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ISLAM Y RESISTENCIA ESCLAVA EN BAHÍA,
BRASIL.
El estado de Bahía,
al nordeste de Brasil, fue una de las zonas de esclavitud
y de producción de azúcar en el Nuevo Mundo. A
causa de su rebeldía, sus esclavos fueron siempre temidos
por todos los propietarios brasileños, que evitaban comprar
cautivos de la región. Se sabe que durante el siglo XIX
tuvieron lugar en Bahía más de veinte revueltas y
conspiraciones de esclavos. Estas rebeliones atacaron las plantaciones
de azúcar del Reconcavo, el área que bordea la Bahía
de Todos os Santos y la ciudad de Salvador, capital de Bahía
y del imperio portugués en América hasta 1.763,
año en que fue reemplazada por Río de Janeiro.
En este artículo investigaremos algunos de estos movimientos,
a los cuales los musulmanes africanos contribuyeron en grado
sumo. Pero antes veamos cuál era la situación en
la región. 1.- Las dos primeras décadas del siglo XIX marcaron la explosión azucarera de Bahía, un fenómeno ligado al declive de las sociedades de plantaciones en Santo Domingo (Haití) a causa de una revolución de esclavos en la década de 1.790. La prosperidad bahiana llegó a su fin a principios de la década de 1.820 con la guerra de independencia. Posteriormente, la producción de azúcar de remolacha en Europa, el desarrollo de la producción azucarera en Cuba y el fin del comercio de esclavos tuvieron en conjunto un efecto negativo. La crisis en el comercio exterior se combinó con un colapso en la producción de alimentos, un rápido crecimiento de la población y altas tasas de inflación. Tampoco el escenario político estaba en calma. Además de un aumento en el número de las revueltas de esclavos, la región se hallaba agitada por rebeliones militares y liberales, movimientos antiportugueses, protestas por la escasez de alimentos, al menos un serio levantamiento de indígenas en el interior y la destrucción de un cementerio recién construido en Salvador.
En Bahía, el
régimen de esclavitud era cruel, con altas tasas de mortalidad
y cortas expectativas de vida. La formación de familias
y la reproducción biológica se hallaban inhibidas
a causa de una escasa relación entre mujeres y hombres,
resultado de un esquema de tráfico de esclavos que capturaba
en primer lugar a los hombres, y de las prácticas de manumisión
que favorecían a las mujeres. Así, hasta el fin del
comercio de esclavos en 1.850, la fuerza del trabajo esclava se reprodujo
por importaciones procedentes de África. La proporción
de nativos en el total de la población esclava de Salvador variaba
desde un 30 a un 35% durante la década de 1.830. Los antiguos
esclavos africanos o libertos también se encontraban en gran
número entre las clases libres, de las cuales representaban
en 1.835 aproximadamente un 12%. Alrededor del 33% de los 66.500 habitantes
de la capital habían nacido en África. Sumados a los
afrobrasileños (esclavos, libertos y negros libres nacidos
en Brasil) formaban una formidable mayoría negra de un 72%.
Estos números eran incluso mayores en los pueblos y plantaciones
de la zona azucarera del Reconcavo, cercana a la capital. Un informe
del Reconcavo en 1.816 arrojaba un recuento de seis esclavos por cada
persona libre. Aquí, el predominio africano era con seguridad
más significativo que en Salvador. Tal concentración
de grandes grupos de africanos creó un entorno ideal
para el desarrollo de una fuerte cultura esclava y el restablecimiento
de la solidaridad étnica y entre esclavos. Tanto dentro
de sus propias instituciones como en las instituciones impuestas por
la clase propietaria, los esclavos podían reproducir, seleccionar,
desarrollar y redefinir buena parte de sus tradiciones africanas.
En el contexto urbano donde se desarrollaron las conspiraciones más
elaboradas, a los esclavos se les permitía ofrecer sus servicios
en el mercado laboral con bastante independencia, mientras pagasen
a sus amos una cantidad diaria o semanal previamente negociada. El
trabajo esclavo en las calles de Salvador implicaba la organización
de grupos africanos de trabajo y sociedades de manumitidos a través
de líneas étnicas en las que los antiguos esclavos también
participaban. La etnicidad influenciaba otros aspectos de la vida
de los africanos en Bahía. Cortejaban, y cuando era posible, se
casaban con hombres y mujeres de sus tribus. Incluso las hermandades
católicas seglares tenían esta orientación étnica,
por no mencionar los cultos africanos de posesión y el Islam. Así,
los africanos de Bahía trabajaban, jugaban, rezaban y, al fin
y al cabo, se revelaban en base a su etnicidad. Ciertamente, también
estaban divididos por su etnicidad, pero frecuentemente se las arreglaban
para establecer alianzas interétnicas para enfrentarse al régimen
de esclavitud. En la formación de estas alianzas la explotación
clasista y la opresión racial eran factores importantes. 2.- La serie de revueltas
esclavas del siglo XIX en Bahía se ve frecuentemente
ligada al mensaje revolucionario del Islam. Sin embargo, de las
más de veinte rebeliones y conspiraciones, sólo tenemos
evidencia documental de influencia musulmana en tres de ellas: en
1.807, en 1.814 y en 1.835, todas las cuales estaban bien organizadas. En 1.807, el levantamiento
nunca llegó a materializarse. La conspiración
fue denunciada por un esclavo leal y rápidamente desbaratada
por eficaces medidas policiales. Los rebeldes habían
planeado alzarse el 28 de mayo, durante la celebración
del Corpus Christi. Tenían intención de quemar edificios
en el distrito comercial como táctica de distracción,
mientras se unían a los esclavos de las plantaciones del Reconcavo
y junto con ellos, de acuerdo con la narración del gobernador
de Bahía, “hacer la guerra contra los blancos”. Más tarde,
una investigación policial descubrió una elaboradísima
red conspirativa, con “capitanes” situados en cada parroquia de Salvador,
y un líder llamado “embaixador”. Los insurgentes eran
esclavos y libertos hausa. Durante los registros, la policía
encontró arcos y flechas, cuchillos, unas cuantas pistolas
y armas de fuego, un tambor y amuletos musulmanes llamados “mandingas”
en Bahía en aquella época, probablemente como referencia
a los esclavos de etnia mandinga[3] que en los siglos XVII
y XVIII habían sido importados en pequeño número.
