|
IRÁN: LUCES Y SOMBRAS DE UNA REVOLUCIÓN - Amrei Rahman - Introducción
Quizá sea la revolución islámica de Irán uno de los acontecimientos históricos peor comprendidos del siglo XX, incluso dentro del propio mundo musulmán. Ha generando las opiniones más extremas, que van desde la adhesión inquebrantable y su aclamación como luz y guía para la liberación de los pueblos oprimidos hasta su condena más firme y su declaración como modelo de una sociedad retrógrada y anacrónica. De cualquier modo, todos estos puntos de vista han servido para atraer la atención sobre este fenómeno de dimensiones sociales, económicas, políticas y religiosas que, sin duda, ha influido e influirá de manera decisiva, no sólo sobre el devenir de un país como Irán sino sobre la totalidad de la comunidad islámica mundial y, como consecuencia, sobre el mundo entero. Desde estas páginas trataremos
de hacernos eco de los esfuerzos, triunfos y derrotas de un pueblo que,
al margen de los posibles juicios morales, ha luchado y lucha –tanto apoyando
como oponiéndose a la revolución– por la recuperación
de su identidad y por vivir de acuerdo a sus costumbres y creencias. El desarrollo de la cultura y civilización en el territorio que hoy conocemos como Irán se remonta a más de dos mil quinientos años de antigüedad, cuando varios pueblos de origen ario –la palabra “Irán” procede de la expresión “tierra de arios”– como los persas o los medas se instalaron en estas tierras. El comienzo del reinado de Ciro I en el año 550 a.C. puede ser considerado como el inicio del sistema de monarquía hereditaria que se mantuvo en el poder a través de distintas dinastías hasta el derrocamiento del último Sha en 1.979. Con la llegada de los árabes en el siglo VII d.C. se produjo la islamización del territorio, siendo la dinastía safawi (1.501-1.722) la que adoptó el Islam chií como religión oficial del Estado. La historia del Irán contemporáneo está marcada por las disputas entre las distintas potencias por acceder a los grandes recursos petrolíferos del país y por su destacada situación estratégica, que provocó los deseos de influencia sobre los diferentes gobiernos iraníes de todas las grandes potencias del siglo XX. Tras la Primera Guerra Mundial, Irán se había convertido en zona de influencia de la URSS y el Reino Unido. Políticamente, el Irán del siglo XX se caracterizó por la alternancia entre periodos de cierta implantación democrática y otros de férrea dictadura. A continuación, pasaremos a realizar
un breve resumen de los acontecimientos históricos más significativos
en Irán desde el final de la Primera Guerra Mundial hasta la caída
del Sha en 1.979:
A pesar de que la revolución islámica
de Irán fue un movimiento llevado a cabo por las clases populares,
no cabe duda de que la influencia de la figura del Ayatullah
Jomeini fue decisiva a la hora de proporcionar una justificación
religiosa a la revolución a través de sus escritos y discursos,
así como una referencia y un modelo a seguir que, desde el triunfo
de la revolución y hasta nuestros días, se ha venido inculcando
al pueblo iraní desde todas las instancias gubernamentales. A continuación, pasamos a trazar
una breve biografía de este personaje que quizá nos pueda
proporcionar algunas claves para comprender el proceso revolucionario que
se puso en marcha en Irán, y del que Jomeini es su cara más
visible. Infancia y juventud.- Ruhullah al Musawi al Jomeini nació en el año 1.900 en el seno de una familia de religiosos. Su padre fue asesinado a la edad de cuarenta y dos años y Jomeini fue criado por su madre y su tía, las cuales fallecieron en un corto espacio de tiempo cuando él tenía quince años. Epoca estudiantil.- Estudio en la ciudad santa de Qom y ya en 1.922 finalizó sus estudios universitarios, especializándose en jurisprudencia islámica y filosofía. A los veintisiete años comenzó a impartir clases de filosofía en la universidad y a la edad de treinta se casó con la hija de un clérigo musulmán, de cuya unión nacieron dos hijos y tres hijas. Actividad política. Primera etapa.