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AMIN MAALOUF:
UN HIJO DEL CAMINO [1] Maya Jaggi [2]
Además de ser periodista, Maalouf ha publicado varias novelas y ensayos, y un trabajo de historia, Las Cruzadas vistas por los árabes (1983), considerado como un clásico en el mundo árabe. Sus primeros artículos periodísticos fueron escritos en árabe, pero todos sus libros han sido escritos en francés (también habla inglés con fluidez) y traducidos a más de 20 idiomas. Su quinta novela, La roca de Tanios (1993), está ambientada en el Líbano de comienzos del siglo XIX, justo cuando estaban siendo sembradas las semillas del sangriento enfrentamiento sectario. El libro ganó el principal premio literario de Francia, el Prix Goncourt. Para Maalouf , el premio supuso una fuente de “inmensa alegría”, pero también de ansiedad, pues “nunca tendré de nuevo la misma serenidad, ni escribiré con la misma inocencia”. Sin embargo, su reflexión primordial no era el hecho de haber ganado el mismo premio que Proust consiguió en 1919, sino intentar crear una obra “que pudiera seguir leyéndose en el plazo de unos años”. Las novelas de Maalouf están marcadas por su experiencia de la guerra civil y la emigración, pero también por la sensación de haber “encontrado el equilibrio entre dos países, dos o tres idiomas y varias tradiciones culturales”. Sus personajes son viajeros que se desplazan entre distintos territorios, idiomas y religiones. De acuerdo con el novelista e historiador Robert Irwin, “recorren el Mediterráneo y el viejo mundo de Oriente Medio que se desvaneció tras la Primera Guerra mundial; un mundo donde griegos e italianos se mezclaban con árabes y turcos, y donde los drusos se codeaban con cristianos, judíos y musulmanes sunníes”. La literatura de ficción de Maalouf arroja luz sobre la historia común de Oriente Medio y Occidente. Sin embargo, tal y como escribió en su libro Identidades asesinas (1998), “el hecho de ser cristiano y a la vez tener como lengua materna el árabe, el idioma sagrado del Islam, es una de las paradojas fundamentales que conforman mi identidad”. El libro fue publicado en EE.UU poco después del 11 de septiembre de 2001. Los críticos estadounidenses se sintieron impactados por las ideas de Maalouf acerca del cisma histórico entre el mundo occidental y el árabe, y por su rechazo del “tribalismo” de las afiliaciones religiosas exclusivistas. Para Ariel Dorfman, escritor estadounidense de origen chileno, “en esta época de identidades fundamentalistas, la voz de Amin transmite sabiduría y cordura, y celebra la riqueza y la maravilla de pertenecer a muchos lugares”. Dorfman se sorprende de que Maalouf no sea más conocido en el mundo de habla inglesa. Incluso antes del Goncourt, sus novelas ya eran un éxito de ventas en Francia, donde tiene presencia intelectual en televisión, en el diario Le Monde y en la revista L'Express. Esa relativa falta de popularidad puede estar cambiando: la traducción al inglés de su novela El viaje de Baldassare (2000) tuvo que reimprimirse gracias a que vendió más de 5.000 ejemplares en cuestión de pocas semanas. El libro relata las peripecias de Baldassare Embriaco, un librero de origen genovés residente en el Oriente Medio del siglo XVII que viaja a Constantinopla, Génova, Lisboa y Londres, en el momento del gran incendio de esta última ciudad. En vísperas de 1666, el apocalíptico “Año de la Bestia”, Baldassare está buscando El Centésimo Nombre, un libro que se supone otorga la salvación a su poseedor. Para Maalouf , esta obra fue una manera de “reflexionar sobre la irracionalidad y los miedos de nuestro propio tiempo”. Como el autor, Baldassare se siente “extraño en todas partes”. La novela ha fascinado a la escritora Michèle Roberts “por la reflexión sobre la necesidad de tolerancia mutua entre cristianos, musulmanes y judíos, y también por el fantástico relato de viajes”. Hilary Mantel, sin embargo, opina que Maalouf se siente