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Akbar Muhammad
Introducción
Cualquier análisis serio de la
situación de los musulmanes de los Estados Unidos exige tener
en cuenta los contactos y relaciones entre el “occidente cristiano”
y los pueblos musulmanes[2] , y prestar atención
a los aspectos socio-religiosos de los musulmanes norteamericanos.
¿Han influido estas relaciones anteriores al siglo XX en las
relaciones actuales? ¿Es “ser musulmán” una cuestión
prioritaria para los musulmanes norteamericanos? ¿Forman los
musulmanes estadounidenses un grupo cohesionado? ¿Se puede hablar
de relaciones de la minoría musulmana con la mayoría
en los Estados Unidos? Este ensayo es una tentativa de responder brevemente
a estas preguntas de una forma analítica y crítica. Es
de esperar que sugerirá cuestiones para una futura investigación. Los Estados Unidos no colonizaron pueblos
musulmanes; de hecho, durante el periodo colonial aconsejaron a
los europeos la descolonización de algunas tierras musulmanas.
Sin embargo, los Estados Unidos son una extensión política,
religiosa y cultural de Europa. Los europeos, en especial los británicos,
fueron los “instructores” de los americanos en lo que a los pueblos
musulmanes se refiere, y los americanos adoptaron de sus profesores
los prejuicios europeos para con los musulmanes. Hasta bien avanzado el
siglo XX los medios de comunicación estadounidenses dependían
en particular de la agencia de noticias Reuters de Londres para cubrir
todas las noticias de Asia, África y Europa. El interés
americano por el “oriente” y África se manifestó en instituciones
construidas a imagen y semejanza de las europeas. Los estudiosos europeos
y algunos inmigrantes eran fuentes de información tergiversada
acerca de los musulmanes. De esta manera, la visión religiosa
americana no fue menos hostil que la europea. Aunque los americanos estaban
menos involucrados que los europeos en actividades misioneras, promovieron
la educación occidental en los países islámicos,
incluyendo la formación de escuelas, colegios y universidades,
y ocasionalmente la inmigración. El papel de “abogado” de los
derechos humanos, y la libertad económica y política han
hecho que este país sea extremadamente atractivo para musulmanes
de diverso origen étnico, como un refugio donde ponerse a salvo
de los aspectos más indeseables de sus sociedades. La composición de la “comunidad” musulmana estadounidense Los musulmanes estadounidenses forman
un microcosmos de la comunidad musulmana internacional. Extraoficialmente,
y con exageración, se estima que son diez millones, un número
mayor que la población de algunos países musulmanes,
pero aproximadamente un 4% de la de los Estados Unidos. Se diferencian
respecto a su adhesión religiosa, su origen étnico,
su ocupación, riqueza, filiación política y
social y su grado de asimilación en la cultura americana. Casi
todas las agrupaciones (tawa‘if) islámicas, así
como escuelas y tendencias (madhahib) tienen representación
entre los musulmanes estadounidenses. Ha habido asimismo muchos cambios
internos y conversiones de una a otra escuela. Los famosos cambios doctrinales
y sociales de la antigua Nation of Islam son los más notorios[3]; cambios
parecidos han tenido lugar en el Moorish Science Temple. Actualmente,
ambas organizaciones tienen un amplio reconocimiento como musulmanes
“ortodoxos”, o casi[4].
El crecimiento numérico de los musulmanes chiíes puede
atribuirse a la influencia iraní (antes y después
de la revolución de 1.979), así como a inmigrantes
libaneses y de otras nacionalidades. Desde diversos países,
como Senegal o la India, llegaron miembros de varias hermandades
sufíes y personas de reconocida persuasión “mística”.
A pesar de sus puntos de vista “heterodoxos”, los sufíes atraen
a musulmanes y no musulmanes. Varios grupos y asociaciones animan
a los musulmanes a buscar educación islámica en sus colegios,
instituciones educativas americanas, mezquitas, centros, comunidades
(yama’a) y también en países islámicos. La fundación de la comunidad islámica
estadounidense no fue un trabajo de inmigrantes sino más
bien de “humanistas blancos” euroamericanos descontentos sociales
y religiosos. En la década de 1.890 dirigieron sus invectivas
contra las tendencias sociales e intelectuales estadounidenses,
la jerarquía religiosa cristiana, la colonización europea
y las actividades misioneras en los países islámicos.