- Durante la década de los cuarenta y los cincuenta, Jomeini permaneció en un segundo plano de la vida pública. Fue en este periodo cuando se fueron forjando sus ideas antimonárquicas y su marcado interés por evitar la influencia económica y cultural de las potencias occidentales en la sociedad iraní. En la Universidad Científica de Qom dio conferencias donde apuntaba la necesidad de centralizar en esta ciudad la resistencia islámica contra el gobierno del Sha. Su reputación e influencia fueron en aumento, sobre todo a raíz de los incidentes de octubre de 1.962, cuando se anuló, por decreto ley, la obligación de ser musulmán para acceder a los cargos de los Consejos de Provincias. Jomeini llamó a la insurrección popular, lo que obligó al Sha a revocar el citado decreto. Actividad política. Segunda etapa.- Estos acontecimientos sirvieron para afianzar la influencia de Jomeini dentro de la jerarquía religiosa y entre las clases populares con un fuerte sentimiento islámico. A partir de entonces se desencadenó una campaña abierta de oposición al régimen monárquico que culminó el 4 de noviembre de 1.964 con la detención y posterior deportación de Jomeini a Bursa (Turquía), donde permaneció bajo arresto domiciliario hasta octubre de 1.965, fecha en la cual logró trasladarse hasta Nayaf (Irak), tradicional refugio de los clérigos chiíes[2] . A pesar de esta circunstancia, sufrió desde un primer momento el acoso del gobierno irakí, hasta el punto de que Mustafa, hijo mayor de Jomeini, fue asesinado según todos los indicios por agentes de la SAVAK y del servicio de inteligencia irakí, el 23 de octubre de 1.977[3]. Mientras tanto, los acontecimientos se precipitan en Irán. Alarmadas por la situación en el país vecino y por la posible influencia de este clima de revuelta dentro de sus propias fronteras, las autoridades irakíes expulsaron a Jomeini, lo que le obligó a trasladarse a la pequeña localidad de Neuplhe-le-Chatêau, en las afueras de París. Desde allí reorganizó toda la oposición antimonárquica que culminó con su regreso a Irán el 1 de febrero de 1.979, donde fue recibido por una multitud de más de seis millones de personas.
Los relatos populares y las numerosas
hagiografías de Jomeini escritas en Irán durante los últimos
veinticinco años no ahorran anécdotas sobre su austeridad
en la vida diaria o sobre las numerosas virtudes de su carácter[4]. A su
muerte, una multitud de diez millones de personas asistió a sus funerales. Política interior.- Según el principio 26 de la Constitución de Irán, está permitida la organización y actividad de partidos políticos y sindicatos. En la práctica, la presencia de este tipo de organizaciones –tal y como son concebidas en las democracias occidentales– en la vida política del país es prácticamente inexistente. Algunos partidos políticos, como el comunista Tudeh, que participaron activamente en la lucha contra la monarquía del Sha, desaparecieron por completo de la actividad pública y pasaron a la clandestinidad[5]. Algunas organizaciones armadas de inspiración comunista como los Muyahidin Jalk o los Fedayines del Pueblo tuvieron una importante actividad durante los primeros años tras la revolución[6], pero perdieron buena parte de su base social cuando se conocieron sus vínculos con el régimen de Saddam Husein. Los principales medios de representación
popular son: Asamblea Consultiva Nacional.- Ejerce el poder legislativo, encargándose de aprobar los proyectos de ley y de aceptar o rechazar al Primer Ministro y a los ministros. Está formada por doscientos noventa representantes elegidos por el pueblo cada cuatro años. Las minorías religiosas representativas (cristianos de diversas confesiones, zoroastrianos y judíos) poseen miembros en la cámara en proporción su número de fieles. Los debates de la Asamblea son públicos y difundidos por radio y por escrito. Consejo de Vigilancia.