menos interesado por las fantasías del pasado que por la historia como “una fuente de la cual extraer alguna lección”. Irwin, quien admira el estilo milenarista de la novela, con sus augurios y falsos mesías, está de acuerdo en que el tema del libro no es el siglo XVII sino los terroristas y demagogos modernos. Maalouf admite que en la obra se subrayan los parecidos entre las actitudes del pasado y las actuales, pero afirma que “no se puede decir que la historia nos enseñe esto o aquello, sino que nos plantea más preguntas que respuestas, y muchas respuestas para cada pregunta”. El apartamento de Maalouf en el distrito 17 de París, donde él y su esposa Andrée han vivido durante 21 años, revela una gran amplitud de intereses culturales, desde manuscritos etíopes a miniaturas persas y desde la Biblia a Portobello Road. Prefiere trabajar en un estudio cercano o en una casa de pescadores en L'Isle d'Yeu, en la costa atlántica francesa. “Su luz posee una calidad y una intensidad que nunca he visto en París”, dice Maalouf . Entre sus amigos se cuentan escritores como Andrei Makine, Ismail Kadaré o Jorge Semprún, pero confiesa ser “extremadamente solitario”. El primer libreto que escribió fue para una ópera del compositor finlandés Kaija Saariaho: L'Amour de Loin (“Amor de lejos”). [3] Ambientada en las Cruzadas, se basa en la vida de un personaje real, Jaufré Rudel, un trovador del siglo XII y príncipe de Aquitania que cantó su amor platónico por Clémence, una condesa de Trípoli a la que nunca había visto. En su estreno durante el festival de Salzburgo en el año 2000, Humphrey Burton informó sobre largas ovaciones y elogios a un libreto de gran belleza, una “liebestod [muerte por amor] digna de Isolda”. Anthony Tommasini, crítico de The New York Times , lo consideró el mejor libreto en muchos años. Saariaho, quien vive en París, describe a Maalouf como “extremadamente gentil, sensible y culto. Debe tener grandes aptitudes musicales para haber entendido lo que yo estaba buscando”. Maalouf , aunque le encanta “descubrir la música hermosa de todo el mundo”, dice que, salvó él, casi todo el mundo en su familia tocaba algún instrumento. Dos de sus tres hermanas, quienes también viven en Francia, son profesoras de piano. Maalouf nació en Beirut en 1949, siendo el segundo de cuatro hermanos. Las familias de sus padres procedían de la aldea de Ain el Kabou, en las montañas del Líbano. Se habían casado en 1945 en El Cairo, donde Odette, su madre, nació en el seno de una familia formada por un padre cristiano maronita que había abandonado su aldea del Líbano para trabajar en Egipto y una madre nacida en Turquía. El padre de Amin, Ruchdi, formaba parte de la comunidad melquita o católica griega, la cual reconoce al Papa a pesar de conservar algunos ritos bizantinos. Uno de sus antepasados fue un sacerdote cuyo hijo converso llegó a ser pastor presbiteriano. El hijo del pastor (y abuelo de Maalouf ) fue un individuo “racionalista, anticlerical y probablemente masón que se negó a bautizar a sus hijos”. Mientras que la rama protestante de la familia enviaba a sus hijos a colegios británicos o estadounidenses, la madre de Amin era una católica ferviente que insistió en enviar a su hijo a una escuela jesuita francesa. Más tarde, Maalouf estudió sociología en la Universidad Francesa de Beirut. “Ser cristiano en esa parte del mundo te hace sentir marginal”, dice Maalouf . Sin embargo, su familia es famosa por sus escritores. Un tío tatarabuelo suyo tradujo a Molière al árabe, y su clan en la diáspora incluye al novelista australiano David Malouf y al poeta brasileño Fawzi Maalouf , conocido como el “Rimbaud árabe”. El padre de Amin era periodista, poeta y locutor de programas sobre música clásica occidental. Era propietario de un periódico y escribía ensayos sobre democracia parlamentaria. A los 22 años de edad, Maalouf comenzó a trabajar en An-Nahar , el principal diario árabe del Líbano, y