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Poema.
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Estimados lectores:
En el número
de este mes tratamos de mantener un equilibrio entre distintos modos
de acercarse a la compleja realidad del Islam y el mundo musulmán.
Dos de los artículos están escritos por personalidades
no musulmanas que, aunque desde perspectivas muy distintas, tratan
de derribar ciertos estereotipos acerca del Islam y los musulmanes.
El primero de ellos, escrito por el politólogo estadounidense
Crawford Young, viene a desmitificar la idea de un Islam omnipresente
y decisivo en la idiosincrasia de los pueblos musulmanes, y analiza el
modo en que identidades de tipo étnico o lingüístico
se superponen a la religión en las zonas periféricas del
mundo islámico. El segundo, escrito por la islamóloga alemana
Annemarie Schimmel, trata de explicar distintos aspectos de la religiosidad
musulmana desde la perspectiva de una mujer occidental que se acerca sin
prejuicios a una realidad cultural, social y religiosa diferente a la suya.
Los otros dos
artículos tienen en común que están escritos
por musulmanes, aunque sus puntos de vista también son muy
diferentes. El texto del Dr. Abdul Karim Zaidan, dedicado a la sharia
islámica, aborda de forma brillante los principios generales
de la Ley Islámica y establece una interesante comparación
entre ésta y otros sistemas legales. Por último, publicamos
una conferencia dedicada a analizar las razones de la fuerza del Islam.
Abdelmumin Aya, musulmán español autor del texto, emplea
argumentos que de ningún modo dejarán indiferente al lector,
y alimenta la polémica respecto a la naturaleza del Islam y
el papel que le corresponde jugar en el mundo actual.
La Dirección.
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El Islam ha sido estudiado principalmente en sus núcleos,
desde el Mediterráneo occidental hasta Irán. En estas
regiones centrales de alta concentración musulmana, el Estado,
la teología y las instituciones religiosas han interactuado
durante más de un milenio, absorbiendo viejas tradiciones y
construyendo sobre ellas hasta hacer surgir una zona especial de encuentro
de la religión y la política en el mundo contemporáneo.
A medida que uno se dirige hacia las zonas fronterizas del mundo
islámico, tanto la densidad socio-teológica del
Islam como el alcance de la atención a él dedicada
se hacen más tenues, con frecuencia de una forma dramática.
Desde luego, existen estudios, algunos excelentes, sobre el Islam
en Indonesia, Nigeria o el Asia Central; pero cuando llegamos
a las Filipinas, Kazajstán o Zaire; tenemos que sobrevivir
a base de alimentos magros y casi siempre sin sustancia.
Cuando nos movemos hacia las tierras fronterizas del Islam, el
casi completo silencio de eruditos como Hodgson es emblemático,
con su erudición (y su osadía) en procurar una síntesis
integrada de conocimientos acerca del mundo islámico.
La tarea de este ensayo será la exploración
comparativa del encuentro entre la etnicidad y el Islam en tales
regiones. El artículo investigará qué recursos
conceptuales pueden descubrirse en el campo del análisis
comparativo del pluralismo cultural.
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“Uno odia lo que no conoce”. Estas palabras se le atribuyen
a ‘Ali ibn Abu Talib, primo y yerno del profeta Muhammad, cuarto
califa del Islam y primer imam de los chiíes.
En realidad, es la ignorancia la que crea odio y desconocimiento.
El miedo crea una situación que se aprecia durante siglos
en las relaciones humanas y entre Estados. Así mismo, publicaciones
divulgativas y emisiones radiofónicas o televisivas sobre temas
poco conocidos no ayudan mucho en este caso, pues el peligro de
que el periodista remarque ciertos puntos para él preocupantes
a costa de otros hechos también importantes, puede falsear
la imagen de una cultura y desencadenar alergias mentales.
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El hombre es un ser
social por naturaleza, pero la vida social implica relaciones y
fricciones. El individuo, si no tiene en cuenta en su actuación
a los otros individuos, termina destruyendo la sociedad. Ésta
no es la mera yuxtaposición de individuos sino que éstos
se vertebran en aquélla regulando sus relaciones mediante unas
reglas que proporcionan seguridad al individuo y estabilidad a la
sociedad. Estas reglas reciben el nombre de leyes.
Es decir, así como el hombre necesita de la sociedad
para poder desarrollar sus potencialidades y ser plenamente humano,
del mismo modo la sociedad necesita de la Ley para subsistir y seguir
ofreciendo al hombre la seguridad propia de la estabilidad.
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Si a estas alturas se me obligara a definir con una palabra el Islam,
yo elegiría la palabra “fuerza”. El Islam ha sido frecuentemente
tildado de “fanático”, de “machista”, de “irracional”, pero
nunca de “débil”. En este caso sirve el dicho de que tu verdad
última es la que no pueda esgrimir en tu contra ni siquiera
el peor de tus enemigos. Y si, aún se me obligara a definir
el secreto de esta fuerza podría verse a un aprendiz de filósofo
mostrando su absoluta ignorancia ante lo que es verdaderamente importante.
Puedo afirmar que llevo tanto tiempo investigando las razones de
la fuerza del Islam como años hace que soy musulmán,
y que no obstante no llego a conclusiones que me satisfagan completamente.
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¡Oh, mujer!
ante el preludio que nace, sonreid.
He seguido el peregrinaje del Sol,
Mas yo,
Con la mirada perdida en las dudas,
Dejo escapar mi solitaria espera,
Volando cual ave rapaz,
Libre, siempre libre por los cielos,
¡Son mis sueños!
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