- Formado por seis juristas y seis eruditos en jurisprudencia islámica, comprueba que las decisiones de la Asamblea Consultiva estén de acuerdo con los principios islámicos y decide qué candidatos pueden presentarse a Presidente de la República. En la práctica, este amplio “derecho a veto” convierte a los miembros de esta institución –elegidos de manera completamente endógama, pues pasan a formar parte del Consejo a propuesta de los miembros que ya pertenecen a éste– en los verdaderos gobernantes del país. Consejos Consultivos.- Son consejos de provincia, distrito, ciudad, comarca y aldea, elegidos por votación popular. Su función es la de agilizar las relaciones con el gobierno central y así facilitar los programas sociales, económicos o sanitarios. Existen también consejos formados por representantes de los sectores industrial, agrícola, educativo, administrativo y de servicios, todos ellos coordinados por el Consejo Superior de Provincias. Presidente de la República.- Elegido por votación popular por un periodo de 4 años, junto al Primer Ministro y los distintos ministros, es el responsable del ejercicio del poder ejecutivo. Comités Revolucionarios Islámicos.- Formado por voluntarios organizados en milicias populares que cuidan de la seguridad en ciudades, aldeas y fronteras. Guardianes de la Revolución.- Formados a partir de los Comités Revolucionarios, son considerados como cuerpos de élite encargados de la lucha antiterrorista o la persecución de tráfico de drogas. Una de sus actividades más polémicas es la del mantenimiento del “orden moral” de la sociedad iraní. Esto incluye la vigilancia en lo que respecta al uso de la “vestimenta islámica”, lo que los faculta a detener a cualquier ciudadano o ciudadana que no cumpla con estas normas, que en el caso de la mujer, sea o no musulmana, implica el uso del hiyab o velo y, en los primeros años tras el triunfo de la revolución, la prohibición del empleo de cualquier tipo de maquillaje. No obstante, en los últimos años el régimen ha relajado ostensiblemente la presión sobre la población en este aspecto. Política exterior.- “América es el gran Satán, Inglaterra peor que América, América peor que la Unión Soviética, y la Unión Soviética peor que los dos”. Esta frase del Ayatullah Jomeini ilustra claramente la actitud del gobierno de la República Islámica frente a las grandes superpotencias, a las que no se perdona fácilmente su apoyo al régimen del Sha, en el caso de Estados Unidos y el Reino Unido, ni el apoyo al partido comunista Tudeh, en el caso de la Unión Soviética. Este posicionamiento teórico quedó demostrado en la práctica con el asalto a la embajada de los Estados Unidos en Teherán el 4 de noviembre de 1.979 bajo la acusación de albergar a un “nido de espías”, según palabras de Jomeini. Los secuestradores –estudiantes universitarios apoyados por la cúpula religiosa– también demandaban la entrega del Sha por parte de los Estados Unidos a cambio de la liberación de los secuestrados, así como la restitución de los bienes que la familia real sacó de Irán, que se estimaban en unos 32.000 millones de dólares[7]. El secuestro supuso la dimisión del presidente Bazargán, dado que los pasdaranes (guardianes de la revolución) que envió a defender la misión diplomática americana hicieron causa común con los secuestradores. Los rehenes fueron liberados a principios de 1.981 sin que se cumplieran ninguna de las demandas iraníes. Los soviéticos también pudieron comprobar la política iraní contraria a las grandes potencias cuando sufrieron el asalto a su embajada por parte de miles de manifestantes a principios de 1.988, acusando a la Unión Soviética de la venta de misiles a Irak. No obstante, y a pesar de estos acontecimientos, las relaciones con la Unión Soviética no se rompieron en ningún momento, a diferencia de lo ocurrido con los Estados Unidos[8]. El gran acontecimiento que marcó los primeros años de la joven República Islámica es el conflicto armado que enfrentó a Irán frente a Irak. Aprovechando la aparente anarquía revolucionaria que afectaba a Irán, El 7 de septiembre de 1.980 las tropas irakíes penetraron en territorio iraní, apelando a antiguas reclamaciones territoriales sobre ciertos territorios fronterizos entre ambos países. Desgraciadamente, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas no protestó contra