por los andalusíes, en el que la poesía –desde la preislámica hasta la contemporánea del periodo abbasí– era estudiada antes que cualquier otra disciplina. He aquí sus palabras: “Como los poemas eran, para los antiguos árabes, registros en los cuales incluían todo lo que les parecía importante, haría falta comenzar por el estudio de la poesía y su lengua. La corrupción gradual del lenguaje hablado lo exige imperiosamente. El alumno pasaría a continuación al estudio del cálculo...después se pondría a leer el Corán, cuyo estudio le resultaría fácil gracias a estos trabajos preliminares.”

Un humanismo, incierto todavía en sus tendencias pero determinado en sus métodos, vino a caracterizar el sistema educativo andalusí. La enseñanza constaba de tres ciclos –primaria, secundaria y superior– y se impartía en todos los lugares. Las aldeas y los pueblos disponían de escuelas primarias, los centros urbanos más poblados disponían de enseñanza secundaria y en las grandes ciudades como Sevilla, Córdoba, Toledo o Zaragoza se podía acceder a la enseñaza superior, aunque ésta última se confundía en ocasiones con la secundaria dado que el sistema educativo no se encontraba regulado ni retribuido por el Estado. A pesar de ello, los maestros recibían con frecuencia pensiones y salarios, ya fueran en dinero o especies, de parte de las autoridades o de las familias de los alumnos más acaudalados, que lo consideraban como un deber religioso. En este aspecto cabe destacar al califa omeya al-Hakam, que ofreció subvenciones a los maestros que enseñaban a los alumnos procedentes de familias sin fortuna.

En al-Andalus no se dieron las grandes universidades al estilo de las de el Cairo o Bagdad, como consecuencia, entre otras cosas, de la fragmentación política del periodo de los reinos de taifas, que trajo consigo la descentralización de la actividad intelectual. Así, la ciudad de Córdoba, importante centro de estudios en el siglo X bajo gobierno de los Omeyas, perdió buena parte de su prestigio a partir del siglo siguiente.

Materiales y obras estudiadas

Podemos afirmar que el ciudadano andalusí medio se formaba en la cultura general hasta los veinte años y que, a partir de entonces y una vez entrado en la edad madura, se especializaba en la disciplina elegida, aunque siempre conservaba de su primera formación una impronta que se reflejaba en el gusto por la poesía y la prosa rimada. Hasta tal punto esto era así que, según el ya citado Abu Bakr Ibn al-‘Arabi, el estudio de la poesía clásica llegó a tener incluso más importancia y prestigio que el aprendizaje y la recitación del Corán. Sólo tras la entrada en escena de los almorávides, en el siglo XII hubo un nuevo auge en el estudio y prestigio de las ciencias religiosas.

Abu Bakr Ibn Jayr, autor del siglo XII, nos ha dejado la Fahrasa, un documento de gran importancia sobre los estudios que en su época se hacían en al-Andalus, y entre los que se incluían antologías poéticas con o sin comentarios[1], misceláneas literaria[2], monografías lexicográficas[3] o rarezas filológicas (nawâdir). La lista de Ibn Jayr está lejos de estar completa, pues no cita más que una pequeña parte de las obras leídas y estudiadas. No obstante, nos proporciona una visión general y bastante aproximada del panorama literario del al-Andalus de los siglos XI  y XII. 

Numerosas copias de libros pertenecientes a la famosa biblioteca del califa omeya al-Hakam circulaban entre la culta sociedad cordobesa. Así, títulos como el Kitab al-Agani, de Abu-l-Faray al-Isbahani, uno de cuyos primeros ejemplares fue adquirido por al-Hakam, se leía en ciertos cursos de literatura. A pesar de su reducido número de copias en circulación, este libro de canciones ejerció una considerable influencia en los entornos más ilustrados de toda al-Andalus, dada la inclinación hacia la poesía y la música que se daba en estos ambientes.

Tras la caída de la dinastía Omeya el patrimonio literario acumulado en Córdoba no desapareció sino que se fraccionó entre las distintas unidades territoriales en las que se dividió al- Andalus, de modo que una buena parte de la biblioteca de al-Hakam se conservó en las distintas colecciones particulares de reyezuelos, nobles en intelectuales que existían a lo largo y ancho del territorio andalusí.