Sin embargo, no se sabe de que ningún mandinga participase
en la conspiración. Los amuletos y la participación
de los hausas (un grupo altamente islamizado) son indicaciones
de que los musulmanes estaban involucrados en esta conspiración,
como señala el hecho de que dos hausas, un esclavo y un
liberto, fueran posteriormente ejecutados y once más recibieran
ciento cincuenta latigazos cada uno. Poco más se sabe de este
episodio. En 1.814 tuvo lugar
una insurrección que de nuevo fue predominantemente
hausa. Cierto número de esclavos se reunió
en 28 de febrero en un quilombo (comunidad de esclavos
fugitivos) en las cercanías de Salvador, y desde ese punto
unos doscientos cincuenta atacaron el pueblo costero de Itapoan y
varios edificios relacionados con la industria ballenera. Entonces
iniciaron una marcha hacia el Reconcavo, quemando unas cuantas plantaciones
de camino, pero jamás alcanzaron el corazón de la zona
azucarera. En los márgenes del río Joanes fueron interceptados
por tropas de caballería rápidamente enviadas
por el gobierno. Los esclavos pelearon valientemente al grito de “muerte
a los blancos y a los mulatos”, siendo estos últimos la espina
dorsal de la milicia bahiana y las fuerzas regulares. Contra las balas
de los soldados usaron arcos y flechas, garrotes y algunos jinetes a
caballo. La batalla duró menos de una hora. Los rebeldes fueron
derrotados, perdiendo cincuenta y ocho hombres, mientras causaron tan solo
catorce bajas, incluyendo algunos esclavos recién llegados que
estaban demasiado asustados para unirse a la rebelión. Cuatro esclavos
fueron sentenciados a muerte, muchos recibieron azotes públicos
y veintitrés hombres, probablemente antiguos esclavos, fueron deportados
al puerto portugués de Benguela, en Angola. Otros, sin embargo,
pudieron escapar por los bosques y colinas que rodeaban la capital. La descripción
de esta rebelión muestra muchos elementos comunes
con la conspiración de 1.807. Como el complot previo,
parece haber sido planeada muy cuidadosamente. Las actas del
juicio están, por desgracia, incompletas, pero ofrecen
cierto número de pistas para comprender este episodio. Por ejemplo,
mencionan a un tal João, supuestamente un “malomi ou
sacerdote”, en palabras del escribano de la policía. La
palabra “malomi” probablemente procede de “malam”,
el término hausa para designar la palabra árabe
“mu‘allim” o “sacerdote” musulmán[4].
El malomi João comandaba la conspiración desde
el quilombo. Su principal agente en Salvador era un
esclavo llamado Francisco Cidade que, debido a la relativa independencia
de la que disfrutaban los esclavos urbanos, se comunicaba con los
esclavos del Reconcavo y obtenía fondos y alimento que enviaba
con regularidad al quilombo. Se decía que hizo
un viaje a la isla de Itaparica donde confirió a un tal David
el título de “Duque de la Isla”. Parece que los rebeldes intentaban
establecer sus propias jerarquías usando una terminología
europea como descripción de poder político y social,
y con la cual estaban familiarizados.Vemos entonces términos africanos
como malomi mezclados con términos portugueses como duque (o
embaixador en 1.807). También pudiera ser que estuviesen
introduciendo en Bahía la terminología política
que caracterizaba el Haití de Christophe[5]. Hay fuertes evidencias
de que los esclavos brasileños conocían Haití,
como lo prueba la publicación por parte de Luiz Mott[6]
de un documento que revela que en 1.807 los esclavos de Río
de Janeiro llevaban medallas con la imagen de Christophe. Estos
son signos de la flexibilidad, la adaptabilidad y el nivel de información
que caracterizaban, en tiempos de guerra y de paz, las culturas
esclavas del Nuevo Mundo. Al igual que ese Duque David de Itaparica,
otros fueron señalados probablemente como dignatarios de
una nueva y clandestina estructura de poder, y finalmente como líderes
locales de la posible rebelión. En el tema del liderazgo,
resulta sorprendente que los informes hablen de Francisco Cidade
como “presidente de las danzas de su nación, su protector
y su agente”, una descripción que le cuadra mejor a un
Sarkin Bori (título del líder masculino
del culto Bori, de la etnia hausa, que por
lo demás es practicado por mujeres) que a un líder
religioso musulmán, incluso considerando el tremendo sincretismo
en la tierra hausa. Tal vez en Bahía el Islam había
adoptado más profundamente que en África ciertos aspectos
de los rituales africanos, incluyendo los bailes de los cultos de posesión.
O tal vez Francisco fuese el líder de los kefirai Por desgracia, los
archivos hasta ahora investigados no revelan mucho más
acerca de la rebelión de 1.814. Después de
la guerra de independencia en Bahía (1.822-23) las rebeliones de
los esclavos se convirtieron en parte de la vida cotidiana. En 1.835 tuvo
lugar la amenaza más seria a la clase propietaria: la revolta
dos malês. “Malê” (procedente de la expresión
“imale”, de origen yoruba), era el término utilizado
en Bahía durante la década de 1.830 para designar a un musulmán
africano. La palabra africana “mussulmi” o “mussurumim”
se hizo más común en fechas posteriores. Al atardecer del 24
de enero de 1.835, un grupo de militares que habían sido
advertidos irrumpió en una casa en el corazón
de Salvador, a unos cuantos metros del palacio del gobernador,
el ayuntamiento y la catedral. Dentro, un grupo de aproximadamente
sesenta hombres había estado haciendo los últimos
preparativos para un levantamiento a primera hora de la mañana
del día siguiente, un domingo dedicado a la celebración
católica en honor de Nossa Señora da Guia.
A pesar de ser sorprendidos dentro de la casa, los rebeldes vencieron
fácilmente a sus atacantes y llevaron la lucha a las calles
de Salvador, donde su número creció al unírseles
otros africanos en respuesta a sus llamadas. Atacaron a la guardia
de palacio, los calabozos municipales, donde un alufa
esperaba ser subastado, y varios puestos de policía y barracones
militares en diferentes lugares de la ciudad. Incapaces de conquistar
ni ocupar ninguno de estos bastiones y símbolos del poder del
hombre blanco, y sometidos a un intenso fuego, intentaron salir de
Salvador y alcanzar el Reconcavo, donde habían establecido
contactos previos con los esclavos de las plantaciones. En su camino,
sin embargo, se encontraban los barracones de la caballería,
cuyos hombres combatieron contra ellos y los derrotaron. Los entre
cuatrocientos y quinientos insurrectos tenían en su poder
muy pocas armas de fuego, siendo su principal arma un tipo de cuchillo
largo importado de Alemania conocido como parnaiba, de extendido
uso en Bahía. Al menos setenta africanos murieron en la lucha,
que dejó tan sólo nueve bajas en el campo contrario. Esta rebelión
es obviamente más importante por lo que pudo llegar a
ocurrir que por lo realmente ocurrido, pero los altos cargos de
la provincia e incluso el gobierno central de Río de Janeiro
no se lo tomaron a la ligera. Después de todo, una ciudad
importante del Imperio había sido atacada desde su interior
por esclavos africanos. Los juicios masivos que siguieron a la insurrección
produjeron uno de los archivos más voluminosos de una sola
revuelta de esclavos en todo el continente americano: testificaron
más de doscientos cincuenta acusados y más de cuatrocientos
testigos. De los acusados, ciento
noventa y nueve eran yoruba (cincuenta y tres libertos,
ciento cuarenta y tres esclavos y tres de condición desconocida;
catorce eran mujeres y ciento ochenta y seis hombres), treinta
y uno hausa (veintitrés libertos y ocho esclavos;
una mujer y treinta hombres), diez jejes (seis libertos,
tres esclavos y uno de condición desconocida; dos mujeres
y ocho hombres) y dieciocho eran nupe, borgu o gurma
(catorce libertos y cuatro esclavos; seis mujeres y ocho hombres).