la invasión y fue sólo posteriormente, cuando el ejército iraní penetró en territorio irakí mediante una serie de contraofensivas, que se iniciaron los primeros intentos serios por conseguir la paz. La mayor parte del mundo árabe se posicionó a favor de Irak, excepto Libia, Argelia y especialmente Siria, que rompió relaciones con Irak a finales de 1.980 por la venta de armamento a Irán. También las potencias occidentales, con los Estados Unidos a la cabeza, tomaron partido claramente a favor del gobierno irakí, al que prestaron un importante apoyo económico, militar y estratégico, dado que consideraron la invasión irakí como un modo de evitar las extensión de las aspiraciones revolucionarias iraníes a otros países de su entorno. En el caso de Estados Unidos, el apoyo llegó hasta el punto de intervenir directamente en el conflicto, con diversos enfrentamientos navales contra la marina iraní en el Golfo Pérsico o mediante el apoyo aéreo a las tropas irakíes en su ataque sobre la península de Fao. La Unión Soviética, sin embargo, mantuvo una postura mucho más ambigua y estableció plenas relaciones con ambos contendientes, aunque no era un secreto su preferencia por la victoria de el baasismo irakí, aunque sólo fuera por su cercanía ideológica. El conflicto finalizó tras ocho
años de enfrentamiento y más de un millón de muertos,
regresando al status quo anterior a la invasión de 1.980.
El fin de la guerra fue considerado por Jomeini como un “veneno”, dado que
Irán no pudo culminar su propósito de expulsar del poder a
Saddam Husein[9].
Sólo en 1.990, cuando las tropas irakíes invadieron Kuwait,
fiel aliado de las democracias occidentales, parece que éstas descubrieron
la verdadera naturaleza del régimen de Saddam. La década de los noventa, marcada por la muerte de Jomeini y el final de la guerra contra Irak, se caracterizó por una cierta normalización de las relaciones con la comunidad internacional. Gobiernos conservadores y aislacionistas se han ido alternando con otros más aperturistas y pragmáticos. No obstante, la situación parece que ha vuelto a crisparse a raíz de la reanudación del programa nuclear iraní que, según acusaciones de algunos gobiernos occidentales, estaría orientado hacia fines militares. El otro punto de fricción lo constituyen las recientes declaraciones del actual Presidente de la República, Mahmud Ahmadineyad, donde apunta la necesidad de acabar con el Estado de Israel. Ambos asuntos, el programa nuclear iraní y las relaciones con Israel, están en cierto modo relacionados, ya que uno de los reproches de la diplomacia iraní ante la comunidad internacional se basa en el “doble rasero”que, según la opinión de la República Islámica, se aplica a la hora de tomar medidas frente a la proliferación de arnas nucleares en la zona, dado que Israel ha podido desarrollar su programa nuclear con fines militares ante la absoluta permisividad de instituciones como la ONU o la Agencia Internacional de Energía Atómica[10]. Economía y sociedad.- El 7 de julio de 1.979 el Consejo Revolucionario nacionalizó la Banca y abolió el interés. Trece bancos extranjeros y quince iraníes pasaron a formar parte del sector público. Esta medida marcó el posterior desarrollo de la vida económica del país y limitó en gran medida las inversiones de capital extranjero. Los primeros pasos tras la revolución se caracterizaron por una fiebre asociacionista, creándose numerosas cooperativas en los diversos sectores de producción. La Administración proporciona las diversas herramientas necesarias para este tipo de actividad económica, como es el caso de los tractores para las cooperativas agrícolas. No obstante, a pesar de esta inversión en la “economía de base”, una de las paradojas de la nueva economía iraní es la existencia de una élite económica –los llamados bazaríes– que ha sobrevivido a pesar de los radicales cambios políticos acaecidos en el país y con los que el régimen ha tenido que contar e incluso ha colaborado, haciendo gala de un pragmatismo impensable en otros aspectos de su actividad política. Diversos organismos públicos gestionan la inversión y el reparto de fondos: Comité de Ayuda Imam Jomeini.