MAESTROS DE LA SENDA

Dr. Javad Nurbakhsh

Esta obra del doctor Javad Nurbakhsh es una valiosa recopilación de las biografías (vida, historia, dichos, escritos, etc.) de los integrantes de la cadena de maestros de la orden Nematollâhi, una de las grandes órdenes sufíes persas, y una de las más extendidas tanto dentro de Irán como a lo largo de la geografía internacional[1]. Este libro incluye la sucesión iniciática ininterrumpida de los maestros de esta Senda desde la aparición del Islam hasta nuestros días.

Los orígenes del sufismo

Se han contemplado diferentes fuentes como posible origen del sufismo, desde considerarlo un movimiento mística puramente islámico, hasta atribuirle orígenes neoplatónicos, griegos o budistas; su relación con el misticismo de los antiguos persas es una idea que, a medida que se profundiza en el estudio del sufismo, va cobrando más peso.

1. El periodo preislámico

El doctor Nurbakhsh, en un capítulo de su libro En el camino sufí, titulado "La caballería y el sufismo", escribe:Maestros Senda

En el Oriente Medio, antes del Islam, la tradición de la yawânmardi, la caballería, había educado a personas a quienes se conocía como yawânmardân (literalmente, jóvenes [de espíritu]). La tradición de la caballería estaba fundada sobre los valores de la generosidad (morowwat), el altruismo (isâr), el sacrificio (fadâ Kâri), el auxilio a los oprimidos y a los desamparados, la compasión hacia las criaturas, el mantenimiento de la palabra dada y, finalmente, la humildad; cualidad que, más tarde, en el sufismo, se convirtiron en las virtudes de los hombres perfectos. Además de estos nobles atributos, propios de un ser humano digno de tal nombre, los yawânmardân estaban comprometidos con un código ético (âdâb) y unas costumbres que representaban el propósito de la caballería. Con la aparición del Islam, estos hombres, manteniendo la tradición de la yawânmardi, lo aceptaron como su religión y, poco a poco, el sufismo fue fundado sobre los pilares del Islam y la caballería, y la ética de la yawânmardi constituyó la base de las prácticas y las costumbres de los sufíes en sus centros, llamados jânaqâh.

Esta tradición de yawânmardi -que los investigadores occidentales, como Henry Corbin, traducen como "caballería espiritual"- no sólo dio origen a la corriente sufí en el seno del Islam, sino que influyó de forma decisiva en la formación y en el espíritu de las órdenes de caballería cristianas, a través de las cuales una institución meramente militar adoptó el código de comportamiento caballeresco, lo que tendría una influencia determianate en la cultura de la Europa de la época. Como escribe G. Schmidt en su obra The influence of the Islamic world on European civilization, ésta "fue la más importante contribución de Persia a la civilización europea".

Las prácticas ascéticas y la renuncia de los sufíes de las primeras generaciones, aunque comunes a muchos de los movimientos místico-ascéticos, encontraron un precedente cercano en los hábitos de los ascetas maniqueos, quienes, a través de una vida errante y eremítica, así como del alejamiento de todo placer material, buscaban reencontrarse con el fin supremo, la "Luz", y concedían gran importancia a los cantos y a la música. Said Naficy, en su obra La fuente del sufismo en Irán, escribe: "Los famosos jânaqâh (centro de reunión de los darwishes) del Imperio otomano, llamados también zâwieh y ribât en la España musulmana y en África del Norte, son réplica exacta de los centros maniqueos, denominados con ese mismo nombre persa".

La sabiduría que formaba la base de la tradición de estos caballeros, la bekmat-e Josrawâni (teosofía de los reyes, o teosofía atribuída a Kay Josro, rey y sabio de la antigua Persia), fue conocida más allá de las fronteras del Imperio persa; una teosofía cuyos orígenes se remontan hasta las migraciones de los pueblos arios, y que formaba la base de las creencias de los que se conocen como pueblos indo-europeos. Al estudiar los escritos de estos pueblos, lo que más destaca es la extraordinaria semejanza que existe entre ellos. Es tal esa semejanza que nos lleva a deducir inevitablemente que el budismo, el sufismo y el platonismo son tres aspectos de una misma tradición expresada con la cultura y la lengua de cada uno de estos pueblos. En otras palabras, esa teosofía alcanzó su culminación en la India con el budismo, en Irán con el sufismo y en Grecia con el platonismo.

Shâhab-ol Din Yahyâ Sohrawardi (m. 587/1191) (más conocido como el sheij de la iluminación o el sheij mártir), uno de los filósofos y sufíes persas más conocidos en Occidente, en su obra maestra La teosofía de la iluminación escribe:

Entre los antiguos persas existía un grupo de personas nobles que guiaban a la gente hacia Dios, hombres justos e iluminados. Nosotros hemos reunido en este libro su sagrada sabiduría de la iluminación, de la que fueron testigos Platón y otros sabios anteriores a é l[2].