Unos cuantos minas, calabris, angoleños y congoleños
también fueron arrestados, incluyendo a cuatro afrobrasileños
que, como muestra una cuidadosa lectura de las actas, no tuvieron
ninguna participación en este clarísimo movimiento completamente
africano. El número total de africanos encausados incluía
ciento ochenta y cinco esclavos, ciento once libertos y ocho personas
cuya condición no hemos sido capaces de identificar. Cerca del 65% de los
acusados eran yorubas, aunque los yorubas sólo
constituían un 26% de la comunidad africana de Salvador.
Los hausa, por otra parte, sólo estaban ligeramente
sobrerrepresentados entre los acusados: 10,2% frente al 9,4% de
la población africana de la ciudad. Sin embargo, si miramos
solamente a los libertos, los hausa están significativamente
sobrerrepresentados: constituían un 9,2% de los libertos africanos
de Salvador, pero alcanzaban un 20,7% de los libertos detenidos. El
75% de los acusados africanos era yoruba o hausa, pero
de ellos, los yorubas predominaban con claridad. La rebelión
fue fundamentalmente un movimiento nagô (yoruba). De los principales
grupos africanos de Bahía en 1.835, los jeje sólo
aportaron un pequeño número de rebeldes. Eran
el segundo grupo más numeroso, representando un 16% de
los esclavos y un 24% de los libertos de la comunidad africana de
Salvador. Sin embargo, sólo diez de ellos fueron arrestados,
esto es, un 3,3% de los acusados africanos. Esto puede explicarse
tanto por la transferencia a Bahía de la animadversión
entre los yorubas y los jeje (las guerras constantes
entre Oyo y Dahomey) como por el escaso papel que jugaba el
Islam entre la gente de Dahomey en esa época. Por supuesto, no todos
los procesados habían participado realmente en la revuelta
o eran musulmanes. Aún así, es posible decir que las
cifras sugieren que el Islam en Bahía, o al menos esta revuelta
musulmana en particular, era en gran medida un movimiento étnico
de los nagô[9] y en menor medida de
los hausa. De los siete líderes conocidos, cinco
eran nagô, uno tapa (nupe) y sólo
uno hausa. Fue la expresión yuruba “imale”,
o su forma bahiana malê, la que identificó a
la “sociedad conspiradora” en 1.835. Se considera frecuentemente que
el papel del Islam en 1.835 fue el de creador de una multialianza étnica,
pero esta conclusión necesita una revisión o al menos
algunas puntualizaciones. La revuelta incluyó la formación
de un frente étnico en el que los nagô prevalecían
numérica y políticamente. Tomando prestada una expresión
que hemos usado en un contexto más reciente, es posible que
entre los nagô de 1.835 convergiesen en gran medida
la islamicidad y la yorubaidad de Bahía.
Además, hay evidencias de que muchos nagô no
musulmanes lucharon en nombre de su “nación” contra la esclavitud. Más del 62%
de los acusados africanos eran esclavos. Este es un importante
descubrimiento si tenemos en cuenta que la proporción de
libertos entre los procesados, cercana al 38%, superaba
en un 17% su proporción estimada en la comunidad africana
de Salvador. Muchos autores han rechazado la idea de que la lucha
contra la esclavitud fuese una cuestión principal o que fuese
incluso una motivación de la rebelión, señalando
el hecho de que hubiese tantos libertos involucrados. Pero para
aceptar sus opiniones ha de considerarse como indiscutible el hecho
de que las revoluciones sólo las hacen los completamente desposeídos.
En cualquier caso, la mayoría de los procesados eran esclavos
y entre los acusados nagô los esclavos constituían una
tremenda mayoría de un 73%, sin contar los tres de condición
incierta. Además, de los siete líderes musulmanes que
hemos sido capaces de identificar con certeza, cinco eran esclavos,
incluyendo a los respetadísimos alufas Ahuna y Pacífico
Licután, cuyo nombre musulmán era Bilâl, el nombre
del almuédano[10] negro de Muhammad,
tomado con frecuencia como sinónimo de almuédano en África
Occidental. Durante su interrogatorio, Bilâl afirmó
que tanto él como sus compañeros nagô habían
sufrido “mau cativeiro”, una clara referencia a la condición
de los esclavos urbanos y en particular a los esclavos nagô
musulmanes en 1.835. Otro argumento que
con frecuencia se contrapone a la idea de que la solidaridad
esclava tenía algo que ver con la revuelta se basa en un
pasaje de la declaración de una liberta que denunció
a los malês. Ella manifestó que había
oído a algunos conspiradores decir que habían planeado
matar a los brasileños blancos y negros y esclavizar a los
mulatos. La traducción por parte de un esclavo hausa de
un documento escrito en árabe en 1.835 y cuyo original desgraciadamente
se perdió, también manifiesta que a “todo el que perteneciera
a la tierra del hombre blanco” habría que matarlo. Además,
el esclavo João afirmó en su declaración
que los rebeldes planeaban “matar a todos los blancos, mulatos
y crioulos[11]. Los esclavos crioulos
eran vistos por muchos africanos como absolutamente leales a los
blancos, una percepción común a muchos lugares del
Nuevo Mundo donde floreció la esclavitud. Es cierto que
crioulos y mulatos eran favorecidos sobre los africanos
en asuntos tales como el tipo de trabajo y la posibilidad de crear una
familia o alcanzar la manumisión. Cuando eran liberados, con
frecuencia ingresaban en la milicia o se hacían conductores o
cazadores de esclavos. A finales del siglo XVIII un grupo de esclavos
crioulos abandonó el trabajo y se enfrentó
a su amo con una serie de demandas, incluyendo la de que las tareas
más ingratas de la plantación habrían de ser
encargadas solamente a los africanos. En otro lugar, en 1.827, los
esclavos crioulos de una plantación del Reconcavo se pusieron
del lado de su amo contra una rebelión de esclavos africanos.