- Cubre las necesidades materiales de las personas afectadas por catástrofes naturales y ofrece la posibilidad de que aprendan un oficio[11]. Fundación para los desheredados.- Posee hoteles, cines, fábricas y periódicos cuyos beneficios deber ser destinados a los más pobres. Lucha Santa para la reconstrucción.- Cuenta con personal voluntario cuyo objetivo es acabar con el atraso en las zonas rurales, con nuevas formas de cultivo y mejoras tecnológicas. Fundación para la construcción de viviendas.- Desarrolla programas para la construcción de viviendas sociales a bajo precio. Con un producto interior bruto de 110.000 millones de dólares, Irán es la segunda economía de la región. Es el segundo productor de petróleo entre los países de la OPEP y tiene las segundas reservas mundiales de gas. No obstante, la vida diaria del iraní medio se enfrenta todavía a graves problemas, como son el elevado índice de inflación y de desempleo. El primero ronda en torno al 23% interanual y el segundo se sitúa alrededor del 25% de la población activa. De este modo, se puede afirmar que los inmensos ingresos proporcionados por la producción de petróleo no han beneficiado de un modo equilibrado y equitativo a la totalidad de la sociedad, ya que, oficialmente, un 18% de la población se encuentra por debajo del nivel de la pobreza, aunque informes de organizaciones como UNICEF estiman que la cifra podría superar los dieciséis millones de iraníes, es decir, más del 22% de la población. Irán continúa experimentando, desde mediados del siglo XX, un proceso de transformación desde una sociedad tradicionalmente rural hacia un país industrializado. La emigración desde las zonas rurales hasta las grandes metrópolis como Teherán plantea graves problemas de integración en unos espacios urbanos que en muchas ocasiones carecen de servicios e infraestructuras suficientes para absorber todo este movimiento de población[12]. Estos desplazamientos no sólo incluyen la migración interna, sino que Irán es el país con mayor número de refugiados dentro de sus fronteras, con un número superior a los cuatro millones, procedentes principalmente de Afganistán e Irak. La situación en materia de salud ha mejorado considerablemente en los últimos veinticinco años. Se han logrado ampliar los servicios preventivos de salud pública por medio de la creación de una amplia red de atención primaria. Esto ha supuesto que la mortalidad infantil, tanto en recién nacidos como en menores de cinco años, se haya reducido en más de cinco veces desde 1.970 hasta la actualidad, y que el 85% de la población tenga acceso a los servicios de salud. El tráfico y consumo de drogas es otro de los grandes retos a los que se enfrenta la sociedad iraní, dado que el 2% de la población (cerca de un millón y medio de personas) es adicta a algún tipo de sustancia estupefaciente, principalmente el opio y sus derivados. Se calcula que la droga es responsable, de un modo directo o indirecto, del 40% de los divorcios y de cerca del 70% de los delitos cometidos por la población reclusa. La posesión de treinta gramos de heroína o cinco kilogramos de opio es castigada con la horca. Si la comparamos con buena parte de los países de su entorno, la presencia femenina es elevada en todos los sectores productivos y administrativos de la sociedad. Sin embargo, no se debe perder de vista el hecho de que el porcentaje de empleo femenino se ha reducido en casi un 2% desde el comienzo de la revolución, siendo en la actualidad de tan solo el 12% de la población activa. Este dato oficial no debe hacernos olvidar que buena parte del trabajo desarrollado dentro del importante sector de la economía sumergida del país recae sobre la espalda de la mujeres, que de este modo aportan el sobresueldo necesario para la supervivencia económica de miles de familias iraníes. El régimen también impone ciertas restricciones profesionales a las mujeres, como es la prohibición de ejercer la profesión de juez, argumentado que éstas poseen un carácter fuertemente impresionable y una menor capacidad de razonamiento que los hombres. Educación y cultura.