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Estimados lectores:
En el mundo diverso, multicultural y
plurirreligioso en el cual vivimos hoy en día es necesario establecer
un nuevo paradigma que nos permita definir y comprender mejor las relaciones
entre las distintas civilizaciones y cosmovisiones del planeta. En el mundo
tradicional y premoderno, los contactos entre las diversas civilizaciones
y culturas eran mucho menos intensos que en la actualidad, por lo que,
en la mayoría de los casos, los valores y las prioridades de dichas
civilizaciones apenas eran cuestionados y, cuando lo eran, los procesos
de cambio social y político se producían con mucha mayor
lentitud. En la actualidad, sin embargo, la situación ha cambiado
por completo y, para bien o para mal, estamos experimentando un proceso
de globalización que afecta a todos los ámbitos. La rápida
circulación y el intercambio de información han puesto de
manifiesto, hoy por hoy más que nunca, que culturas, identidades
y religiones no son espacios cerrados y autosuficientes, sino más
bien marcos de referencia y de valores con unas fronteras bastante difusas.
Estados, iglesias e imperios han manipulado en su propio beneficio esas
identidades, nacionalidades o religiones supuestamente inmutables y cerradas
para así poder afianzarse en el poder. Y de ahí a demonizar
al “otro” sólo hay un paso, lo cual trae consigo las nefastas consecuencias
que todos conocemos.
En el presente número de Alif Nûn
reflexionamos sobre las relaciones más o menos problemáticas
entre culturas y civilizaciones, dedicando una atención especial
al modo en que el Islam y los musulmanes han afrontado el reto de la interculturalidad.
En el primer artículo, el intelectual palestino Edward Said analiza
el mito del llamado “choque de civilizaciones”, en especial entre el Islam
y Occidente, y denuncia que la difusión de esta idea responde a
un interés concreto en perpetuar e incrementar el conflicto, con
la intención de obtener réditos políticos y económicos.
El segundo artículo es la segunda parte del texto publicado el mes
pasado, dedicado al auge del Islam en Occidente, y la relación de
éste con los movimientos contraculturales. Para terminar, el tercer
y último artículo pone al descubierto cómo Irán
e Israel, las dos grandes potencias de Oriente Medio, utilizan la excusa
del enfrentamiento ideológico para ocultar aspiraciones de carácter
geoestratégico mucho más inconfesables.
La Dirección.
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Comenzaré
hablando de un ensayo y un libro escrito por Samuel Huntington, titulado
The Clash of Civilizations. Cuando apareció por primera vez en 1993,
en la revista Foreign Affairs, el título aparecía entre signos
de interrogación y en su primera frase anunciaba que la política
mundial está entrando en una nueva fase. Tres años después,
Huntington amplió el ensayo –algunos dirían que lo “infló”–
hasta convertirlo en un libro publicado el año pasado [1996] con el
título de The Clash of Civilizations and the Emerging World Order,
esta vez ya sin signos de interrogación. Mi premisa es que el
ensayo es mejor que el libro, es decir, que los añadidos empeoraron
el texto original. Por eso centraré mi atención en el ensayo,
aunque haré algunos comentarios sobre el libro según vayamos
avanzando.
Ahora bien, lo que Huntington quería
decir cuando afirmó que la política mundial estaba entrando
en una nueva fase es que, considerando que los recientes conflictos mundiales
han sido entre bandos ideológicos, agrupando al primer, segundo y
tercer mundo en entidades enfrentadas, el nuevo estilo político que
él intuye implicaría conflictos entre distintas civilizaciones,
presumiblemente opuestas. Cito al autor: “las grandes divisiones entre la
humanidad y la principal fuente de conflictos serán culturales. El
choque de civilizaciones dominará la política mundial.” Más
adelante explica que el conflicto principal será entre la civilización
occidental y las civilizaciones no occidentales, pero dedica casi todo su
tiempo a dos, discutiendo los desacuerdos, posibles o reales, entre lo que
él llama Occidente, por un lado, y las civilizaciones islámica
y confuciana, por el otro. En concreto, dedica mucha más atención
–una atención hostil– al Islam que a cualquier otra civilización,
incluyendo la occidental. Gran parte del tremendo interés prestado
posteriormente al ensayo de Huntington creo que deriva del momento en que
lo escribió y no exclusivamente de lo que escribió.