Intentaron corregir la visión distorsionada de los musulmanes
y del Islam que prevalecía entre la intelectualidad americana[5] . Sus
sucesores más destacados fueron los descendientes de los primeros
“inmigrantes a la fuerza”, afroamericanos que ahora constituyen la
mayoría de los llamados “musulmanes indígenas norteamericanos”. La esclavitud, el racismo y sus consecuencias
han formado la base de las relaciones entre los afroamericanos
y el resto de los estadounidenses. Desde luego, el racismo sigue
estando a la orden del día y no hay ninguna diferencia entre
las relaciones de los musulmanes afroamericanos con la sociedad mayoritaria
y la de los cristianos afroamericanos con la misma mayoría. El nacimiento de un grupo reconocible
de musulmanes afroamericanos puede atribuirse a dos factores principales;
uno, el interés intelectual norteamericano por el pensamiento
“oriental”, Islam incluido, durante la segunda mitad del siglo XIX,
y dos, las primeras inmigraciones de musulmanes, principalmente
indios y árabes, a los Estados Unidos a partir de finales
del siglo XIX. El pensamiento oriental parece haber sido en definitiva
la mayor influencia intelectual del Noble Timothy Drew Ali, fundador
de la primera organización musulmana afroamericana digna de mención
después de 1.913, el Moorish Science Temple[6]. El
contacto de afroamericanos con inmigrantes árabes explica la
fundación y difusión de posteriores organizaciones, como
por ejemplo la famosa Nation of Islam, en 1.931, que se conoció
popularmente como “the Black Muslims”. Los inmigrantes indios fundaron
ramas del movimiento ahmadí [7] durante la segunda y
tercera décadas del siglo XX, a las cuales los euroamericanos
dieron mejor acogida que los afroamericanos. El origen de la mayoría
de las organizaciones musulmanas afroamericanas conocidas, sunnitas o
no, pueden retrotraerse a uno de estos tres primeros movimientos y a los
musulmanes que llegaron después de 1.950. Mientras se piensa que el principal motivo
de las primeras emigraciones de musulmanes a los Estados Unidos
fue el económico, sería prudente tener en cuenta la
posibilidad de motivos políticos –escapar de la dominación
turca– e incluso religiosos, pues, dada la tendencia islámica
hacia el proselitismo, pudiera ser que algunos inmigrantes musulmanes
quisieran extender la fe en las distantes tierras americanas. Y en vista
de la importancia económica y social de los lazos familiares
tradicionales entre los árabes y otros musulmanes es posible que
el paso de algunos inmigrantes a los Estados Unidos fuese parcialmente
financiado por organizaciones “panislámicas” locales. No debe descartarse la posibilidad de
que élites musulmanas de origen asiático, norteafricano
y europeo impulsaran la emigración de personas y familias
a los Estados Unidos. Los esfuerzos misioneros de los cristianos euroamericanos
en los países islámicos eran despreciables para muchos
musulmanes y organizaciones islámicas. El proselitismo islámico
en los Estados Unidos pudo haber sido una contramedida y un estímulo
para la emigración procedente de los países musulmanes.
Estas élites apoyaban en cualquier lugar a los musulmanes antioccidentales,
así como a algunos americanos conversos al Islam. Resulta
interesante que, a principios de la década de los treinta,
W. F. Mohammed (también conocido como Farrad y Fard Mohammed)
supuestamente dijo que había sido enviado a los Estados Unidos
para despertar a los afroamericanos al Islam, pero no se le atribuye
el deseo de mejorar la imagen del Islam y de los musulmanes en América.
Que era consciente de la actitud oficial y de la de los cristianos americanos
hacia el Islam es algo indiscutible. Es importante señalar
que, al contrario que Mohammed A. R. Webb pero igual que Drew Ali,
W. F. Mohammed dirigió su atención a los sectores más
indigentes y menos cultos de las clases populares estadounidenses. Los emigrantes indios y árabes
pobres y analfabetos tenían frecuentes contactos con los
afroamericanos en los suburbios donde residían o en sus
lugares de trabajo. Tales contactos introdujeron a los afroamericanos
y a otros colectivos en el Islam confesional, cultural y político,
así como en los primeros nacionalismos árabes e indios
y en ideologías etnopolíticas similares. Los estudiosos
del Islam en los Estados Unidos, tanto americanos como extranjeros,
han negado casi completamente cualquier posible influencia del pensamiento
nacionalista afroamericano (el llamado nacionalismo negro) en la
percepción del Islam y de los pueblos musulmanes por parte del
colectivo afroamericano. El factor racial ha sido siempre un criterio
básico de identificación en los Estados Unidos,
aunque, por su aspecto físico, hay millones de musulmanes
que no son inmediatamente distinguibles de muchos afroamericanos.