emprendió viajes que lo llevaron a más de 60 países. Entrevistó a Indira Gandhi, fue testigo del golpe de Estado marxista en Etiopía en 1974 e informó sobre la caída de Saigón en 1975. La novelista libanesa Hanan al-Shaykh, una compañera periodista en An-Nahar durante la década de 1970, recuerda a Maalouf como “muy estudioso, reservado y más centrado que cualquier otra persona; no muy hablador”. También considera que los Maalouf , quienes remontan sus orígenes a Arabia y han sido cristianos desde el siglo III d.C., viven inmersos en la cultura árabe, a diferencia de muchos cristianos de Oriente Medio. Maalouf se casó en 1971 con Andrée, una cristiana maronita profesora en un instituto para niños sordos. “Ella es mi primera lectora, y muy exigente”, dice Maalouf . Sus tres hijos nacieron en el Líbano y ahora trabajan en París, aunque también viajan mucho. Ruchdi es abogado, Tarek está en la industria del cine (efectos especiales) y Ziad es periodista en la radio. La guerra civil libanesa estalló bajo su ventana en Beirut. El 13 de abril de 1975, Maalouf oyó una pelea y tiroteos entre palestinos y hombres armados de una facción cristiana. “Vimos 20 cadáveres”. Al refugiarse en el sótano esa noche, junto a su mujer embarazada y su hijo pequeño, Maalouf se sintió muy presionado para tomar partido. En palabras del propio Maalouf : “Los vecinos decían que la gente del otro lado vendría a matarnos. Yo estaba convencido de que si fuera cierto y si alguien me hubiera dado un arma, quizás me habría convertido en un asesino”. Comprender esto dio vida al libro Identidades asesinas . “Las tensiones étnicas pueden convertir a cualquiera en un asesino”, dice Maalouf . “El deber de toda persona responsable –y de todos los dirigentes– es evitar una situación donde las personas puedan convertirse en asesinos”. Para Al-Shaikh “la guerra civil impactó mucho a Amin, al ver que la gente podía combatir en nombre de la religión. Antes no había una verdadera separación entre el Islam y el Cristianismo, y Amin tenía acceso a ambas tradiciones”. Reacio a retirarse a un gueto cristiano, Maalouf resistió en el Líbano durante un año, luego tomó un barco a Chipre y finalmente se dirigió a París. Dos meses después, su esposa, que acababa de dar a luz a su tercer hijo, lo siguió con los niños. Alquilaron un piso en la planta alta de un edificio a las afueras de París y Maalouf comenzó a trabajar en la revista Jeune Afrique, escribiendo en francés por primera vez, para más tarde convertirse en su redactor jefe. Entre 1979 y 1982 fue director de la sede parisina del semanario An-Nahar , antes de regresar a Jeune Afrique. Escribió Las Cruzadas vistas por los árabes tras darse cuenta de que “nadie había relatado la historia de las Cruzadas desde el otro bando; un maravilloso relato”. Investigó las raíces de “un problema entre esos dos mundos –el árabe y el occidental–, que nunca ha sido resuelto”. El libro se ha vendido de manera continuada durante más de 20 años. Según el escritor, escultor y editor libanés Mai Ghoussoub, aunque ya existían crónicas en árabe de las “contra-Cruzadas”, Maalouf “ofreció a los lectores occidentales una visión más amplia de nuestra historia común”. En opinión de Irwin, sin embargo, la derrota de los cruzados es presentada en el libro “como un triunfo del nacionalismo árabe, cuando la extraña paradoja es que muchos de los líderes eran turcos y kurdos. Se trata de mitología política, historia popular de un periodista inteligente, no de un historiador profesional; está escrito como una novela”. Maalouf siempre había querido escribir ficción. “Es la relación que tengo con el mundo: siempre intento escapar de la realidad. Soy un soñador y no me siento en armonía con mi época ni con las sociedades en las que vivo”. Su primera novela, León el Africano (1986), comienza con una caída de Granada “relatada desde el otro lado” y está basada en la vida de un personaje real, Hassan al-Wazzan o