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EL ISLAM EN ASIA ORIENTAL - Redacción Alif Nûn - Introducción
Por razones geopolíticas e históricas, el mundo occidental se ha aproximado al islámico básicamente a través de la cultura y civilización árabes. Demasiado a menudo se olvida que los árabes tan sólo representan apenas el 20% de la totalidad de los musulmanes y que las mayores concentraciones demográficas del mundo islámico se sitúan en Asia Oriental, asociada por el subconsciente colectivo occidental con el Budismo y que, sin embargo, recibió y asumió el mensaje coránico desde ya hace varios siglos. El presente artículo pretende
ser un breve acercamiento histórico a la presencia del Islam en estas
tierras, circunstancia que sirvió para enriquecer el panorama cultural
del Islam y, a su vez, para introducir savia nueva en la rica y milenaria
tradición espiritual del Extremo Oriente. China
Según la tradición de los musulmanes chinos, el Islam habría llegado a aquellas tierras en vida del mismo Profeta Muhammad e incluso antes del año 602 d.C, es decir, con anterioridad a la propagación del Islam en la totalidad de la Península Arábiga. Se cuenta que el emperador T’ai-tsung vio en sueños al Profeta Muhammad con rasgos orientales. El Profeta envió más tarde a uno de sus compañeros, Sa’d ibn Abi Waqqas, conocido en China como Wan-ko-ssu[1]. Éste llevó las partes del Corán que en aquellas fechas estaban puestas por escrito, y prometió al emperador enviarles después el resto. Más tarde, Qutai ibn Muslim, que
llevó el Islam a tierras persas hacia el 711 d.C. tras derrotar
a los sátrapas, trató también de llegar a China. Sin
embargo, la victoria sobre los chinos junto al río Talas, en el actual
Kazajstán en el año 751, no permitió que el Islam se
adentrara más allá del río Yasartes (Amur Daria), salvo
algunos miembros del movimiento zaidí [2] que
buscaron refugio en tierras chinas huyendo de la persecución de los
Omeyas. No obstante, las relaciones políticas entre el Califato y
el Imperio Chino continuaron. Así, en el año 758 d.C., el
califa envió cuatro mil hombres para ayudar al emperador chino a
sofocar una rebelión. Muchos de estos soldados permanecieron en
China, se casaron y tuvieron hijos con mujeres del lugar, creando así
algunas de las primeras comunidades de musulmanes chinos. Otras de las vías de penetración del Islam fue el comercio. Es posible que reducidos grupos de árabes hubieran arribado a los puertos del sur de China ya en época preislámica. En época islámica, se habla de presencia de musulmanes árabes en Cantón en fecha tan temprana como el año 758 d.C., y su presencia debió de prolongarse en el tiempo pues, según un libro de viajes que data del siglo IX atribuido a un tal Suleiman el Comerciante, los musulmanes que residían en Cantón poseían sus propias instituciones jurídicas. La otra línea de penetración fue la vía terrestre a través de la llamada Ruta de la Seda, que durante siglos constituyó una auténtica red de caminos que conectaba los principales centros comerciales de la Europa Oriental, el Oriente Medio y el Extremo Oriente. Ya en el siglo IX d.C., al-Mas´udi informa de sus frecuentes viajes a China en los que transcurrían largos periodos de tiempo sin ver el mar. A finales del siglo XIII, Marco Polo mencionaba la existencia de importantes grupos de población musulmana en Yunnan, al sudeste de China, y de numerosos musulmanes al servicio del emperador mongol de China. En efecto, durante la dinastía mongol (1.260-1.368) muchos musulmanes consiguieron altos cargos en China gracias a sus contactos políticos y económicos con el Asia Central. Entre 1.342 y 1.347, Ibn Battuta, infatigable viajero marroquí que recorrió todo el mundo musulmán durante el siglo XIV, pudo comprobar la existencia del estas florecientes comunidades musulmanas que existían en China, y que habitaban en sus propios asentamientos[3] . Pero la reacción xenófoba
de la dinastía Ming (1.368-1.644) cambió radicalmente la
situación. En 1.358 los musulmanes fueron expulsados de Cantón
y se prohibió el regreso a sus países a aquellos musulmanes
extranjeros que hubieran permanecido en China durante nueve o más
años. El viajero y misionero jesuita Berto de Góis (1.562-1.607)
nos informa de que en el siglo XVI la minoría islámica ya
estaba por completo sometida a las leyes chinas y había perdido la
independencia que poseyera en otras épocas, hasta el punto de tener
prohibido el uso de nombres y vestidos musulmanes, así como el derecho
a transitar por la noche en la vía pública. Esta situación
se ha prolongado en el tiempo hasta nuestros días, de modo que la
transición de del régimen monárquico al comunista no
ha variado sustancialmente la situación de los musulmanes chinos.
