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La nada es el
fruto de mi constante meditación.
-Omar Jayyam- ¿Cómo podré pagarte que me hayas hecho ver la irrealidad de todo, la vanidad de todo? ¿cuánto daría yo por oír en tu voz que la nada es el fruto de tu meditación que después de la muerte hay la nada o la misericordia? Tus palabras me llegan con sabor a tu voz y me parece verte con un vaso en la mano, que levantas hacia ese firmamento resultado tan sólo de la imaginación. Si es que eres tú, Omar, arráncame una a una las certezas. Que quede tan desnudo como las claras dunas del desierto. Omar Jayyam, brindemos, porque aunque todo sea viento, espejismo, sueño, quiero seguir oyendo tus palabras, contemplar tu figura de apagada ceniza y beber en silencio el vino de tu cáliz. José Corredor-Matheos
El Don de la ignorancia. Tusquets Editores. |