Éstos descubrieron en el Islam una nueva identidad social
y religiosa que les dio otra dimensión en su orientación
política. Se tomaron muy en serio el énfasis islámico
sobre la hermandad y la igualdad. Las actividades anticolonialistas
asiáticas y africanas a principios del siglo XX les causaron
una impresión favorable, sin tener en cuenta las religiones de
los “rebeldes”. Al igual que otros afroamericanos, los que fueron atraídos
por el Islam eran conscientes de una corriente en la sociedad americana
y europea que percibía a los pueblos del mundo como divididos en
“blancos” y “no blancos” o “pueblos de color”. En vista de la situación
de las colonias europeas en el llamado Tercer Mundo y de las circunstancias
socioeconómicas de los afroamericanos, no es de extrañar
que la dicotomía “blancos/no blancos” se expresara como “blancos
contra negros”. De ahí que la atracción hacia la fraternidad
islámica se viera reforzada por las teorías raciales euroamericanas
y por el racismo manifiesto. La hostilidad de las organizaciones musulmanas
afroamericanas hacia los euroamericanos no tuvo jamás parangón.
El movimiento Moorish Science Temple y la Nation of Islam [8] tenían
entre sus doctrinas básicas las furiosas invectivas contra
el gobierno de los Estados Unidos y el menosprecio físico,
social y religioso hacia la mayoría euroamericana. El resentimiento
menos intenso de las más pequeñas y menos numerosas
organizaciones sunníes (“ortodoxas”) fue, sin embargo, resultado
de la experiencia afroamaricana; es decir, su amargura hacia los
euroamericanos no se expresó como artículo de fe, por
lo que su actitud estaba menos relacionada con la adhesión
religiosa y las características físicas de la mayoría.
Por supuesto, los Moorish y la Nation of Islam no hicieron
esfuerzo alguno para intimar con los euroamericanos. Todos los grupos
eran, en diversos grados, separatistas. El segundo grupo, más reducido en número, de “musulmanes indígenas norteamericanos” parece haber sido atraído al Islam a causa de las pobres condiciones laborales, cierto grado de desafecto con la cristiandad establecida, el contacto con inmigrantes y el creciente interés americano en el pensamiento oriental. Aunque el Islam no se dirigió especialmente a los euroamericanos, en principio éstos eran más receptivos que los afroamericanos a los misioneros indios del movimiento ahmadí. A pesar del énfasis que la organización pone en la igualdad y la modernización, parece haber sido incapaz de competir de manera eficaz con las diferentes denominaciones protestantes por la adhesión de las clases bajas norteamericanas y con las teosofías, el budismo, los baha’i [9] y otras denominaciones como alternativa al Cristianismo entre las clases medias.
La autoidentifiación de los musulmanes
estadounidenses está influenciada por sus diversas experiencias
étnicas y sociales, por el modo en que han venido siendo
percibidos por los occidentales en general y por la mayoría
estadounidense en particular. Identificaciones como “asiáticos”,
“africanos” o “de Oriente Medio” son denominaciones geopolíticas
occidentales subjetivas [10] e inexactas. En
los círculos oficiales y medios de comunicación no
existe consenso sobre cuáles son las fronteras del “Oriente
Medio”; por ejemplo, el que los pakistaníes y los afganos se
incluyan en él o no depende del orador, escritor, agencia u organización.
La designación continental “asiático” se aplica casi
siempre al “Extremo Oriente”: “indochinos”, y a veces inmigrantes
indios, pakistaníes y bengalíes, así como sus
descendientes. “Africano” significa “del África Negra” en
exclusiva, sin tener en cuenta, por ejemplo, países situados
geográficamente en África como Egipto y Marruecos. Los
musulmanes afroamericanos se conocen como Black Muslims (Musulmanes
Negros) a menos que se hayan identificado previamente como seguidores
del Ministro Louis Farrakhan, lider de la actual Nation of Islam,
del imam Warith Deen Muhammad, hijo y suesor de Elijah Muhammad[11],
o miembros de otras organizaciones.