Los crioulos libres y particularmente los mulatos también
poseían esclavos, aunque también se encontraban propietarios
de esclavos entre los libertos africanos. De hecho, un liberto
yoruba que poseía un esclavo congoleño
participó en el complot musulmán. Fue, sin embargo,
el único propietario de esclavos del partido rebelde. Y en el
asunto de la “lealtad” respecto a los blancos, ha de recordarse no sólo
que fueron dos libertas africanas quienes denunciaron el plan rebelde,
sino que la inmensa mayoría de los libertos y esclavos africanos
no se unieron a la rebelión. Como quiera que sea,
dadas las diferencias culturales, étnicas y sociales,
no es difícil explicar la animosidad malê contra
los grupos afrobrasileños. Definitivamente, la solidaridad
esclava no se expresaba de modo abierto, ya que políticamente
los esclavos africanos y los esclavos brasileños estaban
profundamente divididos. No obstante, “una guerra contra los blancos”
fue la expresión más frecuentemente escuchada en los
interrogatorios de los africanos arrestados en 1.835. Parece absurdamente
irreal negar que el movimiento rebelde fuese una reacción
a su esclavitud en la tierra del hombre blanco. La rebelión no
fue sólo, aunque sí básicamente, un movimiento
musulmán, nagô y esclavo. El gran número
y el importante papel de los participantes libertos puede
explicarse a causa de la solidaridad étnica y musulmana,
pero también por una solidaridad dependiente de la naturaleza
específica de la esclavitud urbana. Como hemos mencionado
anteriormente, los esclavos y los libertos frecuentemente trabajaban
codo con codo en las ciudades, a menudo en bandas de portadores de
sillas y estibadores organizadas por ellos mismos mediante líneas
étnicas. El 60% de los negocios en los que los esclavos y los
libertos estaban ocupados pertenecían, o bien a la categoría
de servicios de porte, o bien de artesanía. El 23% de los acusados
se ganaban la vida como portadores de sillas o porteadores. Algunas
ocupaciones como la venta ambulante eran con frecuencia desempeñadas
por libertos africanos, en particular mujeres, mientras otras, como
el servicio doméstico, pertenecían principalmente
a los esclavos. Pero muchos esclavos y libertos tenían más
de una ocupación y continuamente se encontraban en las calles
de Salvador. A algunos esclavos se les permitía incluso vivir
fuera de las casas de los amos y terminaban compartiendo casas y habitaciones
con compañeros libertos. Así, además de la etnia
y la religión, y reforzando estos lazos, el trabajo y las condiciones
de vida bajo la esclavitud urbana ayudaban a fomentar la solidaridad
entre libertos y esclavos. Si, como hemos dicho
antes, la rebelión fue primordialmente musulmana,
yoruba y esclava, también fue no musulmana,
no yoruba y no esclava. Secundariamente, fue un movimiento
africano en el cual no participaron esclavos ni libertos nacidos
en Brasil que, en una Bahía controlada por rebeldes musulmanes,
en apariencia no ocuparían un lugar privilegiado ni quizás
lugar alguno, no tanto porque no fuesen musulmanes (aunque es
cierto que por aquella época no había presencia islámica
entre los negros nacidos en Brasil) sino a causa de su supuesta asociación
cercana a la clase propietaria. Los archivos del juicio
son muy reveladores acerca de la comunidad musulmana de Bahía
en este periodo y, desde luego, sobre su papel en la rebelión.
Los malês intentaron reproducir en el Nuevo Mundo buena
parte de su vida religiosa en África. Con frecuencia se reunían
usando las ropas blancas favoritas de los musulmanes yoruba
(la aqbada) y rezaban, recitaban el Corán, aprendían
la escritura árabe y celebraban las fechas señaladas
del calendario musulmán. Solían reunirse en casas alquiladas
por libertos, pues los amos casi nunca les permitían reunirse
en las barracas de los esclavos. En 1.834, un mercader inglés
permitió a sus esclavos construir una choza en su patio
trasero, pero más tarde los obligó a destruirla después
de que el juez de paz local protestase a causa de las reuniones de
esclavos mantenidas allí, en particular por la inquietante
celebración de Lailat-al-Mi‘râŷ[12].
El Islam era una religión clandestina, quizás mucho
más que el candomblé, la religión
tradicional de los yoruba y los jeje. Pero antes
de 1.835, los portadores de sillas y estibadores africanos estudiaban
discretamente la escritura árabe en grupos de dos o tres, mientras
esperaban clientes en las esquinas de las calles. En ocasiones especiales
del calendario musulmán, los malês sacrificaban
corderos y exaltaban la gloria del Islam. Durante el ramadán,
observaban el ayuno prescrito. Como no podían ponerse la aqbada
en público, para reconocerse entre ellos llevaban anillos de
plata, un símbolo de identidad musulmana que parece haber sido
particular de Bahía.
Hay evidencias de
que el Islam estaba creciendo dentro de la comunidad africana en tiempos
de la rebelión. Algunos de los africanos arrestados eran claramente
musulmanes desde hacía mucho tiempo, mientras que otros se
habían unido recientemente a la “sociedad malê”,
e incluso otros declararon que se los había invitado pero habían
rechazado unirse. Probablemente, muchos de los que lucharon
en 1.835 eran conversos recientes y a un buen número de
ellos se los podría considerar como pertenecientes a la
periferia de la sociedad malê, es decir, gente que tenía
amigos o compañeros de trabajo musulmanes. Como ya se ha
dicho, la solidaridad étnica jugó un importante papel
en atraer a los no musulmanes al partido rebelde. El Islam fue el principal
factor organizador del movimiento y el lenguaje del discurso.
Los malès lucharon en las calles de Salvador
llevando sus aqbadas y amuletos con inscripciones coránicas
o islámicas. El alto liderazgo estaba formado por alufas
respetados, muchos de ellos africanos de edad que, de acuerdo con
un testimonio, habían llamado explícitamente a sus seguidores
al levantamiento. Los jóvenes seguidores del liberto yoruba
“padre” Manoel Calafate, como era llamado, prestaron juramento
de no morir “en la cama” sino luchando en pos de su maestro espiritual.