Además de la ya citada obra de Ibn Jayr, otros documentos dan testimonio de la existencia de un gran número de títulos que versaban sobre el estudio de la lengua árabe. La Risala de Ibn Hazm, las Analectas de al-Maqarr o al-‘Umda de Ibn Rashiq  son buenas fuentes de información a este respecto. Así, Ibn Hazm cita el libro al-Garib al- Musannaf de Ibn Sallam al-Harawi como la obra más perfecta para llegar a conocer el vocabulario árabe. Hasta tal punto esta obra llegó a causar impactó en la sociedad andalusí que el poeta al-Abyad se encadenó los pies y prometió no quitarse las cadenas hasta no aprender este libro de memoria.

La poesía y el poeta cortesano

Los andalusíes de cualquier clase social mostraban tal gusto por la poesía que se diría que todos hubieran nacido para hacer versos o por lo menos para sentir la belleza encerrada en las sílabas rimadas[4]. No sólo aquellos que por su rango social o económico podían adquirir una alta formación cultural, sino incluso los más modestos económicamente o las gentes de pueblo privadas de cultura literaria gustaban de versificar y escuchar poesía. Así, un autor como Ibn Bassám, en el prefacio de su Dajira, nos dice que en cada ciudad habitaba “un hábil secretario y un poeta indiscutible.”

Los poetas o gramáticos iletrados (ummi) eran muy abundantes. Dado lo extendido de la enseñanza primaria, es difícil de explicar la existencia de estos poetas analfabetos, excepto por el hecho de que tomaran gusto a la poesía o a las ciencias tardíamente, escuchando a ratos perdidos a los literatos, que no dudaban en admitir en su compañía a cualquier persona, con tal de que ésta demostrara una cierta disposición y un mínimo de ingenio.

Entre los artesanos que provenían de los estratos más humildes de la sociedad también surgió un buen número de poetas. Así, Ibn ‘Ammar, que estuvo al servicio de al-Mu’tamid, sabía del provecho que se puede obtener del trato con las gentes sencillas que trabajan duramente por salir adelante. Por eso, muy frecuentemente salía en busca de las producciones literarias de aquellos artesanos que hacían poesía sobre aquellos temas relacionados con su quehacer diario y que les eran muy familiares. Fue él quien descubrió a Ibn  Yami’, tintorero de Badajoz, y a Yahia, carnicero de Zaragoza. En Calatrava, un cirujano y sangrador llamado Abu Tammam se hizo célebre por sus versos en ocasiones de un realismo repugnante, en los que describía úlceras cubiertas de moscas o entrañas de cadáveres devoradas por las aves carroñeras.

Pero la contribución de los campesinos a la vida literaria andalusí es, sin duda alguna, la más importante. Se trata de una poesía intimista que emana de unos hombres y mujeres profundamente arraigados a la tierra y la naturaleza[5]; la gracia o la rudeza de los paisajes se refleja en sus versos. Así, el ya citado Ibn ‘Ammar sintió brotar su genio creativo en la campiña de los alrededores de Silves.

La obra al-‘Umda de Ibn Rashiq, citada anteriormente, constituye un manual fundamental para conocer los estudios literarios de la época y nos puede servir de excelente guía para trazar el recorrido de la poesía árabe desde la época preislámica hasta la época dorada de la poesía andalusí durante los siglos X y XI. En esta obra cita a personajes como Abu Nuwas, el poeta más leído y admirado en el al-Andalus del siglo X e imitado hasta la saciedad durante generaciones; Ibn al-Rumi, considerado un satírico pero, a la vez, un poeta que describió como nadie la naturaleza en todo su esplendor; al-Buhturí, que junto a Abu Nuwas fue el poeta más popular entre los andalusíes y, sobre todo, el gran Mutanabbi, del que Ibn Rashiq dice que “colmó al mundo y el occidente musulmán sufrió su imperio”, ya que a la habilidad en la rima añadió el pensamiento de un filósofo.

Oriente y Occidente

El siglo X en al-Andalus conoció la profunda influencia de los mensajeros de la cultura árabe oriental. Usos, costumbres y, sobre todo, lenguaje y literatura orientales empaparon con sus modas todos los niveles de la sociedad andalusí. La corte omeya de Córdoba atrajo a hombres de letras de Bagdad como el filósofo y poeta Abu ‘Ali al-Qali, o Saíd al-Lugawi, hábil poeta y filósofo audaz. El príncipe de Sevilla Ibrahim Ibn Hayyay tenía junto a él al filósofo del Hiyaz Abu Muhammad al-‘Udrí. Pero no sólo se incorporaron hombres del letras procedentes del oriente musulmán, sino que esclavas cantantes formadas en Medina o en Bagdad eran adquiridas a precio de oro por los gobernantes de al-Andalus para que amenizaran las veladas en la corte. También se incorporaron a estas cortes cantantes libres como el persa Ziryab, junto a sus hijas ‘Ulayya y Hamduna y su alumno Mut’a.