Los sentimientos patrióticos,
siempre que no contravengan las convicciones más elevadas del ser
humano, están permitidos en el Islam, del mismo modo que el afecto
hacia nuestros padres, hermanos y familia. Pero el nacionalismo no se detiene
en estos simples sentimientos. Es en sí mismo un credo sociopolítico
y una forma de vida que tiene por objeto controlar por completo la conducta
individual y social de los seres humanos. Es natural que el Islam, siendo
también una ideología con su propio sistema espiritual, político
y social independiente y estando integrado por una serie de creencias, entre
en conflicto con la ideología nacionalista.
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El hip-hop se ha convertido en el modo de expresión
de las minorías de jóvenes activistas urbanos en Europa. Para
los jóvenes musulmanes que sufren las campañas contra los inmigrantes,
así como el abandono del Estado y el recorte de los gastos sociales,
el hip-hop es una válvula de escape que les ofrece la oportunidad
de expresar sus críticas, declarando su solidaridad con otros jóvenes
marginados (en particular con los afroamericanos) y expresando el orgullo
por su cultura, para demostrar “quienes somos” (who we be), en palabras
del rapero neoyorquino DMX.
Si el rap de Estados Unidos ha sido criticado
por su materialismo, su nihilismo y su indiferencia política, el
hip-hop francés critica ferozmente el racismo, la globalización
y el imperialismo. Muchos grupos como Yazid y La Fonky Family hablan claramente
de las dificultades de ser árabe y musulmán en Occidente, y
de las relaciones entre el Islam y el mundo occidental. En su exitoso tema
“Je Suis Si Triste” (“Estoy muy triste”), el grupo de rap conocido como
3eme Oeil (“Tercer ojo”) –ubicado en Marsella y formado por tres componentes
nacidos en las Comores: Boss One (Mohammed), Jo Popo (Mohammed) y Saïd–
ofrece una mordaz crítica social. Estos raperos denuncian en sus canciones
el acoso a las musulmanas con velo en Francia, condenan la brutalidad policial
y las encarcelaciones masivas (con especial mención de Mumia Abu
Jamal), y dirigen la acidez de sus letras contra el “dominio absoluto”
de Occidente sobre Oriente.
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Cuando el presidente de Irán,
el radical Mahmud Ahmadineyad, dijo en octubre de 2005 que Israel debería
ser “borrado del mapa”, el mundo parecía estar a años luz del
final de la historia. Parecía que los ideólogos habían
tomado una vez más las riendas del poder, reiniciando una batalla
en la cual no puede haber posibilidad de diálogo o de una tregua negociada,
sino tan sólo la victoria de una idea sobre la otra.
Incluso antes de que Ahmadineyad
recuperara del basurero de la historia el dañino discurso antiisraelí
del ayatollah Ruhollah Jomeini, las tensas relaciones entre Irán e
Israel a menudo eran consideradas como uno de los últimos enfrentamientos
ideológicos de la historia. Por un lado estaba Israel, descrito como
una democracia en una región acosada por el autoritarismo, y como
un puesto avanzado del racionalismo ilustrado en Oriente. Por otro lado estaba
la República Islámica de Irán, descrita como un régimen
clerical retrógrado cuyo rechazo hacia Occidente y deseo de hablar
en nombre de todos los musulmanes quedaba simbolizado por su negativa a reconocer
el derecho de Israel a existir.
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El sol del Amado salió de noche,
resplandeció y no conoció el ocaso.
Cierto que el sol del día se esconde de noche,
mas el sol de los corazones no se oculta.
Quien al Amado ama vuela hacia Él,
anhelante de Su encuentro.
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