- El esfuerzo del gobierno de la República Islámica en el terreno de la educación ha sido notable, mejorando considerablemente los índices de escolarización y alfabetización desde 1.979, incluso durante el difícil periodo del conflicto armado contra Irak. De este modo, entre 1.978 y 1.986, el analfabetismo se redujo desde el 53 al 37% de la población mayor de seis años, situándose en la actualidad en torno al 18%. Sin embargo, a pesar de haberse reducido, el contraste entre zonas urbanas y rurales resulta todavía significativo, de modo que en las segundas el analfabetismo se eleva hasta el 25%. La tasa neta de escolarización es superior al 97%, y es prácticamente igual entre las niñas que entre los niños, aunque también existen grandes desigualdades entre distintas zonas de Irán, variando desde el 99% de Teherán al 84% en Sistán y Beluchistán. En su esfuerzo por instaurar los “principios islámicos” en la sociedad iraní, las autoridades han adoptado algunas medidas como la segregación sexual en las escuelas, aunque su éxito ha sido desigual, siendo las zonas rurales donde su implantación ha sido más estable. Aunque en la Universidad también se ha establecido la segregación sexual, en ciertas carreras y especialidades esta práctica se ha abandonado por completo, entre otras cosas por los problemas de orden práctico que ello supone. Diversas instituciones públicas se encargan de completar la labor educativa: Fundación de los Mártires de la Revolución Islámica.- Se ocupa de la educación de los hijos de los fallecidos a causa de la revolución o la guerra. Movimiento de Alfabetización.- Centra su trabajo en aldeas aisladas y pequeños grupos de vecinos. Organización para la Investigación Científica e Industrial.- Selecciona a los estudiantes mejor dotados y les proporciona material y medios necesarios para desarrollar programas de investigación. La actividad cultural también se ha visto favorecida, de modo que el número de asistentes a las bibliotecas públicas se ha multiplicado por veinte desde el final de la revolución. La producción editorial se ha incrementado significativamente, aunque existe un estricto sistema de censura que afecta a cualquier tipo de producción cultural (literatura, cine, etc...) y que pretende legitimarse en la supuesta protección contra la “intoxicación cultural occidental” y en la salvaguarda de los “principios islámicos” de la sociedad iraní. Derechos humanos.- Diversas asociaciones
como Amnistía Internacional acusan a Irán de la violación
sistemática de los derechos humanos[13]. Las acusaciones incluyen encarcelamientos
por razones políticas, torturas y malos tratos a presos, juicios
sin las mínimas garantías judiciales e incluso ejecuciones
extrajudiciales. También se menciona la incompatibilidad de los derechos
humanos con algunos castigos previstos en el Código Penal iraní,
como son las amputaciones de miembros o los azotes practicados públicamente,
por cometer delitos que van desde el robo al consumo de alcohol en público.
En los últimos años el régimen iraní ha dado
algunos pasos significativos en el terreno de la mejora de los derechos
humanos, como es la abolición, a finales de 2002, de la pena de
muerte por lapidación. A pesar de esta circunstancia, la República
Islámica de Irán figura, junto a Estados Unidos y la República
Popular China, entre los tres Estados que anualmente ejecutan un mayor
número de penas de muerte[14]. Sin ninguna intención de ser sistemáticos,
a continuación pasamos a enunciar una serie de declaraciones de
diversos personajes que, en mayor o menor medida, tienen que ver con la
revolución islámica de Irán y que, a nuestro parecer,
resultan significativas para conocer las fuerzas puestas en juego en este
complejo proceso histórico. - “Para lograr que las cosas se hagan, uno necesita poder, y para mantenerse en el poder uno no debe pedir a nadie permiso ni consejo. Uno no debe discutir las decisiones con nadie.” El Sha Muhammad Reza Pahlevi. Entrevista en New Republic. 1 de diciembre de 1.973.