Durante el siglo XI, la administración y la sociedad andalusíes buscan cada vez menos sus modelos culturales en el oriente musulmán. Letrados, poetas, intelectuales, cantantes y músicos andalusíes de ambos sexos no tienen nada que envidiar a los de Bagdad o Medina. No obstante, el propio Ibn Hazm nos habla todavía de la inquietud por el oriente musulmán de la sociedad ilustrada de al-Andalus en la primera mitad del siglo XI. Dice en su Risala: “el Irak es el lugar al que emigra la inteligencia comprensiva y aquellos que la poseen.” A pesar de que después de él, ya en la segunda mitad del siglo XI, decrece el deseo de viajar y empaparse de la cultura oriental, Bagdad sigue considerándose el lugar ideal, favorecedor de la inspiración de las musas. Así, bajo el dominio almorávide, el poeta Ibn Baqi dirá a su regreso de Marruecos, de donde vuelve decepcionado:

“Si [...] tras haber cruzado de nuevo el estrecho, al-Andalus me rechaza, me iré a Irak, donde todo el mundo se pondrá en pie para recibirme.”

Tal y como dice Ibn Hazm, “el alejamiento juega un papel importante”. Por desgracia, aquellos hombres de letras que habían cumplido su sueño de viajar a oriente y poner sus pies en Bagdad regresan profundamente defraudados. La envidia y la maledicencia hacían estragos tanto en oriente como en occidente.

Este proceso de desencanto respecto a oriente hizo tomar conciencia a la sociedad andalusí de su propia y original personalidad social y cultural. Se dieron cuenta, con la intelectualidad andalusí a la cabeza, de que el arte en general y la poesía oriental en particular no eran suficientes para proporcionar un conocimiento completo sobre el hombre. Al exagerar el culto a oriente se corría el riesgo de ver el aspecto puramente formal de la manifestación artística, en detrimento de las ideas. Si bien se valora en gran medida la herencia cultural respecto a oriente, también se comienza a superar cierto sentido de inferioridad provocado en parte por un cierto desdén que los orientales mostraban hacia el mundo magrebí y andalusí[6].

BIBLIOGRAFÍA


-    Enri Pérès, Esplendor de al-Andalus, Ediciones Hiperión, Madrid, 1.990.
-    Az-Zarnuji, Instrucción del estudiante. El método de aprender, Ediciones Hiperión, Madrid, 1.991.
-    Teresa Gárrulo, La literatura árabe de al-Andalus, Ediciones Hiperión, Madrid, 1.998.

NOTAS.-

[1]Destacan los mu‘allaqat, poemas pre-islámicos comentados por Ibn al-Nahhas al-Nahwi; las mufaddaliyyat, selección de poemas comentados por al-Mufaddal al-Dabbi; las asma’iyyat, comentados por al-Asmá; o la antología de poetas hudailíes.

[2]Como el Zahr al-adab del magrebí al-Husrí o el Kitâb al-adab de Ibn al-Mu’tazz.

[3]Representadas por el Kitâb al-maysir wa-l-qidah, de Ibn Qutayba.

[4]El gusto por la poesía se ha seguido manteniendo hasta la fecha entre los árabes, especialmente en aquellas sociedades menos occidentalizadas. Así, un país como Mauritania es conocido como “la tierra del millón de poetas”. Teniendo en cuenta que el territorio cuenta con dos millones de habitantes, el calificativo resulta de lo más significativo.

[5]Poesías procedentes de otras latitudes y con estilos radicalmente distintos se nutren, sin embargo, de ese mismo apego a la tierra y la naturaleza. Tal es el caso de la poesía haiku japonesa. Para más información ver Vicente Haya Segovia, El corazón del haiku: La expresión de lo sagrado, Mandala Ediciones, 2002.

[6]Todavía, hoy en día, buena parte de los árabes orientales perciben los dialectos árabes magrebíes como una cierta “degradación” de la lengua árabe.