Sohrawardi nombra a una serie de sabios persas preislámicos pertenecientes a esta teosofía y a otros cuatro maestros sufíes persas del periodo islámico a través de los cuales habría fluido esta teosofía, bajo forma de sufismo, en el seno del Islam:

Entre los pahlavis [los antiguos maestros persas] que transmitieron esta ciencia estaba el señor del clan Kyumars y los miembros de su dinastía, Feraydun y Kay Josro [...]

El fermento de los josrawâni, en el transcurso de la senda, llegó al caminate de Bastâm [Bâyazid], después al caballero de Bayzâ' [Hallây] y luego a los viajeros de Âmol [Abol Abbâs Qassâb] y de Jaraqân [Abol Hasan Jaraqâni].

La levadura de los Josrawâni llegó a unirse a una senda que procedía de los fermentos de los seguidores de Pitágoras, de Empédocles y de Asclepio, y descendió sobre la lengua de los que conservan la palabra [tanto] en Occidente [Grecia] como en Oriente [rán]. Finalmente, alcanzó a un pueblo que habla a través de la sakina [la paz nacida como fruto de la experiencia de la presencia Divina][3].

Algunos escritores griegos de la Antigüedad, como Eudoxo o Cnido (discípulos de Platón)[4], y cronistas bizantinos, como Miguel Psellus (1018-1096) y Jorge Gemistus Pletho (1353-1452), dieron también información sobre el linaje espiritual que unía a Zoroastro con Platón. En el caso de Plotino, después de estudiar filosofía en la escuela de Alejandría, viaja hasta Persia, como miembro de la expedición de Gordiano III (224-242), para conocer las fuentes del conocimiento oriental, movido -según su discípulo y biógrafo Porfirio- "por un deseo afanoso de experimentar la filosofía que se practica entre los persas y la que florece entre los indios"; y, a su vuelta, funda en Roma su escuela, a los 40 años de edad. Es interesante destacar que, tras el cierre de la Academia de Atenas en el año 529 d.C. por el emperador Justiniano (482-575), los grandes filósofos del neoplatonismo, encabezados por el último director de la Academia, Damascius, junto con otras personalidades como Simplicio y Priciano, se refugian en la corte de Cosroes Anushirawân (532-579), el monarca sasánida[5].

Este hecho representó la vuelta a sus orígenes de una tradición que casi mil años antes había ido desde el Imperio persa a Grecia llevada por Pitágoras (570-470 a.C.) -al que probablemente había sido transmitida a través de su contacto con los maestros de esta teosofía en la Babilonia bajo gobierno persa[6].

En tiempo de los sasánidas, la Academia de Yondi-Shâpur en el sur del Imperio persa (el suroeste del Irán actual, en la comarca del Juzestân) representaba el centro científico más prestigioso de todo el Oriente. En el reinado de Cosroes Anushirawân, Yondi-Shâpur se había convertido en un centro universal que contaba con grandes eruditos griegos exiliados por la clausura de la escuela de Atenas. El rey Anushirawân les recibió con muchas atenciones y ellos continuaron con sus enseñanzas e investigaciones en su propia lengua[7]. Anushirawân asistía frecuentemente a sus clases [...] y tuvo muchas discusiones filosóficas de las que él mismo dio cuenta[8]. De este interesante documento existe una traducción latina hecha por el filósofo inglés John Scotus Erigena Solutiones Eorum de Quibus dubitavit Chosroes Persarum rex[9].

Los sabios griegos, indios y sirios de Yondi-Shâpur crearon, en colaboración con sus homólogos persas y bajo el mecenazgo del rey Anushirawân, el sincretismo que influiría decisivamente en el desarrollo del pensamiento islámico[10].

2. El periodo islámico

La escuela del sufismo tuvo su origen en el Jorâsân, en el noreste de Irán[11], y desde allí se transmitió hacia el sudoeste hasta Bagdad y la misma Arabia. En los primeros días del Islam, entre los grandes maestros representativos de la Senda en el Jorâsân figuran algunos de la talla de Abol Fazl Qassâb Âmoli (?), Abu Sa'id Aboljeir (440/1049), Abol Hasan Jaraqâni (425/1034), Bâyazid Bastâmi (261/874), Ebrâhim Adham (160/776), etc.