BIBLIOGRAFÍA
- Morteza Motahari, Los derechos de la mujer en el Islam, Embajada de la República Islámica de Irán, Madrid, 1.985.NOTAS.- [1]La palabra ayatullah –transcrita a veces
como “ayatolá”– es una expresión árabe que significa
“signo de Dios”. En el contexto del chiísmo iraní, representa
uno de los grados de la jerarquía eclesiástica que se ha desarrollado
dentro de esta rama del Islam.
[2] Nayaf es una ciudad cargada de significado para la comunidad chií, ya que allí reposan los restos de ‘Alî ibn Abû Tâlib, primo y yerno del Profeta Muhammad y primero de los doce Imames que, desde la perspectiva chií, son los herederos espirituales y temporales del Profeta. [3]El partido BAAZ, de inspiración nacionalista, socialista y laica, ocupaba el poder en Irak desde 1.958. Con la llegada al poder de Saddam Husein en 1.970, el gobierno irakí incrementó la represión sobre la mayoría chií del país, asesinando o encarcelando a una buena parte de su cúpula religiosa. [4]Se cuenta, por ejemplo, que no desperdiciaba ni una gota de agua, hasta el punto de guardar la que le sobraba cuando bebía un vaso. [5]En 1.983 el Tudeh fue puesto fuera de la ley acusado de “actividades insurgentes filosoviéticas” y el ideólogo y secretario general del partido fue obligado a confesar sus supuestas actividades insurgentes ante las cámaras de televisión. [6]La actividad armada de estas organizaciones se cobró la vida de más de dos mil dirigentes islámicos en todo el país: el primer ministro, setenta diputados, siete ministros, decenas de gobernadores civiles... [7]Esta cifra supone casi el 30% del actual producto interior bruto de Irán. [8]Además de los Estados Unidos, la República Islámica de Irán rompió relaciones con Israel, el régimen racista de Sudáfrica y el Chile de Pinochet. [9]La decisión de continuar o detener la guerra contra Irak provocó no pocos desacuerdos en la cúpula del poder iraní. El que fuera Presidente del Consejo de la Revolución, el Ayatullah Montazeri, fue marginado del poder por reprochar a Jomeini el hecho de querer continuar a cualquier precio una guerra que costó la vida a toda una generación de jóvenes iraníes. Se comenta que incluso llegó a decirle que “esta guerra hubiera finalizado hace mucho tiempo si tus hijos estuvieran combatiendo en el frente”. Años después, tras retirarse a la ciudad de Qom, fue detenido y puesto bajo arresto domiciliario por criticar el sistema de gobierno y la corrupción, en sus sermones de la oración comunitaria del viernes. [10] A pesar del absoluto hermetismo mantenido por parte de las autoridades israelíes respecto a su arsenal nuclear, la mayor parte de los analistas políticos consideran a Israel como la sexta potencia nuclear tras Estados Unidos, Rusia, República Popular China, Gran Bretaña y Francia. [11]La realidad ha demostrado que sobre el terreno las deficiencias de actuación son numerosas, como es el caso del terrible terremoto que en 2004 sacudió a la ciudad de Bam, y en el que los afectados siguen exigiendo unas ayudas estatales que nunca llegan, al menos en las cantidades prometidas. [12]Teherán, una megalópolis con más de quince millones de habitantes, carece de servicio de trasporte metropolitano y es una de las ciudades con mayor índice de polución del mundo. [13]La República Islámica de Irán es uno de los países adheridos al Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, en el que los Estados firmantes se comprometen a respetar los derechos humanos establecidos internacionalmente. [14]Estos tres Estados aplican el 80% de las penas de muerte que en el mundo se ejecutan anualmente. [15]La frase indica que el recato y el pudor que la mujer iraní demuestra cuando se cubre con el velo completo (chador) es más importante para la sociedad que la sangre derramada por el hombre que muere en la defensa de su país y su religión. La pintada está fechada en la época de la guerra contra Irak. |