Fue en casa de Manoel donde comenzó el levantamiento. Un hombre
llamado Mala Mubakar, que aparentemente nunca fue arrestado ni identificado
por la policía y que podría haber sido en aquel tiempo
el imam[15] de Bahía,
parece haber dado la orden final del ataque. La rebelión tuvo
lugar al final de ramadán, es decir, en una época
en la que se cree que los espíritus malignos están bajo
control divino. Como el ramadán es considerado generalmente por
los musulmanes como una época de contemplación y purificación,
puede ser más preciso decir que la insurrección había
sido planeada para después de Lailat al-Qadr (Noche
del Poder o Noche del Decreto), fiesta celebrada a final del ramadán
y ocasión en la que Allâh aprisiona al los malos
espíritus y pone orden en el mundo. En esa noche, dice la
azora 97 del Corán, llamada al Qadr: “descienden los
ángeles y el Espíritu con permiso de su Señor...En
esa noche todo es paz hasta el amanecer”. Los malês habían
prometido a uno de sus líderes más importantes (el esclavo
Bilâl anteriormente mencionado, que estaba encarcelado esperando
su subasta) que sería liberado al final de la época
de ayuno. La rebelión había sido planeada para el amanecer
del 25 de enero de 1.835 (25 de ramadán de 1.250) y cuando
la policía llegó a casa de Manoel los conspiradores
estaban aparentemente rompiendo el ayuno, por lo que parece verosímil
que estuvieran celebrando Lailat al-Qadr. La época
de purificación del ramadán iba a ser inmediatamente
seguida por una gloriosa guerra contra los bahianos. Sin embargo, la azora
97 no se encuentra en ninguna parte de los papeles confiscados
por la policía ni en las actas del juicio. Tales papeles,
escritos en árabe magrebí, han sido traducidos e interpretados
por Vincent Monteil[16] y Rolf Reichert[17].
Todos son de naturaleza religiosa (pasajes del Corán,
plegarias musulmanas, diseños cabalísticos) en su
mayor parte escritos por principiantes, lo que supone una prueba
a favor del movimiento de conversión, y sólo unos
pocos el trabajo de manos musulmanas experimentadas. A pesar de
que, como señalo Reichert, algunos pasajes hablan sobre el
sufrimiento de los oprimidos y prometen mejores días para los
creyentes, no hay un mensaje laico ni ningún texto o declaración
política entre los papeles que se salvaron. Cierto número
de ellos aún tiene las marcas de haber sido cuidadosamente
doblado por fabricantes de amuletos. Sin embargo, existe una supuesta
traducción de textos árabes escritos por un esclavo
hausa, una parte de los cuales ya hemos mencionado, que
contienen instrucciones y una llamada a las armas. No obstante, el documento
original, si alguna vez existió, ha desaparecido de los archivos.
Traducidos también por aquella época, y más en
consonancia con los papeles que se salvaron, hay una serie de amuletos
vistos por el señor E. de Rosière, el representante francés
en Río de Janeiro en 1.835. De acuerdo con él,
decían: “¡En el nombre de Dios Clemente y Misericordioso!
¡Pueda Dios extender Su misericordia sobre nuestro señor
Muhammad! Alabado sea el nombre de quien da la salvación. La
sangre debe ser derramada y todos nosotros debemos desear mancharnos
las manos con ella ¡Oh, Dios! ¡Oh, Muhammad! ¡Servidor
del Todopoderoso! ¡Esperamos el éxito si place a Dios
El Altísimo! ¡Gloria a El! ¡Así sea!” El
diplomático añadió: “El versículo de la
sangre a derramar se repetía doscientas diez veces en cuarenta
y dos líneas sobre cada papel del cual era portador cada negro”.
Aunque no hay razón para dudar de su existencia, es cuestionable
que un texto idéntico a éste fuese llevado por cada luchador,
ya que ninguno de los escritos árabes que se salvaron contiene
exactamente el mismo texto. Debido a la fuerte
evidencia del papel ideológico dominante que jugó
el Islam en 1.835, la revuelta ha sido interpretada tradicionalmente
como una continuación directa en el Nuevo Mundo de los
yihads de la espada o guerras santas musulmanas que
buscaban reformar y extender el Islam en África Occidental.
Inicialmente, esta interpretación fue formulada a principios
del siglo XX por el primer estudioso serio del movimiento, el profesor
brasileño de medicina forense y etnólogo pionero Raymundo
Nina Rodrigues. Sostenía que los malês planeaban
matar a todo no musulmán (tanto libre como esclavo, brasileño
o africano, blanco o negro, cristiano o pagano) y establecer un régimen
islámico monolítico en Bahía. De acuerdo con
él, la revuelta no puede ser considerada como un levantamiento
de esclavos, a causa de su orientación religiosa y la falta
de contenido social explícito, y también porque muchos
libertos africanos, algunos de ellos supuestamente ricos, habían
participado en ella. Más recientemente, el etnógrafo
francobrasileño Pierre Verger, que escribió un estudio
ya clásico sobre las conexiones culturales y comerciales
entre Bahía y el Golfo de Benin, concuerda absolutamente con
Nina Rodrigues en esta apreciación. En su excelente libro
acerca de las religiones africanas en Brasil, Roger Bastide dedica
unas cuantas páginas a la revuelta malê en las que
reduce el campo adversario de los rebeldes a la población católica
y llama la atención sobre el hecho de que los kafirai
o paganos africanos también se unieran al levantamiento. En un
reciente artículo, el eminente paleofilólogo Jack Goody
ha resaltado el papel del Islam como una religión alfabetizada,
universalista, proselitista y por tanto intolerante, que los creyentes
africanos intentaban proteger y extender en Bahía siguiendo el
modelo de los yihadistas fulani[18] en África. La “interpretación
del yihad” ha sido atacada desde diferentes ángulos.
El autor brasileño Adeimal Jurcema, un marxista militante,
escribió en los años treinta un folleto en el
que sostenía que la rebelión había tenido
lugar contra la explotación de los esclavos y que el Islam
había sido una herramienta ideológica inadecuada para
tal reacción debido a que no se basa en los principios de
la lucha de clases. Una versión más reciente de esta
interpretación la da Decio Freitas[19] y se dirige específicamente
a las contradicciones inherentes a la condición de los esclavos
urbanos, que por un lado hacía más fácil para
el esclavo imaginar una sociedad sin esclavitud y por otro facilitaba
la organización de rebeliones. Otro erudito, Clovis Maura, ha
rechazado la tesis del yihad pero considera el papel del
Islam como el de un arma supraétnica y políticamente unificadora
utilizada por los esclavos contra el régimen de esclavitud y
por los libertos contra la opresión racial. El estudioso norteamericano
Raymond Kent[20] ha criticado con
vehemencia tanto la interpretación yihadista como la marxista.
Según él, las guerras santas se hacen para extender el
estado islámico, cosa que no existía en Bahía..
La participación de libertos es tomada como prueba de que la
rebelión no era una lucha de clases. Coincidiendo con Kent,
Howard Prince ha sugerido que la rebelión fue un movimiento de
regeneración cultural africana con resonancias milenaristas,
siguiendo así el modelo de Lanternari sobre los movimientos religiosos
de África[21]. Finalmente, en
un estudio sobre la formación histórica de la identidad
afrobahiana, el antropólogo Renato de Silveira arguye que, aunque
la esclavitud y la lucha contra la opresión son importantes
para el análisis de 1.835, el movimiento ha de ser interpretado
y caracterizado según su propia estructura organizativa. No cree
en un traslado del yihad de África Occidental a Bahía, no
obstante, en su opinión, la revuelta fue enteramente religiosa
en su naturaleza y alcance, careciendo de componente clasista (antiesclavista)
y con muy poca orientación étnica. En nuestra opinión,
ninguna de estas interpretaciones es completamente satisfactoria.