Se estima que constituyen el 6% del total de la población china,
concentrándose principalmente al oeste del país, en el llamado
Turkestán chino (Sinkiang)[4], aunque también los hay
en gran número en las regiones de Xian, Ningxia, Kansu o Shensi,
situadas más al este, en una de las ramas de la Ruta de la Seda hacia
Pekín. Los derechos de comunidad musulmana son reconocidos a través
de su pertenencia a las distintas “nacionalidades” que forman parte de la
República Popular China, dotando así a su especificidad religiosa
de un contenido étnico. La prohibición de adoptar oficialmente
nombres musulmanes sigue en vigor para aquellos musulmanes no pertenecientes
a ninguna de las “minorías étnicas” reconocidas por el gobierno.
Este es el caso de los hui, musulmanes pertenecientes a la etnia
han, mayoritaria en el país, y que sólo se distinguen
de estos últimos por su filiación religiosa. Malasia
Varias serían las vías de penetración del Islam en Malasia y en muchos de los territorios de habla malaya: - Por un lado, musulmanes árabes podrían haber introducido el Islam en las costas malayas, procedentes de los puertos comerciales del sur de China en los que estaban asentados desde el siglo VIII d.C. Así, se dispone de documentación de la presencia de estos comerciantes musulmanes, como P´u Lu-hsieh (Abû ‘Alî o Abû Lais) que habría visitado Borneo en el año 977, procedente de China. El Estado de habla malaya más cercano a China era el de Champa, situado en la costa del actual Vietnam Central e influenciado por la cultura hindú desde el siglo II d.C. Antes de que Vietnam se separara de China en el siglo X, se apunta la presencia de musulmanes en estas tierras, aunque la prueba material más antigua de su presencia es la existencia de dos inscripciones funerarias árabes, escritas en caracteres kúficos, datadas entre 1.025 y 1.039. Según una tradición apócrifa local, el primer soberano musulmán de estas tierras fue Po Ovlah (el señor de Allah), que abría gobernado entre los años 1.000 y 1.036, hasta que murió durante un viaje de peregrinación a La Meca. No obstante, los restos materiales, como inscripciones relativas a los reyes, nos permiten suponer que una verdadera islamización del territorio no se produjo hasta bien entrado el siglo XV, después de que Champa fuera sometido a Vietnam en 1.471. Esta nueva penetración se habría producido desde Malaca y Sumatra.
- La otra gran vía de penetración del Islam en Malasia habría sido a través de la India, principalmente desde Gujarat, a partir de finales del siglo XIII, fecha en la que este Estado indio cayó bajo dominio musulmán. Según las tradiciones malayas, la extensión del Islam desde la India hacia Malasia debe inscribirse dentro del movimiento de renovación espiritual que las comunidades sufíes protagonizaron tras la gran convulsión que supuso para el mundo musulmán la gran invasión mongol. Por el contrario, la mayoría de historiadores modernos suponen la existencia de motivaciones comerciales. Probablemente, una combinación de ambos factores serviría para explicar este proceso. La hagiografía malaya relata que el rajá de Malaca vio en sueños al Profeta, recibiendo de éste el nombre de Muhammad. Esta conversión lo llevó a recomendar a sus súbditos la conversión al Islam. Ya en terreno más estrictamente histórico, sabemos que Paramesvara, fundador del reino de Malaca, se convirtió al Islam en 1.414, adoptando el nombre de Muhammad Iskandar Sha. Su conversión tuvo motivaciones de Estado, pues fue producto de un matrimonio que le hizo emparentar con la élite de Sumatra y atraer a ese territorio hacia su área de influencia El posterior ascenso y florecimiento de Malaca como gran potencia comercial y política trajo como consecuencia la islamización del territorio malayo entre finales del siglo XV y comienzos del XVI. Una vez más, la historia y la leyenda se confunden, hablándose de un jeque llamado Abdullah que, procedente de Bagdad, habría informado al rajá del triunfo del Islam sobre todas las religiones que lo precedieron, motivo por el cual, el monarca habría ordenado la destrucción de todos los “ídolos” y “utensilios de los espíritus”, logrando así la victoria definitiva del Islam en tierras malayas antes del regreso del jeque árabe a su Bagdad de origen. La realidad, sin embargo, nos muestra
una Malasia que en la actualidad posee una población musulmana
en torno al 80%, pero en la que, sobre el elemento religioso se superpone
un fuerte componente cultural y étnico, dando lugar así a
unos de los mapas sociológicos más ricos y originales del
mundo islámico actual. Indonesia
Al igual que en buena parte del mundo malayo, en un principio el Islam penetró en Indonesia desde la India, principalmente desde Malabar, Gujarat y Bengala, y más tarde desde los puertos de Malasia y a través de las rutas marítimas que generó el intercambio comercial en esta zona. De la India meridional también procede la escuela safi‘i de jurisprudencia islámica y, a través de las conexiones entre el Islam indio y el persa, elementos chiíes. En cierto modo, la islamización indonesia fue recibida por sus habitantes como un proceso de “hinduización renovada”. En efecto, elementos panteístas y animistas de las religiones tradicionales fueron asimilados en la cultura indo-budista y posteriormente integrados en la islámica, por lo que los nuevos musulmanes no percibieron su conversión como una ruptura radical con sus usos y costumbres anteriores y recibieron la nueva religión sin grandes trastornos sociales ni políticos.