Los dichos paradójicos de Bâyazîd, ya en su época, obtuvieron una amplia difusión en Iraq y pronto ejercieron una influencia cautivadora en las mentes de los estudiosos en busca de la senda espiritual de la Unidad divina y de los buscadores que aspiraban a entender el sentido de la "Unidad del Ser" (wahdat-e woyud). En particular, sus ideas afectaron profundamente al pensamiento de Abol Wâsem Yoneid (298/859), Abu Nasr Sarrây Tusi (378/988), Zolnun Mesri (245/859) y muchos otros, alentándoles a escribir extensos comentarios sobre sus dichos[12].

Desde los primeros siglos, prácticamente todos los desarrollos importantes en la historia del sufimo temprano están relacionados con la Gran Persia -la cual no se limitaba geográficamente a las fronteras del Irán actual, sino que incluía también Mesopotamia. En el siglo III/IX, se desarrolla en Bagdad una escuela de sufismo paralela a la escuela de Jorâsân, conocida como la escuela de Bagdad, o escuela de la sobriedad (sahw) frente a la escuela de la ebriedad (sokr) de Jorâsân. La mayoría de los maestros de esta escuela bagdadí eran realmente de origen persa, como Abol Qâasem Yoneid [conocido como la máxima autoridad de esta escuela], Abol Hosein Nuri (295/908), Abu Bakr Shebli (334/945) y, por supuesto, el sufí más conocido en Occidente, Mansur Hallây (309/922), de la provincia de Fârs en el sur de Irán [...]. El mismo periodo fue testigo de la aparición de las obras maestras del sufismo temprano sobre ética, como el Qut al-Qolub (Alimento de los corazones) de Abu Tâleb Makki (380/990), seguida por las de sus compatriotas de Jorâsân, Abol Qâsem Qosheyri (465/1072) y Mohammad Qazâli (505/1111), con sus obras Risâlah Qosheyriyya y Ehyâ al-'olum, respectivamente. Desde muy pronto, el campo de la ética en el islam fue totalmente dominado por los sufíes. Entre todas las ramas del mundo islámico es, sin duda, el aliento del sufismo el que trajo a la vida y dio sustento a la ética. Mucha gente no es consciente de que las obras de ética que leen tienen origenes sufíes, incluso cuando aparentemente no tengan nada que ver con el sufismo[13].

La influencia de los maestros de Jorâsân sobre los de Bagdad, y en general en todas las tierras islámicas, llegó a tal extemo que Seri Saqati (m. 251/865), uno de los grandes maestros de Bagdad, diría: "Mientras este Conocimiento permanezca en Jorâsân, permanecerá en los demás lugares; cuando desaparezca de allí, desaparecerá de todos los lugares".

El sufismo persa puede compararse a un árbol inmenso con sus raíces y sus ramas extendidas desde Albania a Malasia, que expande su sombra sobre todas las tierras entre ambas regiones. Sin embargo, la tierra desde donde este árbol creció era la tierra de Persia[14].


Método y normas de la orden Nematollâhi

De manera general, el método de espiritualidad de la orden Nematollâhi se basa en la práctica del recuerdo continuo del nombre de Dios (zekr), la reflexión (fekr), la autoevaluación (mobâsebah), la meditación (morâqebah) y la invocación (werd)[15].

Enunciamos, a continuación, algunos de los aspectos sociales y éticos más importantes de esta orden, así como ejemplos de reglas y normas que se siguen en sus centros espirituales (jânaqâh):

a) El Maestro (qotb) y los sheijes[16] de la orden inician y guían a todos los buscadores sinceros, sin rechazar a ninguno.

Práctica preferente del zekr del corazón sobre el zekr vocal, en las reuniones de la orden.

c) Apoyo a la paz, la fraternidad y la igualdad entre los sufíes de la orden. En particular, no se hace distinción entre hombres y mujeres.

d) Gran respeto hacia las personas de todas las creencias y culturas, dedicando la propia vida a la bondad y al servicio a todas las criaturas de Dios.

e) Rechazo de la vida en soledad, dando preferencia a la interiorización en compañía de otros, poniendo en práctica el principio de "soledad entre la multitud". Se dan, sin embargo, algunas excepciones como, por ejemplo, cuando se le sugiere a alguien que haga un retiro, a modo de terapia, para recuperar su salud psicológica.

f) Exigencia a los sufíes de ejercer alguna actividad provechosa, desaconsejando la inactividad.

g) Uso de ropa normal, de modo que el sufí no se convierta en centro de atención ni sea proclive a la afectación.

h) El Maestro y los sheijes de la orden nunca reciben ni entregan dinero a sus seguidores. No se exige a los discípulos el pago de ninguna cotización y cualquier aportación que realice se usa para el mantenimiento de cada centro y en beneficio del conjunto de la comunidad.