Como la mayoría de los países
asiáticos y africanos son multiétnicos, la autoidentificación
de los musulmanes procedentes de aquellos continentes varían
en función de diversas filiaciones. Los inmigrantes más
recientes se identifican casi siempre con sus orígenes nacionales,
regionales o lingüísticos, y por sus agrupaciones, escuelas
y tendencias religiosas. Los de ascendencia total o parcialmente
árabe se identifican ampliamente como musulmanes “árabeamericanos”
o “de Oriente Medio”. Eso también se aplica a los musulmanes
de otras zonas del mundo , como por ejemplo los del “sudeste asiático”.
Las denominaciones basadas en el color y la raza no parecen usarse
en contextos socioreligiosos, excepto refiriéndose a los afroamericanos.
Éstos son también conocidos como “musulmanes indígenas”,
y en ocasiones se denominan a sí mismos de este modo, a pesar
de que es un término que a veces incluye a musulmanes euroamericanos. Hay varios factores que han contribuido
a una visible disminución de la atención nacional
e internacional sobre los musulmanes afroamericanos, que fueron los
principales representantes del Islam en los Estados Unidos hasta la
década de los sesenta. Algunas de estos factores están
directamente conectados con los inmigrantes musulmanes que llegaron
a Norteamérica a partir de 1.950, así como con sus descendientes.
Este grupo se asimila cada vez más a la cultura americana aunque
mantiene lazos éticos y nacionales con sus países de origen
que resultan útiles para diversas asociaciones musulmanas y
no musulmanas norteamericanas y para organizaciones oficiales de musulmanes
extranjeros. Otro factor es el profundo cambio que en 1.975 experimentó
la Nation of Islam desde la heterodoxia doctrinal hacia
la ortodoxia islámica, su aparente moderación política
y su descentralización. Otras organizaciones musulmanas afroamericanas
se han moderado abiertamente y se dejan ver con mayor frecuencia en
programas comunitarios de rehabilitación y en asuntos locales
que en el plano nacional e internacional. El etnocentrismo de muchos inmigrantes
musulmanes influye en su percepción de sus correligionarios
afroamericanos. Por lo general, éstos son considerados como
carentes de un origen honorable, sin educación ni laica ni
religiosa y sin una condición social alta, quizá por
el hecho de que los musulmanes afroamericanos no estén tan unidos
socialmente ni tengan tanto éxito económico y profesional
como los inmigrantes musulmanes. A pesar de que los inmigrantes y
sus compatriotas en el extranjero han mostrado afinidad religiosa con
los afroamericanos, no ha sido así con sus objetivos políticos
y de otra índole. Con sus propios recursos y la ayuda de
organizaciones islámicas extranjeras, los musulmanes inmigrantes
han edificado mezquitas, centros religiosos y culturales, escuelas,
institutos y asociaciones que están abiertas a los musulmanes
de diferentes orígenes étnicos y nacionales, aunque
la dirección de las mezquitas y centros y sus respectivas comunidades
están frecuentemente dominadas por grupos etnoliguísticos
particulares. Los musulmanes inmigrantes y sus descendientes suelen
ocupar puestos más altos en organizaciones y asociaciones profesionales
que otros colectivos de musulmanes. Publican periódicos de carácter
religioso y étnico, y libros sobre las diversas disciplinas
islámicas. Varias emisoras de radio y televisión que
no son propiedad de musulmanes emiten programas en inglés y en
otras lenguas sobre asuntos religiosos, políticos y sociales de
los musulmanes. Además de los académicos, reporteros
y periodistas afroamericanos, ya sean musulmanes o no, los musulmanes
inmigrantes han hecho crecer enormemente el número de publicaciones
nacionales e internacionales, tanto en inglés como en sus lenguas
vernáculas, dedicadas al Islam y a las sociedades islámicas. Las organizaciones políticas,
sociales y profesionales no islámicas que por lo general están
presididas por cristianos y musulmanes nacionalizados o de ascendencia
extranjera proporcionan solidaridad étnica a los musulmanes de estatus
similar. El éxito considerable de estas asociaciones refuerza las
tendencias etnocéntricas, reales o imaginarias, entre los musulmanes
americanos. Además, las relaciones mantenidas entre estas organizaciones
y diversas asociaciones profesionales, de comunicación y gubernamentales