- Java: Si bien la primera inscripción
funeraria islámica en el norte de Java data del año 1.052,
la islamización completa de la isla no fue posible hasta que una
alianza de musulmanes de la costa norte derrotó al último
Mahapahit hindú de la isla. Según fuentes portuguesas, este
acontecimiento habría tenido lugar en 1.527, mientras que la historiografía
javanesa islamizada lo data en el año 1.478. Según esta última,
después de que el último soberano hindú repudiara
a una princesa musulmana cham, se desencadenaron plagas de ratas,
de avispas y otros muchos prodigios que precipitaron la decisión
de destronar al Mahaparit, liderados por los míticos nueve santos
musulmanes de la costa norte, responsables de la difusión del Islam
en Java. - Las islas periféricas: En el resto del archipiélago, el Islam siguió vinculado al comercio ultramarino y a las zonas costeras. Como en Java, se conservaron las religiones tradicionales preislámicas en el interior de casi todas las islas de Indonesia. Es cierto que el Islam consiguió extenderse a las Molucas ya en los últimos años del siglo XV, antes de la llegada de españoles y portugueses, que no pudieron impedir su expansión. Según el historiador portugués Joao Barros, el soberano de Ternate viajó en 1.495 a Gresik, en el norte de Java, para hacerse allí musulmán, y se convirtió de este modo en el primer príncipe islámico de las Molucas. La definitiva islamización de la zona fue activada por la preferencia otorgada a los musulmanes en la elección de los responsables políticos de las pequeñas comunidades rurales del interior. En su viaje a las Molucas, islas de
las anheladas especias, comerciantes musulmanes y exiliados procedentes
de la Malaca portuguesa extendieron el Islam hacia el sur de las Célebes
durante la primera mitad del siglo XVI. Allí, el reino de Gowa
(Macasar) abrazó el Islam a principios del siglo XVII y lo expandió
entre los reinos vasallos de Lombok y a otras islas menores de las Sonda. Islas Filipinas
Según las tradición musulmana de Filipinas, el Islam fue introducido en el país por árabes procedentes de la China meridional, probablemente atraídos por la pesca y el comercio de perlas. La primera prueba material de la presencia musulmana en Filipinas es una inscripción funeraria en la región de Sulú datada en 1.310. Hacia 1.390 arribó a estas tierras un rajá islamizado procedente de la región de Minangkabau, en Sumatra. Este personaje, probablemente llamado Iskandar Zu’l-Qarnain, es considerado por los musulmanes de la zona como el antepasado de los sultanes de Sulú. No obstante, remitiéndonos a las estrictas pruebas históricas, puede afirmarse que Sayyid Abu Bakr, de Malaca, parece haber sido el verdadero fundador del Sultanato de Sulú, hacia el año 1.475. Una vez más, los orígenes de este personaje son algo oscuros, y algunas fuentes lo conectan con la familia del Profeta Muhammad[7].