Los autores que ven el movimiento de 1.835 como un yihad
sostienen con poco apoyo de la evidencia que el asesinato de paganos
africanos supuestamente planeado por los rebeldes es prueba suficiente
de que el levantamiento fue una guerra santa. Sin embargo, Bastide
señala correctamente que había paganos en el grupo rebelde.
Como antes se ha visto, los conspiradores reclutaron familiares y compañeros
no musulmanes y su plan era iniciar una insurrección de todos
los esclavos africanos de Salvador y del Reconcavo. La doctrina musulmana
es en cierto modo ambigua acerca de la posibilidad de que
los paganos puedan participar en un yihad. Algunos mantienen
que los musulmanes no deben pedir ayuda a los paganos pero pueden
aceptarla si les es ofrecida. Uzman dan Fodio[22].
parece haber sido de la opinión de que la ayuda de los paganos, es
decir, de los no musulmanes que no sigan ninguna de las "Religiones
de la Escritura" como el Judaísmo o el Cristianismo, no debe ser
solicitada ni aceptada; pero en realidad muchos paganos lucharon en su
yihad. Aunque la participación pagana no elimina la “santidad”
de las guerras musulmanas, la rebelión bahiana difiere del
yihad de Sokoto y de otros modelos en que los líderes musulmanes
de 1.835 buscaron y probablemente recibieron ayuda de los paganos africanos. Definitivamente,
la rebelión de 1.835 no se dirigió contra los kafirai
africanos ni tampoco, a pesar de otra de las sugerencias
de Bastide, contra los cristianos como tales. En sus declaraciones,
los acusados identificaron de manera sistemática a sus
enemigos como los blancos y, en menor medida, los crioulos
y mulatos, pero nunca a los cristianos como tales. Bastide introdujo
un modelo europeo de conflicto íslamocristiano en el escenario
de 1.835, afirmando que el Islam en principio es fanático
e intolerante y, de este modo, dejando de explicar el intenso comercio
de símbolos entre el Islam africano y las religiones étnicas,
tanto en África como en Bahía. Goody llega a una conclusión
similar a través de una ruta diferente. Se basa en la capacidad
de los esclavos musulmanes para comunicarse por escrito, lo que habría
facilitado la conspiración, y en el papel de una “Religión
del Libro” universalista en la creación de un lazo ideológico
entre sus seguidores e intransigente frente a los no musulmanes. Como
ya hemos mencionado, la capacidad para leer y escribir fue probablemente
un éxito de los musulmanes bahianos (como lo es de los musulmanes
en general), pero en Bahía muy pocos de ellos eran capaces de
escribir con fluidez y aún no ha sido descubierto ningún
documento de contenido laico. Tal vez por carecer de información
más detallada sobre la rebelión de 1.835, Goody subestima,
aunque no niega, el papel de la palabra escrita como protección
mágica, una “lectura” del Islam encontrada más a menudo
entre los esclavos africanos de Bahía que entre cualquier otros.
Por lo tanto, es difícil aceptar que una lucha basada en los
modelos de yihad del África Occidental, principalmente
el yihad de Sokoto, se reprodujese en Bahía. Y no porque
el yihad fuese necesariamente una forma de imperialismo de estado,
como sostenía Kent, pues ciertamente éste no es el caso.
Por ejemplo, el yihad de Uzman dan Fodio no fue una guerra externa
con el objetivo de extender un estado islámico existente sino
más bien una revolución interna que tenía el propósito
de crear un estado islámico para reemplazar instituciones estatales
de naturaleza diferente. En cualquier caso,
el precedente fulani-hausa es un débil candidato
al papel de modelo de una rebelión bahiana que fue principalmente
dirigida y conducida por esclavos yoruba. La historia
del Islam en la tierra yoruba durante el siglo XIX no siguió
los mismos esquemas que en el país hausa. Al contrario
de lo afirmado repetidas veces sin análisis alguno,
los yoruba no poseían una tradición de yihad
propia. Las guerras del siglo XIX en el país yoruba que
siguieron al colapso del viejo imperio Oyo no fueron guerras de
religión sino guerras políticas entre estados sucesores.
A menudo se establecían alianzas al margen de los lazos
religiosos, de modo que se encontraba a correligionarios combatiendo
en frentes opuestos. Así, el famoso jefe guerrero musulmán
yoruba Ojo Amepo, jefe de los akese, luchó contra
el emirato musulmán de Ilorin[23] y contra ciudades
yoruba no musulmanas, y finalmente murió a
manos de la caballería de Ilorin. Es difícil creer que
los yoruba hubieran introducido en Brasil una tradición de
yihad que ellos mismos no poseían en África,
a menos que ellos, los orgullosos nagô, hubieran aceptado
la dirección de líderes hausa en Bahía,
lo cual no parece haber sido el caso. Pero, ¿no
podrían haber iniciado los nagô una tradición
de yihad en Bahía con la rebelión de 1.835?
En realidad, a pesar del papel central que el Islam jugó
en la rebelión, no hay razón que garantice que el
movimiento de 1.835 fuera percibido como un yihad por sus
participantes ni declarado como tal por sus líderes. No hay
duda de que los rebeldes musulmanes obtuvieron fuerza de los ritos islámicos
y de la hermandad creada entre los musulmanes, e igualmente los
no musulmanes contaban con la ayuda sobrenatural de los amuletos árabes.