americanas ayudan a mitigar la imagen religiosa de los musulmanes en la
sociedad estadounidense. De esta manera, el factor religioso se hace menos
importante en determinadas áreas de las relaciones entre musulmanes
y no musulmanes. Varias circunstancias marcan las relaciones
entre no musulmanes y musulmanes y la percepción que cada
comunidad tiene de la otra. Entre las más destacadas está
la tolerancia americana de la diversidad étnica y religiosa,
y la orientación política de muchos gobiernos de
países islámicos que resulta favorable para los intereses
geopolíticos norteamericanos. Los problemas económicos
y sociales de los países musulmanes y las transformaciones
políticas en Latinoamérica y Europa han contribuido
enormemente a las relaciones entre Estados Unidos y los gobiernos
musulmanes. Estos factores se han traducido en un aumento del interés
por el Islam y los musulmanes por parte de los medios de comunicación,
los políticos, los académicos y la religión cristiana. Las relaciones oficiales de los Estados
Unidos con los musulmanes americanos son dictadas por los intereses
políticos y estratégicos. El gobierno y el pueblo
han mostrado más interés por los musulmanes y el Islam
durante las últimas décadas que durante cualquier otro
periodo de la historia de los Estados Unidos. Se han mostrado impresionados
por los llamados “militantes musulmanes” y “terroristas”, principalmente
de Irán y del Líbano[12]. El gobierno y los
medios de comunicación solicitaron y recibieron información
sobre Oriente Medio de especialistas americanos, tanto musulmanes como
no musulmanes. Los primeros eran principalmente de origen iraní
y árabe, y en su mayoría no eran especialistas religiosos. El tratamiento del Islam en la educación
americana está casi completamente restringido a sus creencias
básicas y al “arte islámico”. Se habla de los musulmanes
en el contexto de las sociedades en desarrollo y de la militancia
política. Malcolm X (al-Hajj Malik Shabazz), el musulmán
más famoso a nivel nacional desde la década de los sesenta,
ha sido casi completamente traspasado del contexto musulmán
al de la militancia afroamericana contra el racismo. El ex-campeón
de los pesos pesados Muhammad Ali es reconocido en un contexto deportivo,
por su condición de afroamericano y por su labor filantrópica.
De manera similar se trata al famosísimo ex-jugador de baloncesto
Kareem Abdul Jabbar. Es frecuente que los estudiantes lean relatos
sobre pueblos o personas cuya identidad islámica sólo
es reconocible para quienes conocen los nombres musulmanes. Los cursos
en institutos y universidades son específicos para un país
o región y están normalmente orientados hacia una sola
disciplina, siguiéndose con pocas modificaciones el modelo orientalista
de “árabes, persas, turcos”. La atención académica
americana, pues, se ha enfocado sobre el “Islam político”, no
sobre la fe ni sobre los musulmanes como colectivo religioso. En vista
de estos intereses educativos, políticos y mediáticos estadounidenses,
no es de extrañar que “Islam”, “árabes” e “iraníes”
se confundan en la mente americana. Las actividades públicas de los
líderes religiosos cristianos, en especial los de las diferentes
denominaciones evangélicas, sugieren que muchos de ellos
han sido influenciados por los antes mencionados intereses laicos
hacia los musulmanes. Despojados de su antigua influencia institucional
en asuntos políticos y comerciales, el clero norteamericano,
como sus colegas modernos de cualquier otro lugar, expresan un interés
especial por descubrir materias comunes entre el Cristianismo y el
Islam y en la cooperación en asuntos sociales de interés
mutuo. A este respecto han iniciado diálogos interconfesionales
centrados en temas puramente teológicos. Se han organizado conferencias
con el objeto de analizar problemas nacionales como el aborto, la criminalidad
y temas relacionados con la mujer; e internacionales, en especial la
pobreza, la asistencia médica y la cooperación a distintos
niveles. Estas conferencias se han celebrado en iglesias, mezquitas
y sedes religiosas a nivel regional y nacional. Los cristianos han invitado
a estudiosos musulmanes a hacer comentarios en sus medios de comunicación
acerca de temas religiosos y sociales de alcance nacional e internacional.