La otra gran zona de presencia musulmana en Filipinas fue Mindanao. Con un poder político mucho menos consolidado, su influencia política e ideológica se limitó a las zonas costeras del sur. Por último, en la isla de Luzón también vieron la luz pequeños principados musulmanes en el siglo XVI, dependientes en gran medida del Sultanato de Sulú o de Brunei, que fueron los primeros en sucumbir a la ola colonizadora europea. En efecto, Manila cayó bajo dominio español en 1.571, iniciándose a partir de entonces la larga lucha de los musulmanes filipinos por recuperar su independencia, primero contra la administración colonial española y posteriormente contra el gobierno postcolonial, mayoritariamente católico. El llamado “Frente Moro de Liberación” se ha erigido en la cara más visible y violenta de esta lucha. Los musulmanes filipinos celebran algunas de sus victorias sobre las tropas españolas, especialmente la obtenida por los guerreros del caudillo Bwisan en 1.597, que supuso la expulsión de los españoles de Sulú; y la victoria, dos años más tarde, en la que los rechazaron de las proximidades de Zamboanda (Mindanao occidental). En la actualidad, los musulmanes constituyen
aproximadamente el 5% de la población total de Filipinas, y su
presencia ha quedado restringida al archipiélago de Sulú
y Palawan meriodional, habitado por los suluneses, y a Mindanao meridional,
habitado por los magindanao. Practican los ritos islámicos
y celebran todas sus festividades, sin embargo, sobreviven también
usos y costumbres preislámicas como, por ejemplo, velar en las noches
de luna llena para alejar a los demonios mediante un redoble ritual de tambores.
Este tipo de prácticas tienen una mayor implantación entre
los magindanao que entre los suluneses, debido a que los segundos
cuentan con una tradición islámica más dilatada. Conclusión
El Islam es una tradición espiritual
con vocación universal que afecta a todos los órdenes de
la vida pero que, a medida que se ha extendido por el mundo, ha sabido
acomodarse a diversos entornos culturales y étnicos sin renunciar
por ello a su esencia. Así a sucedido en el Asia oriental, unos
territorios que han permanecido al margen de las grandes líneas de
desarrollo del Islam en sus tierras centrales, desde Marruecos al subcontinente
indio, ya sea por su tardía islamización o por su alejamiento
geográfico. Así, en estas tierras por lo general no existen
grandes monumentos que den testimonio del apogeo de la civilización
islámica y, a diferencia de las tierras centrales islámicas,
han conservado sus respectivos alfabetos, ajenos por completo al árabe,
aunque en muchos casos su literatura se ha visto enriquecida con materiales
árabes o persas, como en el caso indonesio y malayo, o turcos, en
el caso de China. BIBLIOGRAFÍA
- John Villiers, Asia sudoriental antes de la época colonial, Historia Universal Siglo XXI. NOTAS.- [1]El sepulcro de Sa’d en Cantón, construido en 629 o 633 d.C., constituye el más famoso monumento del Islam en China. [2]El movimiento zaidí es una rama minoritaria dentro del chiísmo. Próximo a las ideas racionalistas, reconoce como último imam a Zaid b. Ali (m. 122/740), quinto de la lista de doce Imames que reconoce el chiísmo yafarí mayoritario. Llegaron a constituir dos Estados independientes: uno fue Tabaristán, al sur del mar Caspio, que duró más de un siglo, y el otro en el Yemen que sobrevivió bajo diferentes formas hasta 1.962, a pesar de los ataques de otomanos, qármatas y otros. Hoy son poco numerosos y tienen presencia en algunos países como el Yemen. [3]Para más información, véase Ibn Battuta, A través del Islam, Alianza Editorial, Madrid, 2005. [5]Los cham están lingüísticamente emparentados con los habitantes de Atjeh (Sumatra noroccidental), de ahí que buena parte del flujo migratorio se dirigiera hacia esas tierras, donde la mayoría de sus habitantes era musulmana. Entre ellos encontró refugio y trono un príncipe cham después de 1.417 e incluso una tradición javanesa habla de la introducción del Islam en Java por parte de una princesa cham. 6]En este y en otros muchos otros casos del sudeste asiático o del Africa Subsahariana, fue muy habitual un modelo de conversión al Islam iniciado por las élites políticas que percibían ciertas ventajas en la conversión, mientras que buena parte de sus súbditos permanecían fieles a sus religiones tradicionales, incluso siglos después de la conversión de sus dirigentes políticos. [7]A pesar de que, en el mundo musulmán, se ha sido bastante escrupuloso a la hora de autentificar las líneas de descendencia del Profeta Muhammad, también se han dado numerosos casos en los que ciertas familias gobernantes o simplemente notables del lugar han utilizado la supuesta descendencia profética para legitimar la fuente de su poder o de su influencia política. |