Pero no todo movimiento animado por ideas islámicas ha
de ser un yihad. No obstante, incluso si el movimiento
de 1.835 hubiera de clasificarse como yihad, sería
importante recordar que una de las fuentes clásicas de los
movimientos yihadistas es precisamente la resistencia contra la opresión
socioeconómica y la decisión de luchar por la libertad
política y religiosa. Esto está enteramente de acuerdo
con las creencias ortodoxas del Islam y es en verdad un punto crucial
a tener en cuenta, ya que el principal problema de las interpretaciones
que consideran la rebelión de 1.835 predominantemente como
un yihad es la negación de la centralidad de cualquier
factor que no sea puramente religioso. Una pureza religiosa (tan
distinta del punto de vista musulmán sobre la religión)
que poco tendría que ver con las circunstancias concretas
de los rebeldes. No es enteramente imposible que el movimiento fuese
considerado yihad por los pocos musulmanes ancianos y letrados,
pero incluso en este caso sería un yihad que apuntara
a la victoria sobre la situación de explotación y opresión
bajo la que muchos de sus seguidores vivían en Bahía. Como
religión de africanos oprimidos, el Islam estaba perseguido por
la policía pero, al menos antes de 1.835, no más que cualquier
otra expresión religiosa africana. Debe recordarse que Bilâl
estaba en prisión no porque fuese musulmán sino porque era
un esclavo. Otro alufa En cualquier caso,
la lucha armada que realmente tuvo lugar estaba dirigida con
claridad contra las instituciones políticas y militares
del imperio esclavista bahiano, excluyendo cualquier otra cosa. Fueron
atacados los edificios militares y administrativos pero no las residencias
de los propietarios cristianos de esclavos ni las numerosas iglesias
católicas de Salvador. Si se había planeado la creación
de un estado islámico, no hay nada en los documentos existentes
que apunte en tal dirección. Una vez en el poder ¿crearían
los nagô un califato como el de Sokoto, o intentarían
reproducir la estructura política del imperio Oyo? Nunca
lo sabremos. 3.- Un aspecto importante
de la revuelta de 1.835 es la coyuntura política, oportunamente
aprovechada para la realización del levantamiento. Mirando
la situación desde la perspectiva de los rebeldes, no
podría haberse elegido mejor momento para golpear. En primer
lugar, las clases libres estaban divididas, con el grupo dominante
intentando imponerse sobre las disidencias internas y neutralizar
a los revolucionarios liberales, muchos de los cuales tenían
influencia en los barracones militares. Hubo numerosos motines militares
durante este periodo y frecuentes traslados de tropas a otras zonas
del imperio brasileño, con frecuencia más agitadas. Los
esclavos veían a los soldados, los guardianes naturales de la
ley y el orden, levantarse contra sus comandantes y su gobierno. La sociedad
esclavista parecía desesperadamente debilitada, o al menos eso
pensaban. En segundo lugar, y
tal vez tan importante como lo que estaba ocurriendo a un nivel macropolítico,
se encontraba el día a día de las confrontaciones
con los amos. Los esclavos tenían que escoger un momento
de debilidad en el control directo de sus señores. Como escribió
una vez un presidente de la provincia de Bahía, solían
escoger la Navidad para revelarse. A este nivel micropolítico,
los domingos y los festivos eran los días preferidos
en el calendario de famosas rebeliones y conspiraciones de esclavos
en toda América. Por ejemplo, Nueva York (EE.UU) en 1.712,
Antigua (Guatemala) en 1.736, Richmond (Virginia, EE.UU) en 1.800,
Southampton (Carolina del Sur, EE.UU) y Jamaica en 1.831. Como recordará
el lector, el levantamiento de 1.807 en Bahía estaba planeado
para el día del Corpus Christi. En aquel domingo 25 de
enero de 1.835, los propietarios de esclavos y el resto de ciudadanos
libres celebraban juntos Nossa Senhora da Guia en Bomfim,
un distante distrito de los suburbios. Los rebeldes bahianos fueron
además lo suficientemente cuidadosos como para elegir la
mañana de aquel día, momento en el que la mayoría
de los esclavos domésticos estarían en la calle acarreando
agua, mientras sus amos, cansados de una noche de fiesta, dormirían. Finalmente, la fecha
coincidía con un momento, si no de fuerza física,
sí de fuerza espiritual para los musulmanes: el ramadán,
o más precisamente, el final del mismo. Mientras los
blancos celebraban Nossa Señora en un lado
de la ciudad, en el otro los malês celebraban la gloria
a Allah y soñaban con un triunfo sobre los amos y sus aliados. Así, los
malês consideraban que tenían ante ellos
una situación revolucionaria ideal, un momento en el que
parecían estar en mejor posición estratégica
que sus adversarios en los frentes político y cosmológico.
Nunca supusieron que una denuncia de la conspiración pondría
los acontecimientos en su contra. No previeron que las clases
libres bahianas, aunque divididas, tenían aún mucho
poder y no habrían de perder su capacidad de formar un amplio
frente de brasileños de todos los estratos sociales, incluyendo
esclavos afrobrasileños, contra los rebeldes africanos. Porque
la esclavitud y la supremacía étnica en Bahía
no era un débil concierto de una clase propietaria ausente,
a semejanza del caso de Haití. Además de la influencia
ideológica de los amos sobre los esclavos nacidos en Brasil
o incluso sobre un buen número de esclavos y libertos africanos,
había miles de pequeños propietarios de esclavos, entre
ellos algunos libertos africanos, que tenían cierto interés
en el régimen esclavista y se hallaban dispuestos a defenderlo
o al menos a permanecer neutrales. La represión
que siguió a la rebelión redujo al mínimo
la presencia del Islam en Bahía. Aunque sólo
cuatro rebeldes fueron ejecutados por un pelotón de fusilamiento
(las autoridades fueron incapaces de encontrar un verdugo que
quisiera ahorcarlos), cientos de ellos recibieron hasta mil doscientos
latigazos (por ejemplo, el viejo alufa recibió mil),
otros fueron encarcelados con penas de muchos años o, en el
caso de los libertos, fueron deportados a África. Fue promulgada
una serie de leyes para mantener un control estricto sobre la comunidad
africana, leyes discriminatorias para los africanos en su lugar de trabajo,
en su vivienda o incluso en sus impuestos. Muchos malês
libres se unieron a los deportados en África y una vez allí
se reintegraron en las comunidades musulmanas locales, llevando consigo
retazos de una cultura bahiana que en muchos aspectos ellos mismos
habían ayudado a crear y reflejada en el idioma, la arquitectura,
la cocina, los hábitos de trabajo y la práctica de una
religión pacífica o incluso amistosa con el afrocatolicismo. Quienes consiguieron
permanecer en Bahía lo hicieron en la clandestinidad.
Mientras los amos y los oficiales de policía podían
a veces considerar los candomblés como “pasatiempos
de negros”, las reuniones malês cayeron bajo
una estricta prohibición durante muchas décadas.
Podría decirse que los candomblés bahianos del
siglo XIX crecieron a la sombra de la represión contra el Islam.