Leo Africanus, un viajero del siglo XVI. Nacido musulmán en Granada, al-Wazzan se trasladó a Fez huyendo de la Inquisición, llevó a cabo el Hayy [peregrinación] a La Meca, luego se convirtió al Cristianismo y participó en las intrigas vaticanas de la Roma renacentista, antes de convertirse de nuevo al Islam. Maalouf lo llama “el libro de un nuevo emigrante”, cuyas primeras páginas también reflejan el credo del propio Maalouf : “no procedo de ningún país, de ninguna ciudad, de ninguna tribu. Soy hijo del camino [...] todas las lenguas y todas las plegarias me pertenecen. Mas yo no pertenezco a ninguna”. Al escribir el libro “algo mágico sucedió: supe que pasaría el resto de mi vida escribiendo ficción”. Dejó su trabajo en 1985 para dedicarse a escribir a tiempo completo. Su segunda novela, Samarcanda (1988) – elogiada a menudo como la mejor, junto a León el Africano –, recrea la vida de Omar Jayyam y sus Rubaiyat en la Persia del siglo XI. La revolución islámica de Irán en 1979 –una revolución religiosa sobre la que él mismo había informado– desconcertó por completo a Maalouf . “Deseaba entender la relación entre política, religión y cultura en esa parte del mundo”. Su investigación también inspiró Los jardines de luz (1991), una novela sobre la vida de Mani, el fundador persa del Maniqueísmo en el siglo III. Maalouf dice que el libro le sirvió para exorcizar una parte de su propia historia familiar, “siempre rodeada por un halo de misterio en mi juventud”. Algunos parientes vivían en una comuna religiosa. “Hay un trauma relacionado con el hecho de que mi abuelo no deseara bautizar a sus hijos y que mi padre y sus hermanos quedaran atrapados entre el Protestantismo, el Catolicismo y el anticlericalismo. Se creó una relación muy tormentosa con la religión, hasta el punto de que una parte de mi familia adoptó una actitud muy extremista”. Maalouf se muestra escéptico con todas las religiones. “Tengo el más profundo respeto por las personas que se comportan de una manera generosa gracias a la religión, pero provengo de un país donde el uso indebido de la religión ha tenido unas consecuencias catastróficas. No se debe juzgar a las personas por la religión que dicen seguir, sino por lo que hacen”. Como escribe en Identidades asesinas : “Para mi, un creyente es simplemente alguien que tiene fe en ciertos valores”, los cuales él resume en la dignidad humana. Para Ghoussoub, el tema principal de Maalouf es la tolerancia. Sin embargo, Dorfman insiste en que “se trata de una tolerancia atroz; sus narradores llegan a la tolerancia después de haber sido golpeados por la violencia. Amin presenció la destrucción de su país, y cuando experimentas una tremenda perdida, recreas una esperanza que no se basa en los sentimientos; todas sus novelas hacen eso. Muestran a un tiempo indiferencia y ternura; brilla el humanismo, pero también lo hace la tensión”. Dorfman ve a Maalouf como “un narrador de fábulas y anécdotas; relata historias de aventuras muy entretenidas que también son profundamente filosóficas”. El primer siglo después de Beatrice (1992) está ambientada en el futuro, cuando los avances científicos que permiten a los padres elegir el sexo de sus hijos se unen a los arraigados prejuicios contra las niñas. Maalouf , quien cree que el nivel de civilización de una sociedad puede determinarse por el lugar que ocupa la mujer, se muestra preocupado por la “brecha entre la evolución moral y material de la humanidad”. Según Jamal Mahjoub, novelista británico residente en Barcelona, aunque Maalouf pueda ser confundido erróneamente con un moderno vendedor de objetos exóticos de las mil y una noches, “él hace hablar al pasado sin emplear un sensacionalismo morboso; su apasionamiento es intelectual”. Maalouf se exaspera con la idea de que los occidentales representen la norma y el resto sea considerado exótico. En cuanto a la literatura árabe: “la poesía árabe estaba muy presente en mi hogar; mi