Aunque con menos frecuencia, también se han celebrado encuentros
similares entre líderes judíos y musulmanes[13]. Sin embargo, el enfrentamiento religioso entre Islam y Cristianismo continúa a través de eruditos, estudiantes y profesionales cristianos y musulmanes que sienten la obligación de extender su fe, unos en nombre de “Nuestro Señor Jesucristo” y otros en el de “Allah Todopoderoso”. Al igual que en la época premoderna, ninguno sabe mucho de la tradición religiosa del otro. Confían en la observación y en los escritos de humanistas, periodistas, autores laicos e islamólogos cristianos y musulmanes. Su propósito común es la conversión[14] . El cristiano americano usa las armas de la educación occidental, la libertad social y religiosa, el avance tecnológico y el “amor cristiano”. El musulmán utiliza llamamientos coránicos a favor de las relaciones pacíficas, la justicias social y en contra de la compulsión religiosa; la histórica “animadversión cristiana” [15] en contra del Islam, la colonización europea y otros ejemplos de injusticia e inmoralidad. Aunque se afirma en muchos círculos que el Islam es la religión que más rápidamente crece en los Estados Unidos, la opinión acerca de quién está verdaderamente “ganando” depende de la propia visión del Islam, del Cristianismo y del laicismo. Las relaciones políticas entre
musulmanes y no musulmanes en los Estados Unidos se han basado
en factores políticos y sociales, y no se han visto seriamente
influenciadas por los enfrentamientos previos a la época
moderna. Las relaciones de los musulmanes afroamericanos con la
mayoría de sus compatriotas no musulmanes han sido determinadas
por el racismo, la reciente inmigración islámica hacia
los Estados Unidos y el interés de los medios de comunicación
y de la administración americana por los musulmanes a nivel
internacional. La diversidad de la sociedad americana
refuerza las características etnocéntricas de las
distintas comunidades de musulmanes y la endogamia es aún
muy alta, siendo los matrimonios mixtos básicamente entre
varones musulmanes y mujeres euroamericanas que en su mayoría
se convierten al Islam. Diversas asociaciones dirigidas por musulmanes
nacionalizados y por no musulmanes, y algunas mezquitas promueven
el exclusivismo étnico y favorecen los lazos con las diferentes
naciones de procedencia. Aunque el trabajo de las organizaciones islámicas
a nivel nacional y regional es útil y recomendable, estas organizaciones
están demasiado alejadas de la vida cotidiana de los musulmanes
como para poder superar otros factores de división. Las actitudes
endogámicas no se limitan al contexto de las relaciones entre
musulmanes y no musulmanes, sino que empiezan a ser bastante comunes
en las relaciones entre los propios musulmanes. El proselitismo sigue siendo importante
para quienes tienen un profundo compromiso religioso con la expansión
de su fe, pero la mayoría de musulmanes y cristianos no
parece sentir esa obligación. Ciertamente, los musulmanes
parecen más interesados en obtener medios adecuados para
mantener su cohesión étnica y su desarrollo profesional,
que en el proselitismo. Ni amplios debates religiosos (por ejemplo,
el polémico libro de Salman Rushdie Los Versos Satánicos)
ni sociales (como el trato hacia los musulmanes en las prisiones estadounidenses)
se han convertido en temas de consenso para una mayoría de musulmanes
americanos. En vista del estatus minoritario de los musulmanes estadounidenses,
su diversidad étnica y su dispersión demográfica
en un país más grande que toda Europa Occidental, el ser
musulmán no es una identificación social primaria. A este
respecto cabe señalar que son similares a sus correligionarios
en sociedades multiétnicas[16], pero mayoritariamente
musulmanas . Por tanto, es difícil percibir a los musulmanes