Probablemente muchos malês abandonaron su fe, en verdad
no muy ortodoxa, para dedicarse a prácticas religiosas menos
perseguidas. Sin embargo, durante los siglos XIX y XX aún se
pudieron detectar actividades malês tanto en Bahía
como en Río de Janeiro. La mayor parte de los veinte esclavos
entrevistados por Francis de Castelbon, cónsul francés
en Bahía a finales de 1.840, eran musulmanes. Al cambio del siglo,
tanto Nina Rodrigues como Manoel Querino[24] fueron testigos de
prácticas musulmanas en Salvador. Muchos malês
que tras 1.835 fueron vendidos a Río se convirtieron en famosos
fabricantes de amuletos y su presencia sería detectada a principios
del siglo XX por João do Rio[25]. Un reciente libro
escrito por un cronista bahiano ha arrojado más luz sobre lo
que quedó de la comunidad malê de Bahía
hasta los años treinta y cuarenta. Basándose en entrevistas
hechas hace décadas, identifica cierto número
de familias malês que mantuvieron una tradición
doméstica de prácticas islámicas. Sin
embargo, el aspecto más interesante de las vidas religiosas
de estos últimos malês era el sincretismo,
no sólo con el candomblé sino también
con el afrocatolicismo. Eran miembros activos tanto de casas orixás[26]tradicionales
como de hermandades católicas laicas, especialmente la hermandad
negra de Nossa Senhora del Rosario. Así, un día
en la vida de un malê bahiano a principios del siglo XX
podía incluir una misa católica por la mañana,
una ceremonia de candomblé por la noche y, en casa,
la lectura de algunos pasajes del Corán antes de acostarse. Aunque el Islam desapareció como religión organizada, no se desvaneció sin dejar rastro. En los años treinta, una solitaria piedra tallada malê decoraba con inscripciones árabes la nave de una capilla dedicada a Nuestra Señora de la Soledad en Bahía. Además, el más viejo candomblé de la etnia ewe, el Bogun, posee tradiciones orales que lo enlazan con los rebeldes malês. En los centros umbanda de Río de Janeiro, los malês son espíritus sin miedo que requieren un cuidadoso trato ritual por parte del creyente. Derrotado de mala manera en el campo de batalla, el Islam africano aún consiguió dejar unas cuantas huellas en la compleja arquitectura de los símbolos y creencias religiosas brasileñas. NOTAS.-
[2]Imperio situado en el suroeste de la actual
Nigeria que floreció entre los siglos XVII y XIX. Agrupaba
a buena parte de los pueblos yoruba. (N. del Tr.)[1] João José Reis es profesor de historia en la Universidad Federal de Bahía y es autor de diversos artículos y libros sobre el Brasil del siglo XIX. P. F. de Moraes Farias nació en Bahía (Brasil) y está especializado en historia medieval de África Occidental. En la actualidad trabaja en el Centre of West Áfrican Studies (CWAS) de la Universidad de Birmirgham, Reino Unido (N. del Tr.) [3]Conjunto de pueblos de África Occidental emparentados por lazos lingüísticos. Se extienden por los actuales estados de Gambia, Senegal, Guinea Bissau, Guinea Conakry, Liberia y Sierra Leona. Altamente islamizados, formaron parte del imperio de Malí, creado en el siglo XIII. Sufrieron especialmente el tráfico trasatlántico de esclavos hacia las costas de Norteamérica y, como curiosidad, cabe destacar que el famoso Kunta Kinte, personaje histórico protagonista del libro “Raíces”, pertenecía a esta etnia. (N. del Tr.) [4]Más tarde, la expresión yoruba “alufa” prevalecería en Bahía. [5]Henri Christophe: General haitiano que, junto a Jacques Dessalines (futuro emperador Jacques I) y el también general Alexandre Pétion, derrotó a los franceses y declaró la independencia de Haití el 1 de enero de 1804. (N. Del Tr.) [6]Luiz Mott es Doctor en antropología y profesor en la Universidad Federal de Bahía (N. del Tr.) [7]Término que deriva de la palabra árabe kufar (pl. kâfir) y que en castellano ha dado lugar a la palabra “cafre”. (N. del Tr.) [8]Ver referencia más adelante. (N. del Tr.) [9]Durante el alzamiento, el grito de guerra que se oía en las calles de Salvador era “viva nagô”. [10]Musulmán encargado de realizar la llamada a las cinco oraciones diarias prescritas en el Islam (N. del Tr.) [11]En el Brasil de aquella época se llamaba crioulos a los negros nacidos en Brasil. [12]Literalmente, Noche de la Ascensión. Celebración en la que los musulmanes conmemoran la ascensión del Profeta Muhammad desde la tierra, a través de los diferentes Cielos existentes en la cosmología musulmana, hasta llegar a la Presencia Divina. (N. del Tr.) [13]Conchas de moluscos que en diversos lugares de África se empleaban como moneda o como adorno y decoración. (N. del Tr.) [14]Vocablo árabe que da nombre a un capítulo del Corán . (N. del Tr.) [15]En el contexto del Islam sunní practicado por los esclavos africanos, imam es la persona designada por los musulmanes para dirigir la oración ritual cuando ésta se realiza en comunidad. (N. del Tr.) [16]Islamólogo francés fallecido recientemente (27 de febrero de 2005) a los 91 años de edad. Se convirtió al Islam tomando el nombre de Mansûr. (N. del Tr.) [17]Profesor de Islam e historia de Oriente Medio, y autor de varios libros sobre el mundo islámico. [18]Etnia africana que se extiende por toda África Occidental y Central, desde Senegal hasta el Chad, y que es conocida por muy diversos nombres (fulbé, peul, fula, pulaar...). Durante siglos fueron, y algunos siguen siéndolo, pastores nómadas y comerciantes. Con la conversión al Islam de una gran mayoría de ellos, llegaron a constituir uno de los grandes imperios africanos, con centro en Sokoto, en el norte de la actual Nigeria, el cual perduró a lo largo de todo el siglo XIX hasta la invasión británica de 1.900. (N. del Tr.) [19]Historiador y escritor brasileño fallecido en 2004. Es autor de numerosos libros y artículos sobre la esclavitud en Brasil. (N. del Tr.) [20]Profesor emérito de Historia en la Universidad de Berkeley, California. (N. del Tr.) [21]Para más información, consultar el libro de Victorio Lanternari “Movimientos religiosos de libertad y salvación de los pueblos oprimidos”, Seix-Barral, Barcelona 1965. (N. del Tr.) [22]De etnia fulani, Uzman dan Fodio (1754-1817) fue jefe del yihad en el país de los hausa entre 1.804 y 1.808 y fundador del califato de Sokoto. (N. del Tr.) [23]Estado yoruba que, apoyado por los fulani, se reveló contra el estado rival de Oyo en 1.817 y terminó siendo absorbido por el califato de Sokoto. (N. del Tr.) [24]Manoel Querino (1.851-1.923) Folklorista e historiador afrobrasileño nacido y muerto en Bahía, estudioso de la influencia africana en la historia de Brasil y destacado intelectual republicano y liberal. (N. del Tr.) [25]Escritor y periodista brasileño (1.881-1.921) (N. del Tr.) [26]Los orixás son fuerzas o espíritus existentes en la cosmología de la religión yoruba que se asentó en Brasil. Con la influencia del Catolicismo, muchos de estos orixás terminaron identificándose con diversos santos católicos, dando así lugar a diversos cultos sincréticos, como por ejemplo las diversas variedades de umbanda. (N. del Tr.)
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