padre recitaba versos de memoria”. No obstante, encuentra “aburridas” Las mil y una noches [4] . Maalouf creció con la literatura occidental traducida al árabe: Los viajes de Gulliver , Dickens , Dumas o Mark Twain . “Para mí, la literatura proviene de allí”. Irwin afirma que, a diferencia de algunos escritores árabes, Maalouf ha sido asimilado por la tradición literaria francesa. Para el escritor de ficción y crítico Aamer Hussein, Maalouf “parece seguir a Flaubert en la búsqueda de Oriente, pero centra la narración de otra manera: es el propio Oriente el que habla. Aprendemos sobre la multiplicidad de las culturas, su apertura y permeabilidad; aprendemos que las fronteras entre religiones no son tan firmes y fijas como nos hemos inclinado a creer; y aprendemos que los cristianos de Oriente Medio no son como los occidentales”. Reticente durante muchos años a redactar obras de ficción sobre su país de origen, Maalouf escribió finalmente La roca de Tanios , ambientada en el Líbano de la década de 1830, con las luchas internas dentro del Imperio Otomano y las rivalidades entre Francia y Gran Bretaña como telón de fondo. Maalouf revistió esta época con la nostalgia de sus propios años de infancia anteriores a la guerra. Fue, dice, “el comienzo de un ciclo de enfrentamientos comunitarios en el Líbano que nunca se ha detenido. Antes de eso, las distintas comunidades se sentían parte de un mismo pueblo”. La primera vez que regresó al Líbano fue como reportero durante la segunda mitad de los setenta, y desde entonces visita el país cada dos o tres años. Tras la muerte de su padre en 1980, su familia cercana se reagrupó en Francia. Fue invitado otra vez por sus editores libaneses un año después de la concesión del premio Goncourt. “Fue un momento hermoso”, recuerda. “La gente sintió que era importante para nosotros ganar premios literarios después de años en los que sólo se citaba el Líbano para hablar de secuestros, asesinatos y atentados con bomba”. Las escalas de Levante (1996) transcurre en el Líbano y Francia durante el siglo XX, cuando un libanés de la aristocracia turca y de origen armenio humilde se convierte en héroe de la resistencia en París y se casa con una mujer austriaca de origen judío, sólo para perderla en la guerra árabe-israelí de 1948. Según Dorfman, uno de los principales temas tratados por Maalouf es el amor perdido o prohibido: “cómo nos enamoramos de lo que es diferente a nosotros y descubrimos que somos diferentes a lo que creíamos ser”. Dorfman ve a Maalouf como alguien que explora “el laberinto de la identidad, en un viaje que muestra cómo somos una entidad múltiple, en especial Europa y Oriente Medio. En sus novelas, la destrucción proviene del intento de imponer una cultura, una lengua y una religión sobre un mundo multifacético y disperso”. “La cuestión de la identidad nunca abandona mis pensamientos, pues es un problema que me afecta”, dice Maalouf . “Mi identidad está formada por muchos elementos y debo asumirlos todos. La gente en Francia prefiere que digas: ‘sea cual sea mi origen, soy francés’. En el Líbano, prefieren que digas: ‘aunque llevo muchos años en Francia, todavía soy libanés’. Yo afirmo que soy ambas cosas”. La inquietud es mayor en alguien que “está formado por elementos tan claramente antagónicos”, sin embargo, tal y como Maalouf explica en Identidades asesinas , las personas de este tipo deberían jugar un papel de puente en caso de conflictos violentos. Este libro cuestiona las actitudes que reducen la identidad a una afiliación única –a menudo en respuesta a algo que se percibe como una amenaza–, en lugar de considerarla “una suma de lealtades”. Convertir la identidad en un instrumento de exclusión es, advierte, el camino hacia la guerra civil y el genocidio. En lo que respecta a la modernidad y el renacimiento religioso, rechaza la oposición entre un Cristianismo destinado para siempre a “actuar como un vector de