estadounidenses como un grupo diferenciado. Hay muchas posibilidades de que las futuras relaciones entre musulmanes y no musulmanes continúen basándose en intereses étnicos o económicos. Los musulmanes seguirán buscando el mantenimiento de buenas relaciones con los no musulmanes, adoptando una postura abiertamente hostil únicamente cuando se ofenda a su sensibilidad religiosa o política. Así pues, los musulmanes alcanzarán un grado aún mayor de asimilación en la “cultura americana”. NOTAS [1] Continuación del artículo del mismo autor titulado Islam y Occidente: una historia de encuentros y desencuentros, publicado en el nº28 de la revista Alif-Nûn, junio de 2.005 (N. de la Redacción). [2]Para más información, consultar el artículo arriba citado. (N. de la Redacción). [3] Véase Clifton E. Marsh, From Black Muslims To Muslims: The Transition from Separation to Islam 1930-1980,(Metuchen, Nueva Jersey y Londres, 1984). [4] Los numerosos viajes de Louis Farrakhan, actual líder de la Nation of Islam, a países tradicionalmente musulmanes y los contactos políticos allí establecidos dan buena prueba de ello. (N. del Tr.) [5] Véase Akbar Muhammad, “Muslims in the United Estates: An Overview of Organizations, Doctrines and Problems”, The Islamic Impact, edición de Yvonne Yazbeck Haddad, Byron Haines y Ellison Findly (Syracuse, 1.984), págs. 188-9 y mi estudio sobre Muhammad A. R. Webb. [6] Véase Arthur H. Faucet, Black Gods of the Metropolis: Negro Religious Cults of the Urban North (Philadelphia, 1.944). [7] Movimiento nacido en la India en 1.889 de la mano de Hazrat Mirza Ghulam Ahmad (1.835-1.908). Sus relaciones con el Islam tradicional siempre han sido tensas debido a algunos puntos doctrinales que los ahmadíes defienden. En ocasiones han sido duramente perseguidos y reprimidos. (N. del Tr.) [8]Me refiero a la organización Nation of Islam que fue liderada por el Honorable Elijah Muhammad hasta su muerte en 1.975, no a la del mismo nombre que ahora dirige el Ministro Louis Farrakhan. La primera fue también conocida como “Black Muslims”, un nombre que más tarde se popularizó, no sin protestas, gracias al útil estudio de C. Eric Lincoln, The Black Muslims in America, (Boston 1.961 y 1.973). Otro buen estudio sobre la Nation es el de E. U. Essien-Udom, Black Nacionalism: A Search for an Identity in America (Chicago, 1.962). La principal fuente de las doctrinas de la Nation y sus puntos de vista nacionales e internacionales es la obra de Elijah Muhammad Message to the Blackman in America (Chicago, 1.965). [9]Religión fundada en Irán a mediados del siglo XIX por Bahá'u'lláh (1817-1892), que declaró ser el nuevo enviado de Dios, portador de un mensaje renovador. En la actualidad está prohibida en Irán y sus seguidores se han extendido formando pequeñas comunidades en los cinco continentes. (N. del Tr.) [10]Son subjetivas, entre otras cosas, en la medida en que expresiones como “Oriente Medio” o “Extremo Oriente” tienen que ver con el “geocentrismo” de Europa y América. En la actualidad existen nuevas corrientes de opinión que postulan modificar estas denominaciones por las más neutras de “Asia Occidental” o “Asia Oriental” (N. del Tr.). [11]Warith Deen Muhammad heredó la organización de su padre pero pronto la orientó hacia posiciones más cercanas al Islam tradicional, de ahí que en la actualidad no se lo asocie con los Musulmanes Negros. Para más información sobre éste y otros asuntos relacionados con los musulmanes de los Estados Unidos véase Gilles Kepel, Al Oeste de Alá: La penetración del Islam en Occidente (Ed. Paidós, 1.995). (N. del Tr.). [12]A pesar de que el artículo fue escrito antes de los terribles acontecimientos del 11 de septiembre de 2.001, el razonamiento puede ser igualmente aplicado a los “militantes musulmanes” y “terroristas” de Irak y Afganistán. (N. del Tr.). [13]Véase, por ejemplo, John Hick y Edmund S. Meltzer (eds.) Three Faiths One God: A Jewish, Christian, Muslim Encounter (Albany, 1.989). [14]Véase, por ejemplo, James Thayer Addison, The Christian Approach to the Moslem: A Historical Study (Nueva York, 1.966) y Benjamin Z. Kadder, Crusade and Mission: European Approaches Toward the Muslims (Princeton, 1.984). [15]Ambos, cristianos y musulmanes, aluden a las Cruzadas en términos apologéticos. [16]Se pueden citar gran número de ejemplos, como los negros de Mauritania, los kurdos en Irán, Iraq o Turquía, o los saharauis en Marruecos. Todas ellas son comunidades mayoritariamente musulmanas que no apelan a su “islamicidad” a la hora de reivindicar su posición y sus derechos dentro sus respectivas sociedades. (N. del Tr.). |