i) Los asuntos, tanto materiales como espirituales, de los jânaqâhes los dirigen normalemente sheijes designados por el Maestro de la orden. Cuando no hay un sheij, el Maestro designa a una persona para hacerse cargo de esos asuntos.

j) En ciertas ocasiones, tales como los viajes o las comidas en compañía del Maestro o de un sheij, se designa a determinadas personas como servidores. Se les suele seleccionar en base a su desarrollo espiritual en la Senda. Los darwishes (derviches)[17] Nematollâhi consideran el servir a otras personas como una oportunidad de progreso espiritual.

k) Cuando los sufíes se reúnen o viven juntos, las relaciones entre ellos se basan en la igualdad. En concreto, ningún sufí puede dar órdenes a los demás y la contribución de cada uno depende de su capacidad[18]


NOTAS


[1]  
Para más información sobre lugares donde se hallan centros (jânaqâh) de la orden Nematollâhi, véase www.nematollahi.org.

[2]
Henry Corbin, Maymu'a-ye masnafât sheij eshrâq, vol. IV, Teherán 1974.

[3] Sohrawardi, al-Mashâri' wa-l motârahât, 1976, p. 502-503.

[4] Terry Graham, "Suhrawardi: The Sufi who Rediscoverd the Ancient Path of Divine Unity of Persia". Sufi Journal, nº 58. Publicaciones del  centro Nematollâhi de Londres. Véase también la obra de Henry Corbin, Historia de la filosofía islámica, p. 190. Editorial Trotta.  Madrid 1994.

[5] Ibídem.

[6] Ibídem.

[7] Priciano permaneció en Yondi-Shâpur hasta 533 y volvió a Atenas con muchos de sus colegas, gracias a la cláusula VIII del tratado de paz firmado entre Persia y Bizancio, que obligaba al emperador bizantino a permitir el regreso de estos eruditos y a no limitar en forma alguna su libertad, Esta es la primera vez en la historia que un tratado de paz entre dos países beligerantes inclue una cláusula de este tip. (L'Iran sous lesSassanides, cap. V.A. Christensen. Citado en la obra De Persia a la España musulmana, p. 132. Prof. Shojaeddin Shafa. Publicaciones de la Universidad de Huelva, 2000.)

[8] Dâneshhâ-ye younâni dar dâneshhâ-ye-sâsâni (Las ciencias griegas en las ciencias sasánidas). p. 27-28- Z. Safâ. Citado en la obra De Persia a la España musulmana, p. 132.

[9] De Persia a la España musulmana, p. 132. Prof. Shojaeddin Shafa.

[10] Ibídem.

[11] Es necesario mencionar que el gran Jorâsân incluía una vasta región que, en los términos geopolítcos de hoy en día, abarca la comarca de Jorâsân en el noreste de Irán, Afganistán, Turkmenistán, Uzbekistán y Tajikstán. Fue también la cuna de la teosofía de los reyes. Por otro lado, el idioma persa que se habla hoy día en Irán, el pârsi-dari, (literalmente, persa de la corte) es el que se hablaba en esta zona y en la corte de Persia. Para mayor claridad, se pueden consultar los mapas que figuran al final de esta obra.

[12] Dr. Javad Nurbakhsh. Apertura de la Conferencia Internacional sobre el sufismo clásico tardío. Organizada del 19 al 21 de mayo de 1997 por la Universidad de Londres y la orden Nematollâhi.

[13] S.H. Nasr. Conferencia Internacional sobre el sufismo persa, desde sus orígenes hasta Rumi. Organizada del 11 al 13 de mayo de 1992, por la Universidad George Washington y la orden Nematollâhi.

[14] Ibídem.

[15] Para más información sobre las prácticas espirituales de la orden Nematollâhi, véase la obra del Dr. Nurbakhsh, En la taberna, paraíso del sufí. Editorial Nur, Madrid 2001.

[16] Es necesario explicar que antiguamente se llamaba sheij a los maestros de la Senda. En la actualidad, el sheij es un representante del maestro, del Polo (qotb) de la Senda, delegado para guiar a los buscadores en la Senda. En la orden Nematollâhi, el sheij es el representante del Maestro en la estructura organizativa del jânaqâh (centro sufí) y el Maestro puede delegar en varios sheijes para iniciar caminantes en la Senda. En otras órdenes sufíes, sin embargo, se usa el término jalifa (vicario) en lugar de sheij.

[17] El término persa darwish (derviche) es sinónimo del término árabe sufí.

[18] Ali Reza Nurbakhsh. Revista Sufí, nº 1. Primavera/verano 2001. Publicaciones del Centro Sufí Nematollâhi. Madrid.