modernidad, libertad, tolerancia y democracia” y un Islam “condenado desde un principio al despotismo y el oscurantismo”. “Ninguna doctrina en sí misma es necesariamente una fuerza de liberación [...] Nadie tiene el monopolio del fanatismo”, escribe. Algunos críticos lo han acusado de ser un idealista. Sin embargo, para Dorfman, “Amin reconoce que la identidad es un proceso complejo, y él mismo no está dispuesto a someterse a categorías impuestas por otros”. Según al-Shaykh, muchos árabes ven a Maalouf como “su portavoz”, y ha dado lugar muchos imitadores. También hay cada vez más público que lee sus libros traducidos al árabe, dice Ghoussoub. En su opinión, las novelas de Maalouf abordan muchos tabúes árabes de manera sutil y sin recurrir a la provocación. “Sus libros se leen por el argumento, pero a la vez estás leyendo sobre la interacción entre las religiones”. Maalouf critica tanto a los islamistas como a los regímenes no democráticos que tratan de silenciarlos. Sobre Michel Houellebecq, el novelista francés absuelto de incitar al odio contra los musulmanes, dice que no le gusta lo que escribe sobre el Islam, pero que no lo condena, debido a la falta de libertad en el mundo árabe para criticar la religión. Dorfman compartió el profundo impacto que provocó en su amigo el 11-S. “Es como si aquello por lo que ha trabajado durante toda su vida –superar las fronteras y derribar las barreras– se hubiera evaporado. De repente, se trata del ‘nosotros contra ellos’”. En opinión de Maalouf , el 11-S fue una demostración espectacular de lo profunda que ha llegado a ser la brecha entre los dos mundos, aunque el problema ya se veía venir desde la revolución iraní, e incluso antes. Maalouf cree que los gobiernos que suprimen la democracia refuerzan las lealtades tradicionales. Escéptico con respecto a las intenciones del presidente Bush en Irak, dijo: “Esta parte del mundo necesita una verdadera democracia y una verdadera modernidad, las cuales espero ver en lo que me queda de vida. Pero no confío en quienes dicen estar comprometidos con ellas. Tengo la sensación de que tendremos otra sesión de bombardeos masivos con cientos de miles de muertos, y nada positivo después”. Afirma que pertenecer a más de
un mundo puede estar bien en los periodos durante los cuales esos mundos
mantienen una relación tranquila, “pero cuando mantienen un conflicto
amargo y violento, uno se siente como un grano de trigo siendo aplastado
por dos poderosas piedras de moler. Creo que debo intentar reconciliar esos
mundos, que es posible construir puentes. Pero algunas veces me siento como
Don Quijote arremetiendo contra los molinos de viento; siento que es una
osadía tratar de interferir en una gigantesca colisión como
ésta”. Dice que, cuando te invade este estado de ánimo, “debes
refugiarte en tu isla, encerrarte en tu habitación y escribir un libreto”. NOTAS.- [1] Traducción, extracto y adaptación del artículo aparecido en el diario británico The Guardian, el 16 de noviembre de 2002. Disponible online en: http://www.guardian.co.uk/music/2002/nov/16/classicalmusicandopera.fiction Versión en castellano elaborada por el equipo de traductores de Alif Nûn . (Nota de la Redacción). [2] Maya Jaggi escribe como especialista en cultura y literatura en Guardian Review desde el año 2000, y ha participado como jurado en la entrega de varios premios literarios como el de David Cohen, Orange o la Commonwealth. [3] Véase su edición en castellano: Amor de lejos, Alianza, Madrid, 2002. (Nota de la redacción). [4] Existen numerosas ediciones de esta obra en castellano. Véase, por ejemplo, Las mil y una noches , Obelisco, Barcelona, 2006; El libro de las mil y una noches , Cátedra, Navarra, 2007; Las mil y una noches , Vicens Vives, Barcelona, 2008; Las mil y una noches , 451 Editores, Barcelona, 2008; Las mil y una noches , Alianza, Barcelona, 2008. (Nota de la Redacción). A Portada |
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