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Poema
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Estimados lectores:
El
presente número de Alif Nûn aborda el mundo del Islam y
de la cultura árabe desde una triple perspectiva: religiosa, histórica
y lingüística. El primer artículo nos trae por primera
vez en castellano uno de los discursos de Amr Jalid, autor egipcio muy popular
entre los jóvenes de aquel país y muy polémico entre
las autoridades políticas y religiosas dado el mensaje renovador
y adaptado a las circunstancias actuales que sobre el Islam difunde entre
sus seguidores. El segundo artículo es una interesante charla en
la que se analiza el modo en que la lengua árabe y la religión
islámica se encuentran íntimamente relacionadas, y trata de
poner en duda las ideas preconcebidas acerca del Islam haciendo un estudio
de las características más significativas de la lengua árabe.
El siguiente artículo es una aproximación histórica
a los grandes imperios musulmanes de Africa occidental, que vieron el florecimiento
de la cultura y la civilización en una de las zonas del planeta actualmente
más empobrecidas. Para terminar, presentamos la segunda parte del
artículo sobre lengua y literatura árabe en al-Andalus.
La
Dirección.
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Damos comienzo a la serie de las virtudes morales. Cada vez trataremos
una virtud moral determinada indicando cómo podemos fijarla dentro
de nuestras almas, cómo la ponemos en práctica, y cómo
la adoptamos como una de nuestras virtudes morales, convirtiéndola
en un rasgo propio de nuestra personalidad y en una conducta habitual
en nuestra vida.
Sé que muchos me preguntarán
¿Por qué precisamente las virtudes morales? Y ¿Por
qué no hablamos de la Sira [vida del profeta], o de los relatos
de los compañeros del profeta? ¿Por qué las virtudes
morales y qué beneficio podemos extraer estudiándolas? Por
ese motivo he decidido que la primera cinta de la serie sea una introducción,
para explicar la importancia de las virtudes morales y especificar por
qué es necesario conocerlas y ponerlas en práctica.
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Vamos a hablar de los fundamentos
básicos del Islam. Pero, como introducción, una serie de
puntualizaciones que ponen en duda muchos de los conocimientos que tenemos
acerca de él.
El conocimiento que hay en
Occidente sobre el Islam viene muy mediatizado. A mediados y a finales
del siglo pasado, y a principios de éste, el arabismo, el orientalismo
y el africanismo empiezan a plantearse la cultura musulmana, y lo hacen
desde la oportunidad que les brinda el imperialismo colonial. Los primeros
arabistas son sacerdotes, misioneros o militares; y ellos van a sentar
la base de todo lo que entendemos en la actualidad por Islam. Evidentemente
no se trataba de una curiosidad por otra cultura sino la necesidad de
medios de dominio. Es decir, se estudia la cultura del otro o bien para
evangelizarlo, o bien para dominarlo directamente. No hay, por lo tanto,
dentro de esos primeros pasos, un interés verdadero, objetivo,
por conocer qué es el Islam. Cualquier curiosidad honesta y seria
que venga después está mediatizada por ese corpus ya creado.
Es decir, la imagen que tenemos del Islam en Occidente no ha evolucionado,
no ha cambiado; tenemos la misma que había en el siglo pasado,
la que tenían los misioneros y los militares: un Islam que no es
más que una proyección del pensamiento occidental, simplemente.
De ahí que la imagen que tenemos del Islam en Occidente justifica
más que explica.
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Varias de las ciudades “portuarias” de la costa meridional del Sahara
han sobrevivido en los tiempos modernos; ninguna de ellas tan sólida
como Kano, en el país de Hausa, al norte de Nigeria. Hoy en día,
Kano constituye un bullicioso centro de actividad comercial e industrial,
con escuelas y colegios superiores y numerosos edificios que albergan
instituciones del gobierno local y estatal. Pese a ello, continúa
siendo un lugar en donde son fáciles de detectar los nexos entre
el actual desarrollo y su pasada historia, que se observan de la manera
más patente en las murallas y puertas que rodean la parte más
antigua de la ciudad.
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Si los andalusíes tendían cada vez más
a diferenciarse, por sus características étnicas, del resto
de los musulmanes, incluso de sus más cercanos vecinos magrebíes,
continuaron siendo orientales por el uso general que hacían de
la lengua árabe. En sus relaciones cotidianas, tanto a nivel público
como doméstico, podían servirse del árabe dialectal,
del bereber o de las lenguas romances, pero en sus relaciones oficiales
y en la correspondencia administrativa tan solo empleaban el árabe
clásico. Si bien el uso del árabe clásico correspondía
a una necesidad de las cancillerías, también era consecuencia
de un gusto real por la cultura literaria.
El florecimiento de letrados
que tuvo lugar en el siglo XI no sólo fue debido a la protección
y a la libertad que los gobernantes otorgaron a todas las manifestaciones
intelectuales y filosóficas, sino a la manera en que se implantó
la enseñanza del árabe clásico en al-Andalus.
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Lo más maravilloso de nuestro amor
es que no tiene razón ni lógica.
Lo más bello de nuestro amor
es que camina sobre las aguas sin hundirse.
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Agradeceremos
que reenvíe esta Revista a un amigo para ampliar
su difusión.
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Las opiniones expresadas en los artículos representan
el punto de vista de su autor y no necesariamente el del
Editor.
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